El riesgo de una nueva pandemia es mayor que antes de la covid-19, advierte epidemiólogo de coalición internacional
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El riesgo de una nueva pandemia es mayor que antes de la covid-19, advierte epidemiólogo de coalición internacional

Richard Hatchett, director ejecutivo de la Coalición para las Innovaciones en Preparación ante Epidemias (CEPI), advirtió que el mundo enfrenta hoy un riesgo mayor de pandemia que en 2019, debido a múltiples factores que incluyen el aumento de laboratorios de alta contención, el potencial mal uso de la inteligencia artificial para diseñar amenazas biológicas y los recortes presupuestarios en salud global. El epidemiólogo estadounidense presentó en Madrid la nueva estrategia de esta alianza internacional, que busca desarrollar vacunas en 100 días tras detectarse un nuevo patógeno.

SALUD1 ABR 2026

El mundo no está mejor preparado para enfrentar una pandemia que antes de la covid-19. Al contrario, el riesgo es mayor, según advirtió Richard Hatchett, director ejecutivo de la Coalición para las Innovaciones en Preparación ante Epidemias (CEPI), durante su reciente visita a Madrid para presentar la nueva estrategia de esta alianza internacional creada en 2017.

Hatchett, epidemiólogo estadounidense, afirmó que el riesgo de una nueva pandemia es hoy mayor que en 2019 por múltiples razones, según declaró en entrevista. El experto señaló que la controversia sobre el origen del SARS-CoV-2, que incluye la posibilidad de un virus surgido naturalmente, un accidente de laboratorio o una fuga, no se ha resuelto y probablemente nunca se resuelva, pero todos esos escenarios son plausibles.

"Debemos estar preparados tanto para enfermedades que surgen de forma natural como para la posibilidad de accidentes o fugas a medida que aumenta el número de laboratorios de alta contención en el mundo", dijo Hatchett. El epidemiólogo añadió que la inteligencia artificial y las herramientas de biodiseño potencialmente pueden ser mal utilizadas para diseñar nuevas amenazas contra la salud, aunque reconoció que esto podría no ocurrir hoy, pero sí en el futuro cuando estas tecnologías sean más potentes.

La CEPI impulsa la llamada misión de los 100 días, que busca reducir a poco más de tres meses el desarrollo de vacunas frente a un nuevo patógeno. Hatchett presentó esta estrategia desde España, uno de los países que financian la coalición y de los pocos gobiernos que mantienen su compromiso con la salud global en un contexto de recortes presupuestarios.

El director ejecutivo de la CEPI expresó preocupación por los recortes en salud global que están realizando Estados Unidos y otras potencias europeas. "Los recortes en preparación ante emergencias sanitarias y la infradotación de recursos progresiva y sistémica en salud pública, y, sobre todo, en vigilancia de enfermedades infecciosas en todo el mundo, están erosionando nuestra capacidad de preparación ante una posible pandemia", afirmó.

Hatchett defendió que invertir ahora en preparación no es una opción, sino una necesidad estratégica. Según el epidemiólogo, no hacerlo equivale a "acumular una deuda" que se pagará con más muertes, mayor impacto económico y crisis más largas cuando llegue la próxima pandemia, que considera "inevitable".

"Reducir la financiación ahora porque hay otros problemas supondrá que la catástrofe, cuando llegue, será peor. Todo lo que no se invierte ahora genera una deuda que habrá que pagar, con intereses, cuando llegue la próxima crisis", explicó. El experto añadió que la falta de preparación significará que morirán más personas, los costes económicos serán mayores, el impacto social será mayor y probablemente la epidemia o pandemia durará más.

Respecto al acuerdo internacional sobre pandemias, Hatchett lo calificó como muy importante, tanto por su contenido como por su valor simbólico, ya que reconoce que las amenazas sanitarias trascienden las fronteras y las tensiones políticas. Sin embargo, señaló que el verdadero trabajo empieza cuando el acuerdo se implemente, tratándose de construir capacidades reales y de reforzar la colaboración entre países.

