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Gazatíes sobreviven entre escombros mientras EE.UU. diseña planes de reconstrucción sin su participación

Mientras Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump, presenta en Davos un ambicioso plan para convertir Gaza en una especie de Dubái con rascacielos, los habitantes de la Franja continúan enfrentando bombardeos israelíes, escasez de alimentos, medicamentos y servicios básicos, a pesar del alto el fuego teóricamente en vigor desde octubre pasado.

INTERNACIONAL26 ENE 2026

La realidad en Gaza contrasta dramáticamente con los planes de reconstrucción presentados por Estados Unidos. El pasado jueves, Jared Kushner expuso en el Foro de Davos un proyecto para transformar Gaza en un centro económico similar a Dubái, mientras ese mismo día cinco personas morían en bombardeos israelíes y un bebé fallecía de hipotermia, según informa El País.

El plan de Kushner incluía una diapositiva sobre un comité de tecnócratas palestinos que gestionaría la Franja, pero con un error significativo: el nombre en árabe estaba escrito incorrectamente, de izquierda a derecha (cuando el árabe va en sentido contrario) y con letras desconectadas, evidenciando la desconexión entre quienes diseñan el futuro de Gaza y su realidad.

"Aquí, en Gaza, hacemos bromas del 'plan maestro'. Como riéndonos de que nos ha prometido que vamos a ser ricos y la Riviera de Oriente Próximo [...] En realidad, escapamos de nuestros sentimientos porque lo que pasa está fuera de nuestras manos", explica Faiza, una gazatí que vive en un apartamento alquilado, según declaraciones recogidas por El País.

La vida cotidiana en Gaza sigue marcada por enormes dificultades. Faiza debe encender fuego para cocinar ante la falta de electricidad, esquivar aguas residuales e inundaciones al moverse por la capital, y pagar por cargar cada aparato electrónico. Su principal esperanza es que abran el paso de Rafah para reunirse con su familia, que salió de Gaza en los primeros meses de la invasión israelí.

La reapertura del paso fronterizo de Rafah, entre Gaza y Egipto, cerrado desde que Israel lo tomó hace año y medio, es uno de los compromisos del alto el fuego que el gobierno de Benjamin Netanyahu ha incumplido. Según informó Reuters, Israel planea reabrirlo la próxima semana en ambas direcciones, pero quiere restringir el número de entradas para que sea inferior al de salidas, con el objetivo de vaciar Gaza gradualmente.

Kushner y el enviado de Trump para Oriente Próximo, Steve Witkoff, están en Israel desde el sábado para discutir el futuro de Gaza. A principios de mes, Trump anunció la entrada en vigor de la segunda y última fase del alto el fuego, que teóricamente incluye la reconstrucción de la Franja, el desarme de Hamás, la retirada de tropas israelíes y el despliegue de una fuerza multinacional.

Sin embargo, sobre el terreno, la situación apenas ha cambiado. El ejército israelí sigue causando víctimas mortales diariamente. Tres personas murieron este sábado, incluidos dos niños, y once el pasado miércoles, entre ellos tres periodistas y dos menores, según El País. Las tropas israelíes no se han retirado del enclave como estaba previsto, y tampoco hay fecha para que una fuerza multinacional asegure el control de la zona que aún está en manos de Hamás.

"Creo que hemos alcanzado un nivel en el que ya no sentimos. Es como una mezcla de enfado, miedo y tristeza. La gente en la calle, mis amigos, vecinos y colegas en el trabajo, todos nos sentimos perdidos", añade Faiza.

Tamer Nahed, otro gazatí, critica los planes estadounidenses: "Son ellos quienes destruyeron toda la ciudad con sus misiles y su incansable apoyo a Israel, y asesinaron aquí a más de 100.000 inocentes", afirma, sumando la estimación de desaparecidos bajo los escombros a los más de 71.500 palestinos cuya muerte ha sido confirmada por las autoridades sanitarias.

