La medicina discrimina sistemáticamente a las mujeres desde la investigación hasta el diagnóstico
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La medicina discrimina sistemáticamente a las mujeres desde la investigación hasta el diagnóstico

Durante siglos, la medicina ha invisibilizado y ninguneado la salud de las mujeres, generando consecuencias graves que persisten hoy: sus enfermedades se investigan menos, se banalizan más, se diagnostican tarde y se tratan peor que las de los hombres. Desde infartos mal diagnosticados hasta dolor crónico ignorado, los sesgos de género atraviesan todas las capas del sistema sanitario, según expertos consultados por El País.

SALUD3 JUL 2026

La discriminación de género en la medicina no es un problema del pasado. Es una realidad que atraviesa cada capa del sistema sanitario actual, desde la investigación básica hasta la consulta médica, según un análisis publicado por El País que documenta cómo las mujeres enfrentan sesgos sistemáticos que comprometen su salud y, en muchos casos, su vida.

La historia médica está repleta de ejemplos de violencia y negligencia hacia las mujeres. Según relata la oncóloga Elisabeth Comen en su libro "No seas exagerada", a mediados del siglo XX se quitaron los dientes a una joven con incontinencia y cistitis crónica porque se pensaba que dañaban sus riñones, cuando probablemente tenía endometriosis. A otra mujer catalogada de "ninfómana" le inyectaron cocaína en los genitales para reparar una supuesta "adherencia del clítoris", según Comen.

Miles de mujeres fueron encerradas en manicomios con diagnósticos como "locura genital" o "melancolía". Se pretendieron curar dolores menstruales con matrimonio temprano y se trató el vaginismo con sumisión química, drogando a las pacientes con éter para que no sintiesen dolor durante el coito y los maridos pudiesen satisfacer sus deseos sexuales, según el informe.

**El modelo masculino como estándar**

El problema fundamental es que la medicina se construyó sobre un modelo único: el hombre blanco sano de mediana edad. Todo lo que sale de ese patrón se considera "atípico", aunque esa atipicidad implique a la mitad del planeta, según el análisis.

"Las mujeres venimos de ser visibles como un objeto reproductor, solo en el proceso del embarazo y el parto", afirma la endocrinóloga Carme Valls, citada en el informe.

Esta invisibilización tiene consecuencias concretas y medibles. Las mujeres viven 10 años con mala salud, un 25% más que los hombres, según datos incluidos en el análisis. La prevalencia de dolor crónico entre mujeres alcanza el 28,7%, frente al 21,3% en hombres. Las afectadas por fibromialgia son casi en su totalidad mujeres, y ellas tienen entre 1,5 y 2 veces más probabilidades que los hombres de experimentar depresión y ansiedad.

**Diagnósticos tardíos y erróneos**

Desde la puerta de entrada al sistema sanitario, las mujeres sufren la mirada hostil de la medicina. No se les escucha ni poco ni bien, y eso condiciona todo el recorrido diagnóstico posterior, según las expertas consultadas.

"Según la pose, lo que dice y cómo empieza a hablar, se activa un chip en el profesional y ya la catalogan como paciente psiquiátrica", afirma Valls.

Un estudio danés citado en el informe señala que la mayoría de dolencias se diagnostican más tarde en mujeres: el cáncer tarda 2,5 años más en detectarse en su caso y la diabetes, casi un lustro. Los autores no tenían claro si estas diferencias se debían a la genética, al entorno, a los criterios de detección o una combinación de factores.

La endometriosis, que afecta al 11% de las mujeres en edad reproductiva en el mundo según el informe, puede tardar más de una década en diagnosticarse. El tiempo medio para detectar esta enfermedad o la adenomiosis oscila entre 5 y 12 años y puede implicar visitas a ocho profesionales de la salud diferentes. La prevalencia global de absentismo laboral y escolar relacionado con la menstruación alcanza el 14%.

"Desde ese pecado original del 'parirás con dolor' que decía la Biblia, la forma en la que se ha conceptualizado este síntoma ha atravesado la mirada médica y social", explica la anestesióloga Elena Casado. Como la opinión pública ha asumido la idea de que la regla causa dolor, las mujeres deben aguantarse, según Casado.

**El caso paradigmático de los infartos**

Los infartos representan quizás el arquetipo de los sesgos de género en salud. A las mujeres se les diagnostica más tarde y se les trata peor, según el informe. Si los síntomas no encajan exactamente con el clásico dolor torácico que irradia al brazo, ni se plantea que puedan estar sufriendo un infarto.

