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Ataques a centrales nucleares se multiplican desde 2022 con ofensivas en Ucrania, Irán y Emiratos Árabes

Los bombardeos contra instalaciones nucleares civiles se han disparado desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania en 2022, pasando de nueve ataques registrados entre la Segunda Guerra Mundial y 2021 a una sucesión de ofensivas en múltiples frentes, según expertos del Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo. La central de Zaporiyia en Ucrania, la mayor de Europa, y las instalaciones de Baraká en Emiratos Árabes Unidos son los últimos objetivos de una tendencia que Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de la Energía Atómica, califica como una amenaza "inaceptable" que podría derivar en fugas radiactivas masivas.

INTERNACIONAL1 JUN 2026

La guerra moderna ha abierto un frente sin precedentes contra las centrales nucleares civiles. Vitaly Fedchenko, experto del Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo, contabiliza aproximadamente nueve ataques contra instalaciones nucleares desde la década de 1940 hasta 2021. Desde entonces, la cifra se ha disparado en dos escenarios principales: Ucrania y Oriente Próximo, según declaró el especialista.

El 17 de mayo de 2026, un dron impactó el perímetro de la central de Baraká en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos, acompañado de otros dos proyectiles que fueron derribados. El ataque consolidó lo que Daniel Salisbury, analista del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, describió en abril como "jugar con fuego", según informó El País.

La central de Zaporiyia, ubicada en el municipio ucranio de Energodar bajo control ruso, representa uno de los mayores riesgos a la seguridad nuclear mundial. El 22 de mayo, el Organismo Internacional de la Energía Atómica informó de varias ofensivas con drones sobre la planta, la mayor de Europa, con decenas de proyectiles impactando las instalaciones y sus alrededores. El 27 de abril, uno de estos vehículos bomba causó la muerte de un empleado de la planta. El pasado sábado, Moscú denunció un nuevo ataque ucranio con drones, que Kiev ha negado.

Cuando las tropas rusas irrumpieron en territorio ucranio en febrero de 2022, Rafael Grossi, diplomático argentino al frente del Organismo Internacional de la Energía Atómica, estableció los "pilares indispensables" para evitar el desastre nuclear: la seguridad y salvaguarda de las instalaciones, el suministro eléctrico y la protección de los empleados. El ejército ruso ya controlaba Chernóbil y estrechaba el cerco a Zaporiyia. De poco sirvieron aquellos principios, según constata la fuente.

En los últimos cuatro años, los equipos auxiliares de Zaporiyia han sufrido tanto ataques rusos durante las operaciones para ocupar la planta como daños por drones ucranios. Actualmente, sus reactores están siendo alimentados por una sola de las diez líneas de alta tensión que tenían antes de la guerra. El director general de Rosatom, la empresa estatal rusa que gestiona Zaporiyia desde su toma por el Kremlin, advirtió el 16 de mayo que la central se acerca a pasos agigantados a un "punto de no retorno" por los ataques con drones del ejército ucranio. Según sus cifras, la instalación mantiene en su interior 2.600 toneladas de combustible atómico.

En febrero de 2025, un ataque con un dron ruso dañó el sarcófago de la central nuclear de Chernóbil, levantado para contener el material radiactivo del desastre de 1986. Los trabajos de reparación de esta estructura de protección aún no han finalizado y ya no puede cumplir su función principal de seguridad, según señaló el Organismo Internacional de la Energía Atómica.

En junio de 2025, durante la ofensiva de 12 días lanzada por Israel y Estados Unidos contra Teherán, varias instalaciones nucleares civiles en Irán fueron atacadas, entre ellas las de Fordow, Natanz e Isfahan. Catorce bombas antibúnker y una treintena de misiles de crucero golpearon las instalaciones. A menor intensidad, los ataques se han repetido durante las operaciones israelo-estadounidenses iniciadas el 28 de febrero de 2026 contra el aparato militar y político iraní. La central israelí de Dimona ha recibido proyectiles en dos episodios separados por un lustro: en abril de 2021 y el pasado 19 de marzo.

