

Bolivia atraviesa un severo deterioro económico y político después de casi dos meses de protestas que exigieron la renuncia del presidente Rodrigo Paz, quien asumió el poder en 2025. Aunque el mandatario resistió las movilizaciones, el país enfrenta pérdidas superiores a los 980 millones de dólares en exportaciones, 130 millones en turismo y un costo de 13 millones para reparar carreteras bloqueadas, según fuentes gubernamentales y sectoriales. El conflicto dejó al Gobierno debilitado políticamente y obligado a postergar reformas económicas estructurales tras firmar un acuerdo de pacificación con sectores sindicales.
El presidente boliviano Rodrigo Paz describió a su país como "una persona que se ha quedado inmovilizada en la cama durante más de 50 días y ahora le cuesta volver a caminar" al referirse a la situación tras casi dos meses de protestas que exigían su renuncia, según reportó El País. Las movilizaciones, protagonizadas por sectores populares que paradójicamente lo eligieron mandatario en 2025, acusaban a Paz de dar la espalda con sus políticas públicas a sus bases electorales.
El mandatario logró mantenerse en el poder, pero el costo ha sido considerable en múltiples frentes. El deterioro económico representa la consecuencia más grave en un país que ya atravesaba una recesión antes del conflicto.
**Impacto económico devastador**
Las cifras del daño económico son contundentes. Solo recuperar las carreteras bloqueadas durante el conflicto costará 13 millones de dólares, según datos oficiales. El sector exportador asegura que las pérdidas superan los 980 millones de dólares, mientras que la industria turística reporta pérdidas de 130 millones de dólares.
El panorama económico ya era sombrío antes de las protestas. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional habían pronosticado para 2026 una contracción del Producto Interno Bruto de más del 3%, el peor desempeño de la región latinoamericana. Esta predicción desesperaba a los sectores productivos y comerciales, cuyas actividades quedaron paralizadas por los conflictos.
La situación se complica aún más con el aumento del riesgo país, el diferencial entre el interés que paga Bolivia por su deuda en comparación al interés que paga la Reserva Federal estadounidense por sus bonos. Este indicador se sitúa actualmente en 425 puntos, el más alto de América Latina después de Venezuela, lo que dificulta la atracción de inversiones extranjeras.
**Debilitamiento político del Gobierno**
En el plano político, Paz ha perdido el apoyo de su base electoral y enfrenta cuestionamientos de las clases urbanas sobre su eficiencia. Las clases medias y altas se impacientaron con la postergada solución al conflicto y exigían una política de mano dura, que el Gobierno decretara el estado de excepción y desplegara al Ejército.
Paz finalmente implementó estas medidas, pero cuando las manifestaciones ya aminoraban y después de firmar un acuerdo de pacificación con los obreros sindicalizados, una de las columnas de las protestas. Marcelo Silva, politólogo y profesor de la Universidad Mayor de San Andrés, asegura que aunque al mandatario le sirvió la estrategia de desgaste y cooptación de líderes, ha salido debilitado.
"Que Paz se haya quedado en el Gobierno no significa que esté más fuerte políticamente. La percepción ciudadana con relación a su Gobierno no es la mejor, porque gran parte de la ciudadanía se ha sentido indefensa", dijo Silva.
**Acuerdo de pacificación y sus implicaciones**
El tratado firmado entre Paz y un gran segmento de los movilizados incluye compromisos específicos: rechazar la privatización de las empresas públicas estratégicas, no aceptar imposiciones ni condicionamientos de bancos internacionales o instituciones financieras a la política económica interna y respetar la soberanía nacional, entre otros puntos.
Estos términos, según Silva, obligarán a Paz a postergar las reformas estructurales que tenía en agenda para cambiar el modelo económico de Bolivia y abrirla al capital privado. "El Ejecutivo anunció antes del conflicto que iba a mandar a la Asamblea 10 leyes de minería, hidrocarburos o comercio exterior. Son normas que podrían ser objeto de polémica y cuestionamiento social", explicó el politólogo.
Romper el acuerdo no parece una opción viable para Paz. Ahondaría la ruptura de su gestión con los movimientos sociales, campesinos indígenas o choferes del transporte público. Este bloque popular es mayoría en Bolivia y llevó al poder al Movimiento al Socialismo (MAS), manteniéndolo allí durante 20 años, de 2006 a 2025.
Álvaro García Linera, quien fue vicepresidente durante 14 años de ese período, dijo que no se podía gobernar sin ellos. Silva concuerda: "En Bolivia, la gobernabilidad está bifurcada. Por un lado está lo institucional-formal a través de la Asamblea, donde Paz puede conseguir apoyos mediante negociaciones. El otro es el social, que reside en las organizaciones sociales y grupos corporativos con quienes Paz ha logrado una tregua, pero será difícil sellar alianzas y acuerdos".
**Fragmentación del movimiento popular**
El bloque popular, sin embargo, no está tan fortalecido como antes. Ha implosionado desde la estrepitosa caída en los comicios pasados del MAS, donde obtuvo poco más del 3%. Aunque al principio del conflicto de este año mostró capacidad de movilización y organización, no logró su objetivo final de forzar la renuncia de Paz.
Carlos Macusaya, escritor aimara y miembro del colectivo indianista Jichha, dice que hay "una sensación de desazón" entre los movilizados. Resalta dos puntos que no permitieron lograr su meta: "Fue una movilización con un núcleo duro en lo rural que no logró irradiarse a otros sectores. El segundo factor es que el pedido de renuncia no estuvo acompañado de una agenda política".
El incumplimiento del objetivo principal ha fraccionado al movimiento. Después de que los sindicalistas obreros firmaran el acuerdo de paz con el presidente, las organizaciones campesinas indígenas salieron a desconocer el tratado y llamaron a una masificación de las protestas que no ocurrió tras la declaración del estado de excepción.
El líder de los obreros, Mario Argollo, fue llamado "traidor" y "vendido" por los campesinos de La Paz y Cochabamba. Los ejecutivos sindicales de estos últimos tampoco salieron ilesos y sufrieron reproches de sus seguidores en las reuniones para analizar las medidas a tomar en el conflicto.
**Vacío de liderazgo**
"Cuando el MAS estaba en el poder, los movimientos generaron una articulación que fue manejada desde el Gobierno. Entonces, cuando el partido implosiona, no se crean proyectos afines", opina Macusaya. La ausencia o incompetencia de líderes para congregar las demandas de las bases sociales, como lo fueron en el pasado Felipe Quispe o el expresidente Evo Morales, es evidente.
"Existe un vacío de liderazgo porque no hay una tradición, un cúmulo de experiencia con referencia de confrontar al poder. Venimos de una estabilidad donde las organizaciones respaldaban al Gobierno y sus experiencias vienen desde la subordinación", explicó Macusaya.
**Perspectivas futuras**
Las federaciones campesinas han llamado a la "reorganización" y la "movilización permanente". El Gobierno, mientras tanto, es consciente de que las grandes reformas anunciadas para intentar revertir el gris panorama económico tendrán que pasar por la fiscalización social, que tiene ahora como marco el acuerdo de pacificación firmado.
Bolivia enfrenta así un escenario complejo: un Gobierno debilitado que debe navegar entre las demandas de reformas económicas urgentes para revertir la contracción del PIB y las restricciones impuestas por el acuerdo con los movimientos sociales. La capacidad de Paz para equilibrar estas presiones contradictorias determinará la estabilidad del país en los próximos meses, en un contexto donde tanto el Gobierno como los movimientos populares han salido debilitados del conflicto.