

Un equipo internacional de investigadores ha logrado reconstruir la actividad solar durante el primer milenio de nuestra era (1-969 d.C.), identificando 91 ciclos solares individuales y un importante mínimo solar conocido como el mínimo de Horrebow, según revela un estudio publicado en la plataforma científica arXiv.
La reconstrucción de la actividad solar durante períodos históricos ha dado un paso significativo gracias a avances en la medición de isótopos de carbono en anillos de árboles. Este nuevo estudio completa una brecha importante en nuestro conocimiento sobre el comportamiento del Sol, conectando reconstrucciones previas del primer milenio antes de Cristo y del segundo milenio de nuestra era.
Los investigadores utilizaron mediciones de alta precisión de radiocarbono (C14) en muestras de robles europeos para reconstruir el número de manchas solares año por año durante casi un milenio. "La longitud media del ciclo fue de 10,6 años, pero los ciclos individuales varían entre 8 y 15 años", señala el estudio publicado en arXiv.
El análisis reveló la presencia de un mínimo solar prolongado entre los años 650 y 730 d.C., denominado mínimo de Horrebow, comparable al conocido mínimo de Maunder (1645-1715), un período de actividad solar extremadamente baja que coincidió con la parte más fría de la Pequeña Edad de Hielo en el hemisferio norte.
"El período analizado contiene un mínimo Grand completo durante 650-730 d.C., llamado mínimo de Horrebow. Además, se pueden observar varios períodos más cortos de actividad débil alrededor del 250 d.C. y 430 d.C.", explican los autores del estudio.
La investigación también identificó un evento solar extremo ocurrido en el año 774 d.C., considerado el más intenso conocido durante el Holoceno, que dejó una huella distintiva en los registros de radiocarbono.
De los 91 ciclos solares identificados, 26 están bien definidos, 24 razonablemente definidos, 30 pobremente definidos y 10 apenas perceptibles, según la clasificación de calidad establecida por los investigadores.
Este trabajo se suma a los esfuerzos del Observatorio Solar Nacional (NSO) de Estados Unidos, que celebra 30 años de operación continua de su Red de Observación Solar GONG (Global Oscillation Network Group). Esta red, diseñada inicialmente para funcionar solo tres años, ha proporcionado observaciones solares ininterrumpidas desde 1995 mediante seis telescopios idénticos distribuidos estratégicamente alrededor del mundo.
"GONG ofrece observaciones continuas y casi en tiempo real del Sol a investigadores y científicos y pronosticadores del clima espacial", señala el NSO en un comunicado conmemorativo. La red ha evolucionado desde un experimento de corto plazo hasta convertirse en una instalación vital para la ciencia solar y las operaciones de clima espacial.
La comprensión de los ciclos solares tiene importantes implicaciones para la Tierra. Períodos de baja actividad solar, como el mínimo de Maunder, han coincidido históricamente con épocas más frías en nuestro planeta. Según la Enciclopedia Británica, durante ese período "el río Támesis en Inglaterra se congelaba durante el invierno, los colonos vikingos abandonaron Groenlandia y los agricultores noruegos exigieron que el rey danés les compensara por las tierras ocupadas por glaciares en avance".
Actualmente nos encontramos en el ciclo solar 25, que comenzó en 2019 y alcanzará su máximo en 2025, aunque se prevé que sea relativamente débil, similar al ciclo 24 anterior.
La reconstrucción de la actividad solar a lo largo de milenios proporciona datos cruciales para los modelos de dinamo solar y de irradiancia, ayudando a los científicos a comprender mejor el comportamiento de nuestra estrella y sus posibles efectos en el clima terrestre.