Sam Neill fue, según Campion, "sin esfuerzo guapo, y esa cosa rara en Nueva Zelanda y Australia: una estrella de cine". La directora recuerda el momento en que se conocieron en un café de Vulcan Lane, Auckland, para discutir los ensayos de "El piano", la película que los uniría profesionalmente y que marcaría sus vidas.
"Mis manos temblaban cuando lo conocí", confiesa Campion. Neill fue elegido para interpretar a Stewart, el personaje reprimido y violento que cortaría el dedo de la esposa de su personaje. "¿Quién sino Sam podría jugar ese papel, podría sorprender con ese papel?", se pregunta la directora.
Durante la producción de "El piano", Neill demostró ser "amable, comprometido y solidario". Campion destaca que "cuidaba de mí y en realidad de todos en el set. Caminaba por el barro, organizaba cenas, me mandaba en los pases de película y me regañaba si pensaba que estaba dejando que la iluminación fuera demasiado oscura". La directora recuerda vívidamente una escena en particular: "Puedo recordar jadear cuando sacó a Holly Hunter de su cabaña, hacia la lluvia y el barro que caía a raudales, con una fuerza que no esperaba pero que inmediatamente me di cuenta de que la historia necesitaba. Ya sabía que los celos de Stewart eran aterradores".
La relación entre ambos trascendió lo profesional. Neill y su entonces esposa Noriko invitaron a Campion a su casa en Queenstown durante un verano, mostrándole "la belleza intensa del sur profundo de Nueva Zelanda". Este viaje marcó "el comienzo del romance de mi familia con el sur: los lagos, las montañas, los bosques de haya".
Con el paso de los años, ambos compartieron momentos más íntimos. "A veces nos confiábamos el uno al otro, compartíamos nuestras historias de vida, hablábamos como amigas y discutíamos la preparación para el final de la vida", relata Campion. Cuando Neill recibió su diagnóstico de cáncer, escribió "una brillante y entretenida memoria" y pidió a Campion que revisara el capítulo sobre "El piano". "Resultó que fue un tiempo solitario para él, pero nunca lo mostró, excepto quizás en la pantalla", reflexiona la directora.
A principios de este año, Campion vio a Neill con su pareja Heather y amigos comunes. "Nos quedamos la noche en su hermosa bodega y celebramos lo que parecía una buena fortuna imposible: que estaba libre de cáncer y podía imaginar nuevos capítulos", recuerda. En ese momento, Campion fue "golpeada por una gentileza y paz, una gracia que lo envolvía completamente".
Sin embargo, solo unos meses después, Neill fue hospitalizado en el St Vincent's de Sídney. Campion lo visitó llevando café y comida. "Rachel Ward estaba allí también y todos bromeamos y charlamos. El sentido del amor en y alrededor de Sam se había intensificado. No discutimos la enfermedad, parecía una pérdida de tiempo hermoso", cuenta.
En su último encuentro, Neill seguía hospitalizado. Campion le llevó un pequeño juego de acuarelas de la tienda de la escuela de arte Macquarie "porque dijo que el tiempo era difícil de llenar... estaba encantado de sacar algunos bocetos soñadores". Conversaron sobre el increíble concierto de reunión de Split Enz que Campion había visto y que Neill había seguido por audio desde su cama. "Nuestro adiós fue un beso, seguido de él agradeciéndome por venir, por tomarme la molestia. ¿Sabíamos que sería la última vez? No lo pensé, no creo que él tampoco", reflexiona.
Campion concluye su tributo destacando la transformación que presenció en Neill durante sus últimos meses: "Cada vez que vi a Sam en estos últimos meses, fue una experiencia embriagadora. Radiaba paz, desbordaba amor. No parecía importarle nada. Simplemente estaba allí, suave y graciosamente, pero ahora no está. Gracias por todo Sam. Te echo de menos".