

Las palabras de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, que daban por acabado el orden mundial basado en reglas y justificaban la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel sobre Irán, han causado turbulencias en la Unión Europea, según reporta El País. La intervención de la conservadora alemana ha agravado las críticas acumuladas en los últimos meses por su postura cercana a Washington y Tel Aviv, generando discrepancias con el presidente del Consejo Europeo, António Costa, la alta representante Kaja Kallas y varios gobiernos europeos que acusan a Von der Leyen de extralimitar sus competencias en política exterior.
"Europa ya no puede ser la guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que se ha ido y no volverá", declaró Von der Leyen en un discurso que aseguró que pese a que la Unión Europea siempre defenderá el sistema basado en reglas ya no puede confiar en él y ya no sirve para defender sus intereses y dar protección, según El País. La presidenta de la Comisión Europea también afirmó que "no se debe llorar por el régimen iraní que ha infligido muerte e impuesto represión a su propio pueblo".
Las declaraciones han generado una respuesta inmediata de otras figuras clave de la Unión Europea. El presidente del Consejo, el socialista portugués António Costa, discrepó frontalmente el martes ante decenas de embajadores europeos destinados en todo el mundo. "Los europeos debemos defender el orden internacional basado en normas. Debemos defender los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas", dijo Costa, quien a diferencia de Von der Leyen identificó y culpó a Estados Unidos y a Rusia como creadores del nuevo desorden internacional, según El País.
"Este mundo multipolar requiere soluciones multilaterales. No esferas de influencia donde la política de poder reemplaza al derecho internacional", remarcó Costa. "No se deben aceptar las violaciones del derecho internacional, ni en Ucrania, Groenlandia, América Latina, África, Gaza ni en Oriente Próximo. No se deben tolerar las violaciones de los derechos humanos, ni en Irán, Sudán ni Afganistán", zanjó el presidente del Consejo.
La alta representante para Política Exterior y Seguridad, la liberal Kaja Kallas, también ha discrepado de Von der Leyen, según la misma fuente. La vicepresidenta comunitaria Teresa Ribera, el gran contrapeso socialista en una Comisión Europea muy derechizada, disintió del argumento de la alemana. "Es fundamental que hoy Europa defienda con entereza el valor del derecho internacional", dijo Ribera, también comisaria para una Transición Limpia, Justa y Competitiva y encargada de Competencia, quien en una entrevista con Onda Cero comentó que la jefa del Ejecutivo comunitario había estado desafortunada en sus palabras.
Las palabras de Von der Leyen han escamado en varias capitales, entre algunos de los comisarios y en ciertos grupos del Parlamento Europeo, que el lunes reclamaron aclaraciones al Ejecutivo comunitario e incluso llegaron a sondear la posibilidad, los socialistas, de imponerle una moción de censura, según El País. El ruido ha sido tal que desde la Comisión se han apresurado a matizar ahora las palabras de Von der Leyen para tratar de aclarar que la política conservadora no renuncia al respeto del sistema basado en reglas y aseguran que su discurso se ha malinterpretado.
En España, el Gobierno de Pedro Sánchez ha discrepado frontalmente de la visión de la alemana. "Europa tiene que defender el orden internacional porque la alternativa al orden internacional es el desorden", dijo tajante el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, el martes. "No hay una oposición entre un orden antiguo y un nuevo orden. Sí hay oposición entre un orden internacional y el desorden, y si seguimos apostando por el desorden llegaremos al caos. Y allí donde no hay derecho está la fuerza, la ley de la selva", declaró el jefe de la diplomacia española.
"El problema no es un orden mundial 'viejo' ni uno 'nuevo'", dijo Iratxe García, presidenta de los Socialistas y Demócratas en la Eurocámara. "El problema son quienes, con su complacencia, permiten que los autócratas lo violen. La UE debe exigir el cumplimiento de las normas, plantar cara a los autócratas y defender la paz. No hay más excusas", añadió.
Bajo esta nueva polémica subyace otra que se gesta desde hace tiempo: la voracidad de Von der Leyen, que con distintas acciones está absorbiendo competencias en política exterior, según El País. Una polémica que nació en la anterior legislatura, cuando ya recibió críticas de sus comisarios, el de Mercado Interior, el francés Thierry Breton, y el alto representante para Política Exterior y Seguridad, Josep Borrell.
Este martes, Breton criticó las acciones de la jefa del Ejecutivo comunitario. "Cuando la Comisión se comporta como un actor diplomático autónomo, duplicando o contradiciendo el mensaje de los jefes de Estado y de gobierno, diluye la voz europea", dijo en un largo artículo publicado en las redes sociales.
El Gobierno francés le ha lanzado directamente una advertencia, por boca del ministro de Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, que ha apelado a los tratados europeos. "La alta representante dirige la política exterior y de seguridad común de la Unión. Contribuye al desarrollo de esta política mediante sus propuestas y la implementa como agente del Consejo", dijo. "La Comisión debe cumplir con la más estricta observancia de la subsidiaridad", añadió.
La molestia con Von der Leyen se acumula en países como Francia y en España. Y no solo, precisan fuentes diplomáticas. "El problema es que no habla para defender una postura común sino su postura. No expresa el sentir general", señala también una alta fuente comunitaria, según El País.
Hace un par de semanas, la alemana ya desató la furia de un buen número de países por enviar a la comisaria europea para el Mediterráneo, Duvravka Suica, a la ceremonia de inauguración de la controvertida Junta por la Paz de Donald Trump, un órgano que asegura que busca la paz para Gaza, pero en el que no están representados los gazatíes y sí están invitados regímenes, como el bielorruso o el saudí, con historiales como mínimo complicados hacia los derechos humanos. Von der Leyen no pidió permiso ni consensuó con las capitales el gesto y la Comisión se escudó en que Suica participaba como "observadora".
