El Ministro de Exteriores de España, José Manuel Albares, afirmó el 5 de enero de 2026 que la prosperidad europea de los últimos sesenta años se debía a un orden internacional basado en reglas, mientras analistas advierten que Europa enfrenta un despertar abrupto ante la nueva realidad geopolítica dominada por potencias como Estados Unidos, Rusia y China.
La ilusión europea de un mundo regido por normas internacionales está llegando a su fin. Según un análisis publicado recientemente, hasta el 3 de enero de 2026 muchos liberales y progresistas occidentales, especialmente europeos, vivían en lo que el filósofo H. L. A. Hart denominaba "un noble sueño": la idea de que la sociedad puede gobernarse mediante reglas en lugar del arbitrario gobierno de los hombres.
El Ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, declaró el 5 de enero en la Cadena SER que "la prosperidad y la paz de los últimos sesenta años en Europa se debía a que el orden internacional era un orden basado en reglas". Sin embargo, el análisis sugiere que las condiciones favorables europeas se explican mejor por haber estado durante medio siglo del lado "bueno" de los intereses estadounidenses, más que por un sistema internacional realmente organizado mediante reglas.
Según la fuente consultada, "el manto protector de Estados Unidos aisló y ensimismó a los europeos" hasta el punto de hacerles creer que "la razón, la Ilustración y el cosmopolitismo kantiano habían triunfado tras la fundación de la ONU". Mientras tanto, numerosos países como Vietnam, Panamá, Guatemala, Libia, Venezuela, Irak, Irán, República Dominicana, Laos, Camboya, Honduras o Yemen "fueron agredidos por Estados Unidos en clara violación de las reglas".
El análisis señala que la diferencia entre Trump y sus predecesores no radica en el respeto al derecho internacional, sino en "la desvergüenza" con que actúa. "Puede que los anteriores presidentes fueran unos hipócritas", indica el texto, pero la actitud abiertamente desafiante de Trump ha generado una zozobra que demuestra "que la hipocresía tiene más valor del que creemos".
Los europeos están despertando de diferentes maneras ante esta nueva realidad. Por un lado, figuras como el propio Albares o la analista Anne Applebaum siguen defendiendo la necesidad de "volver al orden internacional regido por reglas", postura que el análisis califica de "sonámbula".
Por otro lado, líderes como Josep Borrell o el filósofo Jürgen Habermas abogan por la autonomía militar europea, ya sea mediante un ejército común o aumentando el gasto en Defensa de cada país miembro de la UE. El analista Ivan Krastev lo resumió afirmando que "Europa no puede ser un vegetariano en una cena de caníbales".
Sin embargo, esta opción presenta riesgos significativos. Como advierte el propio Krastev, existe "la posibilidad real de que la ultraderecha llegue en un futuro no muy lejano al poder en Alemania, Francia o España" y se encuentre con ejércitos mucho más poderosos, lo que podría "hacer resurgir las sospechas entre socios europeos" e incluso alinear fuerzas europeas con los intereses de Vladímir Putin.
El análisis propone un tercer camino: reconocer que Europa ha vivido sesenta años en condiciones excepcionales y aceptar que el derecho internacional no se implementa solo mediante la razón, sino que requiere capacidad coercitiva. "Como Europa había externalizado o subcontratado a Estados Unidos (o a la OTAN) casi toda capacidad coercitiva, creyó que un orden internacional basado en reglas se podía instaurar solo mediante el uso de la razón. Pero esto no es ya sueño. Es fantasía", señala.
La conclusión es pesimista a corto plazo: "La manera de ver el mundo de Trump, Putin y Xi Jinping es la vencedora por el momento. Ha vencido la ley del más fuerte, que es tanto como decir que no hay ley". No obstante, el texto aboga por "insistir en el noble sueño" mediante acciones concretas como dotar de más recursos al Tribunal Penal Internacional y a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
"No necesitamos reivindicar el derecho internacional. Necesitamos aplicar el derecho internacional. Y esto es imposible sin la coerción", concluye el análisis, advirtiendo que "la fuerza sin reglas es barbarie e imperialismo. Las reglas sin coerción son ilusiones ilustradas".