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Ataques hutíes en el Mar Rojo amenazan con desestabilizar Oriente Medio y golpear la economía global

Los combatientes hutíes respaldados por Irán han reanudado sus ataques contra buques en el Mar Rojo, amenazando con cerrar el Estrecho de Bab El Mandeb, una de las rutas marítimas más críticas del mundo que conecta Europa con Asia. Dos buques saudíes fueron impactados por misiles esta semana mientras los hutíes afirman haber obligado a retroceder a otros diez, en un contexto donde los ataques aéreos estadounidenses contra bases iraníes costeras continúan sin lograr abrir el Estrecho de Ormuz, generando temores de una escalada regional más amplia con consecuencias económicas globales.

INTERNACIONAL23 JUL 2026

Los combatientes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, han entrado nuevamente en el conflicto tras el aparente colapso del alto el fuego de 2022 con Arabia Saudita, según reportes de la BBC. Esta reanudación de hostilidades ocurre en un momento en que la región experimenta una de sus épocas más violentas en 2026, con múltiples frentes de tensión que amenazan la estabilidad regional y el comercio global.

Durante 12 noches consecutivas, el Comando Central de Estados Unidos (Centcom) ha llevado a cabo ataques aéreos contra bases costeras iraníes de radar, drones y misiles. Los estados árabes del Golfo, tradicionalmente zonas de relativa tranquilidad, ahora deben convivir con ataques constantes de su vecino bien armado: la República Islámica de Irán.

Los ataques hutíes en el Mar Rojo representan una amenaza directa a una de las arterias comerciales más vitales del mundo. El Estrecho de Bab El Mandeb, que conecta el extremo sur del Mar Rojo con el Océano Índico, es fundamental para el comercio marítimo internacional. Según datos de MarineTraffic citados por la BBC, al menos cuatro buques identificados como Rodos, Mica, Liu Jiang Kou y New Prime han dado la vuelta tras acercarse al estrecho, con algunos retrocediendo en el Mar Rojo hacia el noroeste y otros en el Golfo de Adén hacia el este, evitando la zona de amenaza hutí.

La situación se complica por el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz por parte de Irán, que ya está causando disrupciones significativas en los suministros globales de energía y fertilizantes. Arabia Saudita había logrado mitigar parcialmente esta situación mediante el Oleoducto Este-Oeste, que transporta millones de barriles diarios desde los campos petrolíferos de la Provincia Oriental hasta la terminal de exportación de Yanbu' Al-Bahr en el Mar Rojo. Desde allí, los saudíes enviaban el petróleo en buques cisterna hacia el sur, pasando por Yemen y el Estrecho de Bab El Mandeb, hacia el Océano Índico abierto y sus clientes en Asia. Sin embargo, las amenazas hutíes han bloqueado efectivamente esta ruta alternativa.

Los hutíes han demostrado capacidad militar significativa. Entre 2023 y 2025, atacaron lo que denominaban buques vinculados a Israel en el Mar Rojo, acción que justificaban como apoyo a los palestinos en Gaza. También lanzaron misiles modernos y poderosos contra buques de guerra estadounidenses y británicos que intentaban contenerlos. Estos ataques previos causaron una desviación importante del comercio marítimo global, incremento de costos de envío e intervención militar de Estados Unidos y Reino Unido para proteger el comercio marítimo.

El contexto histórico es relevante para entender la capacidad hutí actual. En 2014, aprovechando la turbulencia de las protestas de la Primavera Árabe, los hutíes marcharon hacia el sur y tomaron la capital, Saná. Desde entonces han controlado la mayoría de las zonas pobladas de Yemen, incluyendo el puerto estratégico de Hodeida. Arabia Saudita entró en guerra contra los hutíes en 2015 en apoyo del gobierno yemení legítimo pero depuesto, temiendo una milicia respaldada por Irán en su frontera sur. A pesar de poseer una fuerza aérea vastamente superior equipada con tecnología occidental, los saudíes no lograron derrotar a los hutíes, quienes nunca se rindieron a pesar de las bajas civiles masivas causadas por años de ataques aéreos. Hoy los hutíes están firmemente atrincherados en el poder.

La geografía favorece la capacidad de resistencia hutí. Las montañas costeras del Mar Rojo de Yemen, al igual que la costa iraní alrededor del Estrecho de Ormuz, contienen un número infinito de cuevas, túneles y escondites para municiones que pueden ser sacadas en corto tiempo para atacar buques.

