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Analistas debaten si el resurgimiento de movimientos de extrema derecha constituye una nueva forma de fascismo

Académicos y expertos en ciencia política analizan si los regímenes autoritarios contemporáneos y el auge del populismo de extrema derecha en Europa, América y Asia representan un retorno del fascismo o un fenómeno político distinto. Mientras algunos identifican paralelismos con el fascismo del siglo XX en la retórica nacionalista, el culto al líder y la hostilidad hacia minorías, otros argumentan que las diferencias históricas y estructurales exigen nuevas categorías de análisis para comprender estas amenazas a la democracia liberal.

INTERNACIONAL18 ABR 2026

El debate sobre la naturaleza del autoritarismo contemporáneo ha cobrado urgencia entre historiadores y politólogos, quienes intentan determinar si los movimientos de extrema derecha que prosperan globalmente constituyen una forma moderna de fascismo o representan un fenómeno político enteramente nuevo.

Según el historiador Robert Paxton, experto mundial en fascismo citado por The Guardian, los fascistas históricos dependían fuertemente de "pasiones movilizadoras" que incluían un sentido de crisis abrumadora, temor al declive del grupo dominante, anhelo de pureza y autoridad, y glorificación de la violencia. Paxton enfatizó que el fascismo emergió en el siglo XX en sociedades marcadas por la violencia de la Primera Guerra Mundial y la inestabilidad económica subsecuente, donde un creciente movimiento obrero amenazaba con arrebatar el poder a las élites tradicionales.

El politólogo Cas Mudde, reconocido especialista en extrema derecha, define este espectro político como una colección de movimientos nacionalistas de derecha hostiles al sistema democrático liberal, según reporta The Guardian. Mudde divide la extrema derecha en dos categorías: la derecha extrema, que rechaza la esencia de la democracia, incluyendo el fascismo que reemplaza la democracia con dictadura; y la derecha radical, que acepta la esencia democrática pero se opone a elementos fundamentales del sistema actual, como tribunales independientes, leyes constitucionales de derechos humanos y medios libres.

Desde mediados de la década de 2010, populistas de extrema derecha han ganado elecciones nacionales en países tan diversos como India, Filipinas, Polonia, Hungría, Italia, Estados Unidos, Brasil y Argentina, según documenta The Guardian. En muchos parlamentos europeos mantienen presencia significativa, posicionados en algunos casos para formar el próximo gobierno probable.

El teórico político Richard Seymour, citado por The Guardian, acuñó el término "nacionalismo del desastre" para describir lo que ofrecen los populistas de extrema derecha: prometen renacimiento nacional mediante medidas audaces, posiblemente ilegales, sobre la economía. Sin embargo, los beneficios económicos reales del populismo de extrema derecha distan de ser claros. En 2024, Donald Trump prometió a los estadounidenses comestibles más baratos si votaban por él, algo que no se ha materializado, según la fuente. En Italia, bajo la primera ministra Giorgia Meloni, se ha impulsado el empleo, pero la mayoría de los nuevos trabajos son a tiempo parcial o mal pagados. En Brasil, bajo Jair Bolsonaro, los ingresos promedio cayeron.

La verdadera recompensa, según Seymour, es psicológica: el nacionalismo del desastre sostiene que para sentirse ganador, alguien más debe perder, y perder gravemente. Sin excepción, los populistas de extrema derecha prometen castigar a ciertos grupos de personas en nombre de la mayoría, para hacer que la mayoría se sienta ganadora nuevamente, según The Guardian. Muchos prometen restringir los derechos de grupos minoritarios. En Italia, el gobierno de Meloni ordenó a los ayuntamientos registrar solo a padres biológicos en certificados de nacimiento, excluyendo a parejas del mismo sexo.

En el caso específico de Rusia, el análisis publicado en International Viewpoint examina si el régimen de Vladimir Putin constituye una nueva forma de fascismo. Tras el 24 de febrero, cuando Rusia inició una invasión militar a gran escala de Ucrania, el mundo enfrentó más que un desafío a la hegemonía geopolítica occidental, según la fuente. Detrás de la política agresiva del Kremlin había una lógica que remite a la ideología imperialista clásica, según la cual las relaciones entre países se basan únicamente en la regla del más fuerte.

El politólogo Alexander J. Motyl, citado en International Viewpoint, afirma que "la clave para entender qué es el fascismo puede estar en entender qué es el gobierno fascista". Definir el fascismo como un régimen para el cual las características ideológicas o un movimiento de masas previo son características secundarias y opcionales hace posible universalizar el fenómeno, según el análisis.

El sociólogo Karl Polanyi, en su obra maestra "La Gran Transformación", vio en el fascismo una aspiración a la victoria final de la lógica capitalista sobre cualquier forma de autoorganización y solidaridad en la sociedad, según International Viewpoint. El objetivo del fascismo, según Polanyi, era la atomización social completa y la disolución del individuo en la máquina de producción. El fascismo representaba así algo más profundo que una reacción al peligro de movimientos anticapitalistas revolucionarios desde abajo: estaba inextricablemente vinculado al establecimiento final del dominio de la economía sobre la sociedad.

