La Guardia Revolucionaria de Irán ha asumido el control visible y decisivo de todas las ramas del Estado iraní tras cuatro semanas de guerra contra Estados Unidos e Israel, según reporta El País. El cuerpo militar ha reemplazado a comandantes muertos y ocupado cargos civiles clave, mientras lanza ataques contra infraestructura industrial en el Golfo y amenaza con bombardear universidades estadounidenses e israelíes en Medio Oriente si Washington no condena los ataques contra instituciones educativas iraníes antes del mediodía del lunes 30 de marzo.
La estructura de poder en Irán ha experimentado una transformación radical desde el inicio del conflicto actual contra Estados Unidos e Israel. Antes de la guerra de 12 días mantenida en junio pasado entre Irán e Israel, cuando el programa nuclear de Teherán fue bombardeado, los comandantes de la Guardia Revolucionaria, conocidos como Pasdarán y puntal de las fuerzas armadas iraníes, mantenían su influencia sobre la toma de decisiones oculta tras un entramado de instituciones que simulaban una democracia, según El País. Ese velo se ha desvanecido: en el actual conflicto, el control militar de la Guardia Revolucionaria sobre todas las ramas del Estado se ha vuelto más visible y decisivo que nunca.
Tras cuatro semanas de guerra, aunque la fuerza militar del país se ha visto mermada, Irán sigue siendo capaz de amenazar los intereses de Washington y sus aliados, mantener cerrado el estrecho de Ormuz al tránsito de buques y generar tensiones en los mercados energéticos internacionales, según El País. El desgaste de la cúpula militar y política de la República Islámica resulta, no obstante, innegable.
La Guardia Revolucionaria no solo ha reemplazado con rapidez a sus comandantes muertos en los ataques, sino que también ha ocupado cargos que antes estaban en manos de civiles, como Ali Lariyaní, secretario del Consejo de Seguridad Nacional alcanzado en un ataque israelí el pasado día 17, reforzando así su posición dentro de la estructura de gobierno y preparando el terreno para una reconfiguración del poder que evidencia las rivalidades internas del ala dura del régimen, según El País.
Con la elección como líder supremo de Mojtaba Jameneí, 10 días después de la muerte de su padre Ali Jameneí, se materializó lo que el periodista y activista Ruhollah Zam, ejecutado en 2020, calificó como "golpe de Estado de los Pasdarán", según El País. En este escenario, el denominado Círculo Habib, una red liderada por Hossein Taeb, clérigo y exjefe de inteligencia de la Guardia Revolucionaria a quien le debe Mojtaba su elección, se ha convertido en uno de los núcleos centrales del poder en Irán.
Paralelamente, reaparece la influencia del Círculo Mansourun, un grupo con antecedentes de lucha armada contra la monarquía del shah antes de la revolución de 1979, según El País. Entre sus miembros destaca Mohsen Rezaei, excomandante de la Guardia Revolucionaria, que tras un periodo de marginación política fue nombrado asesor militar de Mojtaba Jameneí. Además, Mohammad Bagher Zolghadr, también de alto rango en los Pasdarán, asumió la presidencia del Consejo Supremo de Seguridad Nacional tras la muerte de Lariyaní con el respaldo de Taeb.
Estos nombramientos han dejado en evidencia la limitada autoridad del presidente Masud Pezeshkián, cuya función se ha reducido a firmar las órdenes escritas por los demás, como en el caso del nombramiento de Zolghadr, según El País. Hessamodin Ashna, exasesor de seguridad del expresidente Hasan Rohaní y exviceministro de inteligencia, cuestionó en la red social X el alcance de las responsabilidades de Taeb, aunque sus comentarios fueron posteriormente eliminados. Con Zolghadr al frente de Seguridad Nacional, se ha consolidado un equipo de seguridad de línea dura que podría intensificar la represión de actores políticos internos una vez concluya la guerra.
En este tablero de poder, Mohammad Bagher Ghalibaf, el actual presidente del Parlamento iraní y excomandante de la Fuerza Aeroespacial de la Guardia Revolucionaria, desempeña un papel clave, según El País. Tras la muerte de Ali Shamjaní, comandante militar y político influyente del Círculo Mansourun y cercano al antiguo líder y a Lariyaní, Ghalibaf se ha convertido en un nodo central que conecta a las fuerzas militares, las de seguridad y las administrativas.
