Chile recupera mural censurado por la dictadura de Pinochet tras 53 años oculto bajo capas de pintura
Después de más de cinco décadas desaparecido, Chile ha iniciado la restauración del mural "Principio y fin", pintado por el artista Julio Escámez entre 1970 y 1972 en la Municipalidad de Chillán durante el gobierno de Salvador Allende. La obra, que refleja simbólicamente la lucha de clases, fue ocultada por la dictadura de Augusto Pinochet tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, cubierta con 12 capas de pintura blanca en un intento de borrarla de la historia. Los trabajos de recuperación, que comenzaron en julio de 2026, consisten en remover milímetro por milímetro las capas que la ocultaban, revelando una obra que el propio artista creyó destruida hasta su muerte en 2015.
El mural "Principio y fin", de aproximadamente 42 metros cuadrados, fue encargado en 1969 por el alcalde Eduardo Contreras Mella y pintado por Julio Escámez, artista chileno nacido en Antihuala en 1925. La obra fue inaugurada el 24 de junio de 1972 en el salón del concejo de la Municipalidad de Chillán, en la zona centro sur de Chile, durante la Unidad Popular que lideró Salvador Allende. El poeta Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura en 1971, envió palabras para la inauguración en las que elogió la obra: "La pintura de Escámez y su carrera estética eran un lujo para Chile. Vemos cómo en su obra se han reconocido las esencias más extraordinarias de la creación, que tienen la quietud de la profundidad, de la verdad".
Dos meses después de la inauguración, el 20 de agosto de 1972, Salvador Allende fue nombrado Hijo Ilustre de Chillán y se fotografió junto al mural, un momento que marcó la historia de la obra. Sin embargo, la vida del mural fue breve. Pocos días después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, la dictadura de Augusto Pinochet ordenó su ocultamiento. Según relató el propio Escámez en una entrevista de 1996, el mural fue cubierto sin delicadeza: "Se dijo que contenía ideas intrínsicamente perversas y fue borrado a picotazos. Era una alegoría sobre la represión y sus ofensas a la dignidad humana. Picaron el muro hasta hacerlo desaparecer para siempre. A cincel y martillo. A mucha gente le pareció un acto de barbaria. Pero era una orden superior y nadie se atrevía a oponerse".
La represión contra el mural no fue un acto aislado. Ricardo Lagos Reyes, el alcalde socialista que inauguró la obra, fue ejecutado en su casa tres días después del golpe de Estado, el 16 de septiembre de 1973, junto a su esposa embarazada, Alba Ojeda, y su hijo Carlos Lagos, de 19 años. Este asesinato marcó trágicamente la historia de la obra y reflejó la violencia sistemática de la dictadura contra los símbolos y figuras del gobierno anterior.
La desaparición del mural afectó profundamente a Escámez. Catalina Sverlij, sobrina nieta del artista y miembro de la Fundación Escámez, explicó a El País que "lo que él sentía respecto de lo que pasó con su mural condensaba la imagen de dolor que le quedó con Chile. Él nunca lo superó, porque lo vio como una afrenta directa". Creyendo que su obra había sido destruida, Escámez se ocultó primero en Concepción y luego en Santiago, antes de exiliarse en 1974. Murió en Heredia, Costa Rica, en 2015, a los 90 años, llevando consigo la herida de creer que su mural había desaparecido para siempre.
Durante casi cinco décadas, el mural se convirtió en un mito en Chillán. Circulaban diversas versiones sobre cómo la dictadura lo había eliminado: algunos decían que le habían lanzado alquitrán, otros que lo habían roto con bayonetas. Karin Cárdenas, historiadora a cargo de la Unidad de Patrimonio del municipio (UPA), explicó que "siempre fue un mito. Y por el contexto violento de la época, la memoria oral también se vio distorsionada. Los funcionarios más antiguos de la municipalidad fueron propagando el discurso de que el mural fue destruido".
El descubrimiento del mural comenzó en 2021, cuando la exconcejala Quenne Aitken y el alcalde Camilo Benavente, militante del PPD de la centroizquierda, iniciaron investigaciones sobre si quedaba algún vestigio de la obra. Benavente, quien de niño escuchó historias sobre el mural en la cocina de su casa familiar, envió un correo a Cárdenas para que sondeara la pared. En noviembre de 2021, el arquitecto especialista en restauración Carlos Inostroza fue convocado para analizar la pared. Mientras examinaban la doceava ventanita de aproximadamente 2 × 2 centímetros que abrieron en la pared, apareció el color naranjo, rotundo en el mural y correspondiente a la llamarada. "Todos nos quedamos en silencio, mirándonos unos con otros. Ahí paramos y dijimos: 'Aquí puede haber algo'", recuerda Cárdenas.