Lars van Dassen, director ejecutivo del Instituto Mundial de Seguridad Nuclear, advierte que no son solo los ataques físicos los que reflejan un cambio en los tiempos. "Se están utilizando drones para sobrevolar y amenazar instalaciones nucleares, los ciberataques están aumentando en número y gravedad a escala global, no solo en Ucrania y Oriente Próximo. Todo esto es, en cierta medida, una amenaza para el propio desarrollo de la energía nuclear", declaró.

La munición empleada en estos ataques representa un riesgo adicional. Los drones no destacan por su precisión: cualquier contraofensiva con medios electrónicos puede desviar su curso y sembrar el caos, según explica Van Dassen.

Iva Sopta, investigadora del Instituto Internacional de Viena de Estudios sobre Oriente Próximo y autora de un análisis reciente sobre el tema, sostiene que los ataques contra instalaciones nucleares han dejado de ser algo "aislado" y "se han convertido en un instrumento habitual de coerción, disuasión y guerra preventiva".

Décadas después de la Segunda Guerra Mundial, en la que se registraron bombardeos contra instalaciones relacionadas en Noruega o Japón, una de las primeras ofensivas contra instalaciones nucleares de uso civil fue el bombardeo israelí en 1981 sobre el reactor iraquí de Osirak, de ingeniería francesa y que se encontraba aún en fase de construcción. En la misma década llegó la campaña contra la central iraní de Bushehr, atacada por el Irak de Sadam Husein. En 2007, Israel golpeó las instalaciones sirias de Al Kibar. Tres años después, los servicios de inteligencia estadounidenses e israelíes perpetraron uno de los mayores ciberataques de la historia, conocido como Stuxnet, contra las centrifugadoras del programa nuclear iraní.

"Incluso cuando son limitados, generan riesgos que van mucho más allá de lo que entendemos como una escalada militar tradicional, dando lugar a consecuencias catastróficas", alertó Sopta. "Basta con recordar los accidentes de Chernóbil o Fukushima para comprender la magnitud de los potenciales desastres humanitarios que podrían provocar los ataques contra instalaciones nucleares", añadió.

Muhammed Ali Alkis, de la Universidad de Hacettepe en Turquía, advierte sobre la normalización de estos ataques. "El verdadero peligro es la normalización de estos ataques contra instalaciones nucleares. Confiar en la contención del adversario o en la pura suerte para evitar un desastre radiológico es una estrategia fallida para la seguridad global. La comunidad internacional ha tenido una suerte extraordinaria al no haberse producido una gran fuga de radioactividad en ninguno de estos ataques, pero estamos llevando esa fortuna a un límite", declaró.

Fedchenko explica que "en términos de radiactividad, los ataques contra los reactores nucleares, especialmente los de gran potencia, y las piscinas de combustible son los más peligrosos, debido al riesgo de liberación de material radiactivo al medio ambiente". El analista del Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo advierte un cambio de paradigma: mientras las ofensivas del pasado siglo o principios de este tenían como objetivo limitar la proliferación nuclear de países no amigos, en la actualidad, salvo quizá con Irán, las instalaciones nucleares son un objetivo de guerra más.

Van Dassen señala que aunque una mayoría de los Estados coinciden en que es importante proteger las instalaciones nucleares civiles, "será imposible que todos se comprometan a protegerlas y a no atacar instalaciones bajo ninguna circunstancia si sospechan que se trata de una instalación vinculada a un programa de armas nucleares. Los ataques preventivos para garantizar la propia supervivencia están permitidos por el derecho internacional". La mejor y casi única protección, concluye, sería "un tratado de no proliferación que de verdad funcione".

Horas después de la ofensiva sobre el perímetro de la central emiratí de Baraká, Grossi se refirió a lo sucedido como una amenaza "inaceptable" y "muy preocupante". "Estamos hablando de una central en operación, con fines pacíficos, y que tiene miles de kilos de material nuclear en su interior", advirtió. El organismo dependiente de Naciones Unidas advirtió del riesgo de que un nuevo ataque pueda derivar en fugas de radioactividad que hagan necesarias "evacuaciones, restricciones alimentarias y otras medidas de respuesta" a la crisis.