"Hay un sesgo de interpretación en los síntomas de la mujer. Por inercia diagnóstica, el dolor torácico en una mujer es igual a ansiedad", afirma la cardióloga Antonia Sambola.

La realidad es que el dolor torácico es el síntoma más frecuente en ambos sexos, según Sambola. "Lo que ocurre es que las mujeres también pueden tener sudoración, náuseas y que el dolor va más arriba, hacia el cuello", explica.

"Hay que destruir el mito de que hombres y mujeres tienen síntomas diferentes", sostiene Sambola, quien añade que las mujeres tienen un 50% más de probabilidades de ser diagnosticadas erróneamente después de un ataque cardíaco.

El resultado de estos sesgos puede ser fatal. La mortalidad por infarto en mujeres en España es del 14%, el doble que entre hombres, según Sambola.

Ante una parada cardíaca en la calle, a las mujeres se les realiza menos reanimación que a los hombres. Los motivos van desde la sexualización del cuerpo femenino hasta la sensación de fragilidad del cuerpo femenino y la percepción de poca gravedad de los síntomas, según el análisis.

**El dolor, siempre psicosomático**

Históricamente, el dolor en las mujeres se ha creído psicosomático y se ha silenciado con ansiolíticos y sedantes, según Valls. Pero hay un ecosistema de biología y contexto que explica su origen y frecuencia entre las mujeres.

Muchas enfermedades vinculadas al dolor, desde la fibromialgia y la migraña hasta dolencias reumáticas o autoinmunes, son más frecuentes entre el sexo femenino. Pero el dolor también "se ha encarnado en el cuerpo" a través de abusos y agresiones psíquicas, físicas y sexuales desde la infancia, a través de "condiciones ergonómicas de trabajo que torturan con la monótona repetición de movimientos", a través de "una represión emocional que contrae la musculatura del trapecio hasta producir cambios en los discos vertebrales", según Valls en su libro "Mujeres invisibles para la medicina".

"Se ha vinculado a la mujer con aguantar. Y si esa narrativa cultural se integra en la medicina, el dolor de la mujer deja de ser una señal de alarma. Se le otorga un componente más emocional que orgánico y eso cambia la atención en la consulta y cómo se diagnostica y se trata", explica Casado.

**El legado de la histeria**

Durante mucho tiempo, el útero y las hormonas se creyeron el origen de todos los males de las mujeres. Histeria deriva de la palabra útero en griego. Bajo esa etiqueta se perpetraron algunas de las mayores violencias médicas de la historia, como el internamiento forzoso en hospitales psiquiátricos.

La histeria se quiso tratar con hipnosis, con electrochoque y con curas de reposo que eran semanas enteras en la cama, alimentación forzosa y prohibición de leer, escribir o pensar mucho. También se probó con alcanfor, con extracto de opio y con el matrimonio. Se propuso incluso golpear los ovarios de las pacientes o que el médico le estimulase los genitales hasta llegar al orgasmo, según el informe.

En el hospital La Salpêtrière de París, el neurólogo Jean-Martin Charcot llegó a hacer exhibiciones y ensayos públicos con las internas para mostrar los síntomas de la histeria, que él decía ser capaz de provocar y frenar con hipnosis. Cada año se celebraba "el baile de las locas", un evento para la élite parisina donde las mujeres ingresadas desfilaban disfrazadas en una mezcla de espectáculo y demostración médica. Era, en palabras de la escritora Marisol Donis, un "zoo humano".

Elizabeth Packard fue ingresada en un manicomio en 1860 por su marido, un respetado pastor calvinista. El motivo, según la psiquiatra Gemma Parramon: "Había empezado a pensar por sí misma". Packard preguntaba, leía y discrepaba sobre ciertas interpretaciones de la Biblia. En su internamiento le prohibieron leer y escribir, le pusieron camisas de fuerza y la trataron con éter y cloroformo. Estuvo internada tres años. Nunca tuvo un diagnóstico médico.

En el hospital psiquiátrico de Conxo, en Santiago de Compostela, ingresaron muchas mujeres con un dudoso diagnóstico de locura a finales del siglo XIX y principios del XX. Los antecedentes recogidos en los informes médicos revelan que una era "terca", que "no se humillaba fácilmente"; otra, "histérica y muy aficionada a los hombres"; una más, "abandonada en las labores de casa" y "muy callejera", según el libro "As tolas que non o eran", de Carmen V. Valiña.

