El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) confirmó que las larvas fueron detectadas en un becerro de tres semanas de edad en el condado de Zavala, al sur de Texas y cerca de la frontera con México, según informó la agencia federal. Se trata del primer caso registrado en el estado desde 1966 y, hasta ahora, el único confirmado en territorio estadounidense.
La detección se produjo después de meses de advertencias por parte de las autoridades federales, funcionarios estatales y organizaciones ganaderas sobre el avance de la plaga a través de México rumbo a la frontera, según el USDA.
El gusano barrenador del Nuevo Mundo no se transmite directamente entre animales. La amenaza proviene de la mosca que deposita sus huevos en heridas abiertas o cavidades corporales, según las autoridades sanitarias. Cuando los huevos eclosionan, las larvas penetran el tejido vivo y comienzan a alimentarse de él, provocando lesiones severas, infecciones y, en los casos más graves, la muerte del animal afectado. Aunque las infecciones en humanos son poco frecuentes, las autoridades sanitarias reconocen que pueden ocurrir.
A partir de la confirmación del caso, el USDA activó un plan de respuesta que incluye una zona de cuarentena de aproximadamente 19,3 kilómetros alrededor del sitio donde fue localizado el becerro, restricciones al movimiento de ganado y otros animales de sangre caliente, así como un incremento en las labores de vigilancia y captura de insectos, según anunció el departamento. Las autoridades también anunciaron el despliegue de un equipo de comando conjunto con la Comisión de Salud Animal de Texas para coordinar las acciones de contención.
La secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, intentó tranquilizar a productores y consumidores al asegurar que no existen indicios de una infestación generalizada. "No hay motivos para creer que esta incursión vaya a dar lugar al establecimiento de la plaga en nuestro país", afirmó la funcionaria, según declaraciones recogidas por el USDA. Rollins también sostuvo que "no hay riesgo de infestación masiva" y destacó que el caso detectado en Texas es, por ahora, un incidente aislado.
Para combatir la propagación del parásito, el Gobierno federal ha recurrido nuevamente a una estrategia que resultó decisiva durante las campañas de erradicación del siglo pasado: la liberación de moscas macho estériles. Debido a que las hembras suelen aparearse una sola vez durante su vida, la reproducción de la especie disminuye cuando se cruzan con machos incapaces de producir descendencia, según explicó el USDA.
"El USDA ha realizado importantes inversiones en las herramientas necesarias para erradicar el gusano barrenador del Nuevo Mundo desde que los casos comenzaron a aumentar en Centroamérica y México. Estados Unidos ya ha vencido a esta plaga anteriormente, y lo volveremos a hacer", declaró Dudley Hoskins, subsecretario de Programas de Comercialización y Regulación del departamento.
La Administración federal ya había intensificado sus preparativos durante los últimos meses ante el avance sostenido del parásito a través de Centroamérica y México, según el USDA. En marzo, el departamento anunció la construcción de una nueva instalación para la producción de moscas estériles en la base aérea de Moore, en Edinburg, Texas, como parte de los esfuerzos para reforzar la respuesta ante una posible llegada del insecto a territorio estadounidense.
Sin embargo, algunos funcionarios estatales consideran que las medidas federales no fueron suficientes para contener el avance de la plaga. El comisionado de Agricultura de Texas, Sid Miller, criticó la estrategia seguida hasta ahora por el Gobierno federal y pidió una movilización más agresiva de recursos.
"Durante meses, el gusano barrenador ha avanzado rápidamente por México a pesar del plan de acción ya establecido por el USDA", señaló Miller en un comunicado. El funcionario agregó que "a pesar de que el USDA ha liberado miles de millones de moscas estériles, el gusano barrenador ha seguido avanzando más de 1.770,2 kilómetros desde el sur de México hasta Texas, y el USDA ha pasado por alto un aspecto fundamental. Ahora que parece que el primer gusano barrenador ha llegado a Texas, las consecuencias de esa decisión nos están saltando a la vista".
