

Un estudio global liderado por la Universidad Curtin ha revelado que millones de hogares en países en desarrollo queman plástico como fuente de energía para cocinar y calefacción, una práctica que representa una grave amenaza para la salud pública y el medio ambiente, según publicó la revista Nature Communications.
La investigación, que encuestó a más de 1.000 personas en 26 países que trabajan estrechamente con barrios urbanos de bajos ingresos, como investigadores, funcionarios gubernamentales y líderes comunitarios, descubrió que uno de cada tres encuestados era consciente de hogares que quemaban plástico, mientras que un 16% admitió haberlo hecho personalmente.
El Dr. Bishal Bharadwaj, investigador principal del Instituto Curtin para la Transición Energética (CIET), explicó que el estudio proporciona la primera evidencia global amplia sobre esta práctica. "Cuando las familias no pueden permitirse combustibles más limpios y no tienen una recolección de residuos confiable, el plástico se convierte tanto en una molestia como en un recurso energético de último recurso", señaló Bharadwaj según la publicación.
Los investigadores encontraron que los hogares utilizan frecuentemente estufas simples como fogones de tres piedras, estufas de carbón y quemadores improvisados para quemar todo tipo de plásticos, desde bolsas y envoltorios hasta botellas y embalajes, produciendo humo tóxico dentro de los hogares y en áreas densamente pobladas.
El profesor Hari Vuthaluru, coautor del estudio y miembro de la Escuela de Minas de Australia Occidental de Curtin, advirtió sobre los graves riesgos que supone la quema de materiales como plásticos mixtos y cloruro de polivinilo (PVC). "Cuando se quema PVC, libera dioxinas y furanos altamente tóxicos, que se encuentran entre los contaminantes más peligrosos conocidos", explicó Vuthaluru. Estos compuestos persisten en el medio ambiente, se acumulan en la cadena alimentaria y pueden causar graves problemas de salud, incluyendo cáncer, trastornos reproductivos y daños al sistema inmunológico.
El estudio identificó a mujeres, niños, personas mayores y personas con discapacidad como los grupos más expuestos a estos contaminantes. Además, el Dr. Pramesh Dhungana, coinvestigador de la Escuela de Ciencias Moleculares y de la Vida de Curtin, destacó los riesgos de contaminación alimentaria. "Nuestra encuesta encontró que el 60% de los encuestados consideraba extremadamente probable que los químicos tóxicos de la quema de plástico pudieran contaminar alimentos y agua", afirmó.
Los investigadores señalaron que esta no es solo una preocupación teórica, ya que estudios realizados cerca de sitios de quema de plástico han encontrado compuestos tóxicos en muestras de huevos y suelo. Cuando el plástico se quema cerca de hogares y áreas de preparación de alimentos, estas toxinas pueden asentarse en cultivos, entrar en fuentes de agua y acumularse en alimentos.
La profesora Peta Ashworth, directora del CIET y coautora del estudio, enfatizó que abordar este problema requiere mucho más que simplemente decirle a los hogares que no quemen plástico. "Las personas solo hacen esto porque no tienen alternativas más seguras, debido a causas fundamentales como la pobreza energética extrema, combustibles más limpios inasequibles y servicios de residuos inadecuados", explicó Ashworth.
Los investigadores advierten que se necesita una acción específica rápidamente, dado que se proyecta que el uso de plástico se triplicará para 2060, según datos de la OCDE. Entre las soluciones propuestas, los autores sugieren mejorar los programas de gestión de residuos, facilitar el acceso a combustibles limpios para cocinar mediante subsidios, implementar campañas educativas sobre los peligros de quemar plástico e introducir nuevas tecnologías para una quema más limpia.
"Es esencial que las soluciones incluyan mejorar el saneamiento, apoyar el acceso a energía moderna para cocinar y trabajar con las comunidades en opciones prácticas y culturalmente relevantes", concluyó la profesora Ashworth, destacando que esta investigación proporciona la base de evidencia necesaria para diseñar intervenciones que apoyen genuinamente a los residentes urbanos más vulnerables del mundo.