

El canciller alemán Friedrich Merz se encuentra gestionando simultáneamente varias crisis internacionales y domésticas, mientras advierte que la economía alemana está en una encrucijada crítica tras dos años consecutivos de contracción. En medio de tensiones por la intervención estadounidense en Venezuela, disputas sobre Groenlandia y la guerra en Ucrania, el líder conservador intenta equilibrar la política exterior con las crecientes preocupaciones económicas internas.
El canciller alemán Friedrich Merz ha reconocido que la situación económica de Alemania sigue siendo "muy crítica" y que las medidas adoptadas hasta ahora no han sido suficientes para restaurar la competitividad del país, según informó la agencia de noticias alemana DPA. En una carta dirigida a los miembros de su coalición de centro-derecha este martes, Merz advirtió que Alemania necesitará tomar medidas políticas y legales "radicales" en 2026 para revertir el declive económico.
La economía alemana se contrajo tanto en 2023 como en 2024, y las previsiones económicas de invierno publicadas en diciembre por los principales institutos económicos proyectaron un crecimiento de apenas un 0,1% para 2025, según TRT World. Los analistas señalan como principales obstáculos para la recuperación los altos costos energéticos, la débil demanda global, las lentas reformas estructurales y una fuerte caída en las exportaciones a Estados Unidos.
Desde que asumió el cargo en mayo de 2025, Merz ha prometido revitalizar la mayor economía de Europa mediante un gasto público a gran escala, junto con mayores inversiones en defensa e infraestructura. Su gobierno ha anunciado recortes de impuestos y planes de reforma, pero los grupos empresariales advierten que el progreso sigue siendo demasiado lento para detener la recesión.
En su discurso de Año Nuevo, Merz optó por un enfoque visualmente austero, con pocos elementos de producción y una cámara inestable. Solo el árbol de Navidad brillando detrás del hombro izquierdo de Merz proporcionaba algo de alegría festiva. El canciller describió el desafío de Alemania como "no pequeño" y afirmó que el mundo estaba cambiando a un ritmo acelerado. Definió la tarea central de su gobierno como "la renovación de los fundamentos de nuestra libertad, seguridad y prosperidad", según reporta IP Quarterly.
Merz describió claramente la guerra de Rusia contra Ucrania como parte de un plan mayor para atacar a toda Europa y —por primera vez para un canciller alemán de posguerra— habló abiertamente de la "relación cambiante" con Estados Unidos, que "solía garantizar nuestra seguridad".
Sin embargo, el mensaje principal de Merz fue de optimismo: expresó su "profunda convicción" de que los alemanes eran capaces de enfrentarlo todo. "No somos víctimas de circunstancias externas; no somos juguetes de grandes potencias. Nuestras manos no están atadas", declaró el canciller.
En cuanto a la política exterior, Merz ha estado bajo presión tras la intervención estadounidense en Venezuela. Su reacción a la captura del ex líder venezolano Nicolás Maduro por parte del ejército estadounidense fue algo contenida y vaga. El canciller alemán describió la situación como "compleja", también desde una perspectiva legal, que el gobierno alemán examinaría cuidadosamente, según informa Deutsche Welle.
Las palabras "violación del derecho internacional" no salieron de los labios del canciller ni de sus portavoces, dejando esas críticas a políticos de la oposición y académicos. La mayoría de los observadores estaban seguros de que el gobierno alemán y el propio canciller fueron tan cautelosos en el tema de Venezuela para lograr un acuerdo de paz lo más justo posible en Ucrania, incluidas garantías de seguridad de Occidente, que son difíciles sin Estados Unidos.
En una conferencia sobre Ucrania en París esta semana, Merz señaló que los soldados alemanes podrían al menos participar indirectamente en un concepto de seguridad para Ucrania (después de un alto el fuego): por ejemplo, apoyando a los contingentes de la OTAN en Polonia. Francia y el Reino Unido anunciaron que también participarían con soldados en la propia Ucrania. En este contexto, parecía que Merz no quería enfadar más al presidente estadounidense.
"Alemania seguirá contribuyendo política, financiera y militarmente. Esto podría incluir, por ejemplo, el despliegue de fuerzas en Ucrania en territorio vecino de la OTAN después de un alto el fuego", dijo Merz en la conferencia de prensa en París, añadiendo que una vez que se acuerde una fuerza de monitoreo respaldada por Estados Unidos, el gobierno y el parlamento alemán "decidirán sobre la naturaleza y el alcance de una contribución alemana". Por ahora, Berlín "no descarta nada", concluyó el canciller.
