Al menos 50 personas murieron en ataques simultáneos contra dos aldeas en la región de Mopti, en el centro de Malí, el miércoles 7 de mayo, según fuentes diplomáticas y de ayuda humanitaria citadas por la agencia Reuters. El grupo yihadista JNIM, vinculado a Al Qaeda, reivindicó la responsabilidad de los asaltos contra las aldeas de Korikori y Gomossogou, en el ataque más mortífero desde que grupos armados lanzaron una ofensiva coordinada en el país el mes pasado.
Los ataques nocturnos del miércoles dejaron al menos 50 muertos, según fuentes diplomáticas y de ayuda humanitaria citadas por Reuters, mientras que la agencia AFP reportó al menos 30 fallecidos basándose en fuentes locales. El grupo yihadista JNIM, afiliado a Al Qaeda, asumió la autoría de los asaltos simultáneos contra las aldeas de Korikori y Gomossogou en la región de Mopti, según informó la BBC.
"Hombres armados no identificados irrumpieron, abriendo fuego y saqueando la aldea", declaró un residente a Reuters. Las víctimas incluyen principalmente milicianos, pero también adolescentes y niños, según una fuente citada por AFP. Varios aldeanos permanecen desaparecidos y no está claro cuántos civiles murieron exactamente.
Una fuente de seguridad indicó a AFP que los ataques se llevaron a cabo en represalia por actos atribuidos a la milicia Dan Na Ambassagou, un grupo de autodefensa formado por comunidades locales en respuesta a años de violencia en el centro de Malí. WAMAPS, una red de periodistas de África Occidental especializados en seguridad del Sahel, afirmó que el balance provisional superaba los 50 aldeanos muertos. "Las aldeas han sido saqueadas y algunas propiedades incendiadas", agregó el grupo.
El gobernador de la región de Bandiagara condenó los ataques en un comunicado del jueves, calificándolos como "actos despreciables e inhumanos". El ejército maliense respondió que había realizado una "operación dirigida" en la zona, donde cerca de una decena de combatientes yihadistas fueron "neutralizados" y su base logística destruida, según el comunicado militar.
Estos ataques representan el asalto más mortífero desde que grupos armados lanzaron una ofensiva coordinada a nivel nacional en abril. Esa ofensiva involucró una alianza de yihadistas y rebeldes separatistas del norte, el Frente de Liberación de Azawad (FLA), que buscan derrocar al régimen militar del general Assimi Goïta, quien tomó el poder mediante un golpe de Estado en 2020.
Durante los ataques de abril, el ministro de Defensa Sadio Camara murió en un aparente atentado suicida con camión bomba contra su residencia cerca de la capital, Bamako. En una conferencia de prensa en Bamako el miércoles, el comandante del ejército maliense Djibrilla Maiga declaró que los combatientes estaban intentando reagruparse tras los ataques de abril. "La amenaza sigue presente", dijo Maiga, añadiendo que el ejército trabajaba para interrumpir su avance.
A principios de esta semana, Goïta anunció que reemplazaría a Camara como ministro de Defensa, con asistencia del jefe del Estado Mayor del ejército, el general Oumar Diarra, según informó la BBC.
Malí ha estado plagado de insurgencias desde 2012, y grandes partes del norte y este del país permanecen fuera del control gubernamental. El ejército maliense ha estado trabajando con el grupo paramilitar ruso Africa Corps, que surgió del Grupo Wagner, contra los insurgentes. Ante los ataques, los rusos se vieron obligados a retirarse de la ciudad norteña de Kidal, que ahora está bajo control del FLA. El FLA ha declarado que marchará sobre otras ciudades del norte y ha exigido la retirada del Africa Corps de todo el país.
Además del resurgimiento de la violencia, los insurgentes también han impuesto un bloqueo sobre la capital estableciendo puntos de control en las carreteras que conducen a la ciudad, según la BBC.
La junta militar tenía apoyo popular cuando tomó el poder, prometiendo lidiar con la crisis de seguridad de larga data provocada por la rebelión tuareg en el norte, que posteriormente fue secuestrada por militantes islamistas. Las fuerzas de paz de la ONU y las tropas francesas desplegadas para enfrentar la insurgencia creciente se retiraron después de que la junta tomara el control.
La situación de seguridad en Malí continúa deteriorándose mientras el régimen militar enfrenta múltiples frentes de conflicto: grupos yihadistas vinculados a Al Qaeda en el centro del país, la alianza entre yihadistas y separatistas tuareg en el norte, y el desafío de mantener el control territorial sin el apoyo de fuerzas internacionales. El bloqueo de la capital y la pérdida de ciudades clave como Kidal evidencian la fragilidad del control gubernamental sobre el territorio maliense.