Díaz-Canel enfrenta la crisis más grave del régimen cubano mientras Trump intensifica el asedio
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Díaz-Canel enfrenta la crisis más grave del régimen cubano mientras Trump intensifica el asedio

Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba desde 2018, atraviesa el momento más complejo de su mandato mientras el país se hunde en una crisis económica y humanitaria sin precedentes, agravada por el asedio energético impuesto por Donald Trump desde el 29 de enero de 2026. Con apagones de días, escasez de alimentos y una población exhausta que reclama cambios, el líder cubano de 66 años administra los restos de una Revolución en colapso, siempre a la sombra de Raúl Castro, de 94 años, recientemente acusado por un tribunal estadounidense.

INTERNACIONAL24 MAY 2026

Cuba vive su peor crisis en décadas bajo el mandato de Miguel Díaz-Canel, quien enfrenta una amenaza existencial al régimen que lleva 67 años en el poder. El presidente cubano ha pasado de pedir "resistencia creativa" a denunciar un "genocidio" mientras el país se sume en apagones prolongados, cortes de agua, parálisis del transporte y precios de alimentos que equivalen al salario mensual de un trabajador, según reporta El País.

En dos meses, entre marzo y mayo de 2026, Díaz-Canel ha cambiado su imagen pública de manera radical. De aparecer con americana y camiseta ante activistas de izquierda que coreaban "Cuba no está sola", pasó a vestir el traje verde olivo de inspiración castrense como líder del Consejo de Defensa Nacional. El viernes 23 de mayo, realizó el saludo militar ante miles de personas reunidas en la tribuna antiimperialista, entre la embajada estadounidense y el Malecón, para mostrar apoyo a Raúl Castro, quien acaba de ser acusado por un tribunal de Estados Unidos por ordenar el derribo de dos avionetas de una organización anticastrista en 1996, en el que murieron cuatro personas, según las fuentes.

El asedio energético impuesto por Trump desde el 29 de enero de 2026 ha acelerado el colapso del país. La población sufre apagones de días, sin ventiladores en medio del calor y los mosquitos. Padres se turnan para no cenar y que sus hijos tengan desayuno al día siguiente. Las familias deben aprovechar cuando regresa la corriente, aunque sea de madrugada, para lavar y cocinar antes de que vuelva la oscuridad. Muchos cocinan con carbón o leña ante la falta de electricidad, según describe El País.

La incertidumbre sobre el destino de Cuba se intensifica con presiones, sanciones y hostilidades de Estados Unidos cada vez más aceleradas. Nadie sabe si cuajará alguna solución en el diálogo entre ambos países, ni tampoco si se consumará la amenaza de una intervención militar estadounidense. Entre tanto, la indignación brota con fuerza en una ciudadanía que sufre.

Desde que llegó a la presidencia en 2018, Díaz-Canel ha afrontado el deterioro galopante de la economía sin hacer apenas cambios, capeando sucesivas crisis: la pandemia de covid, un accidente de avión, las mayores protestas ciudadanas en décadas en julio de 2021, varios apagones totales en la isla, el corte del petróleo venezolano y el cerco energético de Trump, quien ya había reintroducido las cláusulas más duras del embargo en su primer mandato y ha vuelto en el segundo con la idea de "tomar Cuba", según las fuentes.

El momento actual representa la amenaza más grave para el régimen. Llega no solo con un desastre económico y humanitario, sino también con un descrédito y rechazo tan profundos hacia el Gobierno que muchos cubanos solo esperan su caída, de la forma que sea, incluida la militar. La mayoría de los cubanos en La Habana expresan que quieren y necesitan un cambio ya, según reporta El País.

En la opacidad de la estructura de poder del régimen cubano, es difícil discernir cuánto decide Díaz-Canel, qué margen de maniobra tiene y de qué es responsable, colocado siempre a la sombra de Raúl Castro. Cuando fue designado presidente, Díaz-Canel —nacido en Placetas, provincia de Santa Clara, en el centro de la isla— suscitó expectativas de apertura y reforma, que se veían necesarias después del acercamiento entre Raúl Castro y Barack Obama. Tenía sentido, puesto que es de otra generación, más joven, criada y educada ya en la Revolución, diferente a la de los hermanos Castro y sus compañeros de armas en los años cincuenta, y porque no viene del mundo militar.

