Internacional

Estados Unidos anuncia acuerdo para que Arabia Saudí desarrolle programa nuclear civil con capacidad de enriquecimiento de uranio

Estados Unidos anunciará el miércoles un acuerdo histórico con Arabia Saudí que permitirá al reino desarrollar un programa nuclear civil con capacidad para enriquecer uranio en su territorio, según confirmó la administración Trump. El acuerdo, que durará 30 años e implicará a empresas estadounidenses en la construcción de una instalación de enriquecimiento de uranio tras un estudio conjunto entre ambos países, ha generado preocupaciones inmediatas entre expertos en no proliferación nuclear, legisladores de ambos partidos en el Congreso estadounidense y funcionarios israelíes, quienes advierten que podría facilitar el desarrollo de armas nucleares en Oriente Medio.

INTERNACIONAL22 JUL 2026

El acuerdo fue confirmado a The Associated Press por dos personas familiarizadas con la decisión que hablaron bajo condición de anonimato. Según reportes de The Wall Street Journal y CBS News, la administración Trump ya ha aprobado el acuerdo, que será presentado al Congreso para su revisión.

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, intentó frenar las críticas al declarar desde Filipinas que "Estados Unidos no va a alcanzar ningún acuerdo con ningún país del mundo que conlleve el riesgo de proliferación". Sin embargo, expertos nucleares cuestionan esta afirmación.

Alexander Bollfrass, experto nuclear del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos en Londres, calificó el acuerdo como "un nuevo enfoque revolucionario" de la política de no proliferación nuclear, pero con connotaciones negativas. "El aspecto revolucionario de este acuerdo es que Estados Unidos no está pidiendo a Arabia Saudí que cumpla con las salvaguardias más estrictas posibles, salvaguardias supervisadas internacionalmente que son estándar y están disponibles hoy, sino que, en cambio, está dispuesto a transferir, al menos en teoría, tecnología altamente sensible sin el mismo nivel de supervisión que cabría esperar", señaló Bollfrass.

Según una persona al tanto de la decisión, no se espera que el acuerdo incluya el Protocolo Adicional del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que permitiría más monitoreo, inspecciones y verificación de las actividades nucleares saudíes.

El acuerdo permitiría que empresas estadounidenses construyan y operen una instalación de enriquecimiento de uranio en territorio saudí. El uranio enriquecido puede utilizarse como combustible para plantas de energía nuclear, pero también puede convertirse en material para armas nucleares. Si Estados Unidos se opone al enriquecimiento tras el estudio conjunto, Arabia Saudí no podría realizarlo por su cuenta o con otro socio extranjero durante 10 años, según The Wall Street Journal.

Este acuerdo contrasta significativamente con el tratado nuclear que Estados Unidos firmó con los Emiratos Árabes Unidos en 2009. Bajo ese acuerdo, los Emiratos no producen su propio uranio enriquecido y aceptan una serie de restricciones adicionales. Los expertos en no proliferación han presentado el modelo emiratí como el "estándar de oro" para países que desean energía nuclear civil.

El representante demócrata Brad Sherman de California criticó duramente la propuesta, escribiendo en X: "Un presidente que libra una guerra para prevenir la proliferación nuclear en Oriente Medio no debería facilitar la proliferación solo porque las empresas estadounidenses se beneficiarán económicamente". Sherman agregó que el acuerdo debería incluir "las mismas salvaguardias de estándar de oro que nuestro acuerdo con los Emiratos".

El demócrata John Garamendi describió el acuerdo como "terrible, terrible política", enfatizando que "nunca, jamás deberíamos hacer esto". Garamendi advirtió específicamente: "El uranio enriquecido puede convertirse en un arma nuclear. Esta es realmente, realmente una mala, mala política".

El republicano Marlin Stutzman de Indiana mostró una posición más favorable, diciendo a CNN que no tiene "preocupaciones iniciales" con el acuerdo, aunque desearía "escuchar más información de inteligencia". Stutzman describió a Arabia Saudí como "realmente el equilibrio estable en Oriente Medio" y al príncipe heredero Mohammed bin Salman como un "amigo" de Occidente y Estados Unidos.

El acuerdo se produce en un contexto de tensión regional significativa. En febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán, en parte para prevenir que Teherán desarrolle capacidad de armas nucleares. Irán asegura que su programa de enriquecimiento nuclear es exclusivamente pacífico.