Durante décadas, el mayor riesgo de seguridad de las centrales nucleares fueron los atentados terroristas. Grupos como Al Qaeda o el Estado Islámico pusieron estas instalaciones en la diana. La rama del Estado Islámico en Bélgica llegó a recabar información sobre la planta nuclear belga de Mol. Pero en menos de cinco años, el mundo ha asistido a una sucesión de incidentes bélicos en torno a instalaciones de carácter civil, marcando un cambio radical en la naturaleza de las amenazas contra la infraestructura nuclear global.

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Ataques a centrales nucleares se multiplican desde 2022 con ofensivas en Ucrania, Irán y Emiratos Árabes

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1 jun 2026
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La guerra moderna ha abierto un frente sin precedentes contra las centrales nucleares civiles. Vitaly Fedchenko, experto del Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo, contabiliza aproximadamente nueve ataques contra instalaciones nucleares desde la década de 1940 hasta 2021. Desde entonces, la cifra se ha disparado en dos escenarios principales: Ucrania y Oriente Próximo, según declaró el especialista.

El 17 de mayo de 2026, un dron impactó el perímetro de la central de Baraká en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos, acompañado de otros dos proyectiles que fueron derribados. El ataque consolidó lo que Daniel Salisbury, analista del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, describió en abril como "jugar con fuego", según informó El País.

La central de Zaporiyia, ubicada en el municipio ucranio de Energodar bajo control ruso, representa uno de los mayores riesgos a la seguridad nuclear mundial. El 22 de mayo, el Organismo Internacional de la Energía Atómica informó de varias ofensivas con drones sobre la planta, la mayor de Europa, con decenas de proyectiles impactando las instalaciones y sus alrededores. El 27 de abril, uno de estos vehículos bomba causó la muerte de un empleado de la planta. El pasado sábado, Moscú denunció un nuevo ataque ucranio con drones, que Kiev ha negado.

Cuando las tropas rusas irrumpieron en territorio ucranio en febrero de 2022, Rafael Grossi, diplomático argentino al frente del Organismo Internacional de la Energía Atómica, estableció los "pilares indispensables" para evitar el desastre nuclear: la seguridad y salvaguarda de las instalaciones, el suministro eléctrico y la protección de los empleados. El ejército ruso ya controlaba Chernóbil y estrechaba el cerco a Zaporiyia. De poco sirvieron aquellos principios, según constata la fuente.

En los últimos cuatro años, los equipos auxiliares de Zaporiyia han sufrido tanto ataques rusos durante las operaciones para ocupar la planta como daños por drones ucranios. Actualmente, sus reactores están siendo alimentados por una sola de las diez líneas de alta tensión que tenían antes de la guerra. El director general de Rosatom, la empresa estatal rusa que gestiona Zaporiyia desde su toma por el Kremlin, advirtió el 16 de mayo que la central se acerca a pasos agigantados a un "punto de no retorno" por los ataques con drones del ejército ucranio. Según sus cifras, la instalación mantiene en su interior 2.600 toneladas de combustible atómico.

En febrero de 2025, un ataque con un dron ruso dañó el sarcófago de la central nuclear de Chernóbil, levantado para contener el material radiactivo del desastre de 1986. Los trabajos de reparación de esta estructura de protección aún no han finalizado y ya no puede cumplir su función principal de seguridad, según señaló el Organismo Internacional de la Energía Atómica.

En junio de 2025, durante la ofensiva de 12 días lanzada por Israel y Estados Unidos contra Teherán, varias instalaciones nucleares civiles en Irán fueron atacadas, entre ellas las de Fordow, Natanz e Isfahan. Catorce bombas antibúnker y una treintena de misiles de crucero golpearon las instalaciones. A menor intensidad, los ataques se han repetido durante las operaciones israelo-estadounidenses iniciadas el 28 de febrero de 2026 contra el aparato militar y político iraní. La central israelí de Dimona ha recibido proyectiles en dos episodios separados por un lustro: en abril de 2021 y el pasado 19 de marzo.

Lars van Dassen, director ejecutivo del Instituto Mundial de Seguridad Nuclear, advierte que no son solo los ataques físicos los que reflejan un cambio en los tiempos. "Se están utilizando drones para sobrevolar y amenazar instalaciones nucleares, los ciberataques están aumentando en número y gravedad a escala global, no solo en Ucrania y Oriente Próximo. Todo esto es, en cierta medida, una amenaza para el propio desarrollo de la energía nuclear", declaró.

