Alternativa para Alemania lidera encuestas con 30% y aspira a gobernar por primera vez en el Este
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Alternativa para Alemania lidera encuestas con 30% y aspira a gobernar por primera vez en el Este

El partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) se ha consolidado como segunda fuerza en el Bundestag y lidera las encuestas nacionales con cerca del 30% de apoyo, superando a la Unión Demócrata Cristiana (CDU) del canciller Friedrich Merz, según reporta El País. Con más del 40% de respaldo en Sajonia-Anhalt, AfD tiene opciones reales de gobernar por primera vez en un estado federado alemán tras las elecciones de septiembre de 2026, lo que supondría un terremoto político sin precedentes en la Alemania de posguerra.

INTERNACIONAL31 MAY 2026

Alternativa para Alemania (AfD) ha alcanzado niveles de apoyo electoral que no se veían desde la llegada del nazismo al poder en los años treinta, según análisis publicado por El País. El partido ultraderechista roza el 30% de los apoyos a nivel nacional y supera el 40% en Sajonia-Anhalt, estado del este alemán donde podría formar gobierno tras las elecciones regionales de septiembre de 2026.

Steffen Kraus, exmilitar de 42 años y edil de AfD en Magdeburgo, capital de Sajonia-Anhalt, declaró a medios alemanes que su partido tiene "serias opciones de gobernar" en esa región oriental. "Vamos a hacer historia", afirmó Kraus, según recoge El País. Ulrich Siegmund, exvendedor de perfumes reconvertido en estrella de TikTok y cabeza de cartel de AfD en ese estado federado, repitió la misma frase: "Eso es hacer historia".

AfD es actualmente el segundo partido del Bundestag y lidera las encuestas en todo el país, por delante de la CDU del canciller Friedrich Merz y muy por delante del Partido Socialdemócrata (SPD), según el reportaje. Los ultras rozan el 30% de los apoyos en Alemania y superan con creces el 40% en Sajonia-Anhalt, según las encuestas citadas.

A pesar del férreo cordón sanitario (brandmauer en alemán, que significa muro cortafuegos) que mantienen los partidos tradicionales, AfD no ha conseguido tocar poder a nivel federal, pero está cada vez más cerca de hacerlo a nivel regional, según el análisis. El partido presenta una particularidad inquietante respecto a otros partidos similares en Europa: mientras Giorgia Meloni en Italia y Marine Le Pen en Francia moderan sus propuestas para llegar a votantes de centro, AfD no cesa de radicalizar su programa político, según explica El País. Y con esa estrategia no deja de subir en las encuestas.

Hans Olaf Henkel, expresidente de la patronal de la industria alemana y exmiembro destacado de AfD, del que ahora reniega abiertamente, aseguró que AfD no va a ser "en ningún caso" una opción de Gobierno. "Un tercio de los votantes de AfD son conservadores radicales, pero el resto son cabreados o gente que nunca votaba. Y más del 60% del electorado sigue optando por los partidos tradicionales. Alemania no es parafascista o posnazi; los alemanes recuerdan bien su historia", declaró Henkel según el reportaje.

Sin embargo, el dato histórico es revelador: Hitler llegó al poder en los años treinta con poco más del 30% de los votos, tras una profunda crisis y con el apoyo de la oligarquía germana, según recuerda El País. AfD no está lejos de ese listón y lo supera ampliamente en varios estados del Este.

La académica Carolin Emcke, autora del libro "Contra el odio", explicó que "el programa político de AfD empezó en 2013 en el antieuropeísmo recalcitrante, pero ha evolucionado" hacia un lema similar al del mariscal Pétain, colaboracionista nazi de Vichy: "Trabajo, familia y patria". "Son etnonacionalistas, esa etiqueta es tal vez la que mejor los enmarca", afirmó Emcke según el reportaje.

Según Emcke, AfD es antisemita y a la vez amigo del Israel de Netanyahu, anti-LGTBIQ+, prorruso, amigo de Trump y contrario a ayudar a Ucrania. "Han penetrado increíblemente en el Este, y empiezan a hacerlo en los sindicatos, en las patronales, en el asociacionismo. Quieren cambiar de arriba abajo la educación, los medios, las universidades, como ha hecho Orbán en Hungría: son gramscianos, creen en el poder de la hegemonía cultural", declaró la filósofa.