La misión de los 100 días, aunque ambiciosa, es alcanzable según Hatchett, si se hace mucho trabajo previo que incluye preparar las plataformas de producción de vacunas, acelerar los procesos regulatorios, mejorar los ensayos clínicos, aumentar la capacidad industrial y tener mecanismos de detección y caracterización de amenazas mucho más rápidos. Durante la pandemia de covid-19, se desarrollaron vacunas en 11 meses, se escaló su producción como nunca antes y se distribuyeron globalmente a un ritmo sin precedentes, pero aun así fue demasiado lento, según el epidemiólogo.

Hatchett citó como ejemplo de viabilidad el brote de fiebre del Valle del Rift en Senegal y Mauritania el año pasado. La CEPI trabajaba con la Universidad de Oxford en una vacuna para esta enfermedad, basada en la misma plataforma adenoviral que se usó durante la pandemia. Al tener solo suficientes dosis para un ensayo clínico en Kenia, transfirieron la semilla maestra, el material biológico inicial a partir del cual se fabrican todas las dosis, al Serum Institute de India, el mayor fabricante de vacunas del mundo por volumen de dosis producidas y vendidas globalmente.

En solo 16 días, el instituto indio produjo 500.000 dosis, según Hatchett. Después completaron el proceso de relleno y terminado y realizaron los controles necesarios, que llevaron aproximadamente otro mes, antes de enviar las dosis para los ensayos en Senegal y Mauritania. "Este caso demuestra que, si los fabricantes tienen la tecnología instalada antes de una emergencia, enviarles el diseño de una nueva vacuna permite producir y escalar muchísimo más rápido", explicó.

Parte de la estrategia de la CEPI es fortalecer la autonomía científica y productiva en el Sur Global. Hatchett señaló que África cuenta con instituciones de gran nivel, como centros de excelencia en vigilancia genómica, incluyendo la Universidad de Redeemer en Nigeria o el grupo de Tulio de Oliveira en Sudáfrica, que identificó la variante ómicron del SARS-CoV-2.

En el caso de la fiebre de Lassa, una enfermedad vírica aguda que se transmite por el contacto con orina o heces de roedores, la CEPI financia desde 2017 vacunas, la mayoría desarrolladas en el Norte Global, pero también estudios epidemiológicos que han permitido formar a epidemiólogos locales y preparar ensayos clínicos. La coalición está ayudando a crear centros de ensayos clínicos gestionados por los propios países. Uno de ellos, en Nigeria, ha sido seleccionado por Novartis para un ensayo de fase 3 de una terapia para la anemia falciforme, lo que convierte esa capacidad en algo sostenible y útil más allá de las enfermedades infecciosas, según Hatchett.

El objetivo es que en el futuro las vacunas contra la fiebre de Lassa se produzcan en África Occidental, como parte del impulso continental por lograr soberanía en fabricación, según el director ejecutivo de la CEPI. La coalición quiere replicar este modelo en África Central y Oriental y estudia cómo hacerlo también en el Sudeste Asiático. América Latina, que ya tiene más capacidad instalada, también puede beneficiarse de este enfoque, añadió.

Respecto a la desinformación y los movimientos antivacunas, especialmente en un contexto donde se aspira a desarrollar vacunas en apenas 100 días, Hatchett identificó la pérdida de confianza en la ciencia y en las instituciones como uno de los principales riesgos. La rapidez que exige la misión de los 100 días puede despertar preocupaciones legítimas, ya que la gente puede preguntarse si se están acortando pasos.

"Tenemos que reconocer esas inquietudes, comunicarnos con transparencia, explicar lo que sabemos y lo que no sabemos y cómo evoluciona el conocimiento científico", afirmó el epidemiólogo. Hatchett reconoció que no pueden evitar que exista desinformación intencionada, pero sí pueden mantener un diálogo honesto con quienes tienen dudas y necesitan información fiable.

La advertencia de Hatchett llega en un momento en que la seguridad sanitaria afecta a la seguridad nacional y a la seguridad económica, según el propio epidemiólogo, quien entiende que los gobiernos están en un periodo con muchas crisis simultáneas y que el espacio fiscal para asignar fondos a este tipo de trabajo es cada vez más limitado. Sin embargo, insistió en que las crisis por enfermedades infecciosas son inevitables y que la preparación actual determinará la magnitud del impacto futuro.

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