El príncipe heredero Mohammed bin Salman, líder de facto de Arabia Saudí, declaró a CBS News en 2018 que su nación no planeaba adquirir un arma nuclear, pero advirtió: "Sin duda, si Irán desarrollara una bomba nuclear, nosotros seguiríamos tan pronto como fuera posible". Esta declaración ha alimentado las preocupaciones de que el enriquecimiento de uranio en territorio saudí podría abrir la puerta a un futuro programa de armas.

Expertos en no proliferación nuclear advierten que cualquier centrifugadora en funcionamiento dentro de Arabia Saudí podría abrir la puerta a un posible programa de armas para el reino. Aunque el enriquecimiento no es una vía automática hacia un arma nuclear —también se deben dominar otros pasos técnicos complejos, incluida la utilización de explosivos sincronizados de alta potencia— sí abre la puerta a la conversión en arma, lo que ha alimentado las preocupaciones de Occidente sobre programas nucleares en la región.

El acuerdo tiene implicaciones económicas significativas para Estados Unidos. El secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, viajó a Arabia Saudí el año pasado poco antes de que Trump visitara el reino y habló con su homólogo saudí sobre la expansión de la industria de energía nuclear comercial del país. El acuerdo podría valer miles de millones de dólares para empresas estadounidenses involucradas en la construcción y operación de la instalación de enriquecimiento, aunque las corporaciones específicas no han sido divulgadas.

Tanto la administración Trump como la anterior administración Biden intentaron alcanzar un acuerdo nuclear con Arabia Saudí para compartir tecnología estadounidense. Sin embargo, este acuerdo de Trump es el primero que incluye la capacidad de enriquecimiento de uranio en territorio saudí.

El acuerdo también refleja dinámicas geopolíticas más amplias en Oriente Medio. Arabia Saudí y Pakistán, que posee armas nucleares, firmaron un pacto de defensa mutua después de que Israel lanzara un ataque contra Qatar dirigido a funcionarios de Hamás. El ministro de Defensa de Pakistán declaró que el programa nuclear de su país "se pondrá a disposición" de Arabia Saudí si fuera necesario, algo visto como una advertencia para Israel, considerado desde hace tiempo el único Estado de Oriente Medio con armas nucleares.

Cabe destacar que el acuerdo no ha sido condicionado a que Arabia Saudí normalice sus relaciones diplomáticas con Israel, según reporta The New York Times. La búsqueda de normalización saudí-israelí ha sido una aspiración de sucesivas administraciones estadounidenses.

El plan será enviado al Congreso para su revisión. Aunque el Partido Republicano de Trump controla ambas cámaras del Congreso, se espera que algunos legisladores de ambos lados del espectro político se opongan al acuerdo. La Casa Blanca y funcionarios saudíes en Riad no han comentado públicamente sobre la decisión más allá de los anuncios oficiales.

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22 jul 2026
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El acuerdo fue confirmado a The Associated Press por dos personas familiarizadas con la decisión que hablaron bajo condición de anonimato. Según reportes de The Wall Street Journal y CBS News, la administración Trump ya ha aprobado el acuerdo, que será presentado al Congreso para su revisión.

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, intentó frenar las críticas al declarar desde Filipinas que "Estados Unidos no va a alcanzar ningún acuerdo con ningún país del mundo que conlleve el riesgo de proliferación". Sin embargo, expertos nucleares cuestionan esta afirmación.

Alexander Bollfrass, experto nuclear del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos en Londres, calificó el acuerdo como "un nuevo enfoque revolucionario" de la política de no proliferación nuclear, pero con connotaciones negativas. "El aspecto revolucionario de este acuerdo es que Estados Unidos no está pidiendo a Arabia Saudí que cumpla con las salvaguardias más estrictas posibles, salvaguardias supervisadas internacionalmente que son estándar y están disponibles hoy, sino que, en cambio, está dispuesto a transferir, al menos en teoría, tecnología altamente sensible sin el mismo nivel de supervisión que cabría esperar", señaló Bollfrass.

Según una persona al tanto de la decisión, no se espera que el acuerdo incluya el Protocolo Adicional del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que permitiría más monitoreo, inspecciones y verificación de las actividades nucleares saudíes.

El acuerdo permitiría que empresas estadounidenses construyan y operen una instalación de enriquecimiento de uranio en territorio saudí. El uranio enriquecido puede utilizarse como combustible para plantas de energía nuclear, pero también puede convertirse en material para armas nucleares. Si Estados Unidos se opone al enriquecimiento tras el estudio conjunto, Arabia Saudí no podría realizarlo por su cuenta o con otro socio extranjero durante 10 años, según The Wall Street Journal.

