La Unión Europea intensifica su carrera por la independencia militar mientras sigue dependiendo de armamento estadounidense
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La Unión Europea intensifica su carrera por la independencia militar mientras sigue dependiendo de armamento estadounidense

La Unión Europea enfrenta una paradoja estratégica: mientras desarrolla sistemas de defensa propios para reducir su dependencia de Estados Unidos, continúa comprando armamento estadounidense y firmando acuerdos de cooperación con empresas norteamericanas. En la cumbre de la OTAN celebrada en julio en Ankara, Turquía, quedó evidente que los gobiernos europeos seguirán confiando en tecnología estadounidense durante al menos una década, aunque han acelerado proyectos ambiciosos para lograr autonomía militar en los años treinta.

INTERNACIONAL12 JUL 2026

La dependencia europea de armamento estadounidense se manifiesta de manera clara en sistemas críticos como los misiles Patriot, que han sido utilizados durante décadas en países miembros de la OTAN y recientemente en Ucrania para proteger objetivos estratégicos, según reportes de Deutsche Welle. Esta realidad llevó a los gobiernos europeos a optar por desarrollar varios sistemas alternativos para disminuir su reliance en la tecnología norteamericana.

Francia e Italia han creado el sistema SAMP/T NG, diseñado para interceptar amenazas a grandes altitudes y capaz de detectar misiles balísticos gracias a sensores adicionales. Las primeras unidades estarán disponibles a partir de 2027, según la información disponible. Alemania, por su parte, ha impulsado el desarrollo del IRIS-T, un sistema de defensa de rango medio creado por la empresa alemana Diehl, que ya está en uso en Ucrania con un alcance máximo de 40 kilómetros y una altitud de 20 kilómetros. La versión mejorada, IRIS-T SLX, prevista para 2029, tendrá un alcance de 80 kilómetros a una altitud de 30 kilómetros.

Sin embargo, los gobiernos europeos no pueden reemplazar aún los Patriot estadounidenses. En la cumbre de la OTAN, Alemania firmó un memorándum de entendimiento con Washington para la compra de misiles de crucero Tomahawk y sistemas de lanzamiento Typhoon basados en tierra. El canciller alemán Friedrich Merz declaró que esta adquisición "cerrará una brecha estratégica importante en nuestras defensas", reconociendo implícitamente que Europa seguirá dependiendo de sistemas estadounidenses mientras sus propias tecnologías continúan en desarrollo.

En el ámbito de los ataques de precisión a larga distancia, Europa también depende de sistemas estadounidenses como los misiles Tomahawk. Para cambiar esta situación, seis gobiernos, incluyendo Francia, Alemania y Reino Unido, están desarrollando el European Long-Range Strike Approach (ELSA), un sistema de misiles convencionales lanzados desde tierra. El proyecto incluye el desarrollo del Euro Multi Missile Launcher, misiles de crucero altamente complejos y drones de largo alcance más asequibles con un rango de 500 a 2.000 kilómetros. No obstante, la verdadera independencia en el campo de batalla no se espera que se logre hasta los años treinta.

Lockheed Martin y Rheinmetall firmaron un memorándum de entendimiento para producir conjuntamente misiles ATACMS en Alemania, un paso hacia el aumento de reservas sin alterar a Estados Unidos, pero que representa un compromiso a corto plazo mientras Europa busca mayor independencia a largo plazo.

La dependencia europea también se extiende a la cadena de ataque, un concepto militar que identifica la estructura de un ataque, comprendiendo la identificación del objetivo, el envío de fuerzas, el inicio del ataque y la destrucción del objetivo. Sin una red autosuficiente conjunta de sensores, reconocimiento por satélite y estructuras de mando, los misiles europeos no podrán identificar objetivos por sí solos. El proyecto Drone and Counter Drone European Resolve (DECODER) tiene como objetivo equipar a los militares de la UE con drones y sistemas anti-drones para reducir su dependencia de Estados Unidos. Actualmente, gran parte del desarrollo ocurre a nivel nacional, pero DECODER podría alinear estos desarrollos a escala europea. Los 26 estados miembros de la Unión Europea participan actualmente, junto con Noruega y Ucrania, cuya experiencia se considera crucial. La Comisión Europea ha estimado que DECODER requerirá inversiones entre 3.500 millones y 5.000 millones de euros (entre 4.000 y 5.700 millones de dólares) hasta 2033.

