Irán enfrenta crisis profundas tras guerra con EE.UU. e Israel pese a aparente estabilidad
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Irán enfrenta crisis profundas tras guerra con EE.UU. e Israel pese a aparente estabilidad

Más de 100 días después del alto el fuego que puso fin a la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel, la República Islámica mantiene una estabilidad superficial que oculta crisis de legitimidad, represión masiva y colapso económico, según expertos y activistas. El conflicto, que incluyó bombardeos conjuntos estadounidenses-israelíes y el cierre iraní del Estrecho de Hormuz, dejó miles de arrestos, 39 ejecuciones políticas y una inflación superior al 50%, mientras el régimen moviliza manifestaciones nocturnas para demostrar control de las calles.

INTERNACIONAL5 JUN 2026

El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques aéreos conjuntos contra objetivos militares y estratégicos en toda la República Islámica de Irán, según reportó Deutsche Welle. Teherán respondió con ataques masivos de represalia, desplegando misiles y drones contra Israel, bases militares estadounidenses y otros objetivos en la región del Golfo.

Como herramienta de presión geopolítica, Irán cerró el Estrecho de Hormuz, una vía marítima clave entre el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán por la que pasaba aproximadamente el 20% de las exportaciones mundiales de petróleo y gas antes del conflicto, según la fuente.

Un alto el fuego frágil entró en vigor el 8 de abril, reduciendo inicialmente las hostilidades, pero continúa siendo violado casi a diario, según Deutsche Welle.

Durante el conflicto, la Asamblea de Expertos de Irán eligió a Mojtaba Khamenei, hijo del líder supremo anterior, como nuevo líder supremo del país.

Cohesión política sin cambios estructurales

"No veo ningún cambio estructural en la República Islámica en los últimos 100 días", dijo Mohammad Ghaedi, experto en Irán y profesor en la Universidad George Washington especializado en política de Oriente Medio y relaciones internacionales, según Deutsche Welle.

"Antes de la guerra, había profundas divisiones entre las élites políticas, y la brecha entre el Estado y la sociedad se había ampliado significativamente tras la represión gubernamental de la disidencia", explicó Ghaedi.

El experto indicó que la guerra ayudó a aliviar algunas de estas divisiones, tanto entre las élites como entre el Estado y la sociedad. "El nivel de cohesión entre las élites políticas que vemos hoy es relativamente raro en el período posrevolucionario. Esa cohesión ha sido una de las principales fuentes de resistencia", dijo, advirtiendo contra interpretar la estabilidad actual como señal de consolidación duradera.

"La República Islámica todavía enfrenta desafíos importantes, incluidas crisis de legitimidad, efectividad y distribución. A medida que las preocupaciones sobre seguridad y supervivencia disminuyan, es probable que estos problemas subyacentes se vuelvan más visibles nuevamente y hagan que la gobernanza sea cada vez más difícil", agregó Ghaedi.

Movilizaciones nocturnas y control de las calles

El régimen iraní ha movilizado a partidarios que, durante más de tres meses, se han reunido en ciudades y pueblos de todo el país para mostrar apoyo a su sistema político y líderes, según la fuente.

Una residente de Teherán que no participa en las manifestaciones describió estos eventos como bastante ruidosos. "Antes de las 11 de la noche, es casi imposible dormir", dijo a Deutsche Welle. "Hay mucho ruido afuera y es agotador".

Una activista de derechos de las mujeres que también vive en la capital iraní explicó que las reuniones nocturnas tienen como objetivo demostrar que el régimen islámico ha recuperado el control de las calles tras la represión de enero por parte de los gobernantes clericales de Irán contra las manifestaciones antigubernamentales.

"Muchas personas todavía están enojadas por la brutal represión de las protestas", dijo la activista de 42 años, que no quiso ser identificada, a Deutsche Welle. "Casi todos en mi círculo conocen a alguien que recibió disparos, resultó herido o fue arrestado".

Agregó que desde que comenzó la guerra y los bombardeos, "casi nadie cree ya en un cambio positivo".

