Diáspora venezolana organiza ayuda humanitaria tras terremoto ante ausencia de plan estatal
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Diáspora venezolana organiza ayuda humanitaria tras terremoto ante ausencia de plan estatal

La migración venezolana de 9,1 millones de personas se organizó desde el extranjero para atender las urgencias tras el doblete sísmico que sacudió Venezuela la semana pasada, según reporta El País. Ante la ausencia de un plan estatal efectivo y la desconfianza en las instituciones gubernamentales, venezolanos en Estados Unidos, Chile y Colombia han recaudado decenas de miles de dólares y enviado toneladas de insumos directamente a los afectados en Caracas y La Guaira.

INTERNACIONAL3 JUL 2026

Desde la misma noche del doblete sísmico ocurrido el miércoles pasado, la diáspora venezolana activó redes de ayuda para atender la emergencia en su país, según reporta El País. La migración de 9,1 millones de venezolanos se organizó para responder a las urgencias ante lo que describen como la ausencia de un plan estatal efectivo.

Astrid García, quien vive en Washington desde hace 10 años, comenzó a recolectar dinero apenas cuatro horas después del terremoto, que ocurrió a las 6:00 de la mañana, según su testimonio. García tiene experiencia directa en desastres: en 2010 perdió su casa en el barrio popular La Vega de Caracas debido a una vaguada producto de lluvias en La Guaira, y vivió durante un año en un refugio improvisado en la avenida Urdaneta antes de emigrar a Estados Unidos.

"El terremoto sucedió a las 6.00 y a las 10.00 ya estaba recolectando dinero, porque me quedó mucho el sentimiento de gratitud de aquel momento. Si una persona no hubiera enviado una colchoneta, una medicina, una comida, yo no hubiese podido seguir estudiando en la universidad y llegado hasta donde estoy", dijo García, según El País.

En una semana, García ha recibido cerca de 9.000 dólares en donaciones que ha traducido en 460 comidas, 108 carpas, insumos para hospitales y médicos en Caracas y La Guaira, y productos de aseo personal, según el reporte.

Francis Peña y su pareja, Wendy Racines, quienes viven en Caracas, iniciaron su propia campaña de ayuda el mismo día del terremoto. Han recibido 5.000 dólares y repartido la ayuda directamente en los refugios, según informaron a El País. "Hay temor de lo que se lee desde afuera: muchos entes quedándose con las ayudas o botando la comida. Por eso constatamos de primerísima mano cómo nuestra ayuda llega a las personas que lo necesitan. Hemos visto cómo la comen, cómo usan los zapatos, cómo nos piden la talla de pañales", afirmó Racines.

La desconfianza en las instituciones gubernamentales es un factor determinante en estas iniciativas ciudadanas. Luis Carlos Díaz, periodista y defensor de derechos humanos, explicó a El País: "El venezolano no quiere que su ayuda pase por las manos del Gobierno o por exfuncionarios del chavismo que ahora están en organizaciones humanitarias. El que desde afuera puede ayudar a su familia directamente, está ayudando al país y eso es válido".

Elías Rodríguez, migrante venezolano en Chile y creador de contenidos, se encontraba de vacaciones en Venezuela con su hijo de tres años cuando ocurrió el terremoto. Utilizando su comunidad en redes sociales y una aplicación de cambio de divisas, ha reunido 14.000 dólares con los que ha surtido de combustible y equipos a rescatistas y conductores de vehículos todo terreno, además de ayudas focalizadas en animales rescatados, niños y albergues, según el reporte.

Desde Colombia, Gaby Arenas, directora de la Fundación TAAP, ha enviado en tres vuelos la ayuda de centros de acopio en Bogotá. Cinco días después del terremoto, Arenas ya había enviado a Venezuela 60 médicos colombianos y nueve toneladas de insumos, según informó a El País. "Al estar fuera del país, tenemos posibilidades de acceso y contactos de organizaciones internacionales y cooperantes inaccesibles desde hace años en Venezuela. Para un migrante, ser útil es conmovedor", dijo Arenas.

