Arte y Cultura

Arqueólogos descubren altar prehispánico con restos humanos en Tula, México

Durante trabajos de salvamento arqueológico previos a la construcción del ferrocarril México-Querétaro, investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México hallaron un momoztli —altar ritual prehispánico— en la antigua capital tolteca de Tula, con cuatro cráneos humanos y evidencia de posibles decapitaciones rituales que datan entre 950 y 1100 de la era común.

ARTE Y CULTURA19 JUL 2026

El descubrimiento ocurrió a pocos metros bajo la superficie en Tula, conocida en náhuatl como Tollan, la ciudad que fue corazón de la civilización tolteca tras el declive de Teotihuacán y antes del surgimiento del Imperio Azteca. Los toltecas dejaron un legado profundo: su arquitectura, religión y tradiciones artísticas influyeron en culturas posteriores de Mesoamérica, y siglos después, los aztecas los reverenciaban como constructores y artesanos legendarios.

El momoztli, término náhuatl para designar pequeños altares rituales donde las comunidades dejaban ofrendas, fue excavado durante trabajos de salvamento arqueológico realizados antes de la construcción de la nueva línea ferroviaria. El altar mide aproximadamente un metro cuadrado y está compuesto por tres capas de piedra: una base de piedra cantera, posiblemente andesita; una capa intermedia de bloques modulares del mismo material; y una capa superior de piedras de río y basalto.

El hallazgo inicial incluyó obsidiana tallada y vasijas cerámicas, pero lo que sorprendió a los investigadores fue el descubrimiento de restos humanos. Conforme avanzaron las excavaciones, la magnitud del hallazgo se hizo evidente: cuatro cráneos emergieron alrededor del altar. Uno de ellos permanecía aún unido a varias vértebras cervicales, lo que llevó al equipo arqueológico a investigar si el individuo fue decapitado.

Según explicó el arqueólogo Víctor Francisco Heredia Guillén del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, el análisis de uno de los cráneos sugiere que la cabeza fue separada del cuerpo de manera deliberada. Si la cabeza se hubiera desprendido naturalmente después del entierro, esto ocurriría únicamente después de que los tejidos blandos que la unían al cuello se descompusieran. Sin embargo, el crácter de la separación indica que fue removida mientras esos tejidos aún estaban intactos, sugiriendo un corte intencional.

Dos cráneos fueron encontrados en la base del altar, uno orientado hacia arriba y otro hacia el suroeste. Los dos cráneos restantes, junto con lo que parecen ser varios fémures humanos y otros artefactos, fueron descubiertos bajo una capa compactada de estuco frente al altar.

El contexto arqueológico del hallazgo proporciona información crucial sobre la jerarquía social de Tula. Las paredes y pisos descubiertos sugieren que el altar estuvo ubicado en el centro de un patio, posiblemente dentro de una residencia de élite o un complejo administrativo. Heredia Guillén señaló: "Asumimos que estos eran espacios o parte de un contexto de élite, o de grupos de rango superior, restos de palacios que pudieron haber existido en el sitio. Sabemos que en las afueras de Tula había barrios de las clases altas y medias, y mucho más lejos, los de la gente común."

Los investigadores sostienen que los restos podrían representar sacrificio ritual y están examinando los huesos en busca de evidencia de ello. Heredia Guillén explicó que aunque los metales ya se trabajaban en el período Posclásico, las decapitaciones se realizaban aún con cuchillos de obsidiana o pedernal, dejando marcas características en los huesos que pueden ser identificadas durante el análisis.

Los momoztli eran altares ceremoniales pequeños donde se presentaban ofrendas a deidades o antepasados. Los arqueólogos comúnmente encuentran cerámica, hojas de obsidiana y otros depósitos rituales alrededor de ellos, así como restos humanos. Este hallazgo se alinea con patrones conocidos de prácticas rituales mesoamericanas, aunque la escala y el contexto de élite del descubrimiento lo hacen particularmente significativo para entender las prácticas religiosas de la élite tolteca.

El altar ha sido documentado meticulosamente mediante fotografía, levantamientos con drones y esquemas detallados mientras los arqueólogos deciden la mejor manera de preservarlo. Los artefactos adicionales recuperados del sitio han sido trasladados a laboratorios para estudios posteriores. El descubrimiento forma parte de los trabajos de salvamento arqueológico diseñados para investigar, documentar y recuperar restos arqueológicos antes de que la construcción del ferrocarril México City-Querétaro continúe.