Bombardeos y promesas de cambio de régimen

Para muchos desilusionados con el sistema político de Irán, la idea de la guerra inicialmente parecía un camino rápido y fácil hacia el cambio de régimen, según la fuente. En enero, mientras las fuerzas de seguridad supuestamente dispararon contra miles de manifestantes, el presidente estadounidense Donald Trump prometió que la ayuda estaba en camino.

Durante la guerra de casi seis semanas entre Estados Unidos-Israel e Irán, ciudades iraníes densamente pobladas fueron bombardeadas varias veces al día, según Deutsche Welle.

"Toda una civilización morirá esta noche, para nunca ser traída de vuelta", escribió Trump el 7 de abril en su plataforma en línea Truth Social.

"Eso fue aterrador. Todavía no sé cómo soportamos todo", dijo la activista a Deutsche Welle.

Además de objetivos militares, los ataques también alcanzaron instalaciones industriales clave en todo Irán, incluidas plantas de acero y petroquímicas. Las interrupciones de producción en estos sectores han desencadenado reacciones en cadena, obligando a docenas de empresas dependientes a suspender operaciones, según la fuente.

Colapso económico y pérdida masiva de empleos

Decenas de miles de empleos ya se han perdido, dejando a cientos de miles de otros trabajadores temiendo por sus medios de vida, según Deutsche Welle.

La inflación se ha disparado a más del 50%, erosionando severamente el poder adquisitivo de las personas. Con un salario mínimo legal equivalente a poco menos de 75 euros (87 dólares) al mes, muchos iraníes apenas pueden permitirse incluso servicios básicos, según la fuente.

Represión masiva y ejecuciones políticas

Según Amnistía Internacional, "las autoridades iraníes han arrestado arbitrariamente a más de 6.000 personas, incluidos manifestantes, periodistas, abogados, defensores de derechos humanos, disidentes y miembros de minorías étnicas y religiosas" desde el inicio de los ataques aéreos estadounidenses-israelíes.

"Durante el mismo período, las autoridades han impuesto sentencias de prisión de décadas contra individuos y han llevado a cabo al menos 39 ejecuciones políticas", informó la organización de derechos el 28 de mayo, según Deutsche Welle.

Muchos iraníes dijeron que también deben lidiar con controles policiales y bloqueos de carreteras frecuentes y a menudo arbitrarios durante los cuales se registran teléfonos celulares y automóviles, según la fuente.

"En estos puntos de control, muchas personas han sido arrestadas simplemente por sus publicaciones en redes sociales", dijo la activista de derechos humanos Shiva Nazar Ahari.

Como miembro del Comité de Reporteros de Derechos Humanos, una organización activista de base, Ahari ha documentado violaciones en Irán. Debido a su trabajo, fue arrestada repetidamente y cumplió varias condenas de prisión, según Amnistía Internacional. Ahora vive en Eslovenia.

"El nivel actual de represión es extremadamente severo", dijo Ahari. "A menudo ni siquiera está claro quién está tomando decisiones o qué institución tiene el control, y esa incertidumbre puede ser la peor parte".

"En los últimos días, hemos sabido que la mayoría de los arrestados en relación con las protestas nacionales de enero todavía están en prisión", dijo Ahari.

"La atención pública se centra actualmente en las ejecuciones, lo cual es por supuesto extremadamente importante. Pero la información disponible muestra que incluso personas sin antecedentes penales están recibiendo sentencias de prisión de al menos cuatro a cinco años, y en muchos casos más de 10", agregó la activista.

Perspectivas futuras

La situación actual en Irán presenta una paradoja: mientras el régimen muestra una cohesión política inusual y mantiene control sobre las calles mediante movilizaciones y represión, las crisis económicas y de legitimidad continúan profundizándose. Con una inflación superior al 50%, pérdida masiva de empleos, más de 6.000 arrestos arbitrarios y 39 ejecuciones políticas en apenas tres meses, la estabilidad aparente podría ser temporal.

Según el análisis de Ghaedi, a medida que las preocupaciones inmediatas sobre seguridad y supervivencia disminuyan con la consolidación del alto el fuego, los problemas estructurales subyacentes de legitimidad, efectividad y distribución probablemente resurgirán, haciendo la gobernanza cada vez más difícil para la República Islámica.