La directora de la fundación destacó el apoyo recibido: "Una cosa abrumadora es entender que no estamos solos. El apoyo que hemos recibido de la gente que tenemos alrededor ha sido impresionante. Es el resultado de esas redes que hemos tejido en estos años fuera", según sus declaraciones.

Los defensores de derechos humanos venezolanos señalan que el sector ha sido perseguido, encarcelado e impedido desde hace años de acceder a financiamiento internacional. Fernando Dos Reis, consultor en política venezolana, explicó a El País: "Cuando el Gobierno entra a controlar y perseguir organizaciones, se entiende que cualquier proceso de gestión de información y de datos se hace poco confiable. Quienes siguen operando solo lo hacen con los datos que emite el Gobierno, que no permite que haya ninguna voz independiente".

Arenas advirtió sobre las limitaciones de las iniciativas ciudadanas: "Cualquier ciudadano que recaude dinero para ayudar a sus familiares y amigos le está haciendo un favor a la sociedad, porque las respuestas de la cooperación y el gobierno no están hechas para ese nivel de detalle y atención. Esas iniciativas son importantes y logran tener mucho impacto, pero no podemos pretender atajar nosotros toda la emergencia".

Los organizadores de estas iniciativas no saben hasta cuándo van a recaudar fondos o si sus proyectos evolucionarán, según el reporte. Sin embargo, Arenas planteó que el trabajo a largo plazo va más allá de la ayuda inmediata: "Nosotros tenemos que sanar el dolor, porque no hay una sociedad ni una comunidad que pueda reconstruirse si está llena de rabia, desconfianza y miedo. Luego viene la rehabilitación. Ver qué pedazos quedan de organizaciones, empresas e institucionalidad y ayudar a que se fortalezcan. Vamos a tener que construir algo nuevo; esa es la tarea a largo plazo", dijo la directora de la Fundación TAAP.

La respuesta de la diáspora venezolana refleja un patrón de autoorganización ciudadana ante situaciones de emergencia, según el análisis de El País. Los venezolanos en el extranjero han utilizado sus redes, recursos y experiencias previas para canalizar ayuda directa a los afectados, evitando los canales oficiales por desconfianza en la gestión gubernamental y buscando garantizar que los recursos lleguen efectivamente a quienes los necesitan.

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3 jul 2026
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Desde la misma noche del doblete sísmico ocurrido el miércoles pasado, la diáspora venezolana activó redes de ayuda para atender la emergencia en su país, según reporta El País. La migración de 9,1 millones de venezolanos se organizó para responder a las urgencias ante lo que describen como la ausencia de un plan estatal efectivo.

Astrid García, quien vive en Washington desde hace 10 años, comenzó a recolectar dinero apenas cuatro horas después del terremoto, que ocurrió a las 6:00 de la mañana, según su testimonio. García tiene experiencia directa en desastres: en 2010 perdió su casa en el barrio popular La Vega de Caracas debido a una vaguada producto de lluvias en La Guaira, y vivió durante un año en un refugio improvisado en la avenida Urdaneta antes de emigrar a Estados Unidos.

"El terremoto sucedió a las 6.00 y a las 10.00 ya estaba recolectando dinero, porque me quedó mucho el sentimiento de gratitud de aquel momento. Si una persona no hubiera enviado una colchoneta, una medicina, una comida, yo no hubiese podido seguir estudiando en la universidad y llegado hasta donde estoy", dijo García, según El País.

En una semana, García ha recibido cerca de 9.000 dólares en donaciones que ha traducido en 460 comidas, 108 carpas, insumos para hospitales y médicos en Caracas y La Guaira, y productos de aseo personal, según el reporte.

