Mercenarios latinoamericanos combaten en Sudán junto a paramilitares acusados de genocidio
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Mercenarios latinoamericanos combaten en Sudán junto a paramilitares acusados de genocidio

Cientos de contratistas militares de Colombia, El Salvador y otros países latinoamericanos luchan en la guerra civil de Sudán junto a las Fuerzas de Apoyo Rápido, un grupo paramilitar acusado de limpieza étnica, ejecuciones y violencia sexual sistemática contra civiles. Los mercenarios llegan a través de una red logística que involucra a Emiratos Árabes Unidos, Libia, Somalia, Chad y Etiopía, según investigaciones periodísticas y documentos corporativos analizados por organizaciones internacionales.

INTERNACIONAL20 JUN 2026

En noviembre de 2024, la Fuerza Conjunta de grupos armados de Darfur, aliada con el ejército regular de Sudán en la guerra civil del país, difundió un video que mostraba a varios de sus miembros en un punto del desierto que conecta con Libia, examinando una serie de tarjetas de identificación que acababan de encontrar tras emboscar un convoy enemigo, según reportó el medio español El País.

"¿Este tipo es sudanés?", preguntó retóricamente el combatiente que manipulaba las tarjetas de identificación, que incluían el pasaporte de un hombre llamado Christian Lombana Moncayo. "Esta gente no es sudanesa", concluyó. En algunos documentos podía leerse la palabra "Colombia", pero los combatientes no lograron identificarla e incluso confundieron el logo de la Dirección General de Sanidad Militar con el escudo del club de fútbol París Saint-Germain. "Es francés", adivinó incorrectamente otro miliciano.

En sus manos tenían la primera evidencia del despliegue de mercenarios colombianos en Sudán para asistir a las Fuerzas de Apoyo Rápido paramilitares, según El País. Los primeros soldados habían llegado solo dos meses antes tras una escala en Emiratos Árabes Unidos, un vuelo a Bengasi, Libia, y un viaje de aproximadamente ocho días a través del desierto, según el medio colombiano La Silla Vacía.

Desde entonces, sin embargo, el flujo de contratistas militares no solo ha continuado sino que se ha expandido a otras nacionalidades latinoamericanas, y la red establecida para sostener su despliegue, entrenamiento y logística se ha vuelto más sofisticada e involucra cada vez más países de la región, según reportes de prensa e investigaciones recientes, así como una fuente con conocimiento directo de la operación que habló con El País.

**La red de reclutamiento y despliegue**

Al principio, los contratistas militares fueron reclutados por la empresa colombiana Internacional Services Agency A4SI a través de ofertas de trabajo vagas, según El País. En un anuncio en su sitio web en septiembre de 2024 buscaba, por ejemplo, pilotos de drones para África y ofrecía un salario de 2.500 a 3.000 dólares, con alojamiento, transporte y seguro médico separado.

Una vez en Emiratos Árabes Unidos, los mercenarios colombianos firmaban un segundo contrato con Global Security Services Group, una empresa emiratí fundada en 2016 por el secretario general de la corte presidencial del país, Ahmed Mohamed al-Humairi, y posteriormente transferida a su socio Mohamed Hamdan al-Zaabi, según registros corporativos analizados por la organización de investigación The Sentry.

En diciembre de 2025, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos impuso sanciones a cuatro personas y cuatro entidades en esta red transnacional involucrada en la guerra civil de Sudán, entre ellas A4SI, según El País. A mediados de abril de 2026 las extendió a cinco personas y entidades más, incluyendo Fénix, la empresa que reemplazó a A4SI después de que fuera sancionada.

Esas medidas, sin embargo, no han detenido la llegada de contratistas latinoamericanos, según el medio español. En Sudán, los mercenarios colombianos que operan bajo el nombre Desert Wolves han combatido en múltiples frentes, especialmente en Darfur, y sus roles han incluido operar drones, artillería y vehículos blindados, así como asaltos directos, según una denuncia de 2025 del representante militar de Sudán ante las Naciones Unidas, Al-Harith Idriss. Los contratistas también han entrenado a combatientes paramilitares —incluyendo menores de edad— coordinado campañas de propaganda y llevado a cabo tareas de seguridad y médicas.

**Abusos sistemáticos de las Fuerzas de Apoyo Rápido**

La participación de contratistas en la guerra ha generado fuertes críticas porque las Fuerzas de Apoyo Rápido han cometido abusos sistemáticos contra la población civil, según El País. Entre ellos: ejecuciones, violencia sexual, secuestros, tortura y saqueos. En Darfur también han llevado a cabo campañas de limpieza étnica. Y en la captura de la ciudad de El Fasher, una misión de la ONU encontró indicios de genocidio. El conflicto en Sudán también ha causado la mayor crisis humanitaria del mundo.

