Guerra contra Irán se prolonga sin fin claro mientras estrategia asimétrica de Teherán resiste bombardeos masivos de EE.UU. e Israel
Más de un mes después del inicio de la Operación Furia Épica el 28 de febrero de 2026, la guerra contra Irán se ha convertido en un conflicto de desgaste sin perspectivas claras de conclusión, según análisis de expertos en seguridad internacional. Pese a que el presidente Donald Trump afirmó que el cambio de régimen ya ocurrió y que Estados Unidos cumplirá sus objetivos pronto, la capacidad de Teherán para mantener el bloqueo del Estrecho de Hormuz y lanzar ataques con drones baratos desafía las predicciones de una victoria rápida, mientras los costos económicos y estratégicos se multiplican para Washington y sus aliados.
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha entrado en una fase de desgaste prolongado que desafía las expectativas iniciales de una campaña militar breve y decisiva. Más de cinco semanas después de los primeros bombardeos conjuntos estadounidenses-israelíes del 28 de febrero de 2026, el conflicto ha revelado la capacidad del régimen iraní para resistir mediante tácticas asimétricas, pese a la devastación de sus capacidades militares convencionales.
En un discurso el miércoles, Trump declaró que el cambio de régimen ya ha ocurrido en Irán y que Estados Unidos está en camino de cumplir todos sus objetivos muy pronto, según reportó DW. El presidente estadounidense afirmó que nunca en la historia de la guerra un enemigo ha sufrido pérdidas tan claras y devastadoras a gran escala en cuestión de semanas. El domingo, Trump dijo al Financial Times que 13.000 objetivos en Irán han sido atacados desde el lanzamiento de los bombardeos el 28 de febrero, según la misma fuente.
Las Fuerzas de Defensa de Israel informaron este fin de semana que el 80% de los sistemas de defensa aérea iraníes han sido destruidos mientras continúan atacando instalaciones de producción de defensa, según DW. Estados Unidos e Israel afirman que la marina convencional, la fuerza aérea, los grandes sistemas de armas y la producción de defensa de Irán han sido severamente degradadas por semanas de ataques aéreos.
Sin embargo, bajo esta masa de poder de fuego, el régimen de Irán está golpeado pero continúa resistiendo, lanzando contraataques y aparentemente siendo capaz de coordinar su estrategia de defensa, según DW. Uno de los primeros ataques de esta guerra mató al ex líder supremo Ali Jamenei, y su hijo Mojtaba ostensiblemente ha tomado el control. Al mismo tiempo, Mojtaba no ha sido visto en público desde que comenzó la guerra, lo que ha generado rumores sobre su condición y paradero, según la misma fuente.
Gran parte del liderazgo senior del régimen y el aparato de seguridad han sido asesinados y continúan siendo objetivos de Estados Unidos e Israel, según DW. La muerte del líder supremo Ayatolá Ali Jamenei el 28 de febrero de 2026 ha creado un cambio de liderazgo sin precedentes en Irán, según el análisis del Georgetown Journal of International Affairs. Durante las últimas cuatro décadas, la oficina del líder supremo ha centralizado el poder a través del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, asegurando autoridad para decidir todos los asuntos críticos de política doméstica, militar y exterior.
La capacidad de resistencia iraní se basa en décadas de preparación para este escenario. La degradación persistente de las capacidades militares iraníes mediante ataques aéreos estadounidenses e israelíes ha limitado absolutamente las opciones de represalia de Irán, pero este régimen ha demostrado ser magistral en la implementación de guerra asimétrica y ha tenido décadas para planificar este escenario, dijo a DW Jason H. Campbell, investigador senior del Instituto de Oriente Medio en Washington.
Durante décadas, el régimen de la República Islámica ha financiado grupos proxy en todo Oriente Medio y suprimido el descontento popular mientras las sanciones sobre su programa nuclear golpeaban la economía, según DW. En un ensayo reciente en Foreign Affairs, la antropóloga iraní-estadounidense Narges Bajoghli señala que el aislamiento internacional es parte de cómo el régimen de Irán desarrolló sus tácticas de supervivencia. La estrategia de guerra asimétrica de Teherán nació de la necesidad cuando Estados Unidos impuso un embargo de armas a Irán después de la revolución islámica en 1979.