Este acuerdo contrasta significativamente con el tratado nuclear que Estados Unidos firmó con los Emiratos Árabes Unidos en 2009. Bajo ese acuerdo, los Emiratos no producen su propio uranio enriquecido y aceptan una serie de restricciones adicionales. Los expertos en no proliferación han presentado el modelo emiratí como el "estándar de oro" para países que desean energía nuclear civil.

El representante demócrata Brad Sherman de California criticó duramente la propuesta, escribiendo en X: "Un presidente que libra una guerra para prevenir la proliferación nuclear en Oriente Medio no debería facilitar la proliferación solo porque las empresas estadounidenses se beneficiarán económicamente". Sherman agregó que el acuerdo debería incluir "las mismas salvaguardias de estándar de oro que nuestro acuerdo con los Emiratos".

El demócrata John Garamendi describió el acuerdo como "terrible, terrible política", enfatizando que "nunca, jamás deberíamos hacer esto". Garamendi advirtió específicamente: "El uranio enriquecido puede convertirse en un arma nuclear. Esta es realmente, realmente una mala, mala política".

El republicano Marlin Stutzman de Indiana mostró una posición más favorable, diciendo a CNN que no tiene "preocupaciones iniciales" con el acuerdo, aunque desearía "escuchar más información de inteligencia". Stutzman describió a Arabia Saudí como "realmente el equilibrio estable en Oriente Medio" y al príncipe heredero Mohammed bin Salman como un "amigo" de Occidente y Estados Unidos.

El acuerdo se produce en un contexto de tensión regional significativa. En febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán, en parte para prevenir que Teherán desarrolle capacidad de armas nucleares. Irán asegura que su programa de enriquecimiento nuclear es exclusivamente pacífico.

El príncipe heredero Mohammed bin Salman, líder de facto de Arabia Saudí, declaró a CBS News en 2018 que su nación no planeaba adquirir un arma nuclear, pero advirtió: "Sin duda, si Irán desarrollara una bomba nuclear, nosotros seguiríamos tan pronto como fuera posible". Esta declaración ha alimentado las preocupaciones de que el enriquecimiento de uranio en territorio saudí podría abrir la puerta a un futuro programa de armas.

Expertos en no proliferación nuclear advierten que cualquier centrifugadora en funcionamiento dentro de Arabia Saudí podría abrir la puerta a un posible programa de armas para el reino. Aunque el enriquecimiento no es una vía automática hacia un arma nuclear —también se deben dominar otros pasos técnicos complejos, incluida la utilización de explosivos sincronizados de alta potencia— sí abre la puerta a la conversión en arma, lo que ha alimentado las preocupaciones de Occidente sobre programas nucleares en la región.

El acuerdo tiene implicaciones económicas significativas para Estados Unidos. El secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, viajó a Arabia Saudí el año pasado poco antes de que Trump visitara el reino y habló con su homólogo saudí sobre la expansión de la industria de energía nuclear comercial del país. El acuerdo podría valer miles de millones de dólares para empresas estadounidenses involucradas en la construcción y operación de la instalación de enriquecimiento, aunque las corporaciones específicas no han sido divulgadas.

Tanto la administración Trump como la anterior administración Biden intentaron alcanzar un acuerdo nuclear con Arabia Saudí para compartir tecnología estadounidense. Sin embargo, este acuerdo de Trump es el primero que incluye la capacidad de enriquecimiento de uranio en territorio saudí.

El acuerdo también refleja dinámicas geopolíticas más amplias en Oriente Medio. Arabia Saudí y Pakistán, que posee armas nucleares, firmaron un pacto de defensa mutua después de que Israel lanzara un ataque contra Qatar dirigido a funcionarios de Hamás. El ministro de Defensa de Pakistán declaró que el programa nuclear de su país "se pondrá a disposición" de Arabia Saudí si fuera necesario, algo visto como una advertencia para Israel, considerado desde hace tiempo el único Estado de Oriente Medio con armas nucleares.

Cabe destacar que el acuerdo no ha sido condicionado a que Arabia Saudí normalice sus relaciones diplomáticas con Israel, según reporta The New York Times. La búsqueda de normalización saudí-israelí ha sido una aspiración de sucesivas administraciones estadounidenses.

El plan será enviado al Congreso para su revisión. Aunque el Partido Republicano de Trump controla ambas cámaras del Congreso, se espera que algunos legisladores de ambos lados del espectro político se opongan al acuerdo. La Casa Blanca y funcionarios saudíes en Riad no han comentado públicamente sobre la decisión más allá de los anuncios oficiales.

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