La nueva política representa un giro de 180 grados en el manejo de casos de ébola entre ciudadanos estadounidenses, contrastando drásticamente con el protocolo seguido hace doce años cuando pacientes infectados fueron trasladados a territorio estadounidense para recibir tratamiento.
Funcionarios de la administración, hablando bajo condición de anonimato, confirmaron a reporteros que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) y el Departamento de Estado están trabajando para identificar centros de atención terciaria en Europa que puedan recibir a estadounidenses que necesiten tratamiento. Según las fuentes, ya se ha registrado un caso bajo este nuevo protocolo.
La medida afecta no solo a quienes contraigan la enfermedad, sino también a ciudadanos estadounidenses que hayan tenido exposiciones de alto riesgo a pacientes con ébola, quienes tampoco podrán regresar al país para cuarentena o monitoreo, según confirmaron los funcionarios.
El caso de Craig Spencer ilustra el contraste entre ambas políticas. Spencer, médico de emergencias y actualmente profesor asociado en la Escuela de Salud Pública de la Universidad Brown, contrajo ébola mientras trabajaba en Guinea durante el brote de África Occidental en 2014. En aquel momento, ya había regresado a Estados Unidos cuando desarrolló los primeros síntomas y recibió tratamiento en el Hospital Bellevue de Nueva York, atención a la que atribuye su supervivencia.
Bajo las nuevas directrices, Spencer no habría podido regresar a territorio estadounidense si hubiera contraído ébola en el brote actual que afecta a la República Democrática del Congo y Uganda, ni siquiera para recibir el tratamiento que le salvó la vida hace doce años, según declaró el propio médico.
La administración no ha proporcionado detalles sobre las razones específicas detrás del cambio de política, ni ha especificado qué instalaciones europeas están siendo consideradas para recibir a los pacientes estadounidenses. Tampoco se ha aclarado si estas instalaciones cuentan con el mismo nivel de capacidad y experiencia en el tratamiento de ébola que los centros médicos estadounidenses que atendieron casos durante el brote de 2014.
El brote actual en África Central continúa expandiéndose, afectando principalmente a la República Democrática del Congo y Uganda, según la información disponible. La decisión estadounidense de convertirse en lo que las fuentes describen como una "fortaleza" frente al ébola plantea interrogantes sobre el futuro de la respuesta internacional a epidemias y el tratamiento de trabajadores humanitarios y personal médico que arriesgan sus vidas combatiendo enfermedades infecciosas en zonas de brote.
La política también genera incertidumbre sobre las implicaciones para ciudadanos estadounidenses que trabajan en la región afectada, incluyendo personal médico, trabajadores humanitarios y empleados de organizaciones internacionales, quienes ahora enfrentan la perspectiva de no poder regresar a su país en caso de infección o exposición de alto riesgo al virus.
Durante el brote de África Occidental de 2014, varios ciudadanos estadounidenses infectados con ébola fueron trasladados a Estados Unidos para recibir tratamiento en instalaciones especializadas, incluyendo hospitales en Atlanta, Nebraska y Nueva York. Aquellos traslados generaron debate público sobre los riesgos de introducir el virus en territorio estadounidense, pero la política oficial permitió el regreso de ciudadanos para tratamiento médico.
La nueva directriz marca un precedente en la gestión de enfermedades infecciosas y podría influir en futuras políticas de salud pública relacionadas con brotes epidémicos internacionales y el tratamiento de ciudadanos estadounidenses en el extranjero.