Después de luchar una guerra sangrienta con Irak en la década de 1980, lo que comenzó como improvisación evolucionó en una doctrina coherente para el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, la guardia pretoriana del régimen, según DW. Irán comenzó a desarrollar sus propios misiles y drones de fabricación nacional que podían reproducirse rápida y económicamente.
Hoy, esta capacidad asimétrica ha crecido en una combinación bien engrasada de drones de ataque, guerra cibernética y redes de grupos proxy militantes, según DW. Estas capacidades han sido fuertemente financiadas por ingresos petroleros, que Irán puede obtener vendiendo energía a clientes como China mientras evade exitosamente las sanciones estadounidenses incluso mientras la guerra continúa.
Irán parece capaz de sostener una amenaza asimétrica creíble durante un período prolongado de tiempo, dijo a DW Kelly A. Grieco, analista estratégica del Centro Stimson, un grupo de expertos. Reconoció que la fuerza aérea convencional, la marina y la capacidad de misiles balísticos de Irán han sido severamente degradadas, pero señaló que permanece cierta capacidad residual de misiles.
La amenaza de drones de Irán es más sostenible que sus misiles balísticos, según DW. La estrategia de Teherán se basa en el Shahed, un dron de ataque de un solo uso que cuesta entre 20.000 y 50.000 dólares (alrededor de 17.350-43.360 euros). La pequeña aeronave controlada remotamente está equipada con sistemas de guía de precisión y cuenta con un alcance de 2.000 kilómetros. Ha sido utilizado intensamente por Rusia contra Ucrania.
Irán ha disparado miles de estos drones desde que comenzó la guerra, combinándolos con misiles balísticos más caros en un intento de abrumar las defensas aéreas, según DW. La mayoría son derribados, pero algunos logran pasar, con un ataque a una base estadounidense en Kuwait que mató a seis miembros del servicio. Aunque el ejército estadounidense utiliza principalmente sistemas de menor costo de corto alcance como cañones de defensa aérea y misiles más pequeños para defenderse contra drones, Irán todavía tiene miles de ellos disponibles y pueden reproducirse rápidamente. Cuando se utilizan sistemas avanzados de defensa aérea como un misil Patriot de 4 millones de dólares contra Shaheds, los costos aumentan rápidamente para el lado que usa armas fabricadas en Estados Unidos.
La fabricación de drones iraníes está distribuida, los componentes son en gran medida de doble uso y el ensamblaje puede completarse en un garaje, dijo Grieco, añadiendo que hay informes que sugieren que variantes de drones fabricados por Rusia también han aparecido en el inventario de ataque de Irán, según DW. Si la producción rusa está respaldando las existencias iraníes, los plazos de degradación occidentales se vuelven considerablemente más difíciles de predecir, agregó Grieco.
Además de los drones baratos, Irán cuenta con otra ventaja masiva: la geografía. La amenaza de que Teherán bloquee el 20% del suministro mundial de petróleo en el estrecho Estrecho de Hormuz ha servido durante mucho tiempo como el principal elemento disuasorio contra intentar derrocar al régimen islámico por la fuerza, según DW.
Según el Instituto para el Estudio de la Guerra, altos funcionarios iraníes, incluido el presidente del parlamento iraní Mohammad Bagher Qalibaf, ahora están señalando que quieren usar el estrecho como palanca para extraer concesiones y asegurar objetivos estratégicos, según DW. Irán puede usar drones, minas navales y lanchas rápidas para amenazar a los petroleros de movimiento lento, usando el terreno costero accidentado como cobertura. Solo esta semana, Irán ha atacado dos buques civiles en el Golfo Pérsico, informó el Instituto para el Estudio de la Guerra.
Este es el núcleo del desafío para Estados Unidos y, por extensión, gran parte de la economía global, dijo Campbell del Instituto de Oriente Medio en Washington, según DW. Irán no necesita crear una carnicería de forma regular para mantener influencia sobre el Estrecho de Hormuz, sino solo demostrar periódicamente que es capaz de atacar objetivos que considera una amenaza o simplemente que no cumplen con los dictados iraníes.
Cualquier opción únicamente militar que realmente abriría el estrecho de manera que el transporte marítimo pudiera volver a la normalidad requeriría decenas de miles de fuerzas terrestres para tomar y mantener una cantidad considerable de costa, agregó Campbell, según DW. Estas fuerzas probablemente también estarían sujetas a una insurgencia asertiva y necesitarían permanecer en su lugar durante un período de tiempo indeterminado. Los costos, tanto en bajas como en financiamiento, serían astronómicos.
