

El Gobierno alemán de Friedrich Merz estudia modificaciones al sistema de prestaciones sociales y fiscalidad para eliminar la paradoja de que trabajar más horas no suponga más ingresos, especialmente para personas con bajos salarios que reciben ayudas estatales, según un informe presentado por una comisión de expertos a finales de enero.
En un contexto de estancamiento económico, envejecimiento poblacional y escasez de mano de obra cualificada, Alemania explora cambios profundos en su sistema social para hacer más atractivo el aumento de horas laborales en un país donde el trabajo a tiempo parcial es muy común.
La comisión de expertos encargada de analizar el Estado social alemán presentó su primer informe al Gobierno de coalición formado por conservadores y socialdemócratas a finales de enero. "Este informe es la base para todas las reformas adicionales que llevaremos a cabo juntos en los próximos años", afirmó el canciller Merz en el Parlamento alemán.
Uno de los principales objetivos es resolver la contradicción de que, para muchos beneficiarios de ayudas sociales, trabajar más horas no resulte económicamente ventajoso. Según explican los expertos, muchas personas con bajos ingresos complementan sus prestaciones sociales con miniempleos, pero evitan aumentar sus horas laborales porque esto reduce sus ayudas estatales, resultando en ingresos finales similares o incluso menores. "Queremos que trabajar merezca la pena", declaró la ministra de Trabajo y Asuntos Sociales, Bärbel Bas.
Para corregir esta situación, la comisión propone reducir las exenciones para los miniempleos —trabajos con remuneración máxima de 600 euros mensuales sin cotización a la seguridad social— e introducir exenciones más elevadas para el empleo a tiempo completo, lo que reduciría la dependencia de las prestaciones sociales.
La comisión, creada en septiembre de 2025, también apuesta por la simplificación y unificación de trámites, el acceso digital a las ayudas y medidas para incentivar el trabajo. El instituto económico Ifo ha calificado estos proyectos como "adecuados", aunque su director del Centro de Macroeconomía y Encuestas, Andreas Peichl, señala que "aún quedan muchos detalles por concretar en cuanto a su aplicación concreta".
Paralelamente, el ala económica de la Unión Cristianodemócrata (CDU) del canciller Merz propone restringir el derecho al trabajo a tiempo parcial —introducido en 2001— para que solo se conceda en casos especiales como crianza de hijos, cuidado de familiares o formación continua, y no por meras preferencias de estilo de vida. Esta propuesta se presentará en el congreso federal del partido a finales de febrero.
Según datos de la Oficina Federal de Estadística de Alemania, en 2024 el 29% de la población activa alemana trabaja a tiempo parcial: casi una de cada dos mujeres (49%) y el 12% de los hombres, lo que representa una de las tasas de empleo parcial más altas de la Unión Europea. No obstante, el Instituto de Investigación del Mercado Laboral y Profesional indica que estos trabajadores se ocupan más tiempo ahora que en años anteriores, con una media de unas 18 horas semanales.
Katharina Wrohlich, del instituto económico DIW, cuestiona la eficacia de eliminar el derecho al trabajo a tiempo parcial para resolver la escasez de mano de obra cualificada. En su lugar, recomienda "mejorar considerablemente la oferta y la calidad de los servicios de guardería" y crear más escuelas de jornada completa. "No todas las mujeres trabajan a tiempo parcial por voluntad propia, sino que algunas desearían aumentar su jornada laboral, pero no pueden hacerlo debido a la falta de servicios de guardería", explica la experta.
Wrohlich también sugiere reformar el régimen fiscal para matrimonios, que actualmente favorece un modelo donde uno trabaja a tiempo completo mientras el otro tiene un miniempleo. "Una reforma de este tipo haría más atractiva para las parejas una distribución más equitativa del trabajo remunerado y las tareas domésticas", indica.
En medio de este debate, calificado por algunos como impopular por tachar a los alemanes de "vagos" en lugar de abordar problemas estructurales, la coalición de Gobierno también busca flexibilizar la jornada laboral. Pretenden romper con la normativa actual de ocho horas diarias (diez en casos excepcionales) para establecer un límite máximo semanal, lo que beneficiaría especialmente a sectores como la hostelería o el turismo.
La ministra de Economía, Katherina Reiche (CDU), ya ha incluido esta propuesta en su nueva estrategia turística, provocando fuertes críticas de los sindicatos, que temen la pérdida de derechos laborales. Por su parte, Markus Söder, líder de la Unión Cristianosocial (CSU), propuso recientemente impulsar la economía con una hora más de trabajo semanal, idea que tanto sindicatos como empresarios y economistas han considerado "poco meditada", argumentando que lo prioritario es que quienes trabajan a tiempo parcial amplíen sus jornadas, no aumentar las horas de quienes ya trabajan a tiempo completo.