Varios nuevos comandantes, como Ali Abdolahí al frente de la Comandancia Jatam al Anbiya y Seyed Mayid Mousaví como jefe de la Fuerza Aeroespacial de la Guardia, habían servido previamente bajo su mando, reforzando así su influencia dentro del aparato militar, según El País. Aún así, quedan figuras que pueden cuestionar su dominio, como el actual jefe de la Guardia Revolucionaria Ahmad Vahidí, con una larga trayectoria militar, sancionado por Estados Unidos y a quien Argentina culpa de ser autor intelectual de los atentados en Buenos Aires contra la AMIA en 1994.
Ata Mohamad Tabriz, experto en Ciencias Políticas y Derecho internacional, cuestiona el monopolio de poder de Ghalibaf y explica que "una parte de los militares y políticos no lo acepta", aunque reconoce que "tiene más posibilidades que los demás y una gran influencia", según El País. No obstante, este analista sostiene que "todavía no ha surgido un líder central".
La Guardia Revolucionaria de Irán atacó el sábado dos fábricas de aluminio en Bahréin y Emiratos Árabes Unidos en respuesta a los ataques contra infraestructura industrial iraní ejecutados el viernes por Estados Unidos e Israel, según Infobae. El cuerpo militar del régimen reportó ataques con misiles y drones contra la fábrica Al Tawila en Emiratos y la Fábrica de Aluminio Alba en Bahréin.
En un comunicado, la Guardia Revolucionaria amenazó: "Más allá de cualquier nivel de agresión, se asestará un golpe aún más contundente a la estructura militar y económica de los enemigos", según Infobae. Las autoridades iraníes señalaron que ambos objetivos cumplen un "papel fundamental" en las industrias militares estadounidenses y los vincularon con sectores militares y aeroespaciales del país norteamericano en Medio Oriente.
Emirates Global Aluminium, operadora de la planta Al Tawila, confirmó que sus instalaciones sufrieron "daños significativos" a raíz del ataque iraní, que dejó "varios" trabajadores heridos, ninguno de gravedad, según Infobae. La empresa detalló que la fábrica, situada en la Zona Económica Khalifa Abu Dhabi cerca del puerto Khalifa, resultó alcanzada por drones y misiles en la mañana del sábado.
La fábrica Alba en Bahréin también confirmó el ataque, que provocó lesiones leves a dos empleados, según un comunicado citado por el medio local News of Bahrain y reportado por Infobae. La compañía informó que evalúa "el alcance de los daños en sus instalaciones" y mantiene los trabajos con "especial atención en la seguridad de los trabajadores".
Durante la madrugada del domingo, el Ejército de Kuwait respondió a ataques con misiles y drones lanzados desde Irán, según Infobae. "El Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Kuwait confirma que cualquier explosión que se pueda oír es el resultado de la interceptación de objetivos hostiles por parte de los sistemas de defensa aérea", detalló el comunicado castrense.
Los bombardeos del régimen de la república islámica contra industrias en el Golfo siguieron a la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra infraestructura energética en territorio iraní, acción que autoridades persas calificaron de "ecocidio", según Infobae.
La Guardia Revolucionaria anunció que ya considera universidades de Israel y Estados Unidos en Medio Oriente como objetivos militares, tras acusar a Washington y Tel Aviv de atacar instituciones educativas iraníes, según Infobae. De acuerdo con las autoridades de Teherán, Estados Unidos e Israel bombardearon la Universidad de Ciencia y Tecnología en Teherán durante la madrugada del sábado y, el jueves anterior, la Universidad Tecnológica de Isfahán ubicada en el centro del país. Ninguno de los ataques provocó víctimas mortales.
En el comunicado, la Guardia Revolucionaria detalló que "profesores, estudiantes y residentes" próximos a universidades estadounidenses en la región deben mantenerse al menos a un kilómetro de distancia de estos recintos, según Infobae. El cuerpo militar exigió que, para evitar ataques contra instituciones educativas con excepción de dos ya señaladas, Washington debe condenar oficialmente los bombardeos contra centros iraníes antes del mediodía del lunes 30 de marzo hora local de Irán. "Si el Gobierno de EEUU quiere que sus universidades en la región no sean objetivos, menos dos de ellas, debe condenar oficialmente el bombardeo", según Infobae.
La exigencia incluye que Washington impida a sus aliados atacar otros centros de educación e investigación. En caso de no cumplir estas condiciones, "la amenaza sigue en pie y se llevará a cabo", concluyó la Guardia Revolucionaria según Infobae.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán también ha amenazado a "todo el personal" de los centros industriales de Estados Unidos e Israel en la región y ha pedido que abandonen inmediatamente sus lugares de trabajo, según El Diario. En un comunicado remitido a través de la agencia semiestatal iraní Mehr News, el Departamento de Relaciones públicas de la Guardia Revolucionaria ha alertado de "ataques de represalia" en respuesta a las agresiones de Estados Unidos e Israel contra industrias iraníes.
