

Un estudio reciente de la Universidad de California en Santa Bárbara (UCSB) revela que la creciente proximidad entre asentamientos urbanos y zonas boscosas en la Amazonía está directamente relacionada con el aumento de casos de fiebre amarilla en Brasil, Perú y Colombia, sumándose a otras amenazas virales que los expertos vigilan en 2026.
La investigación, realizada por Ring y MacDonald junto al especialista junior Terrell Sipin de la UCSB, analizó datos de casos de fiebre amarilla en tres países amazónicos en combinación con información sobre uso de tierras del Proyecto MapBiomas, según informa el portal msi.ucsb.edu.
Los resultados son contundentes: mientras la fragmentación forestal mostró cierta asociación con el riesgo de transmisión, los modelos que consideraron patrones de asentamiento humano revelaron que la proximidad entre ciudades y bosques es el predictor más fuerte. Un aumento del 10% en la adyacencia bosque-urbe eleva la probabilidad de transmisión en 0,09, equivalente a un incremento del 150% en eventos anuales. Preocupantemente, esta frontera entre bosque y ciudad se expande aproximadamente un 13% cada año.
"Fue un poco sorprendente que la ecología no fuera más predictiva de la transmisión real a humanos", señaló MacDonald, profesor de la Escuela Bren de Gestión Ambiental y Ciencias de la UCSB, según la misma fuente.
Ring añadió: "Parece que lo que está causando el derrame de la enfermedad es que los humanos se están acercando más al borde del bosque". Los márgenes forestales suelen favorecer mayor actividad de mosquitos debido a temperaturas más cálidas y agua estancada, aumentando la probabilidad de exposición humana.
La fiebre amarilla se suma a una lista de amenazas virales que los expertos en enfermedades infecciosas están vigilando en 2026, según detalla localhealthguide.com. Entre estas amenazas destacan la influenza A, particularmente el subtipo H5N1 (gripe aviar) que se detectó por primera vez en ganado lechero de Estados Unidos en 2024; el virus mpox (anteriormente conocido como viruela del mono), que desde 2022 se ha establecido en todo el mundo; y el virus Oropouche, transmitido por insectos y que podría expandir su alcance geográfico.
El virus mpox, que causa fiebre y erupciones dolorosas, ha experimentado un resurgimiento preocupante. Según localhealthguide.com, desde agosto de 2025 se han registrado cuatro casos de mpox de clado I en Estados Unidos, incluyendo personas que no viajaron a África, lo que sugiere transmisión local.
Por su parte, el virus Oropouche, que provoca fiebre, dolor de cabeza y dolores musculares, está ampliando su presencia. Aunque históricamente se limitaba a la región amazónica, desde principios de la década de 2000 comenzó a aparecer en una zona más amplia de América del Sur, América Central y el Caribe.
Los expertos advierten que la combinación de factores como el calentamiento global, el aumento de la población mundial y la mayor movilidad humana está creando condiciones propicias para que virus conocidos evolucionen y aparezcan en lugares inesperados o en números no anticipados.
La vigilancia continua de estas amenazas virales, junto con el desarrollo de nuevas vacunas y tratamientos, será fundamental para proteger la salud pública global en los próximos años. Como señala localhealthguide.com, "en todo el mundo, las personas, los animales y el medio ambiente más amplio son interdependientes. La vigilancia de amenazas virales conocidas y emergentes y el desarrollo de nuevas vacunas y tratamientos pueden ayudar a mantener a todos seguros".