Departamento de Estado de EE.UU. anuncia planes para desmantelar la Corte Penal Internacional
El Departamento de Estado estadounidense, bajo la dirección del secretario de Estado Marco Rubio, ha revelado planes para desmantelar la Corte Penal Internacional (CPI), el tribunal internacional que enjuicia a individuos por crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio. Rubio ha calificado a la CPI como "un tribunal global dirigido por burócratas globalistas no elegidos que afirman tener un poder casi ilimitado", según reportes de la BBC del 20 de julio de 2026. Aunque Estados Unidos nunca ha sido parte de la CPI, establecida durante la presidencia del demócrata Bill Clinton, la iniciativa plantea interrogantes sobre la capacidad de la corte para investigar e imputar a ciudadanos estadounidenses.
La administración estadounidense ha tomado una posición confrontacional respecto a la Corte Penal Internacional, una institución que opera desde 2002 como mecanismo de justicia internacional para perseguir a responsables de los crímenes más graves. La CPI tiene jurisdicción sobre cuatro categorías principales de delitos: genocidio, crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y el crimen de agresión.
Marco Rubio, en su rol como secretario de Estado, ha presentado públicamente su visión de la CPI como una institución problemática. En un video difundido por su departamento, Rubio critica la estructura de la corte, argumentando que está compuesta por funcionarios no elegidos democráticamente y que reclama autoridades que considera excesivas. Esta retórica refleja una posición histórica de Estados Unidos respecto a los tribunales internacionales.
La posición estadounidense requiere contexto histórico. Estados Unidos no ha ratificado el Estatuto de Roma, el tratado fundacional de la CPI, lo que significa que técnicamente no está vinculado por sus decisiones. Sin embargo, la CPI posee mecanismos legales que le permiten investigar crímenes cometidos en territorio de estados miembros o por nacionales de estados miembros, independientemente de la nacionalidad del acusado. Esto significa que, en teoría, ciudadanos estadounidenses podrían ser investigados y procesados si se cumplen ciertos criterios jurisdiccionales.
Los planes anunciados por el Departamento de Estado de EE.UU. para desmantelar la institución representan una escalada significativa en la tensión entre Washington y la comunidad internacional de justicia penal. La viabilidad práctica de tales planes es cuestionable, dado que la CPI es una institución establecida por tratado internacional con 123 estados miembros que han ratificado el Estatuto de Roma.
Según Philippe Sands, abogado de derechos humanos, escritor y profesor de derecho internacional, la pregunta central sobre si la CPI puede investigar e imputar a estadounidenses es compleja y depende de circunstancias específicas. Sands ha participado en análisis de esta cuestión desde la perspectiva del derecho penal internacional, proporcionando perspectivas técnicas sobre las capacidades y limitaciones de la corte.
La iniciativa estadounidense genera implicaciones significativas para el sistema internacional de justicia. Por un lado, refleja preocupaciones estadounidenses sobre la soberanía nacional y el control sobre sus ciudadanos. Por otro lado, plantea interrogantes sobre el compromiso de Estados Unidos con los mecanismos internacionales de rendición de cuentas por crímenes graves.
La CPI ha enfrentado críticas desde múltiples direcciones. Algunos argumentan que la corte ha sido selectiva en sus investigaciones, mientras que otros cuestionan su efectividad. Sin embargo, la institución también ha sido defendida como un mecanismo esencial para prevenir la impunidad por crímenes atroces cuando los sistemas nacionales no pueden o no quieren actuar.
La administración Rubio no ha proporcionado detalles específicos sobre cómo pretende desmantelar una institución internacional establecida por tratado, ni ha aclarado qué medidas concretas tomaría. Las opciones teóricas incluirían presión diplomática sobre estados miembros, sanciones económicas o retiro de cooperación estadounidense con la corte, aunque ninguna de estas medidas garantizaría el resultado deseado.
Este anuncio se produce en un contexto más amplio de tensiones entre Estados Unidos y instituciones multilaterales. La posición estadounidense respecto a la CPI ha sido históricamente ambivalente, con administraciones anteriores adoptando posiciones variadas sobre la cooperación con la corte.

