La administración Trump ha fundamentado su política en alegaciones de genocidio contra la minoría blanca de Sudáfrica, específicamente contra los afrikaners. Sin embargo, el gobierno sudafricano rechaza categóricamente estas acusaciones, y expertos señalan que no existe evidencia estadística de un aumento en crímenes dirigidos específicamente contra agricultores blancos, según informó DW.
Oscar van Heerden, investigador del Centro de Diplomacia y Liderazgo Africano de la Universidad de Johannesburgo, caracteriza esta narrativa como una "comprensión distorsionada" destinada a "socavar la autoridad moral de Sudáfrica en el escenario internacional, equiparando a Sudáfrica con el Estado de Israel". Van Heerden sugiere que la política responde a una lógica política más amplia: cuestionar la credibilidad de Sudáfrica para acusar a Israel de genocidio en Gaza cuando, según la administración estadounidense, Sudáfrica estaría cometiendo genocidio contra su propia población blanca.
El contexto de esta decisión se remonta a finales de 2023, cuando Sudáfrica presentó una demanda ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya contra el gobierno israelí por alegaciones de genocidio contra la población palestina en Gaza. Esta acción convirtió a Sudáfrica en uno de los críticos más severos de Israel desde el inicio de la guerra en Gaza, que fue desencadenada por los ataques terroristas de Hamás del 7 de octubre de 2023. Israel niega las acusaciones de genocidio e invoca su derecho a la autodefensa. Se espera que el caso tarde años en resolverse.
Según van Heerden, Trump sostiene esencialmente que un país que acusa a Israel de genocidio carece de autoridad moral para hacerlo si comete genocidio contra su propia población. "Tiene esta noción retorcida en su cabeza de que convencerá al mundo de que, después de los años de Mandela, nosotros [Sudáfrica] ya no tenemos autoridad moral en el mundo", expresó van Heerden a DW.
A través de una orden de emergencia en 2025, Trump hizo posible que miembros de grupos minoritarios blancos de Sudáfrica ingresaran y se reasentaran en Estados Unidos. La decisión actual del Departamento de Estado estadounidense eleva el límite anual de admisiones de refugiados para el año fiscal 2026 de 7.500 a 17.500 personas. Las 10.000 plazas adicionales están reservadas exclusivamente para sudafricanos blancos. El Departamento de Estado estima que el programa expandido costaría aproximadamente 100 millones de dólares (87 millones de euros).
Gustavo De Carvalho, experto en gobernanza africana y diplomacia del Instituto Sudafricano de Asuntos Internacionales (SAIIA), calificó esta decisión como "una clara indicación de un intento de politizar la protección". De Carvalho también señaló que "la narrativa de que los sudafricanos blancos están siendo perseguidos en Sudáfrica ha resonado fuertemente incluso dentro del movimiento de extrema derecha en Estados Unidos".
Van Heerden enfatizó que Sudáfrica enfrenta un problema de criminalidad causado por la "vasta desigualdad social y pobreza" del país, subrayando que todos los segmentos de la población han sido afectados por este fenómeno.
Las tensiones diplomáticas entre Estados Unidos y Sudáfrica se extienden más allá de la cuestión de los refugiados. Según De Carvalho, la demanda de Sudáfrica contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia y la supuesta proximidad del país a naciones como Rusia e Irán han generado "gran confusión e incertidumbre" en la relación bilateral.
La administración Trump ha adoptado medidas punitivas contra Sudáfrica, incluyendo cortes en la ayuda estadounidense, boicot de la cumbre del G20 en Johannesburgo el año anterior, y exclusión de Sudáfrica de la conferencia del G20 de este año, que se llevará a cabo en uno de los complejos de Trump en Miami en diciembre de 2026.
La posición de Sudáfrica dentro del bloque BRICS también juega un papel crucial en la política exterior de Trump. Van Heerden explicó que "los miembros de BRICS están hablando de desacoplarse del dólar y comerciar en monedas locales en lugar del dólar estadounidense". Además, "han establecido un nuevo banco de desarrollo para competir con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. También se están moviendo hacia el multilateralismo y alejándose de un mundo unipolar dominado por Estados Unidos".
Van Heerden añadió que Estados Unidos no puede enfrentarse directamente con China, Rusia o India, los principales socios de BRICS. Por esa razón, la administración estadounidense está dirigiendo medidas punitivas contra socios más pequeños como Sudáfrica.
Mientras que los sudafricanos blancos son bienvenidos en Estados Unidos, Washington está suspendiendo su programa de reasentamiento para personas que huyen de la guerra y la persecución en países como Afganistán, la República Democrática del Congo y Sudán.
De Carvalho señaló que esta política "viola seriamente varios principios que rodean el concepto de protección de refugiados" cuando los criterios étnicos son el factor decisivo en lugar del riesgo al que están expuestas las personas. "La política de refugiados estadounidense ciertamente no es política de inmigración", aclaró De Carvalho, añadiendo que constituye "un intento de ganar influencia".
Durante el año fiscal 2024, que comenzó bajo la administración del entonces presidente Joe Biden, Estados Unidos admitió a más de 100.000 refugiados, aproximadamente un tercio de los cuales provenían de África, incluyendo muchos refugiados congoleños.
La política de refugiados de Trump presenta un contraste marcado. De los aproximadamente 6.700 refugiados que Estados Unidos admitió entre octubre de 2025 y mayo de 2026, todos excepto tres provenían de Sudáfrica.
Van Heerden fue contundente en su crítica: "No le importa África, ni le importan los refugiados".
El contexto fiscal estadounidense también influye en estas decisiones. Estados Unidos atraviesa un período de consolidación fiscal, y Trump ha implementado recortes en programas de ayuda, organizaciones benéficas y la administración pública. "Tienen que controlar los costos porque América gasta demasiado dinero en otros y no en sus propios ciudadanos; después de todo, MAGA (Make America Great Again) se trata de 'América Primero'", explicó van Heerden.
Sin embargo, De Carvalho advirtió que esta estrategia podría resultar contraproducente para Estados Unidos: "Este humanitarismo selectivo socava significativamente la capacidad de Estados Unidos de presentarse a sí mismo como una autoridad moral global".
La política de refugiados de la administración Trump representa un cambio fundamental en la aproximación estadounidense a la protección internacional, priorizando consideraciones geopolíticas y criterios étnicos sobre principios humanitarios universales. Las implicaciones de esta decisión se extienden más allá de Sudáfrica, señalando una reorientación más amplia de la política exterior estadounidense hacia el aislacionismo y la confrontación con potencias emergentes como las que conforman el bloque BRICS.