También en esto ha diferido Costa de Von der Leyen. El presidente del Consejo Europeo, la figura encargada de dirigir a los jefes de Estado y de Gobierno para establecer las prioridades de la UE y de la representación de la Unión en el exterior, ha remarcado ante los enviados diplomáticos europeos que cuando alguien trata de reemplazar a la ONU con otra institución, la Unión no puede participar en sus reuniones. "Ni siquiera como observadora", incidió.
Como ya ocurrió con la guerra de Israel sobre Gaza, tras los atentados del 7 de octubre de 2023, cuando Von der Leyen recibió fuertes críticas por viajar a Tel Aviv y dar su respaldo al Gobierno de Benjamín Netanyahu el día que el ejército israelí comenzaba el asedio sobre Gaza, el ataque lanzado el 28 de febrero por Trump y Netanyahu sobre Irán ha dejado ver las costuras de una Unión Europea que necesita reformas y fuerza para lidiar con el desorden global avivado por Trump, según El País.
En el contexto más amplio de la guerra contra Irán, según el análisis de Rina Mussali publicado en Expansión, una ventana de oportunidad se abre en la geopolítica global con la próxima visita de Trump a China a finales de marzo. Una cita que hasta el momento promete no descarrilarse debido a la guerra regional en Medio Oriente, sino por el contrario, adquiere una relevancia mayúscula debido a la escalada de tensiones que alteran los equilibrios políticos, económicos y energéticos del sistema global. Un momento que recuerda la histórica visita de Nixon a Beijing en 1972 por su potencial impacto.
El encuentro entre Trump y Xi Jinping será la pinza para controlar esta guerra y meter contención a un conflicto que amenaza con prolongarse, según Mussali. Sin embargo, el desenclace no dependerá únicamente de Washington y Beijing, sino de una docena de países que ya están implicados militarmente en la guerra regional, aquella que materializó Estados Unidos e Israel y que estuvo alimentada por el momento de extrema debilidad y vulnerabilidad geopolítica por el que atravesaba el régimen iraní.
Redibujar el mapa estratégico de Medio Oriente en términos favorables a los intereses de Estados Unidos e Israel supone avanzar en una serie de objetivos geopolíticos interconectados: reforzar la alianza sunita, degradar la influencia del bloque chiita liderada por Irán, desmilitarizar a Hamás en Gaza y ampliar los Acuerdos de Abraham en un marco de cooperación política, económica y de seguridad con Israel, según el análisis. Paralelamente, busca debilitar el eje Rusia-China-Irán, este último incorporado recientemente al bloque de los BRICS, y frenar un alineamiento más profundo de Moscú y Beijing en la región.
Precisamente, la guerra tiene como trasfondo romper con el statu quo y reorganizar el poder regional para dar paso a un nuevo equilibrio en el que Israel emerja como el actor dominante, respaldado por las monarquías sunitas y la expansión de los Acuerdos de Abraham, según Mussali. En esencia, esta guerra busca destrabar la lucha constante entre los cuatro poderes regionales que aspiran a consolidarse como potencias medias: Arabia Saudita, Irán, Israel y Turquía. Todos rivalizan y compiten por el ascenso regional, la construcción de alianzas y la imposición de reglas, pero ninguno es hegemónico, ni cuenta por sí solo, con la capacidad para imponer plenamente su voluntad, al carecer de todos los pilares constitutivos del poder: nuclear, militar, científico-tecnológico, económico, diplomático y político.
Por ejemplo, Israel destaca por su supremacía militar, nuclear y tecnológica pero carece del reconocimiento diplomático de la mayoría de los países de la Liga Árabe, según el análisis. Sólo tiene firmados tratados de paz con Egipto y Jordania, además de la normalización de las relaciones con Emiratos Árabes Unidos y Bahréin en 2020, estos últimos quienes rompieron con décadas de la política árabe de condicionar el reconocimiento de Israel al progreso del conflicto palestino.
Por su parte, la compleja arquitectura política y social de Irán, tejida por identidades nacionales, subnacionales, étnicas y confesionales, hace improbable que los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel puedan provocar el colapso del régimen teocrático o moldearlo según sus intereses estratégicos, según Mussali. Puede haber guerra regional en Medio Oriente pero eso no significa que haya transformación política dentro de la República Islámica, ni que se desradicalice el estado profundo de Irán.
Como el mundo pudo constatar, la muerte del Ayatolá Ali Jamenei no significó la decapitación del sistema, según el análisis. Por el contrario, la sucesión de su hijo como nuevo líder político, religioso y espiritual, respaldado por la Guardia Revolucionaria, apunta hacia una línea más dura y confrontativa. La estructura del poder en Irán está diseñada para sobrevivir políticamente, y resistir. Las bombas pueden matar a líderes, pero no matan ideología, identidad y el deseo de autodeterminación.
De esta manera, la reunión entre Trump y Xi Jinping en China buscará redibujar las zonas de influencia y evitar que esta guerra se convierta en un nuevo punto de fractura estructural entre las grandes potencias, según Mussali. Dentro del juego de la guerra todavía hay espacio antes de cruzar el umbral de la catástrofe total.
La crisis actual expone las profundas divisiones dentro de la Unión Europea sobre cómo responder al desorden global y la necesidad de reformas institucionales para presentar una voz unificada en política exterior. La tensión entre la Comisión Europea, el Consejo Europeo y los Estados miembros refleja la dificultad de la UE para actuar como un actor geopolítico coherente en momentos de crisis internacional.