Campbell cree que sería difícil ver algún retorno al transporte marítimo abierto en el estrecho sin alguna acomodación política más amplia, según DW. Con poco apetito en Estados Unidos por una guerra terrestre y mercados globales nerviosos, hay un incentivo para que Trump retroceda. El propio presidente estadounidense ha insistido en que Teherán está buscando negociaciones, incluso cuando los líderes iraníes sobrevivientes niegan que estén en conversaciones directas con la administración Trump.
La actual cohorte de altos funcionarios iraníes se considera aún más de línea dura y dispuesta a escalar que sus predecesores, dijo el experto en Irán Ali Vaez a la revista Foreign Policy esta semana, según DW. También no está claro qué significa la administración Trump cuando dijo que el cambio de régimen ya ha ocurrido. Esta semana, el presidente iraní Masoud Pezeshkian, quien ha estado en el cargo desde 2024, publicó una carta abierta al público estadounidense advirtiendo que el camino de la confrontación es más costoso y fútil que nunca, según DW.
La polarización interna en Irán refleja la complejidad de la opinión pública. Por un lado, las poblaciones de tendencia religiosa-derechista perciben el asesinato de Jamenei como un insulto al símbolo de la autoridad religiosa chiíta, ya que miles de iraníes se reunieron en plazas para llorar su pérdida y buscar venganza contra la eliminación violenta de su líder, según el Georgetown Journal. Por otro lado, grupos de tendencia reformista han celebrado el asesinato de Jamenei en todo el mundo. Algunos reformadores apoyan el regreso del príncipe exiliado Reza Pahlavi, y se escuchó a personas gritando Javid Shah, que significa Larga vida al sha, mostrando su apoyo.
Pahlavi se presentó como un líder secular que podría guiar al país a través de una transición a la democracia secular en Irán, guiando cuidadosamente a Irán fuera de su orden revolucionario posterior a 1979 mediante reforma constitucional y reintegración en la comunidad internacional, según el Georgetown Journal. Sin embargo, con el presidente Trump expresando escepticismo de que Reza Pahlavi pudiera gobernar Irán en el futuro y afirmando que alguien ya dentro de Irán sería más apropiado, otros han considerado alternativas domésticas. Sin embargo, no existe tal figura política de consenso, lo que complica la organización de la oposición doméstica en torno a un movimiento coherente.
Más allá de la alineación política, la población de Irán es étnicamente diversa, con persas como mayoría y comunidades significativas azeríes, árabes, kurdas y baluchis, estas últimas con historias de tensión política e insurgencia, según el Georgetown Journal. El resurgimiento y la exacerbación de las divisiones étnicas en el contexto existente de ataques extranjeros y división política aumenta la probabilidad de que surjan estados étnicos en guerra si la República Islámica colapsa. En ausencia de una figura que pueda cerrar las brechas políticas y étnicas, cualquier camino que vea las instituciones existentes devastadas promete inestabilidad.
Cualquier colapso sería devastador. Tal resultado ciertamente alimentaría una nueva crisis internacional de refugiados. La Agencia de la Unión Europea para el Asilo advierte que si solo el 10% de la población de Irán huyera, esto rivalizaría con los mayores flujos de refugiados de las últimas décadas, según el Georgetown Journal. Las fronteras europeas podrían enfrentar una presión migratoria sin precedentes, lo que podría tensar a estados vecinos como Turquía e Irak, convirtiendo el conflicto en una crisis humanitaria más amplia.
A nivel regional, el conflicto ha revelado hasta qué punto Irán puede participar en guerra asimétrica con adversarios, según el Georgetown Journal. Irán ha lanzado ataques con misiles y drones contra territorio israelí, bases militares estadounidenses estacionadas en estados del Golfo, incluidos Baréin, Kuwait, Catar y los Emiratos Árabes Unidos, e infraestructura civil crítica en esos estados mencionados, resultando en bajas y perturbaciones sociales generalizadas. Incluso con sus capacidades convencionales severamente disminuidas, con la Marina de la República Islámica de Irán devastada, Irán ha aprovechado drones baratos y prescindibles para exportar el costo de la guerra a los vecinos y, económicamente, a Occidente en general.
