El conflicto que Estados Unidos e Israel esperaban resolver en dos o tres días cumple cuatro semanas de intensificación progresiva, con el bloqueo del estrecho de Ormuz y ataques a instalaciones petroleras que han desatado una crisis energética global. El presidente estadounidense Donald Trump ha emitido declaraciones contradictorias sobre una posible desescalada mientras el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu mantiene su objetivo de derrocar al régimen iraní, según análisis de El País.
La guerra contra Irán entra en su cuarta semana sin señales claras de desescalada, según reporta El País. Lo que Estados Unidos e Israel proyectaban como una operación de dos o tres días se ha convertido en una contienda prolongada que sigue la dinámica de escalada característica de las guerras clásicas, según el análisis.
El conflicto arrancó con un ataque destinado a descabezar al régimen iraní, pero una vez quedó claro que el primer golpe no lograba la caída del gobierno, comenzó una intensificación progresiva que ha llevado la guerra a niveles insostenibles para la economía global, según la fuente.
**Crisis energética y bloqueo de Ormuz**
Con el bloqueo del estrecho de Ormuz y los ataques a yacimientos e instalaciones petrolíferas y gasísticas, la intensidad de la guerra económica global se ha convertido en insoportable, también para Estados Unidos, según El País. La situación era ya crítica para todos los aliados estadounidenses, excepto Israel, y especialmente para las monarquías petrolíferas del Golfo, pero Trump continuaba buscando una victoria rápida hasta asustarse ante las consecuencias para la economía de su país en año electoral, según el análisis.
Trump ha emitido declaraciones dirigidas a calmar los mercados energéticos, aunque de sus abundantes y contradictorias declaraciones puede deducirse cualquier cosa y la contraria: que está a punto de cantar victoria o que los marines van a desembarcar en las islas de la costa iraní para abrir Ormuz al tráfico marítimo, según la fuente.
**Netanyahu conduce la guerra desde el inicio**
La contienda ha sido desencadenada y conducida por el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu desde el primer día, cuando arrastró a Estados Unidos al ataque para descabezar al régimen, según El País. Netanyahu posteriormente liquidó a dirigentes iraníes con capacidad de interlocución como Ali Lariyaní y finalmente abrió la guerra energética con el ataque a los campos gasísticos iraníes, según el análisis.
Esta guerra contra Irán es una iniciativa de Netanyahu concebida desde hace al menos tres décadas, según la fuente. A su acción como primer ministro se debe la obturación de todas las aperturas diplomáticas hacia el país persa, especialmente el acuerdo de limitación nuclear promovido por el presidente Barack Obama en 2015 y roto por Trump en 2018, según El País.
Ambos países se reconocen mutuamente como una amenaza existencial, pero nadie como Netanyahu ha trabajado con tanta eficacia para llegar a la guerra abierta, incomprensible sin el auxilio proporcionado por Trump, según el análisis.
**Divergencia de objetivos entre Trump y Netanyahu**
Israel es el "aliado modelo" según la Estrategia Nacional de Defensa trumpista y Trump el "presidente más pro Israel de la historia moderna de Estados Unidos" según Netanyahu, reporta El País. A pesar de tanta compenetración, sus intereses difieren en cuanto a duración de la guerra y objetivos, según la fuente.
Trump nunca ha conseguido fijar un propósito político comprensible para los ciudadanos, carece del apoyo de su opinión pública y desea pasar página para dedicarse a otras cosas, probablemente Cuba, según el análisis. Netanyahu, en cambio, contando con la opinión a favor de los israelíes, quiere alargar la guerra hasta conseguir la caída del régimen y ensanchar su hegemonía militar sobre la región, según El País.
Netanyahu comparte su radicalismo belicista con los halcones iraníes, dispuestos a seguir la guerra hasta alcanzar un alto el fuego y la supervivencia que les permita cantar victoria, según la fuente. Trump ha relajado las sanciones sobre el petróleo ruso e iraní, motivado por las turbulencias en las bolsas y los mercados de la energía, como si ya estuviera adelantando el tipo de paz que tiene en mente para ambos regímenes, según el análisis.
**Irán mantiene capacidad disuasiva pese a reveses**
Con el bloqueo de Ormuz y la escalada de la guerra energética, Irán demuestra que mantiene una cierta capacidad disuasiva, según El País. Aunque está contra las cuerdas, ha conseguido absorber el enorme revés del descabezamiento de su cúpula y la destrucción del armamento, instalaciones e infraestructuras militares y policiales, según la fuente.
Irán no ha perdido el control del país, como ha demostrado con los ahorcamientos en grúas de tres manifestantes, ni la capacidad intimidatoria que le daba su programa nuclear, según el análisis. Con pocos misiles dirigidos a objetivos escogidos consigue sembrar el pánico entre los países vecinos, desencadena una crisis energética y enarbola la amenaza de la recesión global, según El País.
**Perspectivas de desescalada y escenarios futuros**
La desescalada que sugieren las palabras de Trump ni siquiera ha empezado, según la fuente. La guerra pinta para largo, según el análisis. Vista la correlación de fuerzas, que no son tan solo militares y tecnológicas, nadie puede cantar victoria antes de hora en la contienda más asimétrica que hayamos conocido, según El País.
De todas las salidas, la más probable es el mantenimiento del régimen iraní, endurecido pero debilitado, todavía con capacidad disuasiva y preparado para negociar, según el análisis. La menos probable es su caída y sustitución tras una revuelta estimulada desde el exterior, según la fuente. Incluso esta última difícilmente desembocará en una transición hacia la democracia, según El País.
Como siempre, quienes van a sufrir en cualquiera de los casos son los civiles iraníes, concluye el análisis.