El hallazgo fue emocionante para todos los involucrados. Coincidentemente, la Fundación Escámez, impulsada en 2022 por las sobrinas nietas del muralista Catalina Sverlij y Javiera Pérez, además de las sobrinas Cecilia Escámez y Orietta Duvachelle, comenzó sus actividades casi justo cuando aparecieron los primeros fragmentos. Inicialmente, la fundación se había constituido para difundir la obra de Escámez y para intentar salvar otro mural deteriorado del artista, "Historia de la Medicina y la Farmacología en Chile", pintado en 1953 en la Farmacia Maluje en Concepción. Enterarse de la existencia de "Principio y fin" fue, según Catalina Sverlij, "removedor".
A inicios de 2022, el Centro Nacional de Conservación y Restauración (CNCR) realizó una asesoría técnica. Dos restauradores comenzaron a retirar pacientemente las capas de pintura, enviando muestras al laboratorio del CNCR para análisis. Los trabajos científicos descartaron los mitos que habían circulado durante décadas: no apareció presencia de alquitrán ni impactos de bala. "Se iba confirmando, científicamente, que el mural estaba", explica Cárdenas. Los análisis también revelaron que el mural había sido cubierto sin ninguna delicadeza, aprovechando la altura de la pared para construir un segundo y un tercer piso sobre él.
En 2023, la Comisión Chilena de Energía Nuclear realizó estudios adicionales sobre las condiciones del muro, descubriendo que además se había construido una ventana sobre el mural. En 2024, ocurrieron dos hechos significativos: la obra fue declarada Monumento Histórico de Chile, y se descubrió que era más grande de lo que se creía inicialmente. Al revisar la invitación a la inauguración original, los investigadores notaron que se hablaba en plural de los murales "Principio y fin", indicando que la obra constaba de dos partes.
La segunda parte del mural presenta un contenido diferente al primero. Mientras que la primera sección muestra la lucha de clases y el enfrentamiento, la segunda refleja "la calma y la contemplación" de un grupo de mujeres y niños que observan, con distancia, la vida con un catalejo. Según Cárdenas, esta segunda parte representa posiblemente el "fin" que Julio Escámez proyectó en su obra.
Los trabajos de restauración definitivos comenzaron en julio de 2026, bajo la dirección de la Unidad de Patrimonio del municipio liderada por Cárdenas. El proceso consiste en remover, milímetro por milímetro, las 12 capas de pintura blanca que fueron aplicadas para intentar eliminar el mural de la historia. Este trabajo meticuloso busca preservar la integridad de la obra original mientras la devuelve a la luz pública.
Leslie Fernández, profesora de Arte de la Universidad de Concepción, ha documentado la importancia histórica y artística de la obra de Escámez. Señala que buena parte del trabajo del artista abordó "la lucha de clases, los pueblos indígenas y también los mineros de Lota. A él le interesaba el lenguaje del mural a una escala que permitiera que mucha gente lo viera e, incluso, concebir el arte para analfabetos". Entre octubre de 2025 y enero de 2026, con motivo del centenario de Escámez, Fernández, junto con Bárbara Lama y Javier Ramírez, montó la exposición "Memorias de una obra en recuperación" en el Museo Nacional de Bellas Artes en Santiago. La muestra reunió decenas de trabajos del artista, incluyendo una reproducción de "Principio y fin" y sus bocetos preparatorios.
La recuperación del mural representa un acto de reparación histórica para Chile. El contenido social de la obra, que abordaba la lucha de clases y la represión, fue precisamente lo que puso a Escámez en la mira de la dictadura. Su ocultamiento fue un acto deliberado de censura cultural, parte de la represión sistemática que caracterizó al régimen de Pinochet. El hecho de que la obra haya permanecido oculta durante 53 años, cubierta por capas de pintura blanca, simboliza los intentos de la dictadura de borrar no solo la obra, sino también la memoria de la época de Allende y los valores que representaba.
La restauración de "Principio y fin" también honra la memoria de quienes murieron durante la dictadura, incluyendo al alcalde Ricardo Lagos Reyes y su familia. El mural, que fue inaugurado bajo el gobierno democrático de Allende y elogiado por una de las figuras literarias más importantes del siglo XX, se convierte ahora en un testimonio de la resistencia cultural y la capacidad de la verdad de emerger, incluso después de décadas de ocultamiento deliberado.