**Prejuicios que persisten**

El legado de la histeria sigue muy presente. "A las mujeres nos han puesto muchos adjetivos y han caricaturizado muchas cosas que nos pasan para invisibilizarnos y hacernos callar", afirma Parramon.

A principios de los años 2000, un ginecólogo le dijo a Parramon cuando ella empezaba su residencia: "Cuando entran por la puerta de la consulta, yo ya sé si son histéricas o no".

La estética de la paciente y cómo refiere los síntomas todavía condicionan la respuesta médica, explican las expertas consultadas. En su libro "El corazón de las mujeres", Sambola ha llegado a trazar una guía para mujeres de cómo comunicar los síntomas en las consultas para que se les preste atención y sean "creíbles".

Parramon señala que se etiqueta como trastorno límite de personalidad los síntomas de mujeres que, en realidad, tienen un trastorno de estrés postraumático complejo relacionado con "todas las violencias repetidas que han ido viviendo a lo largo de su historia". "¿Por qué casi un 80% de mujeres con trastorno de personalidad tiene antecedentes de violencia sexual, física y psicológica? ¿No es importante esto?", cuestiona.

**Enfermedades silenciadas**

La fibromialgia, mucho más prevalente en mujeres, ha sido denostada por buena parte de la comunidad médica, negándola o reduciéndola durante mucho tiempo al espectro emocional. Ahora se está empezando a investigar si hay alteraciones en mecanismos neurobiológicos y autoinmunes que influyan en la fibromialgia, pero la ciencia a su alrededor todavía es muy incipiente, según el informe.

Los trastornos de la conducta alimentaria, más prevalentes en mujeres, siguen "minusvalorados", según la psiquiatra Marina Díaz, y eso hace "que se deriven más tarde". Lo mismo pasa con las adicciones: ellas están "infratratadas", dice, porque el imaginario colectivo asocia estas dolencias más con hombres que con mujeres.

"Las mujeres convivimos con síntomas e incertidumbre más tiempo. Cuando no son entendidas, las patologías generan aislamiento porque te producen culpa", afirma Carina Escobar, presidenta de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes.

Escobar, con enfermedad de Crohn, lo sabe por experiencia propia: "En los ochenta, para el Crohn o las enfermedades inmunomediadas, te veía el digestivo y el psiquiatra porque se entendía que era psicosomático", relata. Conseguir ponerle nombre a lo que ocurre, la etiqueta diagnóstica y el aval científico, es un alivio porque favorece la comprensión de los demás, asegura.

**Sexualidad negada**

Las mujeres tienen un órgano destinado íntegramente al placer, el clítoris. Sin embargo, la ciencia no describió con precisión su anatomía hasta 1998. Este órgano siempre ha estado en el punto de mira. En un documento del siglo XV lo describen como "el pezón del diablo" y advertían de que las mujeres que lo tuviesen eran brujas, según el informe.

El desconocimiento y los prejuicios alrededor del clítoris llevaron a la medicina a proponer su extirpación quirúrgica como medida preventiva contra la histeria o la epilepsia, entre otras dolencias.

"El placer siempre ha estado muy negado para las mujeres. Desde siempre, ha dado miedo que la sexualidad femenina despertase", afirma la sexóloga Francisca Molero.

**Brecha en la investigación**

La invisibilización de las mujeres en la medicina también se refleja en la investigación. "Hay más estudios sobre la calvicie que sobre la endometriosis, a pesar de ser esta enfermedad prevalente y muy invalidante en los casos graves", señala Casado.

Las mujeres también retrasan la búsqueda de atención médica ante algunos síntomas, como los del infarto, por los roles de género adquiridos. "Las mujeres pueden retrasar la búsqueda de tratamiento hasta tres horas o incluso hasta cinco días. A menudo se perciben a sí mismas con bajo riesgo de enfermedad cardiovascular y priorizan las responsabilidades familiares o las tareas domésticas", apunta un estudio citado en el análisis.

"Las mujeres no tienen conciencia de enfermedad cardiovascular y minimizan los síntomas, pero no solo es culpa suya. El profesional sanitario tiene que aprender a interpretar correctamente sus síntomas y descartar con exploraciones si tiene angina de pecho, infarto u otra enfermedad", sostiene Sambola.