La trayectoria de Díaz-Canel dentro del sistema le llevó a tener responsabilidades desde joven en las estructuras locales y luego nacionales del aparato comunista, pasando por todo tipo de cargos, siglas y comités en un recorrido que le llevó décadas de metódico escalar revolucionario. Pero pronto disipó esas esperanzas y eligió como lema político "somos continuidad", según las fuentes.

"Es una frase fatal, a ningún político en ningún país del mundo le va a ir bien con 'soy más de lo mismo'", dice Michael J. Bustamante, profesor de Estudios Cubanos en la Universidad de Miami, según cita El País. "También parece haber querido calmar a la generación histórica, decirles que él no es ningún Mijaíl Gorbachov y que no suponía una ruptura".

Como apunta el analista y exdiplomático cubano Carlos Alzugaray, ese continuismo "fue su suicidio político, porque lo que se le pedía era implementar una serie de reformas ya aprobadas, y no fue capaz de hacerlo, dejándolas en manos de burócratas que no querían aplicarlas", según las fuentes. Una de las más importantes que sí acometió, aplazada por su predecesor Raúl Castro, fue eliminar la dualidad monetaria entre el peso y el peso convertible, y resultó un fracaso con deficiencias técnicas que impactó de lleno en la ya maltrecha economía de las familias.

La duda sobre cuánta influencia retiene Raúl Castro cobra más fuerza cuando Estados Unidos tiene como uno de sus interlocutores en el diálogo entre ambos países al nieto del viejo general, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias El Cangrejo, poco expuesto públicamente y que no desempeña ningún cargo formal. Aunque fue Díaz-Canel quien anunció que existía esa negociación y que él participaba en ella, no está claro cuál es su papel si es que tiene alguno, según reporta El País.

El hecho de que Washington haya posado su mirada en Raúl Castro con la incriminación judicial muestra la importancia que le conceden a su figura, incluso aunque fuera solamente simbólica. "Díaz-Canel no es un títere, tiene grandes poderes, pero Raúl Castro tiene capacidad de veto en las políticas estratégicas", explica el politólogo cubano Arturo López-Levy, para quien el gran error de Díaz-Canel es "permanecer a la sombra de Raúl, porque ha limitado su proyección como hombre de cambio", según las fuentes.

Díaz-Canel ha ahondado su cercanía a Castro. El jueves, el día de la acusación formal contra el nonagenario, dijo que lo siente "como un padre": "Para mí Raúl ha sido ante todo un maestro, un jefe que compromete y cuyos pasos uno trata de seguir cada día", según reporta El País. El cierre de filas con el expresidente se escenificó ante miles de personas el viernes, cuando la incriminación abre la vía para justificar una intervención al estilo de la que hizo Estados Unidos al llevarse a Nicolás Maduro de su cama y trasladarlo a una cárcel de Nueva York.

"Han salido todos a defenderlo como si quisieran decirle: 'yo no soy la Delcy Rodríguez de Cuba', y eso es porque mientras viva sigue teniendo influencia", interpreta Bustamante, según las fuentes.

Díaz-Canel es un presidente que "no ha podido presentarse al país como alguien capaz de impulsar una agenda política o económica propia, aunque para ser justos, su mandato no ha sido un camino de rosas: desastres naturales, pandemia, pérdidas del petróleo venezolano incluso antes de enero", dice Bustamante, según cita El País. Menos ahora, cuando su Gobierno tiene ante sí el descomunal desafío de una Casa Blanca impredecible y más agresiva que nunca, tras décadas de embargo y antagonismo, y de una ciudadanía exhausta y desconectada del régimen, al que muchos ven como un grupo de privilegiados que se enriquece a costa del país mientras la gente sufre.

El liderazgo borroso de Díaz-Canel coincide con el agotamiento de la idea de la Revolución como modelo económico y social, que está en crisis desde hace décadas. El sistema ha tardado 60 años en transmitir el poder a una generación distinta de la de los Castro, apunta López-Levy, según las fuentes. Ahora que el deseo de cambio y de transformación política son enormes, "el disenso se ha multiplicado, pero el sistema aplica la misma lógica de hace 40 años, como si siguiera teniendo a esas mayorías de las primeras décadas, aquel capital político", explica Fabio Fernández Batista, profesor de Historia de Cuba de la Universidad de La Habana, según reporta El País.