**Mercenarios de múltiples países latinoamericanos**

La fuente que habló con El País dice, sin embargo, que los contratistas no son solo colombianos: también hay, aunque en menor número, nacionales de otros países latinoamericanos como El Salvador. La fuente añade que varios salvadoreños murieron en la captura de El Fasher. Una grabación obtenida por el medio español se refiere a una muerte más reciente de un salvadoreño. "No sé por qué se centran en Colombia cuando hay gente de diferentes países", insiste la fuente.

En 2015, pocos meses después de que una coalición internacional liderada por Arabia Saudita lanzara una campaña militar contra los rebeldes hutíes en Yemen, varios medios revelaron que Emiratos Árabes Unidos, entonces alineado con Riad, ya había enviado cientos de mercenarios colombianos y docenas de otros países latinoamericanos a Yemen, según El País. Entre ellos había salvadoreños.

**Rutas logísticas y entrenamiento**

Las Fuerzas de Apoyo Rápido se movilizan principalmente a través de redes tribales, y mercenarios de países vecinos como Chad y Sudán del Sur han servido consistentemente en sus filas, reclutados a través de redes que a menudo precedieron al conflicto actual, según El País. Sin embargo, en el caso de los contratistas militares latinoamericanos, los nodos que facilitan su llegada son diferentes.

Desde que el despliegue de mercenarios colombianos a Sudán vía el este de Libia se hizo público, su logística ha cambiado, apoyándose en la red de aliados regionales tejida por los Emiratos, similar a la transferencia de armas, según el medio español. Aún así, su destino habitual es Nyala, la capital de Darfur del Sur, el bastión de las Fuerzas de Apoyo Rápido y el principal punto de entrada y salida para contratistas militares.

La fuente de El País destaca dos rutas principales que parten de Bogotá. La primera hace escala en París y luego va a Dubái, desde donde los contratistas son trasladados a Abu Dabi. La segunda aterriza en Nyala después de pasar por Madrid, Adís Abeba (Etiopía), Bosaso, la capital de Puntlandia (Somalia), y Kufra (Libia). Otro nodo importante en esta red es Yamena (Chad).

Antes de desplegarse en Sudán, muchos de los mercenarios reciben entrenamiento de instructores militares emiratíes en dos bases en el emirato de Abu Dabi —Ghiyathi y Al Wathba— reveló Human Rights Watch a finales de mayo, según El País. La misma fuente dice que algunos de estos contratistas también reciben entrenamiento de pilotaje de drones en una base en Bosaso, y que otros tipos de entrenamiento tienen lugar en Kufra, que se negó a detallar.

Una vez en Sudán, parte de su función es entrenar a combatientes paramilitares locales. "Uno les enseña muchas cosas", dice la fuente, señalando que "lo bueno es que son bastante inteligentes" y que algunos "aprenden español muy rápidamente, también".

**Proyectos hospitalarios y otras funciones**

Además de sus funciones militares, algunos de estos contratistas han asumido simultáneamente otras tareas, incluyendo preparativos para renovar al menos tres hospitales en áreas controladas por los paramilitares, dice otra fuente familiarizada con los proyectos, según El País. Los bombardeos recurrentes del ejército en Nyala, sin embargo, están retrasando esos planes.

El ministro de salud designado por las Fuerzas de Apoyo Rápido en territorios bajo su control, Alaa Nugoud, dijo a El País que están trabajando "en la renovación de hospitales" y que "hay propuestas para [algunos] nuevos". Y aunque se negó a especificar nacionalidades, Nugoud reconoce que están "abiertos a contratar expertos extranjeros para ayudar con la provisión de servicios, estrategia, construcción del estado, como hacen otros gobiernos".

**Reclutamiento activo en redes sociales**

A pesar de la brutalidad de la guerra, las redes sociales abundan con colombianos dispuestos a viajar a Sudán, según El País. En un video publicado en mayo en la plataforma TikTok sobre este reclutamiento, un usuario lamenta que después de "retirarse [del ejército] es casi imposible conseguir un buen trabajo", mientras otro pregunta directamente "para ir a algún lugar". "Listo para ir", asegura un tercer usuario, mientras otro deja claro que está dispuesto a "ir a cualquier parte".

El País contactó a la oficina de prensa de las Fuerzas de Apoyo Rápido pero no había recibido respuesta al momento de la publicación del artículo.

**Contexto de la guerra civil sudanesa**

La guerra civil en Sudán enfrenta al ejército regular del país contra las Fuerzas de Apoyo Rápido paramilitares. El conflicto ha generado la mayor crisis humanitaria del mundo, según organismos internacionales. Las acusaciones contra las Fuerzas de Apoyo Rápido incluyen crímenes de guerra, limpieza étnica en Darfur y posibles actos de genocidio en la captura de El Fasher, según misiones de la ONU.

La participación de mercenarios latinoamericanos en este conflicto representa una expansión de las redes de contratistas militares privados que Emiratos Árabes Unidos ha utilizado previamente en otros conflictos regionales, como la guerra en Yemen. Las sanciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos buscan desmantelar esta red transnacional, pero hasta ahora no han logrado detener el flujo de combatientes hacia Sudán.

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