El partido es además firme partidario de la "remigración", es decir, de mandar de vuelta a miles de migrantes a sus países sin miramientos, según explica Emcke. "Su ideología ha ido adentrándose en las texturas del nacionalsocialismo, aunque parezca que esté prohibido decir eso. Su programa es cada vez más radical, casi nihilista", afirmó.

Para Emcke, lo más grave no es la radicalización de AfD, sino que "el centroizquierda y, sobre todo, el centroderecha los han normalizado". "Un dirigente del SPD acaba de decir que hay que replantearse el cordón sanitario. Y entre los liberales y la CDU hay voces que abogan por eso mismo, y que sobre todo están copiando sus mensajes, de una forma patosa, en muchas agendas", declaró.

En España, Vox gobierna ya en alianza con el Partido Popular en media docena de autonomías y sigue fuerte, según el reportaje. En Países Bajos y en los países nórdicos, partidos ultraderechistas entraron en gobiernos de coalición, lo que les ha desgastado. En Bruselas empiezan a votar juntos de la mano del líder del Partido Popular Europeo, el alemán Manfred Weber. Solo en Alemania, Francia y Bélgica el cordón sanitario sigue siendo hermético, pero incluso ahí empieza a mostrar signos de fatiga, según el análisis.

La diputada de AfD en el Bundestag Beatrix von Storch, nieta de un ministro de Hitler, negó que las posturas de su partido sean radicales. "Lo que es radical es la política del Gobierno: ha permitido la entrada de millones de inmigrantes ilegales al país; está arruinando nuestra infraestructura energética, y está destruyendo nuestra industria", declaró Von Storch según El País.

La diputada defendió que "nadie más en Alemania habla con tanta franqueza" y afirmó que "precisamente por eso estamos barriendo a la CDU: lideramos en el Este con una ventaja de hasta 20 puntos y, a nivel nacional, con seis o siete puntos".

Hans-Thomas Tillschneider, ideólogo de AfD en Sajonia-Anhalt y miembro destacado de la facción del partido que roza con la inconstitucionalidad, declaró que "el secreto de AfD es que se parece a Trump en Estados Unidos: en lugar de decirle al votante lo que quiere oír, está diciendo lo que realmente pasa, ofrece una alternativa genuina a las políticas antialemanas de los partidos tradicionales".

Los motores del ascenso de AfD son similares en todo el Atlántico Norte: ansiedad económica, rechazo a los inmigrantes —especialmente musulmanes— y un malestar difuso, según el reportaje. Alemania lleva años metida en un estancamiento preocupante. Su industria está en franco declive, ha llegado tarde a la revolución tecnológica y no vio venir el acelerón geopolítico relacionado con el trumpismo, según explica El País.

El modelo económico alemán hace aguas, con esa mezcla de neomercantilismo y ordoliberalismo del siglo pasado, según el análisis. Alemania no ha hecho reformas en 20 años, desde Gerhard Schröder, a pesar de que Angela Merkel obligó a hacerlas a otros países. Alemania fio su bienestar a la energía barata de Rusia, que ha desaparecido; al escudo defensivo estadounidense, que está difuminándose; y a la potencia exportadora de su industria, pero los coches chinos son hoy más baratos y competitivos que los alemanes, según el reportaje.

"Cuando los miedos de los alemanes son existenciales, como ocurre hoy por esa crisis tan profunda del modelo industrial, hay que empezar a preocuparse de veras", afirmó Tonia Mastrobuoni, autora del libro "La peste: investigación sobre la derecha en Alemania", según cita El País.

A las condiciones materiales hay que sumar los efectos de dos oleadas migratorias: la de 2015, con las puertas abiertas de Merkel a los refugiados sirios, y la de 2022, con la llegada de ucranianos huyendo de la guerra, según el reportaje. La tercera causa de la fortaleza de AfD es un malestar que en el Oeste se percibe como desencanto con los partidos tradicionales, y que en el Este ha aterrizado en un sentimiento de resentimiento, según Markus Kerber, exsecretario de Estado de Interior.