El discurso de Díaz-Canel sobre "resistencia creativa" contrasta brutalmente con la realidad que viven los cubanos. Se lo dice a quienes llevan años en una crisis económica estructural, con reformas postergadas o incompletas, que ven cómo hay tiendas en las que solo se puede pagar en dólares a los que ellos tienen difícil acceso, según las fuentes.

El jueves, Díaz-Canel dijo en X: "La nueva agresión nos ha unido más y elevado el honor, la dignidad y el sentimiento antimperialista", según reporta El País. Este discurso llega cuando en la calle muchos en la isla abrazan la idea de una intervención de Trump como única forma de avanzar hacia una transición política, incluso aunque eso ponga en jaque la soberanía, que Díaz-Canel menciona con frecuencia.

"Yo no como soberanía", dice uno de los pocos taxistas que aún pueden trabajar en La Habana, con la gasolina racionada o comprada en el mercado negro a 10 dólares el litro, según cita El País. "¿Para qué la quiero? Soberanía es atender al pueblo. ¿Qué soberanía tenemos en un país donde te meten preso por pensar diferente?", insiste con enfado.

La onda expansiva de las protestas del 11 de julio de 2021, las mayores desde los años noventa, llega hasta hoy y ha marcado el mandato de Díaz-Canel. Él fue la cara visible de la represión, iniciada después de que el presidente pronunciara esta frase: "La orden de combate está dada, a la calle los revolucionarios". En los días y semanas posteriores hubo más de un millar de presos políticos, según las fuentes.

"Está claro que ese llamado le tocó hacerlo a él, pero la decisión no fue suya, sino del grupo de poder de Raúl Castro, los militares", dice la intelectual cubana Alina Bárbara López, quien el 18 de cada mes se manifiesta por la amnistía de los presos políticos, según reporta El País. "Sin embargo, eso marcó un antes y un después, porque la imagen que quedó perjudicada fue la suya, su desgaste como figura política, que ya era grande, fue mucho mayor". Esos "revolucionarios" eran "la policía y los órganos de seguridad del Estado" que "salieron con palos y bates y golpearon", según las fuentes.

Estados Unidos no ha concretado qué quiere conseguir con esta intensa política punitiva hacia Cuba. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ofreció esta semana a los cubanos una "nueva relación" y dijo que "lo único que se interpone en el camino hacia un mejor futuro son quienes controlan el país", dando a entender que busca no solo un cambio económico radical, sino la caída del régimen, según reporta El País.

"¿Van a arrestar a un hombre de 94 años? Ya todos conocen el guion, Raúl Castro debe estar viviendo en un búnker. Por otro lado, la economía cubana necesita reformas, dinero y tiempo, pero no está claro qué quieren los estadounidenses, todos los escenarios son muy complicados para la Casa Blanca", comenta Bustamante, según las fuentes.

En el caso del Gobierno cubano, surge la duda de si hay un plan más allá de la resistencia, que cada vez es más difícil de mantener frente a la obcecada agresividad de Trump. Apenas ha hecho concesiones desde que se anunció que había un diálogo en marcha, pero el tiempo que han podido ir ganando debido a que Washington se embarcó en la guerra de Irán juega en su contra, según reporta El País.

En la lógica del régimen, "hay unas tenazas históricas que dificultan el pacto con Estados Unidos sin que se vea como una rendición, hay algunos en el sistema dispuestos a la inmolación, y en ese sentido se parecen más a la dirigencia iraní que a la venezolana, viven bajo el paradigma de la Revolución", según las fuentes.

Como gobernante, Díaz-Canel apenas ha sido capaz de mostrar un perfil propio, como si se encargara de administrar con retórica lo que queda de la Revolución, en un discurso en el que se va quedando solo. El plan parece aguantar lo que venga. "Su acierto ha sido procurar encontrar una salida a la crisis cubana socavando las medidas coercitivas de Estados Unidos y simplemente sobrevivir", afirma el politólogo López-Levy, quien advierte de que "todo el que ha subestimado la capacidad de supervivencia del régimen se ha equivocado", según reporta El País.