Los sesgos de género en la medicina son transversales y afectan todas las disciplinas y enfermedades. Las expertas consultadas coinciden en que es necesario un cambio profundo en la formación médica, en los protocolos de atención y en la investigación para acabar con siglos de discriminación que siguen comprometiendo la salud y la vida de millones de mujeres.

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3 jul 2026
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La discriminación de género en la medicina no es un problema del pasado. Es una realidad que atraviesa cada capa del sistema sanitario actual, desde la investigación básica hasta la consulta médica, según un análisis publicado por El País que documenta cómo las mujeres enfrentan sesgos sistemáticos que comprometen su salud y, en muchos casos, su vida.

La historia médica está repleta de ejemplos de violencia y negligencia hacia las mujeres. Según relata la oncóloga Elisabeth Comen en su libro "No seas exagerada", a mediados del siglo XX se quitaron los dientes a una joven con incontinencia y cistitis crónica porque se pensaba que dañaban sus riñones, cuando probablemente tenía endometriosis. A otra mujer catalogada de "ninfómana" le inyectaron cocaína en los genitales para reparar una supuesta "adherencia del clítoris", según Comen.

Miles de mujeres fueron encerradas en manicomios con diagnósticos como "locura genital" o "melancolía". Se pretendieron curar dolores menstruales con matrimonio temprano y se trató el vaginismo con sumisión química, drogando a las pacientes con éter para que no sintiesen dolor durante el coito y los maridos pudiesen satisfacer sus deseos sexuales, según el informe.

**El modelo masculino como estándar**

El problema fundamental es que la medicina se construyó sobre un modelo único: el hombre blanco sano de mediana edad. Todo lo que sale de ese patrón se considera "atípico", aunque esa atipicidad implique a la mitad del planeta, según el análisis.

"Las mujeres venimos de ser visibles como un objeto reproductor, solo en el proceso del embarazo y el parto", afirma la endocrinóloga Carme Valls, citada en el informe.

Esta invisibilización tiene consecuencias concretas y medibles. Las mujeres viven 10 años con mala salud, un 25% más que los hombres, según datos incluidos en el análisis. La prevalencia de dolor crónico entre mujeres alcanza el 28,7%, frente al 21,3% en hombres. Las afectadas por fibromialgia son casi en su totalidad mujeres, y ellas tienen entre 1,5 y 2 veces más probabilidades que los hombres de experimentar depresión y ansiedad.

**Diagnósticos tardíos y erróneos**

Desde la puerta de entrada al sistema sanitario, las mujeres sufren la mirada hostil de la medicina. No se les escucha ni poco ni bien, y eso condiciona todo el recorrido diagnóstico posterior, según las expertas consultadas.

"Según la pose, lo que dice y cómo empieza a hablar, se activa un chip en el profesional y ya la catalogan como paciente psiquiátrica", afirma Valls.

Un estudio danés citado en el informe señala que la mayoría de dolencias se diagnostican más tarde en mujeres: el cáncer tarda 2,5 años más en detectarse en su caso y la diabetes, casi un lustro. Los autores no tenían claro si estas diferencias se debían a la genética, al entorno, a los criterios de detección o una combinación de factores.

La endometriosis, que afecta al 11% de las mujeres en edad reproductiva en el mundo según el informe, puede tardar más de una década en diagnosticarse. El tiempo medio para detectar esta enfermedad o la adenomiosis oscila entre 5 y 12 años y puede implicar visitas a ocho profesionales de la salud diferentes. La prevalencia global de absentismo laboral y escolar relacionado con la menstruación alcanza el 14%.

"Desde ese pecado original del 'parirás con dolor' que decía la Biblia, la forma en la que se ha conceptualizado este síntoma ha atravesado la mirada médica y social", explica la anestesióloga Elena Casado. Como la opinión pública ha asumido la idea de que la regla causa dolor, las mujeres deben aguantarse, según Casado.

**El caso paradigmático de los infartos**

Los infartos representan quizás el arquetipo de los sesgos de género en salud. A las mujeres se les diagnostica más tarde y se les trata peor, según el informe. Si los síntomas no encajan exactamente con el clásico dolor torácico que irradia al brazo, ni se plantea que puedan estar sufriendo un infarto.

"Hay un sesgo de interpretación en los síntomas de la mujer. Por inercia diagnóstica, el dolor torácico en una mujer es igual a ansiedad", afirma la cardióloga Antonia Sambola.

