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Vecinos de Caracas reconstruyen sus vidas tras doble terremoto que dejó más de 3.000 familias damnificadas en Venezuela

Los residentes del Conjunto Residencial El Paraíso en Caracas enfrentan la reconstrucción de sus edificios tras el doble terremoto del 24 de junio de 2026, que dejó 3.142 familias damnificadas según cifras oficiales. Las 1.224 familias que habitan los 12 edificios de 17 pisos, conocidos como "los verdes", limpian escombros y reparan grietas sin ayuda institucional, mientras en la esquina un edificio de 11 pisos colapsó completamente dejando solo siete cuerpos rescatados.

INTERNACIONAL29 JUN 2026

Los pasillos del Conjunto Residencial El Paraíso están llenos de escombros, las paredes agrietadas y el polvo cubre cada superficie. Pero Ana, una de las residentes, sube las escaleras con una sonrisa. "Estamos muy bien, mucho mejor que el edificio de la esquina, que se cayó entero", dice, según reporta El País. Una vecina que va detrás le increpa: "Pero si esto está inhabitable". Ana responde confiada: "No, mami. ¡Esto es antisísmico! Por eso no nos pasó nada".

Esta escena resume el ánimo de los venezolanos tras el doble terremoto que sacudió Caracas el 24 de junio de 2026. Los 12 edificios verdes de El Paraíso, ubicados al oeste de la ciudad, albergan a unas 1.224 familias que salieron a las áreas comunes cuando comenzó el movimiento sísmico, sin un protocolo simple de desalojo, según la fuente.

"Yo estaba en la computadora y recibí una notificación en el celular que decía 'terremoto', y pensé que estaba equivocado, porque ¿un terremoto aquí? Pero no me dio tiempo de pensar, porque ahí mismo empezó la licuadora", relata otra vecina del mismo edificio, según El País.

El terremoto dejó un saldo de 3.142 familias damnificadas hasta ahora, según cifras oficiales citadas por la fuente. En la esquina del conjunto residencial, un edificio de 11 pisos se derrumbó completamente, donde solo se rescataron siete cuerpos, según el reporte.

**Segunda tragedia en menos de una década**

Para los residentes de "los verdes", como se conoce al conjunto por su color característico -ahora pálido por la falta de mantenimiento-, esta es la segunda tragedia que viven en menos de 10 años, y ambas durante el mes de junio, según la fuente.

La primera ocurrió la tarde del martes 13 de junio de 2017, cuando 100 efectivos no identificados del Estado realizaron un allanamiento ilegal durante las protestas masivas que sacudían Venezuela. Ese operativo dejó un saldo de presos políticos, mascotas asesinadas y saqueo de los apartamentos, según El País.

Ese día, los vecinos se reunieron a protestar con ollas, pitos y banderas frente a las tanquetas de guerra que el Gobierno disponía para bloquear el paso peatonal en la salida de los edificios. Los militares eran más numerosos que otras tardes, los gases lacrimógenos se volvieron excesivos y, de un momento a otro, cuatro tanquetas entraron a la fuerza por todas las entradas de los edificios, según el reporte.

Las tanquetas rompieron tuberías de agua que llenaban los tanques en un país con racionamiento desde hace más de 15 años, los cables del servicio eléctrico, los techos de las áreas comunes, las santamarías de los negocios que operaban allí, el estacionamiento de visitantes, los ascensores y las rejas de seguridad, según la fuente.

**Reconstrucción sin ayuda institucional**

Nunca volvió a ser el mismo conjunto residencial, según El País. Los vecinos se unieron y pagaron entre todos las cuotas necesarias para arreglar lo indispensable: volver a tener al menos dos ascensores por edificio en vez de cuatro, al menos la tubería de agua funcionando aún con racionamiento, y al menos las rejas bloqueadas con candados y cadenas, mientras algún día pudieran volver a tener el sistema eléctrico que abría y cerraba con control.

Desde entonces, no se usó más el estacionamiento de visitantes que servía a más de mil apartamentos, no se pudo reparar el techo de las áreas comunes, el parque infantil ya no volvió a tener las mismas atracciones, los estacionamientos no volvieron a iluminar igual, y no volvieron a abrir varios de los negocios que operaban en las diferentes torres, según la fuente.

Después del allanamiento de 2017 llegaron una crisis humanitaria compleja, un apagón nacional, una pandemia, la dolarización disfrazada, una sensación de que el país "se había arreglado" cuando solo había empobrecido todavía más a sus habitantes, y una dictadura, según El País. Nueve años después del allanamiento y también durante una tarde de junio, el mismo pánico volvió a sacudir el edificio, pero esta vez fue un doble terremoto el que obligó a los vecinos a salir.

**Daños y resiliencia**

Durante el terremoto, las paredes perdieron su color blanco y se volvieron todo ladrillos, las escaleras soportaron el peso de los vecinos bajando en masa y sus paredes se agrietaron, mientras en la misma entrada donde estuvieron los 100 funcionarios entrando a los golpes se abría un camino de escombros en el suelo, según la fuente. El servicio eléctrico, el internet y la señal de los celulares se fueron, aunque esto no fue sorpresa porque sucede a menudo cuando hay un corte eléctrico de imprevisto, según El País.

Los vecinos de los verdes están orgullosos de poder dormir en sus casas y poder rehacer su vida a pesar de las grietas. Su estructura no cedió, sus vecinos no salieron heridos, su pérdida material no fue tan grave, y no son una de las 3.142 familias que están damnificadas hasta ahora, según la fuente.

Dos servicios voluntarios dictaminaron que el conjunto está habitable, según El País. Entonces los vecinos decidieron sobre sus apartamentos y se pusieron manos a la obra. Cocinan en medio de las grietas porque están seguros de que lo peor ya pasó. Aún con sus propios problemas, van y ayudan como pueden a otros vecinos que estén más afectados, según la fuente.

**Incertidumbre sobre el futuro**

Las preguntas sobre la reconstrucción permanecen sin respuesta clara. ¿Cómo frisar 12 edificios de nuevo sin ayuda institucional? ¿Cómo verificar cada apartamento sin un plan estatal? ¿Cómo volver a casa sin miedo, en medio de un mar de réplicas cada tantos minutos que pueden afectar más la estructura?, según plantea la fuente.

No hay una certeza sobre el futuro, y no hay que tener mucha estadística para saber que esta es, con seguridad, la peor tragedia que haya vivido el país en su historia reciente, y no hay un plan concreto que hayan mencionado las autoridades hasta ahora para salir del atolladero, según El País.

Los vecinos barren el polvo y meten en bolsas sus escombros. En Venezuela, los últimos días se viven en el dolor de la mirada de las personas, en el silencio de los abrazos, en el ímpetu de la gente que ayuda sin haber hecho un curso de rescate profesional pero salva vidas y da esperanza, en la gente que ha perdido a sus seres queridos y aún así ve amor donde hay desolación, según la fuente.

Es un país entero que se ve reflejado a escala en un lugar como el Conjunto Residencial El Paraíso, donde ejercen el verde como sinónimo de esperanza y, así, en comunidad, esperan prudentes para empezar a reimaginar el futuro, según El País.

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