

La risa espontánea y la voluntaria se originan en circuitos cerebrales diferentes, según una revisión científica publicada en Trends in Neuroscience por investigadores del Instituto de Neurociencias de Parma, Italia, y el University College de Londres. El estudio, basado en una treintena de artículos de este siglo, identifica la red cíngulo-temporal como responsable de las carcajadas involuntarias y el sistema motor-opercular lateral como origen de la risa controlada, vinculada al habla.
Fausto Caruana, neurocientífico cognitivo del Instituto de Neurociencias en Parma, Italia, y Sophie K. Scott, del University College de Londres, acaban de publicar un estudio que diferencia las bases cerebrales de la risa espontánea y la voluntaria, según informó la prestigiosa editorial Cell Press. La investigación, publicada en Trends in Neuroscience, revisa una treintena de artículos científicos de este siglo y vincula ambos tipos de risa a dos redes cerebrales distintas que gobiernan esta expresión de felicidad y disfrute.
"La risa espontánea se origina en esos juegos y funciona como señal de que, aunque algún golpe llegue a doler, la intención sigue siendo amistosa", explicó Caruana. Esta diferenciación ya existía desde la perspectiva clínica y comportamental, pero ahora la revisión la conecta con circuitos neuronales específicos.
Metodología basada en cirugías de epilepsia
Los estudios que recoge esta revisión se realizaron en la fase previa a la cirugía de pacientes con epilepsia resistente a los fármacos, según la fuente. Una vez abierto el cráneo, previa sedación profunda, se despierta a los pacientes para observar sus reacciones motoras, cognitivas y emocionales ante la estimulación eléctrica de distintas regiones del cerebro.
Este procedimiento, controlado para evitar cualquier daño, ha permitido mapear la risa que estalla como un acto reflejo, alejada de las áreas vinculadas al lenguaje, pero relacionada con movimientos faciales y emociones heredados del linaje animal. Los investigadores lograron diferenciarla de aquella que se elige emitir como parte del discurso y que sí proviene de las áreas donde se elabora la expresión verbal.
Caruana y Scott añadieron a estos estudios de intervenciones quirúrgicas investigaciones en modelos animales y una perspectiva evolutiva y neuro-comportamental. Los científicos lograron dibujar así "una hoja de ruta integral para comprender la arquitectura neuronal de la comunicación no verbal humana", según reza su artículo.
Dos circuitos cerebrales diferenciados
La geografía cerebral de la risa involucra dos grandes áreas asociadas a distintos momentos de la evolución humana. La red cíngulo-temporal, más antigua, está detrás de la risa espontánea, mientras que el sistema motor-opercular lateral, más reciente, aprovecha las redes del habla para elaborar la risa voluntaria, según el estudio.
La risa espontánea, mediada por la red cíngulo-temporal, es una vocalización primaria con origen en los juegos de peleas entre animales que buscan evitar agresiones reales, y que en humanos genera vínculos sociales. Los estudios comparativos con simios y otros carnívoros demuestran que estos animales juegan a pelearse y alivian la tensión con expresiones faciales familiares, según la investigación.
Además, esta risa tiene efecto analgésico, modulando el umbral del dolor. "Durante la risa espontánea, se modulan los sistemas de la serotonina y las endorfinas responsables del placer que sentimos en presencia de la persona con la que nos estamos riendo. La serotonina fortalece el vínculo social, pero además altera el umbral del dolor, y ahí es donde probablemente se origina el efecto analgésico de la risa", explicó Caruana.
Por su parte, la risa controlada por el sistema motor-opercular lateral es estratégica y dependiente del contexto, pues se trata de un sistema voluntario, refinado y vinculado con el control motor del habla. Tiene detrás una intencionalidad e incluso se coordina con las personas con las que se está hablando, según el estudio.
Diferencias identificables
En el estudio, los investigadores señalan que ambos tipos de risa presentan distintas colocaciones de lengua y laringe y que los humanos son capaces de diferenciarlas. La espontánea se identifica como más auténtica y contagiosa, mientras que la voluntaria puede asociarse a quien la emite, porque posee señales identitarias gracias a que se puede controlar, como el habla, según la fuente.
El estudio también detecta una región que conecta ambos circuitos: el área motora suplementaria anterior, conocida como pre-SMA. Esta área añade una capa más de complejidad a la mente humana al conectar el "cerebro ancestral" con el más "moderno", según los investigadores.
Caruana mencionó el yoga de la risa como ejemplo de cómo el cerebro podría transitar de un tipo de risa a otro, básicamente convirtiendo una carcajada voluntaria inicial en otra espontánea. "Como ya he mencionado, la activación del circuito de la risa espontánea dispara cascadas de endorfinas, serotonina y dopamina. Un caso interesante aquí es el del yoga de la risa, donde una risa voluntaria colectiva puede derivar en una genuina risa espontánea con potenciales efectos beneficiosos", explicó el neurocientífico.
Esto tiene dos posibles explicaciones, según Caruana: o bien al escuchar la risa colectiva se activan neuronas espejo que reclutan el circuito responsable de la risa espontánea, o bien el área motora suplementaria, que conecta ambos sistemas, es la interfaz neuronal entre ambos tipos de risa.
Una ventana a múltiples fenómenos
Los autores se aventuran a comparar la risa con la Piedra Rosetta, porque "proporciona una ventana única a una extraordinaria variedad de fenómenos", afirmó Caruana. "A través de su estudio, podemos investigar las relaciones sociales, la analgesia endógena, la interfaz entre vocalizaciones y lenguaje, los circuitos neuronales detrás de las emociones y trastornos neurológicos como la epilepsia gelástica, la incontinencia afectiva o la cataplexia, por nombrar algunos ejemplos", añadió.
Los investigadores creen que estudiando la risa podrían llegar a comprender mejor otras vocalizaciones emocionales, quizás con efectos analgésicos similares, pero que no se manifiestan tan fácilmente en pruebas de estimulación cerebral. "Quizás cuando lloramos o gritamos de dolor no solo estamos comunicándolo al resto, sino modulando también ese dolor", conjeturó Caruana.
Ejemplos culturales y aplicaciones digitales
Hablar de risa espontánea puede llevar a recordar algunos ejemplos de la cultura popular. Los autores atribuyen al Joker, el supervillano de los cómics de Batman llevado al cine por Joaquin Phoenix en 2019, ese síndrome de incontinencia afectiva mencionado por Caruana. Este personaje explotaba en risas, fuera de lugar e incomprendidas, por un posible daño cerebral en la red cíngulo-temporal, según los investigadores. Esta risa no era muy contagiosa, como sí lo era, sin embargo, la que hacía flotar en el aire al Tío Albert en Mary Poppins, la película de 1964.
Caruana aludió a elementos de la cultura popular cuando se le preguntó por cómo se puede trasladar todo esto a las relaciones cada vez más digitales. "Los emojis ayudan hoy en día a resolver posibles ambigüedades en nuestro comportamiento digital: si le digo a un amigo 'cállate' o 'eres un idiota', puede dudar si voy en serio o en broma. Un emoji que equivalga a la risa es una versión moderna del lenguaje que nuestros ancestros ya hablaban, la función que cumplen en este ejemplo es la misma", dijo el neurocientífico.
La investigación abre nuevas vías para comprender no solo la risa, sino también otros aspectos de la comunicación no verbal humana y su evolución desde los ancestros animales hasta las formas más sofisticadas de interacción social contemporánea.