El régimen cubano enfrenta su peor crisis económica desde la revolución de 1959 tras perder el suministro de petróleo venezolano y sufrir el endurecimiento de las sanciones estadounidenses, mientras sus aliados tradicionales ofrecen escaso apoyo ante la determinación de Washington de forzar un cambio de régimen en la isla.
La estrategia de máxima presión del presidente estadounidense Donald Trump contra Cuba está llevando a la isla al borde del colapso, en lo que podría ser un punto de inflexión histórico para el régimen castrista que ha sobrevivido a 12 presidentes estadounidenses y 66 años de presión internacional.
Trump, envalentonado por el éxito de la operación militar que capturó a Nicolás Maduro en Caracas el pasado 3 de enero, ha intensificado su ofensiva contra La Habana. "Parece que está lista para caer", afirma cada vez que le preguntan por Cuba, según reporta El País. "Sin el petróleo venezolano no va a poder sobrevivir", presume el mandatario estadounidense.
El corte del suministro de más de 27.000 barriles diarios de petróleo que Cuba recibía del régimen chavista representa un golpe brutal para un país que ya padecía su peor crisis económica en décadas. A esto se suma la amenaza de Trump de imponer sanciones a cualquier país que envíe combustible a la isla, con México como principal objetivo de estas advertencias.
El 29 de enero, Trump firmó un decreto ejecutivo que catalogó la situación de Cuba como "una amenaza inusual y extraordinaria" contra la seguridad nacional y la política exterior norteamericana, según informa La Nación. Este decreto marca un cambio fundamental en la estrategia estadounidense, que "deja de ser un observador pasivo y se convierte en un agente activo de cambio", según explica a La Nación Sebastián Arcos, director del Instituto Cubano de Investigación en la Escuela Steven Green de Asuntos Internacionales y Públicos, en Miami.
**Aliados que se alejan**
La crisis cubana se agrava por el debilitamiento de sus alianzas internacionales. "La izquierda internacional no está siendo muy enfática. Miremos el caso de Brasil, por ejemplo. Lula se ha limitado a condenar el bloqueo. Tampoco el Gobierno de España está dando una respuesta de alto perfil", señala Rafael Rojas, historiador cubano del Colegio de México, según recoge El País.
Rusia ha prometido ayuda financiera, aunque con poca convicción. Una visita a Pekín la semana pasada del ministro de Exteriores cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, se saldó con buenas palabras pero pocos compromisos concretos. "Hay un desgaste de la legitimidad de Cuba en la escena mundial por su falta de democracia y la represión sistemática, y ese llamado a la solidaridad está teniendo un efecto muy limitado", afirma Rojas.
Dmitri Rozental, director del Instituto para América Latina de la Academia Rusa de Ciencias, reconoce la impotencia de los aliados tradicionales de Cuba ante la nueva situación mundial. "Nosotros vamos a seguir enviando suministros de petróleo, pero no vamos a poder aumentarlos. Es muy caro y un problema logístico", explicó en un seminario organizado por el Stimson Center de Washington, según El País.
México, Chile y Rusia son de los pocos países que han salido en auxilio de Cuba, condenando públicamente el asedio de Trump. Aunque la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, insiste en que está tratando de reactivar el flujo de petróleo, lo cierto es que este ha cesado. Actualmente, los cargamentos mexicanos se limitan a leche en polvo y otros productos básicos.
**El cerco se estrecha**
El cerco de Trump se va estrechando a través de los vecinos de Cuba: esta semana Nicaragua, una dictadura tradicionalmente aliada de Cuba, ha cedido a cerrar la principal vía del exilio de la isla, negando el paso a los cubanos. Además, Guatemala ha anunciado la salida de todos los médicos cubanos que prestaban servicio en el país.
La caída de Maduro ha sido el golpe definitivo para Cuba, que ya venía sufriendo el debilitamiento de sus alianzas regionales tras las sucesivas derrotas electorales de la izquierda en Ecuador, Bolivia y Honduras.
"Sheinbaum en México y Gustavo Petro en Colombia, ambos gobiernos de izquierda y en eje de influencia de Cuba, han condenado el bloqueo, pero con un discurso más etéreo y evitando mencionar a Estados Unidos", explica Sergio Ángel, director del Programa Cuba de la universidad colombiana Sergio Arboleda, según El País. "Sin embargo, ambos están explorando las zonas grises para seguir apoyando a La Habana en un momento en el que se aproxima un posible 'suministro cero' de petróleo", añade.
