Jefa de ONU-Hábitat advierte que las ciudades no están preparadas para el calor extremo y exige replanteo radical
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Jefa de ONU-Hábitat advierte que las ciudades no están preparadas para el calor extremo y exige replanteo radical

Anaclaudia Rossbach, directora ejecutiva de ONU-Hábitat, advierte que las ciudades del mundo fueron construidas sin considerar los extremos de calor que ahora enfrentan, y demanda un cambio fundamental en la planificación urbana que vaya más allá de simples alertas de calor, incluyendo espacios verdes, acceso a agua, nuevos códigos de construcción y protección específica para comunidades vulnerables.

INTERNACIONAL17 JUL 2026

Las ciudades globales enfrentan una crisis de calor para la cual no fueron diseñadas. Según Anaclaudia Rossbach, jefa de ONU-Hábitat, la infraestructura urbana actual es fundamentalmente inadecuada para los extremos térmicos que caracterizan el clima contemporáneo, lo que requiere una transformación profunda en cómo se conciben, construyen y gestionan los espacios urbanos.

El problema trasciende las medidas reactivas. Rossbach subraya que la adaptación debe ir mucho más allá de sistemas de alerta temprana sobre olas de calor. La respuesta debe ser estructural y preventiva, integrando múltiples dimensiones de la vida urbana.

Entre las medidas concretas que Rossbach propone están el aumento significativo de espacios verdes en las ciudades, que actúan como reguladores naturales de temperatura y proporcionan refugio durante eventos de calor extremo. Igualmente crítico es garantizar acceso equitativo al agua, recurso fundamental tanto para la supervivencia como para sistemas de enfriamiento urbano.

La revisión de códigos de construcción constituye otro pilar esencial. Los edificios actuales, diseñados bajo parámetros climáticos históricos, requieren modificaciones que mejoren su capacidad de retención térmica y ventilación natural, reduciendo la dependencia de sistemas de aire acondicionado que generan más calor urbano.

Rossbach enfatiza la necesidad de una planificación urbana resiliente al calor, que considere desde la orientación de calles y edificios hasta la selección de materiales de construcción y pavimentación. Las superficies oscuras absorben y retienen calor, intensificando el fenómeno de isla de calor urbana, donde las ciudades registran temperaturas significativamente más altas que sus alrededores rurales.

La protección de comunidades vulnerables emerge como imperativo ético y práctico. Poblaciones de bajos ingresos, personas mayores, niños y aquellos con condiciones de salud preexistentes enfrentan riesgos desproporcionados durante eventos de calor extremo, frecuentemente residiendo en áreas con menor cobertura de espacios verdes y peor infraestructura de enfriamiento.

El llamado de Rossbach refleja una realidad global: el cambio climático ha alterado los parámetros para los cuales fueron diseñadas las ciudades modernas. Sin intervención radical, millones de habitantes urbanos enfrentarán riesgos crecientes a su salud y bienestar durante los próximos años.

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Anaclaudia Rossbach, directora ejecutiva de ONU-Hábitat, advierte que las ciudades del mundo fueron construidas sin considerar los extremos de calor que ahora enfrentan, y demanda un cambio fundamental en la planificación urbana que vaya más allá de simples alertas de calor, incluyendo espacios verdes, acceso a agua, nuevos códigos de construcción y protección específica para comunidades vulnerables.

17 jul 2026
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Las ciudades globales enfrentan una crisis de calor para la cual no fueron diseñadas. Según Anaclaudia Rossbach, jefa de ONU-Hábitat, la infraestructura urbana actual es fundamentalmente inadecuada para los extremos térmicos que caracterizan el clima contemporáneo, lo que requiere una transformación profunda en cómo se conciben, construyen y gestionan los espacios urbanos.

El problema trasciende las medidas reactivas. Rossbach subraya que la adaptación debe ir mucho más allá de sistemas de alerta temprana sobre olas de calor. La respuesta debe ser estructural y preventiva, integrando múltiples dimensiones de la vida urbana.

Entre las medidas concretas que Rossbach propone están el aumento significativo de espacios verdes en las ciudades, que actúan como reguladores naturales de temperatura y proporcionan refugio durante eventos de calor extremo. Igualmente crítico es garantizar acceso equitativo al agua, recurso fundamental tanto para la supervivencia como para sistemas de enfriamiento urbano.

La revisión de códigos de construcción constituye otro pilar esencial. Los edificios actuales, diseñados bajo parámetros climáticos históricos, requieren modificaciones que mejoren su capacidad de retención térmica y ventilación natural, reduciendo la dependencia de sistemas de aire acondicionado que generan más calor urbano.

Rossbach enfatiza la necesidad de una planificación urbana resiliente al calor, que considere desde la orientación de calles y edificios hasta la selección de materiales de construcción y pavimentación. Las superficies oscuras absorben y retienen calor, intensificando el fenómeno de isla de calor urbana, donde las ciudades registran temperaturas significativamente más altas que sus alrededores rurales.

La protección de comunidades vulnerables emerge como imperativo ético y práctico. Poblaciones de bajos ingresos, personas mayores, niños y aquellos con condiciones de salud preexistentes enfrentan riesgos desproporcionados durante eventos de calor extremo, frecuentemente residiendo en áreas con menor cobertura de espacios verdes y peor infraestructura de enfriamiento.

El llamado de Rossbach refleja una realidad global: el cambio climático ha alterado los parámetros para los cuales fueron diseñadas las ciudades modernas. Sin intervención radical, millones de habitantes urbanos enfrentarán riesgos crecientes a su salud y bienestar durante los próximos años.

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