La capacidad de Estados Unidos para responder reactivamente a estos ataques depende de costosos sistemas de defensa aérea, y cualquier intento proactivo de desmantelar tales capacidades iraníes requeriría el despliegue de fuerzas terrestres significativas o simplemente resultaría imposible, según el Georgetown Journal. Una continuación de la dinámica existente de compromiso impondrá costos mucho mayores a Estados Unidos que a Irán.
Irán también ha ampliado y escalado la guerra a través de su red de milicias aliadas (el eje de resistencia), como Hezbolá en Líbano, milicias chiítas en Irak y los hutíes en Yemen, según el Georgetown Journal. La existencia de tales grupos en toda la región necesita que Estados Unidos e Israel desvíen atención hacia otros frentes difusos. Por ejemplo, el lanzamiento de ataques con cohetes de Hezbolá desde el sur de Líbano el 2 de marzo empujó a Israel a expandir una campaña aérea nacional en todo Líbano, atacando los suburbios del sur de Beirut, el valle de Bekaa y ciudades del sur como Nabatieh y Tiro.
Independientemente de la localidad, el compromiso con tales grupos descentralizados resulta costoso, como lo ejemplifican las operaciones de 2025 contra los hutíes que costaron mil millones de dólares en tres semanas, según el Georgetown Journal. La posibilidad de una entrada hutí en el conflicto o la expansión de operaciones de milicias en Irak arriesga dispersar los recursos más delgadamente y gastarlos a un ritmo mucho más rápido.
El impacto más discutido de la guerra ha concernido al impacto del compromiso asimétrico en la seguridad de la infraestructura energética y las interrupciones en el estratégico Estrecho de Hormuz, según el Georgetown Journal. Desde los ataques iniciales estadounidenses-israelíes, Irán ha impuesto el costo del conflicto a Estados Unidos al dañar el tránsito de petróleo a través del Estrecho, causando picos en los precios del petróleo y mayores costos de seguro de transporte marítimo. Las interrupciones han llevado a costos energéticos disparados, que han reverberado a través de la economía global y continuarán haciéndolo con intensidad creciente.
A pesar de las operaciones intensificadas, Estados Unidos permanece comprometido en una postura defensiva crítica en el Indo-Pacífico y Europa del Este, según el Georgetown Journal. Con los principales adversarios de Estados Unidos en esas regiones, Rusia y China respectivamente, condenando la operación en Irán y encontrando oportunidad en la desinversión de fuerzas estadounidenses de sus teatros, el compromiso prolongado con Irán arriesga cambiar los equilibrios de poder a su favor.
Rusia emerge más claramente como ganadora mientras esta guerra continúa, drenando suministros que Ucrania necesita, según el Georgetown Journal. Kiev ahora enfrenta una escasez de interceptores de misiles, proporcionados durante mucho tiempo por Estados Unidos, permitiendo a Rusia refortalecer sus operaciones aéreas. El conflicto también ha desviado la atención diplomática estadounidense y aliada de Ucrania, reduciendo la presión internacional sobre Moscú, como lo ejemplifica la reducción estadounidense de sanciones sobre las exportaciones de petróleo ruso en un esfuerzo por bajar los precios de la energía. Los precios del petróleo en aumento y las cantidades de exportación crecientes han impulsado la economía de Rusia como un importante exportador de energía y fortalecido su capacidad para financiar el gasto militar.
China también permanece profundamente invertida en la supervivencia de la República Islámica como aliado de Irán y el mayor comprador de petróleo iraní, comprando hasta el 80%-90% del crudo exportado de Irán, y se beneficia de una desviación de fuerzas estadounidenses, según el Georgetown Journal. Irán es un componente clave del orden regional en el que Beijing ha invertido miles de millones en establecer. La guerra en Irán plantea desafíos significativos a la seguridad energética de China y la influencia regional y, como tal, invita a la participación de Beijing. Para asegurar la supervivencia de su aliado, Beijing ha continuado proporcionando suministros militares, particularmente partes de cohetes, a Irán y, a pesar de la falta de acciones abiertas contra Estados Unidos, ha proporcionado inteligencia y ayuda económica a los esfuerzos de guerra iraníes.