Las implicaciones económicas son profundas. Cada día que el petróleo, gas, fertilizantes y otros productos esenciales del Golfo no pueden pasar por el Estrecho de Ormuz hacia los mercados ejerce presión sobre las cadenas de suministro globales y eventualmente sobre los precios. Si el Estrecho de Bab El Mandeb también permanece cerrado durante un tiempo prolongado, el impacto en la economía mundial se verá exacerbado significativamente.

Desde la perspectiva militar, las tensiones se han elevado otro nivel por el acuerdo anunciado el miércoles que allana el camino para que empresas estadounidenses ayuden a Arabia Saudita a desarrollar su propio programa de energía nuclear civil. Aunque no hay indicación de que los saudíes utilizarán esto como primer paso hacia la construcción de una bomba nuclear, existen temores de que potencialmente podría desencadenar una carrera armamentista regional en el futuro, con Turquía y Egipto intensificando sus propias actividades nucleares en busca de alguna forma de disuasión y protección.

La situación regional presenta algunos aspectos positivos. Irak y Siria, dos países anteriormente devastados por guerras civiles ruinosas, ahora son en gran medida pacíficos y estables, al menos comparado con donde estaban. La guerra de Gaza está técnicamente en alto el fuego, aunque los gazatíes continúan siendo asesinados en ataques aéreos, mientras que los asentamientos israelíes, ilegales bajo derecho internacional, se multiplican en Cisjordania ocupada. La guerra de Israel con Hezbolá en Líbano está en suspenso mientras los dos países continúan negociaciones.

Sin embargo, el Golfo y la Península Arábiga son actualmente las áreas que más preocupan a los analistas. El presidente Trump se ha metido en una guerra con Irán de la que aparentemente no encuentra forma de salir. Noche tras noche de ataques aéreos estadounidenses no logran obligar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) a renunciar al control del Estrecho de Ormuz. Con cada ataque aéreo, el IRGC contraataca a los estados árabes vecinos que albergan bases estadounidenses, intentando crear una cuña entre ellos y Washington.

Aunque Oriente Medio ha sufrido numerosos picos de violencia en su historia reciente y esta situación no es la peor de esas épocas, los analistas advierten que sin un acuerdo duradero y comprensivo entre Estados Unidos e Irán, los múltiples factores de tensión actual podrían indicar un período prolongado de inestabilidad para la región con consecuencias que se extenderían más allá de sus fronteras.

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Ataques hutíes en el Mar Rojo amenazan con desestabilizar Oriente Medio y golpear la economía global

Los combatientes hutíes respaldados por Irán han reanudado sus ataques contra buques en el Mar Rojo, amenazando con cerrar el Estrecho de Bab El Mandeb, una de las rutas marítimas más críticas del mundo que conecta Europa con Asia. Dos buques saudíes fueron impactados por misiles esta semana mientras los hutíes afirman haber obligado a retroceder a otros diez, en un contexto donde los ataques aéreos estadounidenses contra bases iraníes costeras continúan sin lograr abrir el Estrecho de Ormuz, generando temores de una escalada regional más amplia con consecuencias económicas globales.

23 jul 2026
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Los combatientes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, han entrado nuevamente en el conflicto tras el aparente colapso del alto el fuego de 2022 con Arabia Saudita, según reportes de la BBC. Esta reanudación de hostilidades ocurre en un momento en que la región experimenta una de sus épocas más violentas en 2026, con múltiples frentes de tensión que amenazan la estabilidad regional y el comercio global.

Durante 12 noches consecutivas, el Comando Central de Estados Unidos (Centcom) ha llevado a cabo ataques aéreos contra bases costeras iraníes de radar, drones y misiles. Los estados árabes del Golfo, tradicionalmente zonas de relativa tranquilidad, ahora deben convivir con ataques constantes de su vecino bien armado: la República Islámica de Irán.

Los ataques hutíes en el Mar Rojo representan una amenaza directa a una de las arterias comerciales más vitales del mundo. El Estrecho de Bab El Mandeb, que conecta el extremo sur del Mar Rojo con el Océano Índico, es fundamental para el comercio marítimo internacional. Según datos de MarineTraffic citados por la BBC, al menos cuatro buques identificados como Rodos, Mica, Liu Jiang Kou y New Prime han dado la vuelta tras acercarse al estrecho, con algunos retrocediendo en el Mar Rojo hacia el noroeste y otros en el Golfo de Adén hacia el este, evitando la zona de amenaza hutí.

