Al menos 147 venezolanos deportados desde Estados Unidos quedaron atrapados en el Hotel Santuario La Llanada cuando un terremoto devastador sacudió Venezuela el 24 de junio de 2026, apenas horas después de su llegada al país. Los sobrevivientes denuncian que funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) mantuvieron las puertas cerradas durante el sismo, impidiendo la evacuación. Hasta el momento, el Gobierno venezolano no ha emitido un listado oficial de víctimas o sobrevivientes, mientras familiares buscan desesperadamente a sus seres queridos entre los escombros y hospitales.
El vuelo 164 aterrizó en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía la mañana del miércoles 24 de junio de 2026. A bordo viajaban 147 venezolanos deportados desde Estados Unidos: 120 hombres, 19 mujeres y siete niños, según difundió Melvin Maldonado, jefe de la misión encargada de gestionar el programa de repatriación nacional. Los deportados llegaban desde centros de detención en Texas, Georgia, Arizona y Florida, aliviados de dejar atrás el encierro pero sin imaginar que la patria los recibiría con una tragedia sin precedentes.
Entre los deportados estaba Yamil Caldera, de 32 años, quien había sido detenido junto a su esposa en un supermercado Walmart por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y trasladado al Centro de Detención de Eloy, en Tucson, Arizona. Su cuñada, Verónica Nieves, lo reconoció de espaldas en el video difundido por Maldonado: era el hombre de pantalón negro y pulóver rojo, ansioso por llegar a Cumaná, en el estado de Sucre.
También viajaba Anderson Antonio Pérez, de 33 años, quien vivía desde hacía un año y medio en Montgomery, Alabama. Llamó a su esposa alrededor de las cuatro de la tarde para confirmar su llegada. "Habló con su esposa, dijo que habían llegado y que los iban a ubicar para, al día siguiente, traerlo para acá para Barquisimeto, pero ya no se supo más nada de él", relató su hermana, Yujaby Elizabeth Díaz Pérez.
**El traslado al hotel y el encierro**
Desde el aeropuerto, los deportados fueron conducidos por el Sebin hacia el Hotel Santuario La Llanada, ubicado en una montaña del estado de La Guaira, a poco más de media hora de Caracas. La estructura, sin ningún lujo y manejada por la Misión Negra Hipólita, había sido en el pasado la sede del Colegio San Benito, prestó servicios a personas en situación de calle con problemas de adicción, y sirvió como sitio de aislamiento para viajeros infectados de Covid-19 durante la pandemia.
Desde que la administración de Donald Trump y el Gobierno chavista establecieron un acuerdo de deportación, el hotel se convirtió en el lugar donde recalan los migrantes devueltos. En 2025, el localizador ICE Flight Monitor registró 73 vuelos de deportación hacia Venezuela, operados dos veces por semana, que transportaron a casi 14.000 personas, según la fuente. Se desconoce la cifra total de venezolanos deportados en 2026.
Una vez en el hotel, los recién llegados se sometieron a protocolos de chequeos médicos, vacunación y trámites para cédulas. Joan, de 28 años, quien había sido detenido por ICE el 13 de junio cuando se dirigía a su trabajo en Florida, se encontraba en uno de los dormitorios. Su familia había intentado sacarlo del centro de detención de El Paso mediante abogados, pero los costos eran demasiado altos. "Decidimos que él iba a firmar su salida voluntaria, y así lo hizo", contó su esposa Daniela.
**El terremoto y el colapso**
A las 18:04 hora local del 24 de junio, cuando aún nadie sabía que estaban en la boca de los más grandes temblores que los venezolanos hayan sentido en más de un siglo, el hotel colapsó. Joan se había bañado y estaba a punto de acostarse cuando se sintió mareado y observó cómo todo se movía a su alrededor. "Alcanzó a ponerse los zapatos y una camisa, logró dar tres pasos largos, gritó: '¡Es un terremoto, es un terremoto!'", relató Daniela. "Cuando ya estaba por llegar a la puerta, el hotel colapsó, él quedó bajo los escombros. Dice que sobrevivió porque una litera le cayó encima, los colchones lo ayudaron a resistir el peso. Estuvo tres horas bajo los escombros, escarbando, y logró salir por sus propios medios".
Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los sismos podrían dejar unos 50.000 desaparecidos en Venezuela. La cifra oficial de fallecidos aumentó de 164 en las primeras horas a 971, y luego superó los 1.500, según la fuente.
Los sobrevivientes del hotel intentaron ayudar a quienes permanecían sepultados. "Los sobrevivientes ayudábamos a rescatar, pero no teníamos herramientas, estamos hablando de un techo de casi 1.000 kilos, ¿quién va a poder con eso?", contó públicamente Juan Manuel Fernández Quintero, uno de los 147 deportados, quien solo después supo que se le habían roto cuatro costillas tras el impacto.
**Denuncias contra el Sebin**
Los familiares de los deportados han acusado a los funcionarios del Sebin de mantener las puertas del hotel cerradas durante el terremoto, impidiendo la evacuación. Yulis Salcedo, madre de Anderson Daniel Salcedo Lozano, de 21 años, quien permanece entubado en el Hospital José María Vargas de Caracas con ambas piernas amputadas y pronóstico crítico, relató que un sobreviviente ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos les contó que los deportados "les rogaron a gritos a los funcionarios del Sebin que les abrieran, que les abrieran, porque estaba temblando, y ellos no les abrieron. Los dejaron encerrados como si fueran unos ladrones, unos matones".