La inversión excesiva de Estados Unidos en una guerra de Oriente Medio arriesga recrear la misma sobreextensión estratégica que históricamente ha limitado la capacidad de Washington para enfocarse en la competencia entre grandes potencias, según el Georgetown Journal. Mientras Estados Unidos podría debilitar un pilar clave de la red de Beijing en Oriente Medio al asegurar un Irán más alineado con Occidente, el proceso de compromiso proporciona una oportunidad para que Beijing aborde su propio desafío geopolítico: Taiwán.
La operación ha requerido desviar recursos militares estadounidenses, atención política y capacidad logística del teatro Indo-Pacífico, debilitando las capacidades defensivas estadounidenses en el Pacífico Occidental, según el Georgetown Journal. Por ejemplo, Estados Unidos ha desplazado importantes activos militares, incluidos portaaviones y personal de Marines, hacia Oriente Medio en medio de la guerra contra Irán para fortalecer las operaciones alrededor del Estrecho de Hormuz, desviando fuerzas que de otro modo podrían estar disponibles para la disuasión en el Pacífico Occidental. Este cambio ha generado preocupaciones en Asia sobre una distracción percibida de China, ya que la guerra de Irán deja a Japón y Corea del Sur nerviosos, y las contingencias de Taiwán.
Según el análisis del Instituto de Washington para la Política del Cercano Oriente, el conflicto actual es de desgaste. Ningún lado está dispuesto a comprometer tropas terrestres, típicamente el elemento decisivo de la guerra. Los Marines estadounidenses que se apresuran a la región no refutan esta evaluación: hasta ahora el componente de combate terrestre de esa fuerza es solo dos batallones de maniobra ligeramente armados. Más de cincuenta batallones de maniobra estadounidenses y británicos, muchos con blindaje, se utilizaron en el asalto de 2003 a Irak, cuyo territorio, población y fuerzas de seguridad eran una fracción de los de Irán.
Los centros de gravedad en ambos lados por el momento están resistiendo bajo presión militar: el comando y control de Irán, su dominación de una población aún intimidada, la capacidad de bloquear envíos fuera del Golfo y sus existencias de misiles y drones; la cohesión interna de Estados Unidos, Israel y los estados árabes, las existencias de armas y, a pesar de considerables aumentos en los precios del petróleo y el gas, las economías, según el Instituto de Washington.
Más importante aún, ningún lado está mostrando un colapso decisivo de voluntad, con los estados árabes del Golfo en particular demostrando hasta ahora tanto resiliencia como desafío a Irán, según el Instituto de Washington. Bajo tales condiciones, el conflicto probablemente cambiará a negociaciones con o sin un alto el fuego, o escalará, muy probablemente mediante ataques devastadores a la infraestructura de hidrocarburos de cada uno con impacto a largo plazo en las economías regionales e incluso globales.
Tal escalada a su vez produciría un final de compromiso negociado, o el colapso de voluntad de uno de los participantes, según el Instituto de Washington. Esa no será el gobierno y la población israelíes. Para Israel, este conflicto, correctamente, es existencial, y los costos hasta ahora fácilmente soportables.
El régimen iraní solo necesita sobrevivir, según el Instituto de Washington. Con poco apetito en Estados Unidos por una guerra terrestre y mercados globales nerviosos, hay un incentivo para que Trump retroceda. El propio presidente estadounidense ha insistido en que Teherán está buscando negociaciones, incluso cuando los líderes iraníes sobrevivientes niegan que estén en conversaciones directas con la administración Trump.
Ya sea que Trump se retire o escale poniendo tropas estadounidenses en tierra, no hay un camino claro hacia eliminar la capacidad de Teherán para ejercer influencia sobre los suministros, según DW. Una guerra victoriosa rápida y un cambio de régimen rápido en Teherán no parecen plausibles. Si el listón para el régimen iraní es sostener alguna amenaza de bajo nivel al Golfo Pérsico y el Estrecho de Hormuz, probablemente pueda hacer esto en el futuro previsible, dijo Campbell.
El Georgetown Journal concluye que en un conflicto definido por la incertidumbre, el curso más prudente para los responsables políticos estadounidenses es perseguir estrategias que gestionen cuidadosamente la escalada y reduzcan los riesgos de una crisis regional y global más amplia. Al combinar el compromiso multilateral y fortalecer las asociaciones de seguridad regional, Estados Unidos podría minimizar los riesgos de una guerra terrestre a largo plazo y la sobreextensión estratégica.