El cierre del Estrecho de Hormuz, por donde pasaba el 20% de las exportaciones mundiales de petróleo y gas, continúa afectando los mercados energéticos globales, mientras que el alto el fuego frágil que se viola casi diariamente mantiene la región en estado de tensión permanente.

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5 jun 2026
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El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques aéreos conjuntos contra objetivos militares y estratégicos en toda la República Islámica de Irán, según reportó Deutsche Welle. Teherán respondió con ataques masivos de represalia, desplegando misiles y drones contra Israel, bases militares estadounidenses y otros objetivos en la región del Golfo.

Como herramienta de presión geopolítica, Irán cerró el Estrecho de Hormuz, una vía marítima clave entre el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán por la que pasaba aproximadamente el 20% de las exportaciones mundiales de petróleo y gas antes del conflicto, según la fuente.

Un alto el fuego frágil entró en vigor el 8 de abril, reduciendo inicialmente las hostilidades, pero continúa siendo violado casi a diario, según Deutsche Welle.

Durante el conflicto, la Asamblea de Expertos de Irán eligió a Mojtaba Khamenei, hijo del líder supremo anterior, como nuevo líder supremo del país.

Cohesión política sin cambios estructurales

"No veo ningún cambio estructural en la República Islámica en los últimos 100 días", dijo Mohammad Ghaedi, experto en Irán y profesor en la Universidad George Washington especializado en política de Oriente Medio y relaciones internacionales, según Deutsche Welle.

"Antes de la guerra, había profundas divisiones entre las élites políticas, y la brecha entre el Estado y la sociedad se había ampliado significativamente tras la represión gubernamental de la disidencia", explicó Ghaedi.

El experto indicó que la guerra ayudó a aliviar algunas de estas divisiones, tanto entre las élites como entre el Estado y la sociedad. "El nivel de cohesión entre las élites políticas que vemos hoy es relativamente raro en el período posrevolucionario. Esa cohesión ha sido una de las principales fuentes de resistencia", dijo, advirtiendo contra interpretar la estabilidad actual como señal de consolidación duradera.

"La República Islámica todavía enfrenta desafíos importantes, incluidas crisis de legitimidad, efectividad y distribución. A medida que las preocupaciones sobre seguridad y supervivencia disminuyan, es probable que estos problemas subyacentes se vuelvan más visibles nuevamente y hagan que la gobernanza sea cada vez más difícil", agregó Ghaedi.

Movilizaciones nocturnas y control de las calles

El régimen iraní ha movilizado a partidarios que, durante más de tres meses, se han reunido en ciudades y pueblos de todo el país para mostrar apoyo a su sistema político y líderes, según la fuente.

Una residente de Teherán que no participa en las manifestaciones describió estos eventos como bastante ruidosos. "Antes de las 11 de la noche, es casi imposible dormir", dijo a Deutsche Welle. "Hay mucho ruido afuera y es agotador".

Una activista de derechos de las mujeres que también vive en la capital iraní explicó que las reuniones nocturnas tienen como objetivo demostrar que el régimen islámico ha recuperado el control de las calles tras la represión de enero por parte de los gobernantes clericales de Irán contra las manifestaciones antigubernamentales.

"Muchas personas todavía están enojadas por la brutal represión de las protestas", dijo la activista de 42 años, que no quiso ser identificada, a Deutsche Welle. "Casi todos en mi círculo conocen a alguien que recibió disparos, resultó herido o fue arrestado".

Agregó que desde que comenzó la guerra y los bombardeos, "casi nadie cree ya en un cambio positivo".

Bombardeos y promesas de cambio de régimen

Para muchos desilusionados con el sistema político de Irán, la idea de la guerra inicialmente parecía un camino rápido y fácil hacia el cambio de régimen, según la fuente. En enero, mientras las fuerzas de seguridad supuestamente dispararon contra miles de manifestantes, el presidente estadounidense Donald Trump prometió que la ayuda estaba en camino.