Francis Peña y su pareja, Wendy Racines, quienes viven en Caracas, iniciaron su propia campaña de ayuda el mismo día del terremoto. Han recibido 5.000 dólares y repartido la ayuda directamente en los refugios, según informaron a El País. "Hay temor de lo que se lee desde afuera: muchos entes quedándose con las ayudas o botando la comida. Por eso constatamos de primerísima mano cómo nuestra ayuda llega a las personas que lo necesitan. Hemos visto cómo la comen, cómo usan los zapatos, cómo nos piden la talla de pañales", afirmó Racines.

La desconfianza en las instituciones gubernamentales es un factor determinante en estas iniciativas ciudadanas. Luis Carlos Díaz, periodista y defensor de derechos humanos, explicó a El País: "El venezolano no quiere que su ayuda pase por las manos del Gobierno o por exfuncionarios del chavismo que ahora están en organizaciones humanitarias. El que desde afuera puede ayudar a su familia directamente, está ayudando al país y eso es válido".

Elías Rodríguez, migrante venezolano en Chile y creador de contenidos, se encontraba de vacaciones en Venezuela con su hijo de tres años cuando ocurrió el terremoto. Utilizando su comunidad en redes sociales y una aplicación de cambio de divisas, ha reunido 14.000 dólares con los que ha surtido de combustible y equipos a rescatistas y conductores de vehículos todo terreno, además de ayudas focalizadas en animales rescatados, niños y albergues, según el reporte.

Desde Colombia, Gaby Arenas, directora de la Fundación TAAP, ha enviado en tres vuelos la ayuda de centros de acopio en Bogotá. Cinco días después del terremoto, Arenas ya había enviado a Venezuela 60 médicos colombianos y nueve toneladas de insumos, según informó a El País. "Al estar fuera del país, tenemos posibilidades de acceso y contactos de organizaciones internacionales y cooperantes inaccesibles desde hace años en Venezuela. Para un migrante, ser útil es conmovedor", dijo Arenas.

La directora de la fundación destacó el apoyo recibido: "Una cosa abrumadora es entender que no estamos solos. El apoyo que hemos recibido de la gente que tenemos alrededor ha sido impresionante. Es el resultado de esas redes que hemos tejido en estos años fuera", según sus declaraciones.

Los defensores de derechos humanos venezolanos señalan que el sector ha sido perseguido, encarcelado e impedido desde hace años de acceder a financiamiento internacional. Fernando Dos Reis, consultor en política venezolana, explicó a El País: "Cuando el Gobierno entra a controlar y perseguir organizaciones, se entiende que cualquier proceso de gestión de información y de datos se hace poco confiable. Quienes siguen operando solo lo hacen con los datos que emite el Gobierno, que no permite que haya ninguna voz independiente".

Arenas advirtió sobre las limitaciones de las iniciativas ciudadanas: "Cualquier ciudadano que recaude dinero para ayudar a sus familiares y amigos le está haciendo un favor a la sociedad, porque las respuestas de la cooperación y el gobierno no están hechas para ese nivel de detalle y atención. Esas iniciativas son importantes y logran tener mucho impacto, pero no podemos pretender atajar nosotros toda la emergencia".

Los organizadores de estas iniciativas no saben hasta cuándo van a recaudar fondos o si sus proyectos evolucionarán, según el reporte. Sin embargo, Arenas planteó que el trabajo a largo plazo va más allá de la ayuda inmediata: "Nosotros tenemos que sanar el dolor, porque no hay una sociedad ni una comunidad que pueda reconstruirse si está llena de rabia, desconfianza y miedo. Luego viene la rehabilitación. Ver qué pedazos quedan de organizaciones, empresas e institucionalidad y ayudar a que se fortalezcan. Vamos a tener que construir algo nuevo; esa es la tarea a largo plazo", dijo la directora de la Fundación TAAP.

La respuesta de la diáspora venezolana refleja un patrón de autoorganización ciudadana ante situaciones de emergencia, según el análisis de El País. Los venezolanos en el extranjero han utilizado sus redes, recursos y experiencias previas para canalizar ayuda directa a los afectados, evitando los canales oficiales por desconfianza en la gestión gubernamental y buscando garantizar que los recursos lleguen efectivamente a quienes los necesitan.

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