"Si vienen de regreso a su Patria, ¿por qué se lo entregan al Sebin? Si los traen de allá háganles el proceso y mandenlos a cada uno para su casa. ¿Cómo es posible que los traigan de allá, a donde van a buscar una mejor vida, y los tengan de retén?", cuestionó Salcedo. "¿Por qué no les abrieron la puerta si sabían que no tenían antecedentes penales? Si hoy muchos están muertos, es porque el Sebin no les quiso abrir la puerta, y ningún funcionario se ha acercado acá al hospital a preguntar por ninguno de los deportados".
Algunos familiares han denunciado que los funcionarios del Sebin no los dejan ir a socorrer a las personas atrapadas por el derrumbe, y que hasta la tarde del domingo 28 de junio las labores de rescate habían sido muy lentas y escasas. "Allí aún hay gente con vida, apenas han habido rescatistas, gente que pueda auxiliar", sostuvo Verónica Nieves.
**Búsqueda desesperada**
Arturo José Morales nunca supo que su hijo, Arturo Alejandro Morales, había sido deportado en el vuelo 164. Contaba con que estaba bien, encerrado en El Paso, Texas. El jueves 25 de junio, un día después de la tragedia, su hijo cumplió 25 años y fue entonces cuando el padre se enteró no solo de la deportación, sino de que era una de las víctimas del hotel. "Un conocido mío, que estaba preso con él en El Paso, llegó en el mismo vuelo a Venezuela y cuando ocurrió el terremoto me lo comunicó, me dijo que tratara de buscarlo, porque estaban juntos en el hotel y nunca lo vio salir", contó Morales. "Aún estoy esperando respuesta de las personas que lo están buscando desde la noche de ayer. No sé nada".
Los familiares han creado fichas que difunden desesperadamente para localizar a los deportados en hospitales o entre los escombros. Algunos de los que salieron con vida del hotel afirman que solo 12 personas quedaron con vida.
Rosiangel Álvarez buscaba con angustia a Eduardo José Osal Mujica, de 31 años. Primero le dijeron que estaba muerto, luego que estaba vivo. Más tarde confirmaron lo peor. "Tenía esperanzas de que pudiera estar bien, pero nos acaban de informar que murió en ese hotel, sí estaba allí".
La lista de desaparecidos y fallecidos continúa: Javier Alejandro León, hallado muerto después de una búsqueda desesperada. Alejandro José Lizarazo, sin noticias. "Lo estamos buscando desde temprano, llegó en el vuelo 164, queremos dar fe de vida", pidió Stevenson David Padron, su amigo. Anderson Antonio Pérez, sin pistas. "No hemos tenido respuesta de los funcionarios ni de nadie. Nuestra familia fue la que se fue a Caracas a buscarlo, lo han buscado en hospitales y nada, no aparece", dijo su hermana. Daniel Enrique Caraballo, desaparecido. Kleiber Daniel Montangut, fallecido. Jorge Luis González, desaparecido. Adalberto Rincón Franco, desaparecido. Angelo David Mejía, fallecido.
**Silencio oficial**
Hasta el momento, el Gobierno venezolano no ha emitido un listado oficial con los nombres de las víctimas o sobrevivientes del vuelo 164. EL PAÍS se comunicó con los funcionarios de la Gran Misión Vuelta a la Patria, quienes aseguraron que darían respuesta, pero hasta el momento no han compartido ninguna información. "Estamos trabajando aún en ello", respondieron.
La publicación de Maldonado en redes sociales se atiborró de preguntas: "Por favor, ¿dónde están los que llegaron? Los estamos buscando, ¿cómo podemos saber de nuestros familiares?, ¿por qué no han llegado a sus hogares?, ¿alguien sabe de Daniel Henrique? ¿de Johana Pineda?, ¿dónde están los del vuelo 164?"
**El contexto de las deportaciones**
El Gobierno de Trump convirtió en indocumentados a unos 650.000 venezolanos, despojándolos de cualquier amparo legal, según la fuente. Envió a más de 250 al temido Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), en El Salvador, acusándolos de ser pandilleros, terroristas y criminales, y ha detenido a cientos en centros de todo el país.
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, mantuvo conversaciones con el presidente Donald Trump y su Secretario de Estado, Marco Rubio, quienes se comprometieron con el envío de rescatistas, equipos especializados y asistencia humanitaria. Trump lo reafirmó en su red Truth Social: "¡Estados Unidos está preparado, dispuesto y es capaz de ayudar! Estaremos ahí para nuestros nuevos y maravillosos amigos".
Las palabras de Trump no resuenan en los oídos de los familiares de los deportados. La esposa de Yamil Caldera, quien permanece en el Centro de Detención de Eloy, en Tucson, supo que nadie sabe de él, si está vivo o muerto. Ha pedido su salida voluntaria a las autoridades de migración para irse de una vez a Venezuela, pero aún el juez no le da respuesta. "Está en shock", dice su hermana.
Ya suman cuatro días, casi 100 horas, el tiempo en que la esperanza de hallar vida se hace más corta, el momento en que Venezuela empieza a convertirse en el cementerio colectivo de los que no pudieron sacar la cabeza de debajo de los escombros. La lógica indica que las probabilidades de encontrar sobrevivientes son menores, pero los familiares no creen en ello. La gente sigue hablando de desaparecidos, para evitar hablar de muerte. Es eso lo que los mantiene de pie, cuando todo a su alrededor ha colapsado.
Primero fueron las víctimas de la Administración de Trump, ahora las de la catástrofe venezolana.