Mientras tanto, el presidente estadounidense Donald Trump ha renovado su amenaza de hacer de Groenlandia parte de Estados Unidos. Groenlandia pertenece a Dinamarca, pero tiene una amplia autonomía. Como señaló la primera ministra danesa Mette Frederiksen, un país de la OTAN atacando a otro significaría el fin de la alianza defensiva. Siete países de la UE, incluida Alemania, emitieron una declaración el martes diciendo: "Corresponde únicamente a Dinamarca y Groenlandia decidir sobre asuntos concernientes a Dinamarca y Groenlandia". Sin embargo, destacados políticos estadounidenses ven las cosas de manera muy diferente.
En el frente interno, Merz sorprendió a todos con su decisión de separarse de su jefe de oficina en la Cancillería, después de solo ocho meses en el cargo. El canciller destituyó a su jefe de oficina, Jacob Schrot, y lo reemplazó con Philipp Birkenmaier, el ex gerente federal de su partido conservador CDU. Según la corresponsal jefe de DW, Michaela Küfner, esto reveló la profundidad de los problemas que aquejan a Merz. "El cambio en la oficina de Merz del leal politólogo Jacob Schrot al experto económico y experimentado funcionario del partido Philipp Birkenmaier aborda problemas de los que Merz era cada vez más consciente, principalmente el de la mala comunicación desde la oficina del canciller".
Merz también busca más experiencia económica. Con Birkenmaier, Merz quiere señalar un nuevo comienzo en ambos frentes. Es trabajo del jefe de oficina separar las tareas importantes de las menos importantes y priorizar para el canciller. Muchos observadores creen que, con todas sus actividades de política exterior, Merz perdió de vista los temas de política interna.
A pesar de que Merz tiene una fuerte presencia en muchas esferas, la insatisfacción con el trabajo de su gabinete es alta menos de un año después de asumir el cargo. En la última encuesta ARD Deutschlandtrend, solo el 24% de los encuestados dijeron estar satisfechos con el trabajo de Friedrich Merz.
En paralelo, Alemania enfrenta el auge de fuerzas nacionalistas antidemocráticas. Según una nueva encuesta internacional, el Barómetro de Confianza de Edelman, el 69% de los alemanes alberga "un rencor mediano a grande" contra el gobierno, las empresas y los acomodados "que se benefician del sistema mientras el público en general sufre". Y solo el 14% cree que la próxima generación estará mejor, el segundo peor resultado entre los 28 estados muestreados, solo superado por un estado de ánimo aún más pesimista en Francia (9%).
La consecuencia política en Alemania es una reconfiguración del centro político y el ascenso del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), que, según encuestas recientes, continúa cabeza a cabeza con los Demócratas Cristianos (CDU/CSU) de Merz en torno al 25%. Compitiendo en cinco elecciones regionales este año, y con nuevos amigos en Washington bajo la administración Trump, el AfD podría seguir avanzando este año.
La politóloga Janine Patz advierte que "Alemania y muchas otras sociedades ricas actualmente ven el ascenso de fuerzas nacionalistas antidemocráticas. Estas se basan en una ideología que, en su núcleo, rechaza el concepto de responsabilidad global y soluciones globales – una perspectiva que moldea fuertemente el debate climático". Según Patz, el AfD niega que el cambio climático provocado por el hombre sea una crisis global que pueda ser influenciada por la acción política.
En este contexto, será crucial para el gobierno de Merz asegurar que todo el dinero destinado al Fondo Climático y de Transformación se utilice realmente para reducir las emisiones de CO2. Usar el dinero para aliviar a la industria, financiar infraestructura fósil o para pagos por objetivos climáticos no cumplidos contradiría los intereses climáticos de Alemania y sería a expensas de implementar medidas concretas, por ejemplo a nivel municipal.
El gobierno de Merz ha confirmado su adhesión a los objetivos climáticos nacionales: reducir las emisiones en un 65% para 2030 y lograr la neutralidad climática para 2045. El objetivo de 2045 ahora también ha sido consagrado en la constitución. Otro elemento positivo es el fondo especial de 100 mil millones de euros para infraestructura y neutralidad climática.
Sin embargo, al ritmo actual, Alemania no alcanzará su objetivo de 2045 por un amplio margen. Este cambio en las prioridades ya era evidente durante la campaña electoral de 2025, cuando la política climática del gobierno anterior fue calificada como "ideológica" y perjudicial para la economía, la prosperidad y la libertad individual.