El viernes, Díaz-Canel publicó un vídeo en X con música épica e imágenes de fondo del acto de la tribuna antiimperialista, en el que dice: "Hemos venido a defender a Raúl porque Raúl es la patria, Raúl es Cuba", según las fuentes. En esa lógica, queda claro qué quiere salvar Díaz-Canel. La pregunta es dónde quedan los cubanos.

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24 may 2026
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Cuba vive su peor crisis en décadas bajo el mandato de Miguel Díaz-Canel, quien enfrenta una amenaza existencial al régimen que lleva 67 años en el poder. El presidente cubano ha pasado de pedir "resistencia creativa" a denunciar un "genocidio" mientras el país se sume en apagones prolongados, cortes de agua, parálisis del transporte y precios de alimentos que equivalen al salario mensual de un trabajador, según reporta El País.

En dos meses, entre marzo y mayo de 2026, Díaz-Canel ha cambiado su imagen pública de manera radical. De aparecer con americana y camiseta ante activistas de izquierda que coreaban "Cuba no está sola", pasó a vestir el traje verde olivo de inspiración castrense como líder del Consejo de Defensa Nacional. El viernes 23 de mayo, realizó el saludo militar ante miles de personas reunidas en la tribuna antiimperialista, entre la embajada estadounidense y el Malecón, para mostrar apoyo a Raúl Castro, quien acaba de ser acusado por un tribunal de Estados Unidos por ordenar el derribo de dos avionetas de una organización anticastrista en 1996, en el que murieron cuatro personas, según las fuentes.

El asedio energético impuesto por Trump desde el 29 de enero de 2026 ha acelerado el colapso del país. La población sufre apagones de días, sin ventiladores en medio del calor y los mosquitos. Padres se turnan para no cenar y que sus hijos tengan desayuno al día siguiente. Las familias deben aprovechar cuando regresa la corriente, aunque sea de madrugada, para lavar y cocinar antes de que vuelva la oscuridad. Muchos cocinan con carbón o leña ante la falta de electricidad, según describe El País.

La incertidumbre sobre el destino de Cuba se intensifica con presiones, sanciones y hostilidades de Estados Unidos cada vez más aceleradas. Nadie sabe si cuajará alguna solución en el diálogo entre ambos países, ni tampoco si se consumará la amenaza de una intervención militar estadounidense. Entre tanto, la indignación brota con fuerza en una ciudadanía que sufre.

Desde que llegó a la presidencia en 2018, Díaz-Canel ha afrontado el deterioro galopante de la economía sin hacer apenas cambios, capeando sucesivas crisis: la pandemia de covid, un accidente de avión, las mayores protestas ciudadanas en décadas en julio de 2021, varios apagones totales en la isla, el corte del petróleo venezolano y el cerco energético de Trump, quien ya había reintroducido las cláusulas más duras del embargo en su primer mandato y ha vuelto en el segundo con la idea de "tomar Cuba", según las fuentes.

El momento actual representa la amenaza más grave para el régimen. Llega no solo con un desastre económico y humanitario, sino también con un descrédito y rechazo tan profundos hacia el Gobierno que muchos cubanos solo esperan su caída, de la forma que sea, incluida la militar. La mayoría de los cubanos en La Habana expresan que quieren y necesitan un cambio ya, según reporta El País.

En la opacidad de la estructura de poder del régimen cubano, es difícil discernir cuánto decide Díaz-Canel, qué margen de maniobra tiene y de qué es responsable, colocado siempre a la sombra de Raúl Castro. Cuando fue designado presidente, Díaz-Canel —nacido en Placetas, provincia de Santa Clara, en el centro de la isla— suscitó expectativas de apertura y reforma, que se veían necesarias después del acercamiento entre Raúl Castro y Barack Obama. Tenía sentido, puesto que es de otra generación, más joven, criada y educada ya en la Revolución, diferente a la de los hermanos Castro y sus compañeros de armas en los años cincuenta, y porque no viene del mundo militar.

La trayectoria de Díaz-Canel dentro del sistema le llevó a tener responsabilidades desde joven en las estructuras locales y luego nacionales del aparato comunista, pasando por todo tipo de cargos, siglas y comités en un recorrido que le llevó décadas de metódico escalar revolucionario. Pero pronto disipó esas esperanzas y eligió como lema político "somos continuidad", según las fuentes.

