La junta militar que gobierna Malí destituyó al jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Oumar Diarra, cerca de dos semanas después de que la rama de Al Qaeda en el Sahel y grupos tuareg lanzaran una ofensiva a gran escala el 25 de abril contra posiciones militares del país, según informó el medio español Demócrata. La decisión se produce en un contexto de creciente presión sobre el liderazgo militar maliense tras los reveses en el campo de batalla.
El líder de la junta militar y presidente de transición de Malí, Assimi Goita, ha apartado de su cargo al jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Oumar Diarra, según reportó Demócrata el 7 de mayo de 2026. La destitución se produce aproximadamente dos semanas después de que fuerzas yihadistas vinculadas a Al Qaeda y grupos tuareg lanzaran una ofensiva coordinada a gran escala el 25 de abril.
La ofensiva, ejecutada por la rama de Al Qaeda en el Sahel en conjunto con grupos tuareg, representó uno de los ataques más significativos contra las fuerzas gubernamentales malienses en los últimos meses, según la información disponible. Los detalles específicos sobre el alcance de la ofensiva, el número de bajas o las posiciones militares afectadas no fueron proporcionados en las fuentes consultadas.
La destitución de Diarra sugiere que la junta militar considera que la respuesta de las Fuerzas Armadas ante la ofensiva fue inadecuada, aunque no se han hecho públicas declaraciones oficiales explicando los motivos exactos de la decisión. Tampoco se ha anunciado quién asumirá el cargo de jefe del Estado Mayor en sustitución de Diarra.
Malí atraviesa una profunda crisis de seguridad desde 2012, cuando grupos yihadistas y separatistas tuareg tomaron control de vastas regiones del norte del país. A pesar de la presencia de fuerzas internacionales durante años, incluyendo misiones de la ONU y Francia, la situación de seguridad se ha deteriorado progresivamente. La junta militar que tomó el poder mediante un golpe de Estado en agosto de 2020, liderada por Goita, ha reorientado las alianzas del país, alejándose de Francia y acercándose a Rusia, incluyendo la contratación de mercenarios del Grupo Wagner.
La rama de Al Qaeda en el Sahel, conocida como Jama'at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM), ha intensificado sus operaciones en la región en los últimos años, aprovechando el vacío de poder en zonas rurales y la debilidad de las fuerzas gubernamentales. Los grupos tuareg, por su parte, mantienen demandas históricas de autonomía o independencia para las regiones del norte de Malí.
La destitución del jefe del Estado Mayor refleja la presión interna que enfrenta la junta militar para demostrar resultados en el terreno militar, especialmente después de haber prometido restaurar la seguridad y la integridad territorial del país como justificación para el golpe de Estado. Sin embargo, los ataques yihadistas y las ofensivas de grupos armados continúan desafiando el control gubernamental en amplias zonas del territorio maliense.
La situación en Malí tiene implicaciones regionales significativas, ya que la inestabilidad se ha extendido a países vecinos como Burkina Faso y Níger, ambos también gobernados por juntas militares que llegaron al poder mediante golpes de Estado en años recientes. Los tres países formaron en 2023 la Alianza de Estados del Sahel, una coalición de defensa mutua que busca coordinar esfuerzos contra los grupos yihadistas sin depender de potencias occidentales.
No se ha informado sobre cambios adicionales en la cúpula militar maliense ni sobre nuevas operaciones planificadas para responder a la ofensiva del 25 de abril. La comunidad internacional, incluyendo la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en Malí (MINUSMA), que concluyó su mandato en 2023 tras la solicitud de retirada por parte de la junta, ha expresado preocupación por el deterioro de la situación de seguridad y humanitaria en el país.