Durante la guerra de casi seis semanas entre Estados Unidos-Israel e Irán, ciudades iraníes densamente pobladas fueron bombardeadas varias veces al día, según Deutsche Welle.

"Toda una civilización morirá esta noche, para nunca ser traída de vuelta", escribió Trump el 7 de abril en su plataforma en línea Truth Social.

"Eso fue aterrador. Todavía no sé cómo soportamos todo", dijo la activista a Deutsche Welle.

Además de objetivos militares, los ataques también alcanzaron instalaciones industriales clave en todo Irán, incluidas plantas de acero y petroquímicas. Las interrupciones de producción en estos sectores han desencadenado reacciones en cadena, obligando a docenas de empresas dependientes a suspender operaciones, según la fuente.

Colapso económico y pérdida masiva de empleos

Decenas de miles de empleos ya se han perdido, dejando a cientos de miles de otros trabajadores temiendo por sus medios de vida, según Deutsche Welle.

La inflación se ha disparado a más del 50%, erosionando severamente el poder adquisitivo de las personas. Con un salario mínimo legal equivalente a poco menos de 75 euros (87 dólares) al mes, muchos iraníes apenas pueden permitirse incluso servicios básicos, según la fuente.

Represión masiva y ejecuciones políticas

Según Amnistía Internacional, "las autoridades iraníes han arrestado arbitrariamente a más de 6.000 personas, incluidos manifestantes, periodistas, abogados, defensores de derechos humanos, disidentes y miembros de minorías étnicas y religiosas" desde el inicio de los ataques aéreos estadounidenses-israelíes.

"Durante el mismo período, las autoridades han impuesto sentencias de prisión de décadas contra individuos y han llevado a cabo al menos 39 ejecuciones políticas", informó la organización de derechos el 28 de mayo, según Deutsche Welle.

Muchos iraníes dijeron que también deben lidiar con controles policiales y bloqueos de carreteras frecuentes y a menudo arbitrarios durante los cuales se registran teléfonos celulares y automóviles, según la fuente.

"En estos puntos de control, muchas personas han sido arrestadas simplemente por sus publicaciones en redes sociales", dijo la activista de derechos humanos Shiva Nazar Ahari.

Como miembro del Comité de Reporteros de Derechos Humanos, una organización activista de base, Ahari ha documentado violaciones en Irán. Debido a su trabajo, fue arrestada repetidamente y cumplió varias condenas de prisión, según Amnistía Internacional. Ahora vive en Eslovenia.

"El nivel actual de represión es extremadamente severo", dijo Ahari. "A menudo ni siquiera está claro quién está tomando decisiones o qué institución tiene el control, y esa incertidumbre puede ser la peor parte".

"En los últimos días, hemos sabido que la mayoría de los arrestados en relación con las protestas nacionales de enero todavía están en prisión", dijo Ahari.

"La atención pública se centra actualmente en las ejecuciones, lo cual es por supuesto extremadamente importante. Pero la información disponible muestra que incluso personas sin antecedentes penales están recibiendo sentencias de prisión de al menos cuatro a cinco años, y en muchos casos más de 10", agregó la activista.

Perspectivas futuras

La situación actual en Irán presenta una paradoja: mientras el régimen muestra una cohesión política inusual y mantiene control sobre las calles mediante movilizaciones y represión, las crisis económicas y de legitimidad continúan profundizándose. Con una inflación superior al 50%, pérdida masiva de empleos, más de 6.000 arrestos arbitrarios y 39 ejecuciones políticas en apenas tres meses, la estabilidad aparente podría ser temporal.

Según el análisis de Ghaedi, a medida que las preocupaciones inmediatas sobre seguridad y supervivencia disminuyan con la consolidación del alto el fuego, los problemas estructurales subyacentes de legitimidad, efectividad y distribución probablemente resurgirán, haciendo la gobernanza cada vez más difícil para la República Islámica.

El cierre del Estrecho de Hormuz, por donde pasaba el 20% de las exportaciones mundiales de petróleo y gas, continúa afectando los mercados energéticos globales, mientras que el alto el fuego frágil que se viola casi diariamente mantiene la región en estado de tensión permanente.

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