

La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ha dado un paso al frente como referente de la izquierda latinoamericana tras la victoria del ultraderechista José Antonio Kast en Chile, consolidando un giro conservador que ya domina en diez países de la región. Con altos índices de popularidad y un mandato hasta 2030, Sheinbaum ha llamado a una 'reflexión para los movimientos progresistas' mientras enfrenta el desafío de equilibrar su liderazgo regional con las presiones de Estados Unidos bajo la administración Trump.
El mapa político de América Latina ha experimentado un profundo cambio en 2025, con un claro giro hacia la derecha que se consolidó esta semana con la victoria del ultraderechista José Antonio Kast en Chile. Ante este escenario, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha emergido como la principal figura de la izquierda regional, instando a una 'reflexión para los movimientos progresistas en América Latina'.
La victoria de Kast, quien obtuvo más de 16 puntos de ventaja sobre la candidata de izquierda Jeannette Jara según Meganoticias, representa la llegada al poder del político más ultraconservador desde la dictadura de Augusto Pinochet. Este triunfo se suma a otros dos procesos electorales relevantes ocurridos este año: las victorias de Daniel Noboa en Ecuador y Rodrigo Paz en Bolivia, completando así el tercer triunfo electoral clave de la derecha en 2025.
Con estos resultados, el balance regional muestra que diez países latinoamericanos están ahora gobernados por fuerzas conservadoras o de ultraderecha, mientras que nueve mantienen gobiernos progresistas, entre ellos México. El giro conservador abarca todo el Cono Sur (Argentina, Chile y Uruguay) y el bloque andino (Perú, Bolivia y Ecuador), con un espectro ideológico que va desde una derecha liberal hasta posiciones ultraconservadoras.
'Sheinbaum es sin duda el faro de la izquierda en América Latina, es el gobierno progresista más exitoso y desde ahí hace ese llamamiento', apunta Lisandro Devoto, politólogo de la UNAM, según El País. El experto matiza que 'su postura por ahora parece más discursiva porque sabe que no puede tensar mucho la cuerda con Estados Unidos. Su margen de maniobra es menor que, por ejemplo, el que pudo tener el kirchnerismo en Argentina, que es un país mucho menos dependiente de Washington'.
La presidenta mexicana se encuentra en una posición privilegiada entre los líderes progresistas que sobreviven en la región. De los protagonistas de la simbólica foto tomada en la cumbre del G20 en Río de Janeiro en noviembre de 2024 —donde posaron entrelazando las manos junto al brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, el colombiano Gustavo Petro y el ahora saliente chileno Gabriel Boric— Sheinbaum es la mejor valorada en índices de popularidad, la que más poder interno concentra y la que tiene mayor recorrido por delante en su mandato, hasta 2030, frente a las elecciones previstas para el próximo año en Brasil y Colombia.
Sin embargo, el impulso de un bloque progresista no ha tenido hasta ahora mucho vigor. Sheinbaum no acudió personalmente a la reunión convocada por Boric en Santiago en julio para concertar una posible agenda de la izquierda progresista iberoamericana, aunque ofreció su respaldo desde la distancia. Otro gesto significativo fue su negativa a participar en la Cumbre de las Américas celebrada a principios de este mes en República Dominicana, justificando su ausencia por la no invitación a Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Para el investigador en relaciones internacionales del Colmex, Humberto Beck, citado por El País, la política exterior de Sheinbaum representa 'una prolongación casi inevitable de la política exterior del sexenio anterior, marcada por la agresividad de Trump, las contradicciones y los equilibrios'. El académico señala que 'Sheinbaum no ha podido desarrollar un liderazgo latinoamericano más nítido porque le ha tocado iniciar su mandato en medio de la mayor crisis bilateral desde la Segunda Guerra Mundial. Trump ha desempolvado una vieja doctrina explícitamente imperialista según la cual el resto de países americanos tiene una soberanía limitada, a merced de los intereses de Estados Unidos'.
La postura de Sheinbaum frente al avance de la ultraderecha también tiene una lectura de política interior. 'Yo creo que esto no se va a dar en México', dijo la mandataria esta semana, aprovechando el caso chileno para subrayar 'el apoyo popular' de su gobierno y enumerar los avances en el combate contra la pobreza y la desigualdad. Los altos índices de popularidad de Sheinbaum junto con los resultados de las políticas laborales y la expansión de las ayudas sociales son dos de las grandes fortalezas del gobierno morenista.
La presidenta ha incidido en la importancia de la unidad interna como la mejor defensa ante la derrota. Según Beck, 'el hecho de subrayar la importancia de la unidad dentro de los movimientos progresistas es otro mensaje dirigido hacia, quizás, la mayor debilidad de Morena: las guerras internas o la posible ruptura de la alianza parlamentaria'.
Analistas coinciden en que el avance de la derecha en la región responde a varios factores. Según Meganoticias, frente a los partidos tradicionales han surgido plataformas de activismo político más agresivas, renovadas y contestatarias, encabezadas por figuras polémicas y radicales como José Antonio Kast, Javier Milei o Nayib Bukele. Sus propuestas de ruptura han sido bien recibidas por un electorado que busca romper con el 'viejo sistema' y que aspira a cambios drásticos para erradicar problemas estructurales como la corrupción, la inseguridad y la crisis económica.
El sistema presidencialista predominante en América Latina también juega un papel importante, ya que obliga a los votantes a elegir entre dos opciones en segunda vuelta, favoreciendo movimientos pendulares y el castigo al oficialismo. Según estudios citados por RTVE, aproximadamente un tercio de la población latinoamericana comparte ideologías de extrema derecha, pero este sector puede quedar sobrerrepresentado en sistemas de segunda vuelta.
Los discursos centrados en seguridad e inmigración han sido particularmente efectivos. En el caso de Kast, su campaña se enfocó exclusivamente en estos temas, evitando mencionar sus posiciones ultraconservadoras en asuntos como el aborto, el matrimonio igualitario o la identidad de género, según explicó a RTVE Felipe González McConnell, autor de una biografía sobre el presidente electo chileno.
El politólogo Lisandro Devoto advierte que, aunque 'de momento no parece probable el giro en México, por la hegemonía de Morena y sobre todo por la debilidad de la oposición', la historia reciente muestra que 'ha habido otros gobiernos progresistas con mucho apoyo popular y políticas públicas redistributivas, que han acabado cayendo por distintas causas, como la corrupción o los problemas económicos'. Y añade un recordatorio inquietante: 'Milei o Bolsonaro pasaron en dos años de ser figuras marginales a presidentes del Gobierno'.
El panorama regional para 2026 estará marcado por importantes procesos electorales en Colombia, Perú y Brasil, que definirán si la ola conservadora continúa expandiéndose o si los gobiernos progresistas logran mantener sus posiciones. Mientras tanto, la administración Trump ha dejado clara su preferencia por gobiernos conservadores en lo que considera su 'patio trasero', interviniendo activamente en procesos electorales como los de Honduras y Argentina, donde vinculó la ayuda económica estadounidense al éxito electoral de sus aliados ideológicos.
En este complejo escenario geopolítico, México bajo el liderazgo de Sheinbaum se perfila como un contrapeso fundamental para las fuerzas progresistas en América Latina, aunque su capacidad de acción regional estará inevitablemente condicionada por la relación bilateral con Estados Unidos y los desafíos internos que enfrenta su gobierno.