"Es una frase fatal, a ningún político en ningún país del mundo le va a ir bien con 'soy más de lo mismo'", dice Michael J. Bustamante, profesor de Estudios Cubanos en la Universidad de Miami, según cita El País. "También parece haber querido calmar a la generación histórica, decirles que él no es ningún Mijaíl Gorbachov y que no suponía una ruptura".

Como apunta el analista y exdiplomático cubano Carlos Alzugaray, ese continuismo "fue su suicidio político, porque lo que se le pedía era implementar una serie de reformas ya aprobadas, y no fue capaz de hacerlo, dejándolas en manos de burócratas que no querían aplicarlas", según las fuentes. Una de las más importantes que sí acometió, aplazada por su predecesor Raúl Castro, fue eliminar la dualidad monetaria entre el peso y el peso convertible, y resultó un fracaso con deficiencias técnicas que impactó de lleno en la ya maltrecha economía de las familias.

La duda sobre cuánta influencia retiene Raúl Castro cobra más fuerza cuando Estados Unidos tiene como uno de sus interlocutores en el diálogo entre ambos países al nieto del viejo general, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias El Cangrejo, poco expuesto públicamente y que no desempeña ningún cargo formal. Aunque fue Díaz-Canel quien anunció que existía esa negociación y que él participaba en ella, no está claro cuál es su papel si es que tiene alguno, según reporta El País.

El hecho de que Washington haya posado su mirada en Raúl Castro con la incriminación judicial muestra la importancia que le conceden a su figura, incluso aunque fuera solamente simbólica. "Díaz-Canel no es un títere, tiene grandes poderes, pero Raúl Castro tiene capacidad de veto en las políticas estratégicas", explica el politólogo cubano Arturo López-Levy, para quien el gran error de Díaz-Canel es "permanecer a la sombra de Raúl, porque ha limitado su proyección como hombre de cambio", según las fuentes.

Díaz-Canel ha ahondado su cercanía a Castro. El jueves, el día de la acusación formal contra el nonagenario, dijo que lo siente "como un padre": "Para mí Raúl ha sido ante todo un maestro, un jefe que compromete y cuyos pasos uno trata de seguir cada día", según reporta El País. El cierre de filas con el expresidente se escenificó ante miles de personas el viernes, cuando la incriminación abre la vía para justificar una intervención al estilo de la que hizo Estados Unidos al llevarse a Nicolás Maduro de su cama y trasladarlo a una cárcel de Nueva York.

"Han salido todos a defenderlo como si quisieran decirle: 'yo no soy la Delcy Rodríguez de Cuba', y eso es porque mientras viva sigue teniendo influencia", interpreta Bustamante, según las fuentes.

Díaz-Canel es un presidente que "no ha podido presentarse al país como alguien capaz de impulsar una agenda política o económica propia, aunque para ser justos, su mandato no ha sido un camino de rosas: desastres naturales, pandemia, pérdidas del petróleo venezolano incluso antes de enero", dice Bustamante, según cita El País. Menos ahora, cuando su Gobierno tiene ante sí el descomunal desafío de una Casa Blanca impredecible y más agresiva que nunca, tras décadas de embargo y antagonismo, y de una ciudadanía exhausta y desconectada del régimen, al que muchos ven como un grupo de privilegiados que se enriquece a costa del país mientras la gente sufre.

El liderazgo borroso de Díaz-Canel coincide con el agotamiento de la idea de la Revolución como modelo económico y social, que está en crisis desde hace décadas. El sistema ha tardado 60 años en transmitir el poder a una generación distinta de la de los Castro, apunta López-Levy, según las fuentes. Ahora que el deseo de cambio y de transformación política son enormes, "el disenso se ha multiplicado, pero el sistema aplica la misma lógica de hace 40 años, como si siguiera teniendo a esas mayorías de las primeras décadas, aquel capital político", explica Fabio Fernández Batista, profesor de Historia de Cuba de la Universidad de La Habana, según reporta El País.

El discurso de Díaz-Canel sobre "resistencia creativa" contrasta brutalmente con la realidad que viven los cubanos. Se lo dice a quienes llevan años en una crisis económica estructural, con reformas postergadas o incompletas, que ven cómo hay tiendas en las que solo se puede pagar en dólares a los que ellos tienen difícil acceso, según las fuentes.