"AfD ha sabido traducir la angustia económica y social en la gramática de la inseguridad cultural y nacional, en especial en la parte oriental", declaró Kerber según el reportaje.

Steffen Kraus explicó el resentimiento del Este: "Cuando cayó el Muro nos creímos aquello de la austeridad, hicimos una durísima cura de reformas y recortes de todo tipo. Pero el Oeste nos miró siempre por encima del hombro. No había dinero para digerir esas reformas, pero luego llegaron los refugiados sirios y el Estado federal sacó la chequera, y resultó que sí había dinero para ellos", declaró.

Kraus, que era votante de la CDU, afirmó que su antiguo partido "se convirtió en un problema para la seguridad nacional con las puertas abiertas a la migración, con el cierre de las nucleares, con su posición en Ucrania. Hemos llegado a un punto de ruptura", según recoge El País.

Wolfgang Schmidt, exjefe de gabinete del excanciller socialdemócrata Olaf Scholz, atribuyó buena parte de los problemas al canciller Friedrich Merz. "Merz prometió que la economía iba a recuperarse de inmediato, y eso no ha sucedido, y garantizó un otoño de las reformas que quedó en nada. De la gran coalición solo se conocen disputas internas. La hoja de servicios del canciller es desastrosa. En la agenda migratoria ha asumido la retórica de AfD. Eso deja un mal humor tremendo", declaró Schmidt según el reportaje.

El historiador David Bebniwski señaló que "nada parece debilitarles. Con el cordón sanitario se han convertido en la única oposición. Con el endurecimiento de su agenda han conseguido que el centro derecha les persiga. Los votantes de clase media y baja van a votarles a pesar de que sus políticas económicas les perjudican. Se han acercado a Rusia y así se han ganado al Este; son trumpistas y no parece perjudicarles que la desglobalización que defiende Trump esté castigando a la economía alemana: están en una especie de círculo virtuoso, en el que todo parece beneficiarles".

El liderazgo de AfD es paradójico: Tino Chrupalla, un expintor que apela a la clase obrera, comparte protagonismo con Alice Weidel, probablemente la dirigente de ultraderecha más atípica de la escena política actual, según El País. Weidel trabajó en Goldman Sachs, es lesbiana, vive en Suiza en pareja con una mujer nacida en Sri Lanka con quien tiene dos hijos. Defiende que AfD es el partido que va a defenderla "de los ataques de los islamistas a las mujeres" que el Gobierno es incapaz de frenar, según el reportaje.

En Magdeburgo, capital de Sajonia-Anhalt con 230.000 habitantes y 1.200 años de historia, AfD puede llegar al Gobierno si los liberales, la izquierda populista e incluso el SPD se quedaran por debajo del listón del 5%, que les dejaría fuera del parlamento regional, según las encuestas citadas por El País. Con las encuestas en mano, eso es factible.

La ciudad saltó a las primeras páginas hace un par de años por un atentado en un mercado navideño que dejó seis muertos y más de 300 heridos. "Es un acto de un islamista lleno de odio", dijo sin asomo de dudas Weidel, según el reportaje. Su autor era Taleb al-Abdulmohsen, de origen saudí que había llegado como refugiado a Alemania en 2006. Pero acabó convirtiéndose en islamófobo, en simpatizante de AfD, con ramalazos neonazis. Era psiquiatra en un hospital en el que se exterminó a discapacitados durante el nazismo, según explica El País. Weidel jamás ha pedido disculpas por ese error.

La policía ha hecho en mayo de 2026 redadas para rebajar la violencia ultraderechista en Marzahn-Hellesdorf, en la periferia de Berlín, a solo 20 minutos en tranvía de Alexanderplatz, según el reportaje. En ese distrito, un joven con indumentaria negra y estética neonazi identificado como Daniel repitió la misma frase que los dirigentes de AfD: "Vamos a hacer historia".

El canciller Merz promete que Alemania va a tener en poco tiempo "el ejército más poderoso de Europa", según cita El País. Henkel comentó: "Un siglo después de todo aquello, entiendo que provoque escalofríos que AfD pueda tener la más mínima opción de estar al mando, pero eso no va a suceder".

