Los bombardeos contra instalaciones nucleares civiles se han disparado desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania en 2022, pasando de nueve ataques registrados entre la Segunda Guerra Mundial y 2021 a una sucesión de ofensivas en múltiples frentes, según expertos del Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo. La central de Zaporiyia en Ucrania, la mayor de Europa, y las instalaciones de Baraká en Emiratos Árabes Unidos son los últimos objetivos de una tendencia que Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de la Energía Atómica, califica como una amenaza "inaceptable" que podría derivar en fugas radiactivas masivas.