

El Banco de Pagos Internacionales alertó que los bancos centrales enfrentan el desafío de mantener ancladas las expectativas de inflación sin sobrerreaccionar tras el cierre del estrecho de Ormuz, mientras advierte sobre vulnerabilidades financieras crecientes vinculadas a la inversión en inteligencia artificial y el alto apalancamiento de fondos de cobertura, según su informe económico anual publicado este domingo.
Gaston Gelos, subdirector del Departamento Monetario y Económico del Banco de Pagos Internacionales, afirmó que los bancos centrales "caminan en una cornisa, entre el anclaje de expectativas de inflación y la sobrerreacción", según declaró en entrevista con El País. La institución que agrupa a los supervisores bancarios de todo el mundo publicó su informe económico anual en un momento crítico, tras el acuerdo entre Estados Unidos e Irán para detener la guerra y reabrir el estrecho de Ormuz.
El cierre del estrecho durante más de tres meses mantuvo en vilo a la economía mundial, aunque Gelos reconoció que el acuerdo "aleja el peor de los supuestos". Sin embargo, el subdirector insistió en que "aún existen riesgos", no solo en lo relativo a la recuperación del suministro del petróleo del golfo Pérsico sino en los múltiples desafíos que afronta la economía en el medio plazo.
La economía mundial ha esquivado el escenario más adverso, el de una grave escasez de energía que impulse la inflación de forma persistente y limite el crecimiento, según el BIS. No obstante, la institución advierte en su informe que es posible que las repercusiones macroeconómicas de la interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz aún no hayan llegado a su fin, mientras ya hay signos claros de un aumento de las presiones inflacionistas.
"Con el repunte de la inflación tras la pandemia aún fresco en la memoria, no deben descartarse los riesgos de que incluso las perturbaciones de la oferta transitorias desencadenen efectos de segunda ronda e inflación persistente", recoge el informe anual del BIS. El Banco Central Europeo subió los tipos de interés en junio, en una decisión que Christine Lagarde defendió como justificada y no preventiva, mientras la Reserva Federal estadounidense podría elevarlos antes de fin de año.
Gelos explicó que la tarea de los bancos centrales es "mantener ancladas las expectativas de inflación a medio plazo, pero evitando al mismo tiempo una reacción exagerada a sus efectos iniciales". El subdirector detalló que si las expectativas de inflación aumentaran, si cambia la dinámica de precios y salarios y si se intensifican las presiones de la demanda, entonces los bancos centrales tendrían que reaccionar. "Los riesgos han disminuido, pero todavía no han sido eliminados por completo", afirmó.
La reanudación del flujo de petróleo no va a ser ningún camino de rosas y el regreso a cierta normalidad va a llevar semanas, cuando no meses, según el análisis del BIS. Es más, el mercado del petróleo difícilmente va a volver a ser el mismo después de que Irán haya demostrado que no le tiembla el pulso para cerrar Ormuz y de que el mundo haya descubierto su vulnerabilidad ante la falta del suministro de energía del golfo Pérsico.
Lograr la estabilidad de precios dependerá evidentemente de que el precio de la energía se estabilice, sin causar efectos de segunda ronda sobre los salarios, y de la pericia de los bancos centrales, según el informe. Pero los riesgos no se acaban ahí.
El BIS identificó la fiebre inversora en inteligencia artificial como un peligro potencial para la estabilidad financiera. "Una decepción en la inteligencia artificial podría desencadenar una corrección abrupta y fuerte en los mercados financieros. La carrera por el liderazgo en la inteligencia artificial puede alimentar la sobreinversión, como hemos visto en anteriores oleadas de innovación", dijo Gelos.
La institución advierte que la magnitud y el ritmo del actual auge de la inversión en inteligencia artificial, acompañada de expectativas de importantes beneficios en términos de productividad, guarda similitudes con precedentes como la fiebre del ferrocarril en Reino Unido en 1840, el auge de la electricidad en los años 20 del siglo pasado o la burbuja puntocom de finales de los 90.
El BIS también advierte de los riesgos de la implementación de la inteligencia artificial. No solo por la avalancha de inversión que acapara, capaz de desequilibrar el mercado financiero, sino por el cuello de botella que puede crear en el ingente suministro de electricidad necesario para su desarrollo y por los efectos sobre el empleo. "Sigue siendo incierto si los avances en IA crearán nuevos puestos de trabajo, o ampliarán la demanda de los ya existentes, en medida suficiente para compensar dichos desplazamientos. A diferencia de las tecnologías de uso general del pasado, la IA compite directamente con las capacidades cognitivas humanas", apunta la institución.
La fiebre por la inteligencia artificial ha calado por toda la fontanería del sistema financiero, lo que supone un riesgo añadido en un entorno de más inflación, según el BIS. "Un endurecimiento de los tipos de interés oficiales, necesario para contener la inflación, podría precipitar un fuerte retroceso en los precios de los activos tras un prolongado período de asunción exuberante de riesgos, lo que desencadenaría círculos viciosos macrofinancieros perturbadores", advierte el BIS.
Una corrección bursátil importante podría tener mayor impacto en la economía que en el pasado, por la mayor inversión en Bolsa de los hogares, lo que causaría un mayor descenso de la riqueza y el consumo, según el análisis de la institución.
Gelos identificó otros riesgos para la estabilidad financiera más allá de la inteligencia artificial: "Las interconexiones crecientes y opacas entre el crédito privado y las instituciones financieras no bancarias y los bancos. Vemos fragilidades en la estructura financiera del mercado de los bonos. Y eso tiene mucha relevancia porque la deuda soberana de varios países está a niveles muy altos. Tenemos una combinación de deuda pública elevada con mayor intermediación por parte de actores no bancarios, y particularmente un mayor papel de los hedge funds".
El subdirector advirtió específicamente sobre el alto apalancamiento de los fondos de cobertura: "El alto apalancamiento de estos fondos puede convertir pequeños ajustes en grandes tensiones. Esta vulnerabilidad es importante. La liquidez puede evaporarse rápidamente cuando hay un shock".
Pese a la resistencia que ha demostrado la economía global en los últimos años, los riesgos se extienden en un ecosistema financiero con cada vez más actores, y más poderosos, y un escenario geopolítico "más volátil y precario que en el pasado", reconoce el BIS, que nunca pierde de vista la montaña de deuda pública y privada que soportan las grandes economías occidentales y a la que también está contribuyendo el crédito privado.
Gelos concluyó señalando las prioridades para el medio plazo: "Es importante para los bancos centrales salvaguardar la estabilidad de precios y fortalecer la supervisión macro más allá de los bancos. También hay que impulsar reformas estructurales que refuercen la productividad y políticas fiscales que mejoren la trayectoria fiscal, pero que al mismo tiempo minimicen el daño en la economía, priorizando el gasto que fomenta la productividad y el crecimiento".