Magdeburgo podría convertirse dentro de tres meses en la primera capital de un estado federado alemán gobernado por AfD, lo que marcaría un punto de inflexión en la política alemana de posguerra y pondría a prueba la resistencia de las instituciones democráticas del país ante el avance de la ultraderecha etnonacionalista.

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31 may 2026
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Alternativa para Alemania (AfD) ha alcanzado niveles de apoyo electoral que no se veían desde la llegada del nazismo al poder en los años treinta, según análisis publicado por El País. El partido ultraderechista roza el 30% de los apoyos a nivel nacional y supera el 40% en Sajonia-Anhalt, estado del este alemán donde podría formar gobierno tras las elecciones regionales de septiembre de 2026.

Steffen Kraus, exmilitar de 42 años y edil de AfD en Magdeburgo, capital de Sajonia-Anhalt, declaró a medios alemanes que su partido tiene "serias opciones de gobernar" en esa región oriental. "Vamos a hacer historia", afirmó Kraus, según recoge El País. Ulrich Siegmund, exvendedor de perfumes reconvertido en estrella de TikTok y cabeza de cartel de AfD en ese estado federado, repitió la misma frase: "Eso es hacer historia".

AfD es actualmente el segundo partido del Bundestag y lidera las encuestas en todo el país, por delante de la CDU del canciller Friedrich Merz y muy por delante del Partido Socialdemócrata (SPD), según el reportaje. Los ultras rozan el 30% de los apoyos en Alemania y superan con creces el 40% en Sajonia-Anhalt, según las encuestas citadas.

A pesar del férreo cordón sanitario (brandmauer en alemán, que significa muro cortafuegos) que mantienen los partidos tradicionales, AfD no ha conseguido tocar poder a nivel federal, pero está cada vez más cerca de hacerlo a nivel regional, según el análisis. El partido presenta una particularidad inquietante respecto a otros partidos similares en Europa: mientras Giorgia Meloni en Italia y Marine Le Pen en Francia moderan sus propuestas para llegar a votantes de centro, AfD no cesa de radicalizar su programa político, según explica El País. Y con esa estrategia no deja de subir en las encuestas.

Hans Olaf Henkel, expresidente de la patronal de la industria alemana y exmiembro destacado de AfD, del que ahora reniega abiertamente, aseguró que AfD no va a ser "en ningún caso" una opción de Gobierno. "Un tercio de los votantes de AfD son conservadores radicales, pero el resto son cabreados o gente que nunca votaba. Y más del 60% del electorado sigue optando por los partidos tradicionales. Alemania no es parafascista o posnazi; los alemanes recuerdan bien su historia", declaró Henkel según el reportaje.

Sin embargo, el dato histórico es revelador: Hitler llegó al poder en los años treinta con poco más del 30% de los votos, tras una profunda crisis y con el apoyo de la oligarquía germana, según recuerda El País. AfD no está lejos de ese listón y lo supera ampliamente en varios estados del Este.

La académica Carolin Emcke, autora del libro "Contra el odio", explicó que "el programa político de AfD empezó en 2013 en el antieuropeísmo recalcitrante, pero ha evolucionado" hacia un lema similar al del mariscal Pétain, colaboracionista nazi de Vichy: "Trabajo, familia y patria". "Son etnonacionalistas, esa etiqueta es tal vez la que mejor los enmarca", afirmó Emcke según el reportaje.

Según Emcke, AfD es antisemita y a la vez amigo del Israel de Netanyahu, anti-LGTBIQ+, prorruso, amigo de Trump y contrario a ayudar a Ucrania. "Han penetrado increíblemente en el Este, y empiezan a hacerlo en los sindicatos, en las patronales, en el asociacionismo. Quieren cambiar de arriba abajo la educación, los medios, las universidades, como ha hecho Orbán en Hungría: son gramscianos, creen en el poder de la hegemonía cultural", declaró la filósofa.

El partido es además firme partidario de la "remigración", es decir, de mandar de vuelta a miles de migrantes a sus países sin miramientos, según explica Emcke. "Su ideología ha ido adentrándose en las texturas del nacionalsocialismo, aunque parezca que esté prohibido decir eso. Su programa es cada vez más radical, casi nihilista", afirmó.