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Durante trabajos de salvamento arqueológico previos a la construcción del ferrocarril México-Querétaro, investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México hallaron un momoztli —altar ritual prehispánico— en la antigua capital tolteca de Tula, con cuatro cráneos humanos y evidencia de posibles decapitaciones rituales que datan entre 950 y 1100 de la era común.

19 jul 2026
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El descubrimiento ocurrió a pocos metros bajo la superficie en Tula, conocida en náhuatl como Tollan, la ciudad que fue corazón de la civilización tolteca tras el declive de Teotihuacán y antes del surgimiento del Imperio Azteca. Los toltecas dejaron un legado profundo: su arquitectura, religión y tradiciones artísticas influyeron en culturas posteriores de Mesoamérica, y siglos después, los aztecas los reverenciaban como constructores y artesanos legendarios.

El momoztli, término náhuatl para designar pequeños altares rituales donde las comunidades dejaban ofrendas, fue excavado durante trabajos de salvamento arqueológico realizados antes de la construcción de la nueva línea ferroviaria. El altar mide aproximadamente un metro cuadrado y está compuesto por tres capas de piedra: una base de piedra cantera, posiblemente andesita; una capa intermedia de bloques modulares del mismo material; y una capa superior de piedras de río y basalto.

El hallazgo inicial incluyó obsidiana tallada y vasijas cerámicas, pero lo que sorprendió a los investigadores fue el descubrimiento de restos humanos. Conforme avanzaron las excavaciones, la magnitud del hallazgo se hizo evidente: cuatro cráneos emergieron alrededor del altar. Uno de ellos permanecía aún unido a varias vértebras cervicales, lo que llevó al equipo arqueológico a investigar si el individuo fue decapitado.

Según explicó el arqueólogo Víctor Francisco Heredia Guillén del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, el análisis de uno de los cráneos sugiere que la cabeza fue separada del cuerpo de manera deliberada. Si la cabeza se hubiera desprendido naturalmente después del entierro, esto ocurriría únicamente después de que los tejidos blandos que la unían al cuello se descompusieran. Sin embargo, el crácter de la separación indica que fue removida mientras esos tejidos aún estaban intactos, sugiriendo un corte intencional.

Dos cráneos fueron encontrados en la base del altar, uno orientado hacia arriba y otro hacia el suroeste. Los dos cráneos restantes, junto con lo que parecen ser varios fémures humanos y otros artefactos, fueron descubiertos bajo una capa compactada de estuco frente al altar.

El contexto arqueológico del hallazgo proporciona información crucial sobre la jerarquía social de Tula. Las paredes y pisos descubiertos sugieren que el altar estuvo ubicado en el centro de un patio, posiblemente dentro de una residencia de élite o un complejo administrativo. Heredia Guillén señaló: "Asumimos que estos eran espacios o parte de un contexto de élite, o de grupos de rango superior, restos de palacios que pudieron haber existido en el sitio. Sabemos que en las afueras de Tula había barrios de las clases altas y medias, y mucho más lejos, los de la gente común."

Los investigadores sostienen que los restos podrían representar sacrificio ritual y están examinando los huesos en busca de evidencia de ello. Heredia Guillén explicó que aunque los metales ya se trabajaban en el período Posclásico, las decapitaciones se realizaban aún con cuchillos de obsidiana o pedernal, dejando marcas características en los huesos que pueden ser identificadas durante el análisis.

Los momoztli eran altares ceremoniales pequeños donde se presentaban ofrendas a deidades o antepasados. Los arqueólogos comúnmente encuentran cerámica, hojas de obsidiana y otros depósitos rituales alrededor de ellos, así como restos humanos. Este hallazgo se alinea con patrones conocidos de prácticas rituales mesoamericanas, aunque la escala y el contexto de élite del descubrimiento lo hacen particularmente significativo para entender las prácticas religiosas de la élite tolteca.

El altar ha sido documentado meticulosamente mediante fotografía, levantamientos con drones y esquemas detallados mientras los arqueólogos deciden la mejor manera de preservarlo. Los artefactos adicionales recuperados del sitio han sido trasladados a laboratorios para estudios posteriores. El descubrimiento forma parte de los trabajos de salvamento arqueológico diseñados para investigar, documentar y recuperar restos arqueológicos antes de que la construcción del ferrocarril México City-Querétaro continúe.

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