La situación se complica por el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz por parte de Irán, que ya está causando disrupciones significativas en los suministros globales de energía y fertilizantes. Arabia Saudita había logrado mitigar parcialmente esta situación mediante el Oleoducto Este-Oeste, que transporta millones de barriles diarios desde los campos petrolíferos de la Provincia Oriental hasta la terminal de exportación de Yanbu' Al-Bahr en el Mar Rojo. Desde allí, los saudíes enviaban el petróleo en buques cisterna hacia el sur, pasando por Yemen y el Estrecho de Bab El Mandeb, hacia el Océano Índico abierto y sus clientes en Asia. Sin embargo, las amenazas hutíes han bloqueado efectivamente esta ruta alternativa.

Los hutíes han demostrado capacidad militar significativa. Entre 2023 y 2025, atacaron lo que denominaban buques vinculados a Israel en el Mar Rojo, acción que justificaban como apoyo a los palestinos en Gaza. También lanzaron misiles modernos y poderosos contra buques de guerra estadounidenses y británicos que intentaban contenerlos. Estos ataques previos causaron una desviación importante del comercio marítimo global, incremento de costos de envío e intervención militar de Estados Unidos y Reino Unido para proteger el comercio marítimo.

El contexto histórico es relevante para entender la capacidad hutí actual. En 2014, aprovechando la turbulencia de las protestas de la Primavera Árabe, los hutíes marcharon hacia el sur y tomaron la capital, Saná. Desde entonces han controlado la mayoría de las zonas pobladas de Yemen, incluyendo el puerto estratégico de Hodeida. Arabia Saudita entró en guerra contra los hutíes en 2015 en apoyo del gobierno yemení legítimo pero depuesto, temiendo una milicia respaldada por Irán en su frontera sur. A pesar de poseer una fuerza aérea vastamente superior equipada con tecnología occidental, los saudíes no lograron derrotar a los hutíes, quienes nunca se rindieron a pesar de las bajas civiles masivas causadas por años de ataques aéreos. Hoy los hutíes están firmemente atrincherados en el poder.

La geografía favorece la capacidad de resistencia hutí. Las montañas costeras del Mar Rojo de Yemen, al igual que la costa iraní alrededor del Estrecho de Ormuz, contienen un número infinito de cuevas, túneles y escondites para municiones que pueden ser sacadas en corto tiempo para atacar buques.

Las implicaciones económicas son profundas. Cada día que el petróleo, gas, fertilizantes y otros productos esenciales del Golfo no pueden pasar por el Estrecho de Ormuz hacia los mercados ejerce presión sobre las cadenas de suministro globales y eventualmente sobre los precios. Si el Estrecho de Bab El Mandeb también permanece cerrado durante un tiempo prolongado, el impacto en la economía mundial se verá exacerbado significativamente.

Desde la perspectiva militar, las tensiones se han elevado otro nivel por el acuerdo anunciado el miércoles que allana el camino para que empresas estadounidenses ayuden a Arabia Saudita a desarrollar su propio programa de energía nuclear civil. Aunque no hay indicación de que los saudíes utilizarán esto como primer paso hacia la construcción de una bomba nuclear, existen temores de que potencialmente podría desencadenar una carrera armamentista regional en el futuro, con Turquía y Egipto intensificando sus propias actividades nucleares en busca de alguna forma de disuasión y protección.

La situación regional presenta algunos aspectos positivos. Irak y Siria, dos países anteriormente devastados por guerras civiles ruinosas, ahora son en gran medida pacíficos y estables, al menos comparado con donde estaban. La guerra de Gaza está técnicamente en alto el fuego, aunque los gazatíes continúan siendo asesinados en ataques aéreos, mientras que los asentamientos israelíes, ilegales bajo derecho internacional, se multiplican en Cisjordania ocupada. La guerra de Israel con Hezbolá en Líbano está en suspenso mientras los dos países continúan negociaciones.

Sin embargo, el Golfo y la Península Arábiga son actualmente las áreas que más preocupan a los analistas. El presidente Trump se ha metido en una guerra con Irán de la que aparentemente no encuentra forma de salir. Noche tras noche de ataques aéreos estadounidenses no logran obligar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) a renunciar al control del Estrecho de Ormuz. Con cada ataque aéreo, el IRGC contraataca a los estados árabes vecinos que albergan bases estadounidenses, intentando crear una cuña entre ellos y Washington.

Aunque Oriente Medio ha sufrido numerosos picos de violencia en su historia reciente y esta situación no es la peor de esas épocas, los analistas advierten que sin un acuerdo duradero y comprensivo entre Estados Unidos e Irán, los múltiples factores de tensión actual podrían indicar un período prolongado de inestabilidad para la región con consecuencias que se extenderían más allá de sus fronteras.

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