

La creciente escasez de nieve natural debido al calentamiento global está obligando a los organizadores de los Juegos Olímpicos de Invierno a depender cada vez más de la nieve artificial, con importantes consecuencias ambientales y deportivas. Para los Juegos de 2026 en Milán y Cortina d'Ampezzo, Italia, ya se han producido más de 56 millones de pies cúbicos de nieve artificial, a pesar de que la región se encuentra en los Alpes italianos.
El cambio climático está transformando radicalmente las condiciones necesarias para celebrar los Juegos Olímpicos de Invierno, poniendo en riesgo el futuro de esta competición internacional. Según un estudio reciente, de los 93 posibles lugares que podrían albergar los Juegos Olímpicos de Invierno, solo 52 tendrán condiciones climáticas fiables para 2050, según informa Climate Central.
Cortina d'Ampezzo, una de las sedes de los próximos Juegos de 2026, experimenta actualmente 41 días de congelación menos al año que cuando albergó los Juegos por primera vez en 1956, según un análisis de Climate Central. Las temperaturas promedio en esta localidad italiana han aumentado 6,4 grados Fahrenheit (aproximadamente 3,5 grados Celsius) desde entonces, según datos de ABC News.
"La posibilidad de tener Juegos Olímpicos de Invierno literalmente se está derritiendo", afirmó Kaitlyn Trudeau, investigadora senior de ciencias climáticas en Climate Central, durante una rueda de prensa organizada por esta organización junto con Covering Climate Now.
La dependencia de la nieve artificial se ha convertido en una necesidad para garantizar la celebración de los eventos. Para los Juegos de 2026, los organizadores ya han producido más de 56 millones de pies cúbicos de nieve artificial, según Time. Se estima que los Juegos necesitarán 84,8 millones de pies cúbicos de agua —equivalente a 380 piscinas olímpicas— solo para la fabricación de nieve, de acuerdo con datos de NPR citados por Time.
Esta práctica no es nueva. Aproximadamente el 60% de las estaciones de esquí del mundo dependen actualmente de máquinas de fabricación de nieve junto con las nevadas naturales, y los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing 2022 utilizaron casi un 100% de nieve artificial, según Time.
Sin embargo, la producción de nieve artificial conlleva importantes costos ambientales. Un estudio de 2023 encontró que, en Canadá, producir 1.400 millones de pies cúbicos de nieve durante un invierno promedio requiere aproximadamente 478.000 megavatios-hora (MWh) de electricidad al año, lo que resulta en 130.095 toneladas métricas de emisiones de carbono asociadas —equivalente al consumo anual de energía de casi 17.000 hogares canadienses— y un estimado de 1.500 millones de pies cúbicos de agua, aproximadamente 17.320 piscinas olímpicas, según datos citados por Time.
"Si estás usando electricidad de una red que tiene muchos combustibles fósiles, estás contribuyendo al cambio climático, que es precisamente la razón por la que tienes que usar la fabricación de nieve en primer lugar, por lo que la fuente de electricidad realmente importa", explicó Daniel Scott, profesor de geografía y gestión ambiental en la Universidad de Waterloo, según Time.
La nieve artificial también presenta desafíos para los atletas. Marcene Mitchell, vicepresidenta senior para el cambio climático del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), señaló a ABC News que la nieve artificial es "más helada" y una superficie "más arriesgada" para que los atletas compitan.
Las temperaturas más cálidas también pueden alterar la consistencia de la nieve, convirtiéndola en aguanieve, lo que puede causar retrasos mientras los equipos trabajan para alisar las pistas, según explicó Carlos Martinez, científico climático senior de la Unión de Científicos Preocupados, a ABC News.
Los pronósticos predicen que la ubicación de los Juegos de 2026 tendrá una probabilidad del 50-60% de temperaturas superiores al promedio en febrero, y una probabilidad del 60-70% en marzo, según The Invading Sea. A pesar de la altitud de los Alpes italianos, los Juegos requerirán más de 3 millones de yardas cúbicas de nieve artificial.
El impacto del cambio climático en los deportes de invierno va más allá de los Juegos Olímpicos. Las estaciones de esquí en Estados Unidos han sufrido pérdidas de $5 mil millones debido a temporadas de esquí más cortas en las últimas décadas, según Ben Tracy, corresponsal senior de clima para Climate Central, citado por The Invading Sea.
Los Alpes franceses, sede de los juegos de 2030, han perdido aproximadamente un tercio de su nevada durante el último siglo, según investigaciones recientes citadas por ABC News. Utah, que está programado para albergar los Juegos Olímpicos de Invierno de 2034, ha acumulado solo 0,10 pulgadas de nieve esta temporada invernal, en comparación con un promedio de 33,4 pulgadas típicamente acumuladas a principios de febrero, según datos de ABC News.
"Es un territorio totalmente inexplorado en cuanto a la cantidad de nieve a baja y media elevación que Utah ha visto, y ese es un patrón que se ha desarrollado en gran parte del oeste de EE.UU.", dijo Jon Meyer, climatólogo estatal asistente de Utah, a ABC News.
Algunos atletas están tomando medidas para abordar el problema. El esquiador noruego Nikolai Schirmer inició una petición llamada "Ski Fossil Free", que planea presentar al Comité Olímpico Internacional, pidiendo al grupo que corte lazos con patrocinadores de combustibles fósiles, según The Invading Sea.
Noah Molotch, profesor de hidrología de nieve en la Universidad de Colorado, Boulder, advierte que la nieve artificial no es una solución definitiva: "La nieve artificial no es la bala de plata para abordar los problemas relacionados con el cambio climático en la industria del esquí", según declaró a Time.
La crisis climática está transformando fundamentalmente los deportes de invierno y podría redefinir completamente el futuro de los Juegos Olímpicos de Invierno. Como señaló Mitchell a ABC News: "No se pueden celebrar los Juegos Olímpicos de Invierno sin invierno, y esto es exactamente lo que está sucediendo con el cambio climático en todo el mundo".