El déficit comercial de la UE con China aumentó un 15% en 2025 pese a la guerra arancelaria global
La Unión Europea registró un déficit comercial con China de 359.272 millones de euros durante 2025, un 15% más que el año anterior, según datos publicados por Eurostat. Este incremento se produce en un año marcado por la guerra arancelaria iniciada por el presidente estadounidense Donald Trump, aunque la UE mantuvo un superávit comercial global de 133.486 millones de euros gracias a su saldo positivo con otras regiones.
La pérdida de competitividad europea se refleja claramente en su relación comercial con China desde la superación de la pandemia. El abultado déficit comercial de la UE con el gigante asiático alcanzó los 359.272 millones de euros en 2025, representando un aumento del 15% respecto al año anterior, según datos publicados por Eurostat.
A pesar de este desequilibrio con China, la Unión Europea logró compensar estas cifras gracias al saldo positivo en sus intercambios con otras regiones del mundo, particularmente con Estados Unidos. Esto permitió que las exportaciones globales de la UE superaran a las importaciones por un valor de 133.486 millones de euros durante 2025, aunque esta cifra es inferior a los 140.000 millones registrados en 2024, evidenciando una tendencia a la baja.
En el caso específico del comercio con Estados Unidos, el saldo favorable para la UE alcanzó los 199.930 millones de euros, estableciendo un nuevo récord desde que comenzaron los registros en 2002, según la metodología europea. Sin embargo, los datos estadounidenses, que presentan diferencias metodológicas, muestran un valor algo inferior para este superávit en comparación con 2024.
El año 2025 quedará marcado en la historia comercial por la guerra arancelaria iniciada por el presidente estadounidense Donald Trump contra numerosos socios comerciales. Sorprendentemente, estas medidas proteccionistas no han frenado el flujo comercial entre Europa y Estados Unidos, que incluso ha aumentado en ambas direcciones.
La escalada arancelaria fue especialmente intensa entre China y Estados Unidos, alcanzando niveles que prácticamente prohibían los intercambios bilaterales. Esta situación obligó a China, una economía orientada a la exportación, a buscar mercados alternativos para sus productos, encontrando en Europa un destino ideal con consumidores de alto poder adquisitivo.
Los datos de Eurostat confirman que el flujo de productos desde China hacia la UE se ha intensificado significativamente. Las importaciones europeas desde el país asiático alcanzaron los 560.000 millones de euros en 2025, una cifra solo superada por los 630.000 millones registrados en 2022. En la última década, estas importaciones se han duplicado, mostrando una tendencia constante al alza.
Esta situación ha provocado una reacción en las instituciones europeas y en los gobiernos de los Estados miembros. Hace aproximadamente dos años, la UE inició una investigación sobre los coches eléctricos chinos que concluyó con el hallazgo de que las ayudas públicas de Pekín a sus fabricantes distorsionaban el mercado. Actualmente, según adelantó el diario El País, se está ultimando una normativa para restringir las inversiones chinas en sectores estratégicos industriales de la UE, exigiendo transferencia de tecnología y conocimientos. Además, se buscan mecanismos para incluir componentes fabricados en Europa o por socios comerciales que no actúen de forma desleal en determinadas cadenas de valor.
La pérdida de competitividad europea no tiene el mismo impacto frente al resto del mundo que frente a China (y Estados Unidos en servicios de alta tecnología). Esto se refleja en el saldo positivo agregado y en el desglose por sectores. Europa presenta un déficit importante en la importación de combustibles energéticos (petróleo, gas, uranio, plutonio) y materias primas críticas, pero mantiene superávit en productos químicos, vehículos y sus componentes, maquinaria y productos agroalimentarios.
Los datos de 2024 y 2025 son especialmente significativos por ser los últimos dos ejercicios de la serie estadística no afectados por circunstancias extraordinarias como la pandemia (2020-2021) o la guerra en Ucrania con el consiguiente encarecimiento de las materias primas (2022-2023). En estos dos años se observa claramente el retroceso competitivo europeo y el diferente comportamiento de China y Alemania: mientras el gigante asiático ha confirmado su fortaleza comercial tecnológica, la principal economía de la UE, tradicionalmente orientada a la exportación, enfrenta una crisis estructural.


