

El conflicto armado en Sudán, que comenzó el 15 de abril de 2023, ha sumido al país en una catástrofe humanitaria sin precedentes con cientos de miles de muertos, millones de desplazados y una destrucción masiva de infraestructuras. Mientras las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) acusan a la cúpula militar liderada por Abdelfatá al Burhan de ser el principal obstáculo para la paz, la población civil continúa sufriendo atrocidades que recuerdan al genocidio de principios de la década de 2000.
La guerra civil en Sudán ha alcanzado ya los 30 meses de duración, dejando tras de sí un rastro de destrucción que afecta a prácticamente toda la población del país. Según testimonios recogidos por El País, no existe un solo sudanés, dentro o fuera del país, que se haya salvado de las consecuencias directas o indirectas del conflicto que estalló en abril de 2023.
La violencia ha golpeado con especial crudeza zonas como Jartum, Jazira, Sennar, Kordofan y Darfur, donde se han documentado masacres masivas. Particularmente devastadoras fueron las matanzas en El Geneina, capital del Estado de Darfur Occidental, ocurridas en junio y noviembre de 2023, donde miles de civiles fueron asesinados, según relatos de supervivientes.
El asedio a la ciudad de El Fasher, que comenzó en mayo de 2024 por parte de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), ha generado temores de que se repitan atrocidades similares. A pesar de la resolución 2.736 del Consejo de Seguridad de la ONU, que exigía a las RSF poner fin a este asedio, no se han tomado medidas concretas para implementarla, según denuncia El País.
La crisis humanitaria se ha visto agravada por epidemias como el cólera, consecuencia directa del hacinamiento en refugios improvisados sin acceso a agua potable ni condiciones sanitarias adecuadas. En el estado de Jazirah, tras los ataques brutales de las RSF a finales de octubre de 2024, se desató una segunda epidemia de esta enfermedad en pocos meses.
Los bombardeos indiscriminados han sido otra constante del conflicto. El 1 de febrero de 2025, las RSF bombardearon un mercado cerca del hospital Al Nao en Omdurmán durante las horas de mayor afluencia, provocando numerosas víctimas civiles, según reporta El País.
La destrucción de infraestructuras es masiva. Quienes han regresado a Jartum después del Ramadán se han encontrado con barrios completamente destruidos tras meses de combates calle a calle y bombardeos con artillería pesada. El sistema sanitario ha colapsado, como evidencia la situación en el Hospital Universitario de El Geneina, donde se registra un alarmante número de muertes de recién nacidos debido a las deficiencias en la atención médica.
En medio de esta devastación, las acusaciones entre las partes en conflicto continúan. Las RSF señalaron este viernes que "el verdadero obstáculo" para alcanzar la paz en Sudán es "la banda que controla la toma de decisiones en las Fuerzas Armadas", en clara alusión al líder del Ejército y presidente del Consejo Soberano de Transición, Abdelfatá al Burhan, según informa Demócrata.
Las RSF afirman haber ofrecido una "respuesta seria y total" a las recientes propuestas internacionales, incluyendo un plan de cese al fuego humanitario propuesto por el Cuarteto, formado por Estados Unidos, Arabia Saudí, Egipto y Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, acusan a la cúpula militar de estar "integrada por remanentes del antiguo régimen y líderes de la organización terrorista Hermanos Musulmanes, que han provocado esta guerra con el fin de regresar al poder sobre los cuerpos de civiles inocentes".
Por su parte, Al Burhan ha rechazado dialogar con el grupo paramilitar a menos que se desarme y se retire de las áreas bajo su control. Las autoridades sudanesas también han reprochado a Emiratos Árabes Unidos por su supuesto apoyo a las RSF dentro del Cuarteto mediador.
La comunidad internacional ha sido duramente criticada por su respuesta al conflicto. Según El País, "la comunidad humanitaria internacional falló al pueblo sudanés cuando todas las instituciones les abandonaron a su suerte al evacuar a su personal al principio de la guerra". También señala que ha continuado fallándoles "al no poder proporcionar ayuda donde más se necesitaba y a la escala necesaria, por falta de liderazgo y cohesión".
La entrada de armas de potencias extranjeras continúa a pesar del embargo que debería haberse extendido de la región de Darfur a todo el país, mientras que la financiación internacional para ayuda humanitaria sigue disminuyendo constantemente.
En contraste con la inacción internacional, las redes de solidaridad sudanesas han emergido como la principal fuente de ayuda para la población. Las cocinas comunitarias han alimentado a millones de personas durante meses e incluso años. Las redes de médicos y las Salas de Respuesta Urgente tratan a cientos de miles de pacientes y salvan innumerables vidas, especialmente en áreas donde el Estado y las organizaciones internacionales no han podido entrar durante meses.
El conflicto, que se exacerbó por desacuerdos sobre la integración de las RSF en las Fuerzas Armadas, ha generado una de las mayores crisis humanitarias globales, con millones de desplazados y refugiados. Las dinámicas del conflicto tienen profundas raíces étnicas que ambos bandos están explotando para su propio beneficio, siguiendo patrones similares a los utilizados por los poderes coloniales en el pasado.
Según El País, la violencia actual recuerda muchísimo al genocidio de principios de la década de 2000, con muchos de los mismos protagonistas, aunque las alianzas han cambiado con el tiempo. "Por demasiado tiempo, aún mientras escribo, las diferentes fuerzas armadas en Sudán están borrando a los seres humanos, tanto sobre el papel como en sus discursos, para justificar la destrucción física y cultural de comunidades enteras a las que no consideran otra cosa que esclavos y enemigos", denuncia la fuente.
A pesar de las repetidas advertencias de expertos, trabajadores humanitarios y los propios sudaneses, la comunidad internacional ha fracasado en prevenir la muerte de cientos de miles de personas. "Esta guerra no ha sido olvidada inadvertidamente sino, más bien, conscientemente ignorada. Lo que está ocurriendo ahora era predecible y no era inevitable", concluye El País.