Para Emcke, lo más grave no es la radicalización de AfD, sino que "el centroizquierda y, sobre todo, el centroderecha los han normalizado". "Un dirigente del SPD acaba de decir que hay que replantearse el cordón sanitario. Y entre los liberales y la CDU hay voces que abogan por eso mismo, y que sobre todo están copiando sus mensajes, de una forma patosa, en muchas agendas", declaró.

En España, Vox gobierna ya en alianza con el Partido Popular en media docena de autonomías y sigue fuerte, según el reportaje. En Países Bajos y en los países nórdicos, partidos ultraderechistas entraron en gobiernos de coalición, lo que les ha desgastado. En Bruselas empiezan a votar juntos de la mano del líder del Partido Popular Europeo, el alemán Manfred Weber. Solo en Alemania, Francia y Bélgica el cordón sanitario sigue siendo hermético, pero incluso ahí empieza a mostrar signos de fatiga, según el análisis.

La diputada de AfD en el Bundestag Beatrix von Storch, nieta de un ministro de Hitler, negó que las posturas de su partido sean radicales. "Lo que es radical es la política del Gobierno: ha permitido la entrada de millones de inmigrantes ilegales al país; está arruinando nuestra infraestructura energética, y está destruyendo nuestra industria", declaró Von Storch según El País.

La diputada defendió que "nadie más en Alemania habla con tanta franqueza" y afirmó que "precisamente por eso estamos barriendo a la CDU: lideramos en el Este con una ventaja de hasta 20 puntos y, a nivel nacional, con seis o siete puntos".

Hans-Thomas Tillschneider, ideólogo de AfD en Sajonia-Anhalt y miembro destacado de la facción del partido que roza con la inconstitucionalidad, declaró que "el secreto de AfD es que se parece a Trump en Estados Unidos: en lugar de decirle al votante lo que quiere oír, está diciendo lo que realmente pasa, ofrece una alternativa genuina a las políticas antialemanas de los partidos tradicionales".

Los motores del ascenso de AfD son similares en todo el Atlántico Norte: ansiedad económica, rechazo a los inmigrantes —especialmente musulmanes— y un malestar difuso, según el reportaje. Alemania lleva años metida en un estancamiento preocupante. Su industria está en franco declive, ha llegado tarde a la revolución tecnológica y no vio venir el acelerón geopolítico relacionado con el trumpismo, según explica El País.

El modelo económico alemán hace aguas, con esa mezcla de neomercantilismo y ordoliberalismo del siglo pasado, según el análisis. Alemania no ha hecho reformas en 20 años, desde Gerhard Schröder, a pesar de que Angela Merkel obligó a hacerlas a otros países. Alemania fio su bienestar a la energía barata de Rusia, que ha desaparecido; al escudo defensivo estadounidense, que está difuminándose; y a la potencia exportadora de su industria, pero los coches chinos son hoy más baratos y competitivos que los alemanes, según el reportaje.

"Cuando los miedos de los alemanes son existenciales, como ocurre hoy por esa crisis tan profunda del modelo industrial, hay que empezar a preocuparse de veras", afirmó Tonia Mastrobuoni, autora del libro "La peste: investigación sobre la derecha en Alemania", según cita El País.

A las condiciones materiales hay que sumar los efectos de dos oleadas migratorias: la de 2015, con las puertas abiertas de Merkel a los refugiados sirios, y la de 2022, con la llegada de ucranianos huyendo de la guerra, según el reportaje. La tercera causa de la fortaleza de AfD es un malestar que en el Oeste se percibe como desencanto con los partidos tradicionales, y que en el Este ha aterrizado en un sentimiento de resentimiento, según Markus Kerber, exsecretario de Estado de Interior.

"AfD ha sabido traducir la angustia económica y social en la gramática de la inseguridad cultural y nacional, en especial en la parte oriental", declaró Kerber según el reportaje.