Polanyi describió el fascismo no como un "movimiento", sino como un "movimiento" (en el sentido de acción estratégica), un consenso entre élites en respuesta a la crisis económica para constituir una alternativa al socialismo, según la fuente. Esta respuesta, según Polanyi, no vino como reacción directa al peligro de revolución social, sino que estaba profundamente arraigada en la naturaleza misma de la sociedad industrial, con su contradicción esencial entre el mercado capitalista y la democracia.

La crisis actual del capitalismo neoliberal tardío está creando contradicciones similares, así como una tendencia política hacia el fascismo desde arriba como solución para imponer orden en un sistema en crisis, según International Viewpoint. Por supuesto, esta tendencia no se desarrolla de manera uniforme o simultánea en todas partes del mundo, porque el desarrollo desigual y combinado del capitalismo global y sus crisis no producen temporalidad homogénea. Por diversas razones estructurales, Rusia se ha convertido en el "eslabón más débil" en esta época de crisis, llevando a Putin a abandonar la democracia gestionada por el fascismo.

En Rusia actual, esta condición ha sido simbolizada por las "acciones de solidaridad" orquestadas por el estado con el ejército ruso, según la fuente. Estas incluyen eventos como empleados del sector público y estudiantes alineados en forma de la letra Z, el ominoso emblema de la agresión rusa. Este espectáculo de política es exactamente lo opuesto a la movilización desde abajo en cualquier forma, incluida la de extrema derecha. Por ejemplo, en marzo del año pasado, las autoridades rusas reprimieron brutalmente manifestaciones anti-ucranianas organizadas independientemente.

La filósofa Hannah Arendt, en "Los Orígenes del Totalitarismo", llegó a conclusiones cercanas a las de Polanyi, aunque desde una perspectiva teórica diferente, según International Viewpoint. El espectáculo fascista tiene un carácter exclusivamente jerárquico: es una producción dictatorial en la que todos deben desempeñar su papel asignado con máxima disciplina y obediencia.

Mientras tanto, el artículo de People's World destaca la figura histórica de Mary Metlay Kaufman, fiscal en los Juicios de Núremberg en 1947-1948. Kaufman, nacida pobre en Atlanta, Georgia, de refugiados judíos de la Rusia zarista, fue una de seis o siete mujeres en el equipo de fiscalía dirigido por el general de brigada Telford Taylor y el juez de la Corte Suprema de Estados Unidos Robert Jackson, según la fuente.

Kaufman fue asignada para preparar la acusación de altos ejecutivos del Trust Químico I.G. Farben, una de las corporaciones más ricas de Alemania que vertió millones de Reichsmarks en las arcas nazis, financiando el "Tercer Reich de Mil Años" de Adolf Hitler, según People's World. Su investigación ayudó a exponer los cientos de millones de Reichsmarks extraídos de millones de prisioneros de guerra judíos, rusos, polacos, franceses, holandeses, belgas e italianos por estos bancos y corporaciones nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

La tarea asignada a ella tenía un título: "Desnazificación", según la fuente. El objetivo era desmantelar los bancos y corporaciones infestados de nazis que pusieron a Hitler y los nazis en el poder. Posteriormente, este principio fue adoptado por Josef Stalin, Winston Churchill y Harry Truman en la Cumbre de Potsdam. Sin embargo, meses después del fin del Tribunal de Núremberg, anticomunistas de la Guerra Fría estaban tramando el retorno al poder de estos mismos bancos y corporaciones que exprimieron miles de millones en ganancias del trabajo esclavo y el exterminio en la Alemania nazi.

Kaufman regresó de Núremberg ardiendo con la convicción de que nunca más debemos permanecer inactivos mientras los fascistas, financiados por bancos y corporaciones multimillonarias, conspiran para tomar el poder en un golpe de estado fascista, según People's World. Fue fundadora del Gremio Nacional de Abogados y abogada que defendió a líderes del Partido Comunista de Estados Unidos en los juicios de caza de brujas anticomunistas de la Guerra Fría de la década de 1950.

Sus clientes fueron Elizabeth Gurley Flynn, Claudia Jones y Betty Gannett, todas líderes del CPUSA, juzgadas y condenadas bajo la infame Ley Smith, encarceladas durante años en la Penitenciaría Federal de Mujeres de Alderson en el remoto sureste de Virginia Occidental, según la fuente. Kaufman también fue una de las principales organizadoras del Comité Nacional para Liberar a Angela Davis.

El debate contemporáneo sobre si estos fenómenos constituyen fascismo o algo distinto tiene implicaciones prácticas significativas. Como señala Polanyi citado en International Viewpoint, el fascismo se desarrolla en un momento de crisis económica y política integral cuando la contradicción entre los intereses de la sociedad y los del mercado se vuelve tan aguda que ya no es posible ningún equilibrio temporal entre ambos. Por eso, para Polanyi, el giro hacia el fascismo fue consecuencia directa de la Gran Depresión, que vio como el fin de la "civilización del siglo XIX" del mercado.

Los analistas coinciden en que, independientemente de la etiqueta utilizada, los movimientos autoritarios contemporáneos representan una amenaza seria a las instituciones democráticas y los derechos humanos. La cuestión de si constituyen fascismo en sentido estricto o un fenómeno nuevo sigue siendo objeto de intenso debate académico, pero existe consenso sobre la necesidad de vigilancia y resistencia ante estas tendencias antidemocráticas.

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