Miller también instó a la Administración del presidente Donald Trump a ampliar el uso del denominado Sistema de control del gusano barrenador (Screwworm Adult Suppression System, SWASS), un método que combina atrayentes, cebos e insecticidas para reducir las poblaciones de moscas adultas antes de la liberación de insectos estériles, según explicó el comisionado.
Más allá del riesgo sanitario para el ganado, la preocupación se concentra en las posibles repercusiones económicas. Estados Unidos atraviesa una etapa de oferta limitada de ganado bovino tras años de sequía, altos costos de alimentación y una demanda de carne que se ha mantenido fuerte pese al aumento de precios, según datos del sector ganadero. Como resultado, los precios minoristas de la carne de res se encuentran en máximos históricos.
El hato bovino estadounidense se encuentra en su nivel más bajo en 75 años, según cifras de la industria ganadera, lo que ha generado una situación de vulnerabilidad ante cualquier amenaza sanitaria que pueda reducir aún más la disponibilidad de ganado. La combinación de escasez de oferta y precios récord convierte la reaparición del gusano barrenador en una amenaza potencial no solo para la salud animal, sino también para la estabilidad económica de un sector ya presionado por múltiples factores adversos.
El avance del parásito a través de más de 1.770 kilómetros desde el sur de México hasta Texas, según las cifras proporcionadas por Miller, evidencia la capacidad de dispersión de la plaga y plantea interrogantes sobre la efectividad de las barreras de contención implementadas hasta ahora. La construcción de la nueva instalación de producción de moscas estériles en Texas representa un reconocimiento implícito de que la amenaza requiere una respuesta de mayor escala y proximidad geográfica.
La estrategia de moscas estériles, aunque probada históricamente, enfrenta ahora el desafío de demostrar su efectividad en un contexto diferente al de las campañas de erradicación del siglo XX. El debate entre autoridades federales y estatales sobre la necesidad de incorporar métodos adicionales como el SWASS refleja las incertidumbres sobre si las herramientas actuales serán suficientes para evitar el establecimiento permanente de la plaga en territorio estadounidense.
La zona de cuarentena de 19,3 kilómetros y las restricciones al movimiento de animales representan medidas de contención inmediatas, pero su impacto en las operaciones ganaderas de la región aún está por verse. Para una industria que opera con márgenes ajustados y enfrenta presiones de costos, cualquier limitación adicional a la movilidad del ganado puede traducirse en pérdidas económicas significativas, incluso si la infestación no se propaga más allá del caso confirmado.
La confirmación de que las infecciones en humanos, aunque poco frecuentes, pueden ocurrir, añade una dimensión de salud pública a una crisis que hasta ahora se había percibido principalmente como un problema veterinario y económico. Las autoridades sanitarias no han especificado qué medidas de protección se recomiendan para trabajadores ganaderos o residentes de las zonas afectadas, más allá de las acciones de vigilancia y captura de insectos ya anunciadas.
El caso de Texas marca un punto de inflexión en una batalla que parecía ganada hace seis décadas. La erradicación del gusano barrenador en Estados Unidos en 1966 fue considerada uno de los grandes éxitos de la sanidad animal del siglo XX. Su reaparición plantea preguntas sobre la sostenibilidad a largo plazo de las victorias contra plagas en un mundo cada vez más interconectado, donde los patógenos y parásitos pueden recorrer grandes distancias en períodos relativamente cortos.
La respuesta coordinada entre el USDA y las autoridades de Texas será crucial para determinar si este caso permanece como un incidente aislado o si marca el inicio de una reinfestación que podría requerir años y recursos considerables para controlar. La experiencia histórica demuestra que la erradicación es posible, pero también que requiere vigilancia constante, recursos sostenidos y coordinación efectiva entre múltiples niveles de gobierno y sectores de la industria.