

Un tribunal de Moscú ha designado este lunes 15 de diciembre a la banda punk feminista Pussy Riot como una organización extremista y ha prohibido todas sus actividades en Rusia por considerarlas "una amenaza a la seguridad del Estado", lo que implica penas de hasta seis años de cárcel por cualquier tipo de interacción con el grupo, incluso búsquedas en internet.
El tribunal del distrito Tverskói de Moscú ha dictado sentencia tras celebrar el juicio a puerta cerrada a petición de la Fiscalía, según informa el diario El País. La designación como grupo extremista otorga a Pussy Riot el mismo estatus que una organización terrorista en Rusia.
Entre los motivos para esta prohibición, las autoridades rusas han citado la publicación a finales de 2022 de la canción "Mamá, no mires la televisión" contra la invasión de Ucrania, así como consignas antigubernamentales coreadas durante un concierto en Múnich en 2024, donde una de las integrantes orinó sobre un retrato del presidente Vladímir Putin.
El fallo judicial convierte en delito cualquier tipo de interacción con el grupo, incluso la mera búsqueda de Pussy Riot en internet, según la nueva legislación rusa que prohíbe consultar en navegadores contenido declarado "extremista", desde movimientos opositores al Kremlin hasta publicaciones LGTB.
"Estos idiotas han trabajado en esto [prohibir la banda] durante años, al menos desde el 2012", adelantaba el grupo punk en sus redes sociales horas antes de conocer el fallo, según recoge El País. Aquel año, tres activistas de la banda fueron condenadas a dos años de prisión por "vandalismo" tras realizar una actuación dentro de la catedral de Cristo Salvador de Moscú.
La Fiscalía también mencionó como motivo para la prohibición la invasión del campo durante la final del Mundial de Rusia de 2018 por parte de integrantes del grupo. Este incidente ocurrió cuatro años después de la anexión ilegal de Crimea por parte de Rusia.
Las integrantes de Pussy Riot viven en el exilio desde el inicio de la guerra en Ucrania. La líder del grupo, Maria Aliójina, huyó de Moscú disfrazada de repartidora en 2022 cuando estaba a punto de cumplir una de sus múltiples condenas. Un año antes, las activistas habían sido declaradas "agentes extranjeros", una etiqueta que el Kremlin utiliza para limitar severamente la vida de los opositores.
En septiembre de este año, otro tribunal moscovita condenó en rebeldía a cinco artistas del grupo a penas de entre ocho y 13 años de prisión por "desacreditar al ejército ruso", según el artículo 207.3 del código penal ruso.
El videoclip "Mamá, no mires la televisión", uno de los motivos de la prohibición, combina imágenes de desfiles militares rusos y bendiciones de la Iglesia Ortodoxa con videos de bombardeos a ciudades ucranianas como Kiev, Járkov, Mariúpol y Dnipro, además de manifestaciones contra la guerra en Rusia.
Nadezhda Tolokonnikova, cofundadora de la banda, declaró al diario The Insider que consideraba un honor ser etiquetada como extremista, equiparándolas con el Congreso del Pueblo Tártaro de Crimea, la Unión de Escritores de Ucrania, los Testigos de Jehová y la Fundación contra la corrupción del fallecido disidente Alexéi Navalni.
Tras conocer la decisión judicial, Tolokonnikova, quien vive en el exilio, manifestó sentirse "orgullosa" de ser etiquetada como "extremista" por Rusia. "Cuando fui juzgada por la oración punk, enfrentando siete años en un campo de trabajo, le dije al juez y a los fiscales que yo seguía siendo más libre de lo que ellos serían jamás", declaró a la agencia AFP, según recoge Le Monde. "En la Rusia actual, decir la verdad es extremismo. Que así sea: somos orgullosas extremistas", añadió.
El grupo ya anticipaba esta decisión y la semana pasada publicó en redes sociales que "la ley está diseñada para borrar a Pussy Riot de las mentes de los ciudadanos rusos", según informa Le Monde.
La designación como organización extremista hace ilegal en Rusia cualquier interacción con el grupo, incluso dar "me gusta" en redes sociales, pasados o presentes, lo que efectivamente las ostraciza en el país. Las activistas de Pussy Riot, que llevan años viviendo en el exilio, han criticado constantemente a Putin y han hecho campaña contra la guerra en Ucrania.
Las autoridades rusas ya bloquean el acceso a miles de sitios web acusados de albergar contenido "extremista", que van desde materiales islamistas hasta canciones pro-Ucrania y la red social Instagram, propiedad de Meta. En la lista de organizaciones extremistas también figuran entidades inexistentes como el "movimiento internacional del satanismo" y el "movimiento internacional LGBT", junto con más de 5.000 entradas que incluyen páginas web, consignas políticas, libros, obras de arte y álbumes musicales.
Paralelamente, la justicia rusa abrió otro juicio en primavera contra el abogado de Pussy Riot, Dmitri Zajvatov, y la exdiputada moscovita María Solenova, acusados de recaudar fondos para el batallón ucraniano Azov. Ambos son juzgados en ausencia por "colaboración con actividades terroristas" e "incitación pública a acciones contra la seguridad del Estado".