El jueves, Díaz-Canel dijo en X: "La nueva agresión nos ha unido más y elevado el honor, la dignidad y el sentimiento antimperialista", según reporta El País. Este discurso llega cuando en la calle muchos en la isla abrazan la idea de una intervención de Trump como única forma de avanzar hacia una transición política, incluso aunque eso ponga en jaque la soberanía, que Díaz-Canel menciona con frecuencia.

"Yo no como soberanía", dice uno de los pocos taxistas que aún pueden trabajar en La Habana, con la gasolina racionada o comprada en el mercado negro a 10 dólares el litro, según cita El País. "¿Para qué la quiero? Soberanía es atender al pueblo. ¿Qué soberanía tenemos en un país donde te meten preso por pensar diferente?", insiste con enfado.

La onda expansiva de las protestas del 11 de julio de 2021, las mayores desde los años noventa, llega hasta hoy y ha marcado el mandato de Díaz-Canel. Él fue la cara visible de la represión, iniciada después de que el presidente pronunciara esta frase: "La orden de combate está dada, a la calle los revolucionarios". En los días y semanas posteriores hubo más de un millar de presos políticos, según las fuentes.

"Está claro que ese llamado le tocó hacerlo a él, pero la decisión no fue suya, sino del grupo de poder de Raúl Castro, los militares", dice la intelectual cubana Alina Bárbara López, quien el 18 de cada mes se manifiesta por la amnistía de los presos políticos, según reporta El País. "Sin embargo, eso marcó un antes y un después, porque la imagen que quedó perjudicada fue la suya, su desgaste como figura política, que ya era grande, fue mucho mayor". Esos "revolucionarios" eran "la policía y los órganos de seguridad del Estado" que "salieron con palos y bates y golpearon", según las fuentes.

Estados Unidos no ha concretado qué quiere conseguir con esta intensa política punitiva hacia Cuba. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ofreció esta semana a los cubanos una "nueva relación" y dijo que "lo único que se interpone en el camino hacia un mejor futuro son quienes controlan el país", dando a entender que busca no solo un cambio económico radical, sino la caída del régimen, según reporta El País.

"¿Van a arrestar a un hombre de 94 años? Ya todos conocen el guion, Raúl Castro debe estar viviendo en un búnker. Por otro lado, la economía cubana necesita reformas, dinero y tiempo, pero no está claro qué quieren los estadounidenses, todos los escenarios son muy complicados para la Casa Blanca", comenta Bustamante, según las fuentes.

En el caso del Gobierno cubano, surge la duda de si hay un plan más allá de la resistencia, que cada vez es más difícil de mantener frente a la obcecada agresividad de Trump. Apenas ha hecho concesiones desde que se anunció que había un diálogo en marcha, pero el tiempo que han podido ir ganando debido a que Washington se embarcó en la guerra de Irán juega en su contra, según reporta El País.

En la lógica del régimen, "hay unas tenazas históricas que dificultan el pacto con Estados Unidos sin que se vea como una rendición, hay algunos en el sistema dispuestos a la inmolación, y en ese sentido se parecen más a la dirigencia iraní que a la venezolana, viven bajo el paradigma de la Revolución", según las fuentes.

Como gobernante, Díaz-Canel apenas ha sido capaz de mostrar un perfil propio, como si se encargara de administrar con retórica lo que queda de la Revolución, en un discurso en el que se va quedando solo. El plan parece aguantar lo que venga. "Su acierto ha sido procurar encontrar una salida a la crisis cubana socavando las medidas coercitivas de Estados Unidos y simplemente sobrevivir", afirma el politólogo López-Levy, quien advierte de que "todo el que ha subestimado la capacidad de supervivencia del régimen se ha equivocado", según reporta El País.

El viernes, Díaz-Canel publicó un vídeo en X con música épica e imágenes de fondo del acto de la tribuna antiimperialista, en el que dice: "Hemos venido a defender a Raúl porque Raúl es la patria, Raúl es Cuba", según las fuentes. En esa lógica, queda claro qué quiere salvar Díaz-Canel. La pregunta es dónde quedan los cubanos.

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