En el ámbito de las comunicaciones por satélite, Europa está desarrollando IRIS², su respuesta a Starlink, el servicio de banda ancha de la subsidiaria de telecomunicaciones estadounidense que ha sido esencial en los campos de batalla de Ucrania. IRIS² comprenderá 290 satélites que se utilizarán para fines de defensa y para permitir comunicaciones seguras entre agencias gubernamentales. Con un costo superior a 10.000 millones de euros, está programado para entrar en operación en 2030.

La OTAN opera una flota de aviones Airborne Warning and Control System (AWACS) para vigilancia aérea, mando y control, gestión del campo de batalla y comunicaciones. Algunos de estos aviones, derivados del Boeing 707 estadounidense, operan desde una base aérea de la OTAN en Geilenkirchen, en el oeste de Alemania. En Ankara, la OTAN anunció que había entrado en negociaciones formales con la empresa sueca Saab para reemplazar los sistemas derivados de Boeing con aviones de alerta temprana GlobalEye, que podrían estar listos en 2030.

El fracaso del proyecto FCAS representa un revés importante para la autonomía europea. En años recientes, muchos países europeos han comprado cazas de quinta generación F-35, actualmente los más avanzados de Occidente. El Future Combat Air System (FCAS), un caza de sexta generación que comprende drones en enjambre y una "nube de combate", estaba destinado a ser la respuesta de la Unión Europea, pero el proyecto colapsó debido a disputas sobre gestión, división del trabajo, tecnologías clave e intereses nacionales, particularmente entre Francia y Alemania. Este fracaso ocurre en un momento en que la UE intenta volverse menos dependiente de Estados Unidos.

La realidad es que Europa enfrenta un dilema temporal: necesita capacidades defensivas inmediatas que solo Estados Unidos puede proporcionar, mientras invierte miles de millones en desarrollar alternativas propias que no estarán completamente operativas hasta finales de los años veinte o principios de los treinta. Esta brecha temporal mantiene a Europa en una posición de dependencia estratégica que los gobiernos europeos reconocen como insostenible a largo plazo, pero inevitable a corto plazo.

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12 jul 2026
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La dependencia europea de armamento estadounidense se manifiesta de manera clara en sistemas críticos como los misiles Patriot, que han sido utilizados durante décadas en países miembros de la OTAN y recientemente en Ucrania para proteger objetivos estratégicos, según reportes de Deutsche Welle. Esta realidad llevó a los gobiernos europeos a optar por desarrollar varios sistemas alternativos para disminuir su reliance en la tecnología norteamericana.

Francia e Italia han creado el sistema SAMP/T NG, diseñado para interceptar amenazas a grandes altitudes y capaz de detectar misiles balísticos gracias a sensores adicionales. Las primeras unidades estarán disponibles a partir de 2027, según la información disponible. Alemania, por su parte, ha impulsado el desarrollo del IRIS-T, un sistema de defensa de rango medio creado por la empresa alemana Diehl, que ya está en uso en Ucrania con un alcance máximo de 40 kilómetros y una altitud de 20 kilómetros. La versión mejorada, IRIS-T SLX, prevista para 2029, tendrá un alcance de 80 kilómetros a una altitud de 30 kilómetros.

Sin embargo, los gobiernos europeos no pueden reemplazar aún los Patriot estadounidenses. En la cumbre de la OTAN, Alemania firmó un memorándum de entendimiento con Washington para la compra de misiles de crucero Tomahawk y sistemas de lanzamiento Typhoon basados en tierra. El canciller alemán Friedrich Merz declaró que esta adquisición "cerrará una brecha estratégica importante en nuestras defensas", reconociendo implícitamente que Europa seguirá dependiendo de sistemas estadounidenses mientras sus propias tecnologías continúan en desarrollo.