**¿Un cambio de régimen a la venezolana?**
La estrategia de Washington parece apuntar a un cambio de régimen en Cuba, aunque los expertos difieren sobre cómo podría materializarse. El jefe de la misión diplomática norteamericana en la isla, Mike Hammer, sugirió esta semana que podría seguirse un modelo similar al de Venezuela: "Hay conversaciones con algunos muy altos cargos dentro del régimen cubano. Otros no están enterados. Pongo el ejemplo de Venezuela: ¿qué pasó ahí? ¿De dónde salió Delcy Rodríguez? Creo que habrá un cambio en 2026", declaró según La Nación.
Sin embargo, los expertos señalan importantes diferencias entre Cuba y Venezuela. "El régimen cubano es muy diferente. Es un gobierno comunista maduro, altamente institucionalizado, con un liderazgo colectivo. Así que no hay analogía. Estados Unidos no va a encontrar a la 'Delcy Rodríguez cubana'. E incluso, si la hubiera, no podría identificarla", asegura a La Nación William LeoGrande, profesor de Gobierno en la American University.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos y actor central de la estrategia de Trump hacia la isla, expresó abiertamente las intenciones de Washington: "Nos encantaría ver un cambio. No hay duda de que sería de gran beneficio para Estados Unidos que Cuba ya no estuviera gobernada por un régimen autocrático", dijo ante un comité del Senado, según La Nación.
**Opciones limitadas para Cuba**
Las opciones para el gobierno cubano son muy poco atractivas: o cede ante Washington con medidas que teme que pongan en riesgo su supervivencia, como la celebración de elecciones, o se enfrenta a una crisis humanitaria de proporciones descomunales. En el pasado, la respuesta del régimen ante este tipo de situaciones siempre ha sido endurecer la represión.
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel dijo días atrás que su gobierno estaba dispuesto a entablar un diálogo con Estados Unidos, aunque "sin presiones" y en una "posición de iguales". Trump y Hammer han revelado que existen conversaciones, pero sin detallar con qué actores del régimen.
Según La Nación, una hipótesis es que las conversaciones se estén dando con militares dentro de Gaesa, el Grupo de Administración Empresarial S.A., el conglomerado empresarial más grande de Cuba controlado por el Ejército. Otra versión apunta a contactos entre funcionarios norteamericanos y Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro.
**Consecuencias humanitarias**
La estrategia de Trump ya está generando críticas por sus consecuencias humanitarias. La ONU ha alertado sobre un "colapso humanitario", al igual que varios legisladores demócratas. "No se puede ahorcar a un pueblo así, es muy injusto", advirtió la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, según La Nación.
Vicky Huddleston, antigua encargada de la sección de intereses estadounidenses en La Habana (1999-2002), planteó en una charla organizada por el think tank Quincy Institute for Responsible Statecraft: "¿Está Estados Unidos dispuesto a ser el responsable de una hambruna entre los niños cubanos? ¿Aguantaremos ver imágenes de niños famélicos en La Habana como las hemos visto en Sudán?"
Según un estudio de la Embajada de Suiza en La Habana, que media entre Cuba y Estados Unidos, "la economía cubana registra la que probablemente sea la peor crisis de su historia, marcada por una combinación de factores internos y externos". Mientras tanto, el presidente Díaz-Canel anuncia medidas de racionamiento que evocan los peores días del Periodo Especial.
Trump ha sostenido recientemente: "No tiene que ser una crisis humanitaria. Creo que probablemente vendrían a nosotros y querrían llegar a un acuerdo… seremos generosos". Sin embargo, la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, marcada por 66 años de antagonismo desde la revolución que llevó a Fidel Castro al poder en 1959, hace que cualquier acuerdo sea extremadamente complejo.
A diferencia de Venezuela, Cuba cuenta con un Partido Comunista con dominio absoluto, sin una oposición organizada ni una sociedad civil fuerte. La mayor parte de los disidentes de relevancia han ido saliendo de la isla, junto a entre dos y tres millones de sus compatriotas desde el triunfo de la revolución.
Mientras tanto, el reloj corre para un régimen que se enfrenta a su mayor desafío en décadas, con escasas opciones de supervivencia si no logra romper el cerco energético y económico impuesto por Washington.