La realidad es que el dolor torácico es el síntoma más frecuente en ambos sexos, según Sambola. "Lo que ocurre es que las mujeres también pueden tener sudoración, náuseas y que el dolor va más arriba, hacia el cuello", explica.

"Hay que destruir el mito de que hombres y mujeres tienen síntomas diferentes", sostiene Sambola, quien añade que las mujeres tienen un 50% más de probabilidades de ser diagnosticadas erróneamente después de un ataque cardíaco.

El resultado de estos sesgos puede ser fatal. La mortalidad por infarto en mujeres en España es del 14%, el doble que entre hombres, según Sambola.

Ante una parada cardíaca en la calle, a las mujeres se les realiza menos reanimación que a los hombres. Los motivos van desde la sexualización del cuerpo femenino hasta la sensación de fragilidad del cuerpo femenino y la percepción de poca gravedad de los síntomas, según el análisis.

**El dolor, siempre psicosomático**

Históricamente, el dolor en las mujeres se ha creído psicosomático y se ha silenciado con ansiolíticos y sedantes, según Valls. Pero hay un ecosistema de biología y contexto que explica su origen y frecuencia entre las mujeres.

Muchas enfermedades vinculadas al dolor, desde la fibromialgia y la migraña hasta dolencias reumáticas o autoinmunes, son más frecuentes entre el sexo femenino. Pero el dolor también "se ha encarnado en el cuerpo" a través de abusos y agresiones psíquicas, físicas y sexuales desde la infancia, a través de "condiciones ergonómicas de trabajo que torturan con la monótona repetición de movimientos", a través de "una represión emocional que contrae la musculatura del trapecio hasta producir cambios en los discos vertebrales", según Valls en su libro "Mujeres invisibles para la medicina".

"Se ha vinculado a la mujer con aguantar. Y si esa narrativa cultural se integra en la medicina, el dolor de la mujer deja de ser una señal de alarma. Se le otorga un componente más emocional que orgánico y eso cambia la atención en la consulta y cómo se diagnostica y se trata", explica Casado.

**El legado de la histeria**

Durante mucho tiempo, el útero y las hormonas se creyeron el origen de todos los males de las mujeres. Histeria deriva de la palabra útero en griego. Bajo esa etiqueta se perpetraron algunas de las mayores violencias médicas de la historia, como el internamiento forzoso en hospitales psiquiátricos.

La histeria se quiso tratar con hipnosis, con electrochoque y con curas de reposo que eran semanas enteras en la cama, alimentación forzosa y prohibición de leer, escribir o pensar mucho. También se probó con alcanfor, con extracto de opio y con el matrimonio. Se propuso incluso golpear los ovarios de las pacientes o que el médico le estimulase los genitales hasta llegar al orgasmo, según el informe.

En el hospital La Salpêtrière de París, el neurólogo Jean-Martin Charcot llegó a hacer exhibiciones y ensayos públicos con las internas para mostrar los síntomas de la histeria, que él decía ser capaz de provocar y frenar con hipnosis. Cada año se celebraba "el baile de las locas", un evento para la élite parisina donde las mujeres ingresadas desfilaban disfrazadas en una mezcla de espectáculo y demostración médica. Era, en palabras de la escritora Marisol Donis, un "zoo humano".

Elizabeth Packard fue ingresada en un manicomio en 1860 por su marido, un respetado pastor calvinista. El motivo, según la psiquiatra Gemma Parramon: "Había empezado a pensar por sí misma". Packard preguntaba, leía y discrepaba sobre ciertas interpretaciones de la Biblia. En su internamiento le prohibieron leer y escribir, le pusieron camisas de fuerza y la trataron con éter y cloroformo. Estuvo internada tres años. Nunca tuvo un diagnóstico médico.

En el hospital psiquiátrico de Conxo, en Santiago de Compostela, ingresaron muchas mujeres con un dudoso diagnóstico de locura a finales del siglo XIX y principios del XX. Los antecedentes recogidos en los informes médicos revelan que una era "terca", que "no se humillaba fácilmente"; otra, "histérica y muy aficionada a los hombres"; una más, "abandonada en las labores de casa" y "muy callejera", según el libro "As tolas que non o eran", de Carmen V. Valiña.

**Prejuicios que persisten**

El legado de la histeria sigue muy presente. "A las mujeres nos han puesto muchos adjetivos y han caricaturizado muchas cosas que nos pasan para invisibilizarnos y hacernos callar", afirma Parramon.

