

El Djidji Ayôkwé, un tambor parlante confiscado por autoridades coloniales francesas en 1916, fue devuelto el viernes a Costa de Marfil en una de las restituciones culturales más significativas a una antigua colonia francesa en años. El artefacto sagrado de 4 metros de altura y 430 kilogramos de peso llegó al aeropuerto de Port Bouët en las afueras de Abiyán a las 8:45 de la mañana, según informó The Guardian.
El tambor fue entregado a funcionarios marfileños en París a principios de este mes después de ser retirado del Museo Quai Branly – Jacques Chirac, según reportó The Guardian. La devolución marca un momento histórico para el pueblo Ebrié, del cual el artefacto es un símbolo de resistencia cultural y política.
Aboussou Guy Mobio, jefe de la comunidad Adjamé-Bingerville, declaró: "Después de una larga estadía lejos de esta tierra, está regresando a su propia gente y es un honor para nosotros y un alivio recibirlo. Esta es la pieza faltante del rompecabezas que regresa hoy. Recibir este instrumento sagrado es un alivio, pero también es otra forma de conexión con nuestros ancestros que estuvieron muy cerca de este instrumento", según The Guardian.
Los tambores parlantes son tambores de presión con forma de reloj de arena diseñados para imitar el tono, el ritmo y el compás del habla humana. El Djidji Ayôkwé tenía significado cultural y político para el pueblo Ebrié, del cual toma nombre la laguna de Abiyán, como símbolo de resistencia, según la fuente. Antes y durante los tiempos coloniales, se utilizaba para enviar mensajes a varios kilómetros de distancia para anunciar muertes o celebraciones y, en algunos casos, alertar a las aldeas sobre peligros inminentes.
Las autoridades coloniales francesas confiscaron el tambor en 1916 después de que los aldeanos resistieran el trabajo forzado en la construcción de una carretera, según The Guardian. El artefacto fue llevado a Francia, donde permaneció durante más de un siglo.
El presidente francés Emmanuel Macron prometió devolver el tambor en 2021, pero tomó cuatro años de discusiones y cabildeo para que el parlamento francés ratificara y aprobara la decisión, según la fuente.
Françoise Remarck, ministra de Cultura y Francofonía de Costa de Marfil, expresó en su discurso del viernes: "Siento una emoción profunda. Estamos viviendo un momento de justicia y memoria", según The Guardian. Remarck agradeció al presidente Alassane Ouattara y a Macron por lo que llamó "un día histórico".
La ministra se dirigió directamente al tambor, diciendo: "Djidji Ayôkwé, hoy tu regreso es un mensaje para nuestra juventud que ha elegido reclamar su historia, y para las comunidades, un símbolo de cohesión social, paz y diálogo. El 13 de marzo es solo un paso", según la fuente.
Cuando un operador de montacargas sacó la caja de madera que contenía el tambor del avión, un grupo cultural comenzó la danza tradicional tchaman, según The Guardian. Se espera otra ceremonia para anunciar la instalación permanente del tambor en el Museo de las Civilizaciones de Costa de Marfil en el distrito administrativo de Plateau, en una fecha posterior que se cree será en abril.
En preparación para la exhibición al público, la Unesco donó 100.000 dólares (75.400 libras esterlinas) a través de su oficina en Abiyán para investigación y capacitación en el museo, según la fuente.
Sylvie Memel Kassi, ex directora del museo y fundadora de la Fundación TAPA para las Artes y la Cultura, dijo que el regreso del tambor a suelo marfileño abrió el camino para más restituciones. "Estamos estudiando otros ocho objetos", declaró, refiriéndose a las autoridades marfileñas y francesas, según The Guardian.
La devolución del Djidji Ayôkwé representa uno de los casos más significativos de restitución cultural de Francia a sus antiguas colonias africanas en años recientes. El proceso de cuatro años desde la promesa de Macron hasta la entrega física del artefacto refleja las complejidades legales y políticas que rodean la devolución de objetos culturales saqueados durante el período colonial.
Para el pueblo Ebrié, la recuperación del tambor sagrado no solo representa la devolución de un objeto material, sino la reconexión con su patrimonio cultural y ancestral que fue interrumpido por el colonialismo francés. El artefacto volverá a estar accesible para las comunidades que lo consideran parte integral de su identidad y tradiciones.