

La región caribeña ha implementado legislaciones más estrictas contra la contaminación por plásticos, mientras que Centroamérica y México muestran un avance más lento, según revela un estudio de la Alianza Global de Alternativas a la Incineración (GAIA) y Break Free From Plastics (BFFP). El consumo de plástico en América Latina ha aumentado de 7 a 35 kilogramos anuales por habitante desde los años 80, y podría alcanzar entre 60 y 80 kilogramos en dos décadas si no cambian las tendencias actuales.
La contaminación por plásticos se ha convertido en uno de los mayores desafíos ambientales para América Latina y el Caribe, donde el consumo promedio anual por habitante ha pasado de 7 kilogramos en los años 80 a 35 kilogramos actualmente, según datos de la Alianza Global de Alternativas a la Incineración (GAIA) y Break Free From Plastics (BFFP). Aunque esta cifra se mantiene por debajo del promedio global de 50 kilogramos, las proyecciones indican que podría aumentar a entre 60 y 80 kilogramos en las próximas dos décadas si no se modifican las tendencias actuales.
En este contexto, el Caribe ha tomado la delantera en la implementación de legislaciones contra el plástico. Un estudio realizado por estas organizaciones revela que, de 34 países analizados en la región latinoamericana, 24 cuentan con alguna legislación nacional específica para regular el plástico, mientras que tres tienen normas departamentales o estatales, y siete (el 20%) carecen por completo de regulaciones. La distribución geográfica de estas normativas es desigual: mientras que en el Caribe todos los países han aprobado alguna norma nacional, en Centroamérica y México solo lo han hecho el 38%, y en Sudamérica, un 50%.
"El panorama aún es algo tímido", señala Felipe Rodríguez Torres, investigador de la Universidad de Sao Paulo, asesor de BFFP y autor del informe. "Pero hay países con avances significativos" que van más allá de prohibir las bolsas de plásticos en los mercados, como Chile, Costa Rica y Colombia, que han implementado políticas de responsabilidad extendida del productor, obligando a fabricantes e importadores a gestionar sus productos durante todo su ciclo de vida.
La geografía insular del Caribe, con su proximidad al mar y la evidente acumulación de plásticos, ha impulsado acciones más tempranas en esta subregión. Como recuerda Alberto Quesada, experto internacional en contaminación marina y gestión de residuos plásticos, en 2007 el Caribe se convirtió en una de las primeras regiones en crear un plan regional sobre basura marina. En 2012, Haití fue pionero en el subcontinente al prohibir ciertos productos plásticos de un solo uso, aunque la implementación de esta legislación ha enfrentado desafíos significativos. Antigua y Barbuda ha establecido normas aún más estrictas, prohibiendo desde 2018 los recipientes de poliestireno expandido y los plásticos de un solo uso.
En América Latina y el Caribe, los productos que más se han prohibido son las bolsas plásticas (88%), las pajillas o popotes (63%), el poliestireno expandido (51%) y los contenedores de alimentos (43%).
Mientras tanto, a nivel internacional, las negociaciones para un tratado global contra la contaminación por plástico atraviesan un momento crucial. Tras la suspensión de las negociaciones en agosto de 2025 y la renuncia del ecuatoriano Luis Vayas-Valdivieso, quien las presidía, el cargo ha recaído en el chileno Julio Cordano, director de la División de Medio Ambiente de la Cancillería de Chile, quien fue elegido el 7 de febrero de 2026 en Ginebra, Suiza. "Tenemos el reto de lograr consensos que sean realistas, pero ambiciosos, algo crucial para el éxito del acuerdo", declaró Cordano tras su nombramiento.
"La lucha contra los plásticos ha sido una con un sello latinoamericano desde el origen", afirma Quesada, quien ha participado como observador de las negociaciones desde su inicio. "Perú, de la mano de Ruanda, fue la que presentó la resolución para el tratado".
En paralelo, la Unión Europea ha intensificado sus esfuerzos para combatir la contaminación por plásticos. En diciembre de 2025, la Comisión Europea lanzó una consulta pública para evaluar el desempeño de la Directiva (UE) 2019/904, que restringe el uso de productos plásticos de un solo uso. Esta evaluación, que se espera concluya en julio de 2027, examinará la eficacia, eficiencia, pertinencia y coherencia de la directiva.
Adicionalmente, en noviembre de 2025, los Estados miembros de la UE acordaron nuevos límites cuantitativos para los residuos en el fondo marino bajo la Directiva Marco sobre la Estrategia Marina, estableciendo umbrales comunes para evitar una mayor acumulación de basura en aguas de hasta 200 metros de profundidad. En diciembre del mismo año entró en vigor el Reglamento (UE) 2025/2365, que busca prevenir las pérdidas de granza de plástico para reducir la contaminación por microplásticos.
A pesar de estos avances regulatorios, persisten importantes desafíos. Según Rodríguez, para que la región latinoamericana logre superar la crisis del plástico es necesario romper tres obstáculos principales: la falta de implementación efectiva de las normas existentes, la escasa disponibilidad de alternativas al plástico, y la resistencia de productores y empresas a asumir su responsabilidad. "Se siguen sumando al mito del reciclaje y no a cambiar lo que producen", señala. "Y se puede reciclar eternamente, pero porque se consume eternamente".
Los datos respaldan esta preocupación: según un estudio publicado en Science, para 2015 se habían generado aproximadamente 6.300 toneladas métricas de residuos plásticos a nivel mundial, pero solo alrededor del 9% se había reciclado, el 12% se incineró y el 79% se acumuló en vertederos y ecosistemas.
En América Latina, la producción primaria de resinas plásticas se concentra casi en su totalidad en cinco países asociados a la industria petrolera: Brasil, México, Argentina, Colombia y Venezuela. La falta de transparencia en la cadena de suministro dificulta la trazabilidad de los productos plásticos, lo que complica aún más los esfuerzos para regular eficazmente su producción y consumo.
La magnitud del problema es evidente: según la Organización de las Naciones Unidas, la producción mundial de plástico alcanzó los 436 millones de toneladas métricas en 2023. Los microplásticos ya se han identificado en el hígado, el intestino y el cerebro humano, así como en la fosa de las Marianas, a 6.800 metros de profundidad en el océano Pacífico, demostrando el alcance global de esta contaminación.
El reciente decreto federal de Brasil representa un paso significativo, al exigir un contenido mínimo de material reciclado en envases de plástico del 22% a partir de 2026, con aumentos graduales hasta 2040. Sin embargo, para lograr un impacto real, será necesario que más países de la región adopten medidas similares y, sobre todo, que garanticen su efectiva implementación.