A principios de los años 2000, un ginecólogo le dijo a Parramon cuando ella empezaba su residencia: "Cuando entran por la puerta de la consulta, yo ya sé si son histéricas o no".

La estética de la paciente y cómo refiere los síntomas todavía condicionan la respuesta médica, explican las expertas consultadas. En su libro "El corazón de las mujeres", Sambola ha llegado a trazar una guía para mujeres de cómo comunicar los síntomas en las consultas para que se les preste atención y sean "creíbles".

Parramon señala que se etiqueta como trastorno límite de personalidad los síntomas de mujeres que, en realidad, tienen un trastorno de estrés postraumático complejo relacionado con "todas las violencias repetidas que han ido viviendo a lo largo de su historia". "¿Por qué casi un 80% de mujeres con trastorno de personalidad tiene antecedentes de violencia sexual, física y psicológica? ¿No es importante esto?", cuestiona.

**Enfermedades silenciadas**

La fibromialgia, mucho más prevalente en mujeres, ha sido denostada por buena parte de la comunidad médica, negándola o reduciéndola durante mucho tiempo al espectro emocional. Ahora se está empezando a investigar si hay alteraciones en mecanismos neurobiológicos y autoinmunes que influyan en la fibromialgia, pero la ciencia a su alrededor todavía es muy incipiente, según el informe.

Los trastornos de la conducta alimentaria, más prevalentes en mujeres, siguen "minusvalorados", según la psiquiatra Marina Díaz, y eso hace "que se deriven más tarde". Lo mismo pasa con las adicciones: ellas están "infratratadas", dice, porque el imaginario colectivo asocia estas dolencias más con hombres que con mujeres.

"Las mujeres convivimos con síntomas e incertidumbre más tiempo. Cuando no son entendidas, las patologías generan aislamiento porque te producen culpa", afirma Carina Escobar, presidenta de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes.

Escobar, con enfermedad de Crohn, lo sabe por experiencia propia: "En los ochenta, para el Crohn o las enfermedades inmunomediadas, te veía el digestivo y el psiquiatra porque se entendía que era psicosomático", relata. Conseguir ponerle nombre a lo que ocurre, la etiqueta diagnóstica y el aval científico, es un alivio porque favorece la comprensión de los demás, asegura.

**Sexualidad negada**

Las mujeres tienen un órgano destinado íntegramente al placer, el clítoris. Sin embargo, la ciencia no describió con precisión su anatomía hasta 1998. Este órgano siempre ha estado en el punto de mira. En un documento del siglo XV lo describen como "el pezón del diablo" y advertían de que las mujeres que lo tuviesen eran brujas, según el informe.

El desconocimiento y los prejuicios alrededor del clítoris llevaron a la medicina a proponer su extirpación quirúrgica como medida preventiva contra la histeria o la epilepsia, entre otras dolencias.

"El placer siempre ha estado muy negado para las mujeres. Desde siempre, ha dado miedo que la sexualidad femenina despertase", afirma la sexóloga Francisca Molero.

**Brecha en la investigación**

La invisibilización de las mujeres en la medicina también se refleja en la investigación. "Hay más estudios sobre la calvicie que sobre la endometriosis, a pesar de ser esta enfermedad prevalente y muy invalidante en los casos graves", señala Casado.

Las mujeres también retrasan la búsqueda de atención médica ante algunos síntomas, como los del infarto, por los roles de género adquiridos. "Las mujeres pueden retrasar la búsqueda de tratamiento hasta tres horas o incluso hasta cinco días. A menudo se perciben a sí mismas con bajo riesgo de enfermedad cardiovascular y priorizan las responsabilidades familiares o las tareas domésticas", apunta un estudio citado en el análisis.

"Las mujeres no tienen conciencia de enfermedad cardiovascular y minimizan los síntomas, pero no solo es culpa suya. El profesional sanitario tiene que aprender a interpretar correctamente sus síntomas y descartar con exploraciones si tiene angina de pecho, infarto u otra enfermedad", sostiene Sambola.

Los sesgos de género en la medicina son transversales y afectan todas las disciplinas y enfermedades. Las expertas consultadas coinciden en que es necesario un cambio profundo en la formación médica, en los protocolos de atención y en la investigación para acabar con siglos de discriminación que siguen comprometiendo la salud y la vida de millones de mujeres.

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