En el ámbito de los ataques de precisión a larga distancia, Europa también depende de sistemas estadounidenses como los misiles Tomahawk. Para cambiar esta situación, seis gobiernos, incluyendo Francia, Alemania y Reino Unido, están desarrollando el European Long-Range Strike Approach (ELSA), un sistema de misiles convencionales lanzados desde tierra. El proyecto incluye el desarrollo del Euro Multi Missile Launcher, misiles de crucero altamente complejos y drones de largo alcance más asequibles con un rango de 500 a 2.000 kilómetros. No obstante, la verdadera independencia en el campo de batalla no se espera que se logre hasta los años treinta.

Lockheed Martin y Rheinmetall firmaron un memorándum de entendimiento para producir conjuntamente misiles ATACMS en Alemania, un paso hacia el aumento de reservas sin alterar a Estados Unidos, pero que representa un compromiso a corto plazo mientras Europa busca mayor independencia a largo plazo.

La dependencia europea también se extiende a la cadena de ataque, un concepto militar que identifica la estructura de un ataque, comprendiendo la identificación del objetivo, el envío de fuerzas, el inicio del ataque y la destrucción del objetivo. Sin una red autosuficiente conjunta de sensores, reconocimiento por satélite y estructuras de mando, los misiles europeos no podrán identificar objetivos por sí solos. El proyecto Drone and Counter Drone European Resolve (DECODER) tiene como objetivo equipar a los militares de la UE con drones y sistemas anti-drones para reducir su dependencia de Estados Unidos. Actualmente, gran parte del desarrollo ocurre a nivel nacional, pero DECODER podría alinear estos desarrollos a escala europea. Los 26 estados miembros de la Unión Europea participan actualmente, junto con Noruega y Ucrania, cuya experiencia se considera crucial. La Comisión Europea ha estimado que DECODER requerirá inversiones entre 3.500 millones y 5.000 millones de euros (entre 4.000 y 5.700 millones de dólares) hasta 2033.

En el ámbito de las comunicaciones por satélite, Europa está desarrollando IRIS², su respuesta a Starlink, el servicio de banda ancha de la subsidiaria de telecomunicaciones estadounidense que ha sido esencial en los campos de batalla de Ucrania. IRIS² comprenderá 290 satélites que se utilizarán para fines de defensa y para permitir comunicaciones seguras entre agencias gubernamentales. Con un costo superior a 10.000 millones de euros, está programado para entrar en operación en 2030.

La OTAN opera una flota de aviones Airborne Warning and Control System (AWACS) para vigilancia aérea, mando y control, gestión del campo de batalla y comunicaciones. Algunos de estos aviones, derivados del Boeing 707 estadounidense, operan desde una base aérea de la OTAN en Geilenkirchen, en el oeste de Alemania. En Ankara, la OTAN anunció que había entrado en negociaciones formales con la empresa sueca Saab para reemplazar los sistemas derivados de Boeing con aviones de alerta temprana GlobalEye, que podrían estar listos en 2030.

El fracaso del proyecto FCAS representa un revés importante para la autonomía europea. En años recientes, muchos países europeos han comprado cazas de quinta generación F-35, actualmente los más avanzados de Occidente. El Future Combat Air System (FCAS), un caza de sexta generación que comprende drones en enjambre y una "nube de combate", estaba destinado a ser la respuesta de la Unión Europea, pero el proyecto colapsó debido a disputas sobre gestión, división del trabajo, tecnologías clave e intereses nacionales, particularmente entre Francia y Alemania. Este fracaso ocurre en un momento en que la UE intenta volverse menos dependiente de Estados Unidos.

La realidad es que Europa enfrenta un dilema temporal: necesita capacidades defensivas inmediatas que solo Estados Unidos puede proporcionar, mientras invierte miles de millones en desarrollar alternativas propias que no estarán completamente operativas hasta finales de los años veinte o principios de los treinta. Esta brecha temporal mantiene a Europa en una posición de dependencia estratégica que los gobiernos europeos reconocen como insostenible a largo plazo, pero inevitable a corto plazo.

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