La munición empleada en estos ataques representa un riesgo adicional. Los drones no destacan por su precisión: cualquier contraofensiva con medios electrónicos puede desviar su curso y sembrar el caos, según explica Van Dassen.

Iva Sopta, investigadora del Instituto Internacional de Viena de Estudios sobre Oriente Próximo y autora de un análisis reciente sobre el tema, sostiene que los ataques contra instalaciones nucleares han dejado de ser algo "aislado" y "se han convertido en un instrumento habitual de coerción, disuasión y guerra preventiva".

Décadas después de la Segunda Guerra Mundial, en la que se registraron bombardeos contra instalaciones relacionadas en Noruega o Japón, una de las primeras ofensivas contra instalaciones nucleares de uso civil fue el bombardeo israelí en 1981 sobre el reactor iraquí de Osirak, de ingeniería francesa y que se encontraba aún en fase de construcción. En la misma década llegó la campaña contra la central iraní de Bushehr, atacada por el Irak de Sadam Husein. En 2007, Israel golpeó las instalaciones sirias de Al Kibar. Tres años después, los servicios de inteligencia estadounidenses e israelíes perpetraron uno de los mayores ciberataques de la historia, conocido como Stuxnet, contra las centrifugadoras del programa nuclear iraní.

"Incluso cuando son limitados, generan riesgos que van mucho más allá de lo que entendemos como una escalada militar tradicional, dando lugar a consecuencias catastróficas", alertó Sopta. "Basta con recordar los accidentes de Chernóbil o Fukushima para comprender la magnitud de los potenciales desastres humanitarios que podrían provocar los ataques contra instalaciones nucleares", añadió.

Muhammed Ali Alkis, de la Universidad de Hacettepe en Turquía, advierte sobre la normalización de estos ataques. "El verdadero peligro es la normalización de estos ataques contra instalaciones nucleares. Confiar en la contención del adversario o en la pura suerte para evitar un desastre radiológico es una estrategia fallida para la seguridad global. La comunidad internacional ha tenido una suerte extraordinaria al no haberse producido una gran fuga de radioactividad en ninguno de estos ataques, pero estamos llevando esa fortuna a un límite", declaró.

Fedchenko explica que "en términos de radiactividad, los ataques contra los reactores nucleares, especialmente los de gran potencia, y las piscinas de combustible son los más peligrosos, debido al riesgo de liberación de material radiactivo al medio ambiente". El analista del Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo advierte un cambio de paradigma: mientras las ofensivas del pasado siglo o principios de este tenían como objetivo limitar la proliferación nuclear de países no amigos, en la actualidad, salvo quizá con Irán, las instalaciones nucleares son un objetivo de guerra más.

Van Dassen señala que aunque una mayoría de los Estados coinciden en que es importante proteger las instalaciones nucleares civiles, "será imposible que todos se comprometan a protegerlas y a no atacar instalaciones bajo ninguna circunstancia si sospechan que se trata de una instalación vinculada a un programa de armas nucleares. Los ataques preventivos para garantizar la propia supervivencia están permitidos por el derecho internacional". La mejor y casi única protección, concluye, sería "un tratado de no proliferación que de verdad funcione".

Horas después de la ofensiva sobre el perímetro de la central emiratí de Baraká, Grossi se refirió a lo sucedido como una amenaza "inaceptable" y "muy preocupante". "Estamos hablando de una central en operación, con fines pacíficos, y que tiene miles de kilos de material nuclear en su interior", advirtió. El organismo dependiente de Naciones Unidas advirtió del riesgo de que un nuevo ataque pueda derivar en fugas de radioactividad que hagan necesarias "evacuaciones, restricciones alimentarias y otras medidas de respuesta" a la crisis.

Durante décadas, el mayor riesgo de seguridad de las centrales nucleares fueron los atentados terroristas. Grupos como Al Qaeda o el Estado Islámico pusieron estas instalaciones en la diana. La rama del Estado Islámico en Bélgica llegó a recabar información sobre la planta nuclear belga de Mol. Pero en menos de cinco años, el mundo ha asistido a una sucesión de incidentes bélicos en torno a instalaciones de carácter civil, marcando un cambio radical en la naturaleza de las amenazas contra la infraestructura nuclear global.

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