"Advertimos a todos los empleados de las empresas industriales de la región que cuenten con accionistas estadounidenses, así como a las industrias pesadas aliadas con el régimen israelí en la región, que abandonen sus lugares de trabajo de inmediato para evitar poner en peligro sus vidas", según el comunicado citado por El Diario. La Guardia Revolucionaria también ha ordenado a los residentes que vivan en un radio de un kilómetro de dichas instalaciones industriales que evacúen sus viviendas "hasta que concluyan los ataques".
El control del país por los Pasdarán no puede atribuirse solo a la reciente escalada bélica. "El régimen islámico lleva años preparado para esta guerra", asegura Mohamed Tabriz según El País, quien explica que "ha descentralizado al máximo las estructuras defensivas, económicas y políticas". Esta estrategia no surge únicamente como respuesta al giro de Israel a la ofensiva tras el ataque terrorista de Hamás del 7 de octubre de 2023, sino que hunde sus raíces en experiencias previas como la Operación Mantis Religiosa de 1988, en la que Estados Unidos atacó la fuerza naval iraní, y posteriormente las intervenciones militares estadounidenses en Irak y Afganistán, que reforzaron y consolidaron este enfoque hasta el punto de que la gestión no oficial del país quedó bajo el control de la Guardia Revolucionaria.
Uno de los comandantes pasdarán, que pidió mantener el anonimato, afirmó en 2015 a El País: "Irán y Estados Unidos son como dos trenes en vías opuestas; tarde o temprano colisionarán". Según explicó, "el cambio de gobierno en Teherán o Washington" solo modifica "el momento de la colisión" y calificó el enfrentamiento de "inevitable".
La presencia de la Guardia Revolucionaria en la economía iraní se incrementó de manera notable tras la guerra entre Irán e Irak de los años ochenta, un proceso potenciado por la ausencia de un mercado competitivo real debido a las sanciones internacionales y por las controvertidas privatizaciones de 2005 impulsadas por Ali Jameneí, entonces líder supremo, según El País.
Al mismo tiempo, la presidencia del país vio disminuido su poder de forma progresiva, según El País. Esta tendencia se aceleró tras la represión de las protestas de 2009 con la participación activa de la Guardia Revolucionaria y la fuerza paramilitar Basij, y se consolidó con la llegada de Ebrahim Raisí al poder en 2019, apoyado por círculos próximos a la Guardia Revolucionaria y al líder supremo.
Luciano Zaccara, profesor visitante en la Universidad de Georgetown en Qatar, señala que "la presidencia ejerce algún tipo de control de la gestión diaria del país", pero advierte que el control sobre "los ministros encargados de seguridad e inteligencia" escapa a su autoridad, según El País. En palabras de Zaccara, "la estrategia militar en esta guerra no está siendo decidida por la cúpula política, sino por la militar, con escasa coordinación y sin aprobación del poder Ejecutivo".
El académico también señala el debilitamiento del papel del clero y del liderazgo supremo: "Tampoco está claro hasta ahora si el nuevo líder, Mojtaba Jameneí, es un decisor final, un árbitro, o simplemente una pieza bajo el control de la Guardia Revolucionaria", según El País.
La situación actual representa una consolidación sin precedentes del poder militar sobre las estructuras civiles del Estado iraní. La guerra ha acelerado un proceso que llevaba décadas gestándose, en el que la Guardia Revolucionaria ha pasado de ser una fuerza militar de élite a convertirse en el verdadero centro de poder político, económico y militar de Irán. Las amenazas contra infraestructura industrial y universidades en la región demuestran la disposición del cuerpo militar a escalar el conflicto más allá de las fronteras iraníes, mientras que la marginación del presidente Pezeshkián evidencia que las decisiones estratégicas ya no pasan por las instituciones civiles formales del Estado.
La pregunta que permanece abierta es si este control militar absoluto fortalecerá o debilitará al régimen iraní a largo plazo. Mientras algunos analistas anticipaban un colapso rápido del gobierno ante los ataques sostenidos, la realidad ha demostrado una capacidad de resistencia mayor de la esperada, aunque a costa de exponer la naturaleza militar del régimen y eliminar cualquier pretensión de legitimidad democrática. El desenlace de este conflicto y la configuración final del poder en Teherán tendrán implicaciones profundas no solo para Irán, sino para toda la región de Medio Oriente y el equilibrio de poder global.