Steffen Kraus explicó el resentimiento del Este: "Cuando cayó el Muro nos creímos aquello de la austeridad, hicimos una durísima cura de reformas y recortes de todo tipo. Pero el Oeste nos miró siempre por encima del hombro. No había dinero para digerir esas reformas, pero luego llegaron los refugiados sirios y el Estado federal sacó la chequera, y resultó que sí había dinero para ellos", declaró.

Kraus, que era votante de la CDU, afirmó que su antiguo partido "se convirtió en un problema para la seguridad nacional con las puertas abiertas a la migración, con el cierre de las nucleares, con su posición en Ucrania. Hemos llegado a un punto de ruptura", según recoge El País.

Wolfgang Schmidt, exjefe de gabinete del excanciller socialdemócrata Olaf Scholz, atribuyó buena parte de los problemas al canciller Friedrich Merz. "Merz prometió que la economía iba a recuperarse de inmediato, y eso no ha sucedido, y garantizó un otoño de las reformas que quedó en nada. De la gran coalición solo se conocen disputas internas. La hoja de servicios del canciller es desastrosa. En la agenda migratoria ha asumido la retórica de AfD. Eso deja un mal humor tremendo", declaró Schmidt según el reportaje.

El historiador David Bebniwski señaló que "nada parece debilitarles. Con el cordón sanitario se han convertido en la única oposición. Con el endurecimiento de su agenda han conseguido que el centro derecha les persiga. Los votantes de clase media y baja van a votarles a pesar de que sus políticas económicas les perjudican. Se han acercado a Rusia y así se han ganado al Este; son trumpistas y no parece perjudicarles que la desglobalización que defiende Trump esté castigando a la economía alemana: están en una especie de círculo virtuoso, en el que todo parece beneficiarles".

El liderazgo de AfD es paradójico: Tino Chrupalla, un expintor que apela a la clase obrera, comparte protagonismo con Alice Weidel, probablemente la dirigente de ultraderecha más atípica de la escena política actual, según El País. Weidel trabajó en Goldman Sachs, es lesbiana, vive en Suiza en pareja con una mujer nacida en Sri Lanka con quien tiene dos hijos. Defiende que AfD es el partido que va a defenderla "de los ataques de los islamistas a las mujeres" que el Gobierno es incapaz de frenar, según el reportaje.

En Magdeburgo, capital de Sajonia-Anhalt con 230.000 habitantes y 1.200 años de historia, AfD puede llegar al Gobierno si los liberales, la izquierda populista e incluso el SPD se quedaran por debajo del listón del 5%, que les dejaría fuera del parlamento regional, según las encuestas citadas por El País. Con las encuestas en mano, eso es factible.

La ciudad saltó a las primeras páginas hace un par de años por un atentado en un mercado navideño que dejó seis muertos y más de 300 heridos. "Es un acto de un islamista lleno de odio", dijo sin asomo de dudas Weidel, según el reportaje. Su autor era Taleb al-Abdulmohsen, de origen saudí que había llegado como refugiado a Alemania en 2006. Pero acabó convirtiéndose en islamófobo, en simpatizante de AfD, con ramalazos neonazis. Era psiquiatra en un hospital en el que se exterminó a discapacitados durante el nazismo, según explica El País. Weidel jamás ha pedido disculpas por ese error.

La policía ha hecho en mayo de 2026 redadas para rebajar la violencia ultraderechista en Marzahn-Hellesdorf, en la periferia de Berlín, a solo 20 minutos en tranvía de Alexanderplatz, según el reportaje. En ese distrito, un joven con indumentaria negra y estética neonazi identificado como Daniel repitió la misma frase que los dirigentes de AfD: "Vamos a hacer historia".

El canciller Merz promete que Alemania va a tener en poco tiempo "el ejército más poderoso de Europa", según cita El País. Henkel comentó: "Un siglo después de todo aquello, entiendo que provoque escalofríos que AfD pueda tener la más mínima opción de estar al mando, pero eso no va a suceder".

Magdeburgo podría convertirse dentro de tres meses en la primera capital de un estado federado alemán gobernado por AfD, lo que marcaría un punto de inflexión en la política alemana de posguerra y pondría a prueba la resistencia de las instituciones democráticas del país ante el avance de la ultraderecha etnonacionalista.

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