La situación habitacional es extremadamente precaria. Nahed vive con toda su familia en una sola habitación alquilada tras mucho tiempo en una tienda de campaña, pagando el equivalente a casi 600 euros mensuales. Con tantas casas destruidas, los precios en Gaza por cuatro paredes superan a los de algunas capitales europeas. "No hemos podido acercarnos a nuestras viviendas para intentar recuperar algún mueble, ropa o mantas. Nada. Nos impiden llegar porque está considerada zona peligrosa, aunque está echada abajo entera", explica.

Las condiciones de vida siguen siendo extremadamente duras: "Nos faltan mantas. Yo tengo tres o cuatro camisetas, dos de las cuales me ha dejado un amigo. Cocinamos con leña porque no hay gas y, cuando lo hay, es muy caro. Tengo que llevar cargando agua potable dos kilómetros para que podamos beber y, para asearnos, la subo a mano hasta el séptimo piso del edificio cuatro días por semana", relata Nahed.

La situación ha mejorado ligeramente en los mercados tras meses de bloqueo completo en la entrada de alimentos, uno de los motivos por los que una comisión independiente de investigación nombrada por la ONU concluyó el pasado septiembre que Israel estaba cometiendo genocidio en Gaza. Aunque Israel sigue incumpliendo el compromiso de entrada de ayuda humanitaria (un mínimo de 600 camiones diarios) que firmó en octubre, los gazatíes coinciden en que hay más productos disponibles y a precios más bajos.

Sin embargo, persisten graves carencias. Los medicamentos básicos escasean, y según un trabajador humanitario extranjero en Gaza, "las unidades sanitarias están empezando a desinfectar gasas para reusar. Antibióticos, paracetamol, ibuprofeno o medicamentos para enfermedades no transmisibles están agotados o casi agotados".

El plan de Kushner tampoco aborda cuestiones cruciales como la retirada de municiones sin explotar en el territorio donde más bombas por metro cuadrado han caído desde la Segunda Guerra Mundial. Cada día resultan heridos niños al jugar entre los numerosos escombros. Esta semana, un vídeo mostraba a un pequeño en Rafah buscando papel y plástico en un contenedor para que su familia pudiera alimentar una hoguera y cocinar.

Tampoco explica dónde vivirán los gazatíes durante la reconstrucción, que comenzará teóricamente con una "nueva Rafah" (ahora un manto de ruinas controlado por el ejército israelí) y terminará en Ciudad de Gaza, hoy bajo gobierno de Hamás.

Jorge Moreira de Silva, vicesecretario general de Naciones Unidas y director ejecutivo de la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos, subrayó esta semana, tras regresar de Gaza, que la Franja sigue siendo "básicamente escombros y tiendas de campaña inseguras", con más de 60 millones de toneladas de escombros (30 toneladas por persona de media) que podría llevar más de siete años retirar.

"El verdadero asunto es el calendario [...] Lo que necesitan en Gaza son servicios básicos inmediatamente. Mientras esperamos a los edificios de la reconstrucción, no procrastinemos", advirtió Moreira de Silva.

Según datos de Wikipedia, la ayuda humanitaria en Gaza ha enfrentado numerosos obstáculos desde el inicio del conflicto. En enero de 2024, la ONU encontró que Israel había bloqueado arbitrariamente el 83% de la ayuda que intentaba entrar en Gaza en el año anterior. Según UNICEF, más trabajadores humanitarios habían sido asesinados en Gaza para el verano de 2024 que en cualquier guerra desde la fundación de las Naciones Unidas, con al menos 278 muertos.

La situación humanitaria se ha deteriorado aún más después de que importantes donantes occidentales anunciaran que dejarían de financiar a la UNRWA, la principal agencia de ayuda en Gaza, y después de que Israel aprobara legislación para prohibir que la UNRWA trabajara en o con el Estado de Israel.

En mayo de 2024, el Programa Mundial de Alimentos de la ONU advirtió que las operaciones humanitarias estaban "cerca del colapso", y en junio, el Comisario de Gestión de Crisis de la UE, Janez Lenarcic, afirmó que la mayoría de las personas en Gaza dependían "totalmente" de la ayuda humanitaria.

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