Migrantes africanos en el Golfo Pérsico rechazan evacuar pese a tensiones entre Irán y Estados Unidos por dependencia de remesas
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Migrantes africanos en el Golfo Pérsico rechazan evacuar pese a tensiones entre Irán y Estados Unidos por dependencia de remesas

Aproximadamente cinco millones de trabajadores africanos en los países del Consejo de Cooperación del Golfo se niegan a abandonar la región pese a la lluvia de misiles iraníes en respuesta a ataques estadounidenses e israelíes, según reporta El País. La razón es clara: sus remesas sostienen a más de 200 millones de personas en África y representan casi el 6% del PIB continental, superando en algunos casos los ingresos por ayuda oficial al desarrollo.

INTERNACIONAL14 MAR 2026

Cuando las sirenas de alerta antiaérea resuenan en Dubái, Meron, una empleada doméstica etíope, no contempla la posibilidad de marcharse. Su salario paga la matrícula escolar de su hija y alimenta a toda su familia en Adís Abeba. "No pienso en marcharme. Lo que tenga que ser, será", dice esta trabajadora, que solicita proteger su identidad real por motivos de seguridad, según El País. "Esta situación nos afecta a todos, no solo a mí. Mi hija necesita ir al colegio. Rezo por la paz, porque la paz aquí es la supervivencia en casa".

Meron representa a uno de los aproximadamente cinco millones de migrantes africanos que viven en los países del Consejo de Cooperación del Golfo, que incluyen Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Bahréin y Omán, según la fuente. Estos trabajadores, procedentes de países como Kenia, Uganda, Ghana y Etiopía, se emplean principalmente en construcción, trabajo doméstico, hostelería, logística y servicios de seguridad.

Las crecientes tensiones geopolíticas vinculadas al conflicto entre Irán y Estados Unidos generan profunda preocupación entre estos trabajadores sobre su capacidad para ganar dinero y enviarlo a casa. En África, más de 200 millones de personas se benefician de las remesas, según datos de Naciones Unidas citados por El País. Con ese dinero pagan facturas, alimentación, sanidad y otros gastos.

Las remesas representan casi el 6% del PIB del continente africano y en países como Gambia o Lesotho superan el 20%, según la fuente. En algunos casos, el dinero enviado desde el exterior significa más ingresos que la Ayuda Oficial al Desarrollo.

Los países africanos recibieron más de 95.300 millones de dólares (81.716 millones de euros) en remesas en 2024 procedentes de sus diásporas, lo que convierte estas transferencias en una de las mayores fuentes externas de financiación del continente, siendo Nigeria, Egipto y Marruecos algunos de los principales receptores, según el Informe sobre el estado de las infraestructuras en África 2025 de la Corporación Financiera Africana.

Un taxista keniano que lleva una década en Dubái afirma que las tensiones geopolíticas son totalmente secundarias comparadas con su salario diario. "No tengo miedo. Envío dinero cada mes a mi madre, mi hermana y mi hermano", dice según El País. "Yo los mantengo pase lo que pase aquí. Todos los días trabajo. No dejaré de enviar dinero".

Para muchos hogares africanos, la pregunta es simple pero crucial: ¿seguirán llegando las remesas? Hasta ahora, y según más de una decena de trabajadores entrevistados por la fuente, el dinero sigue fluyendo gracias a las sólidas aplicaciones y servicios de pago digital disponibles en los países del Consejo de Cooperación del Golfo. Sin embargo, crece la preocupación acerca de la posibilidad de que la guerra se prolongue durante mucho tiempo.

El analista de mercado Hany Abu Akleh, de XTB MENA, señala que el mercado laboral del Golfo ha experimentado un cambio notable en los últimos años, con un aumento generalizado de la participación de la mano de obra africana, especialmente de Kenia y Uganda, en las economías del Golfo, sobre todo en Emiratos Árabes Unidos y Qatar, según El País.

Abu Akleh afirma que muchos de estos trabajadores suelen trabajar en el extranjero con el objetivo principal de enviar dinero a sus familias y, como resultado, los flujos de remesas hacia sus países de origen pueden aumentar en lugar de disminuir durante los periodos de crisis económica. Señala que esta tendencia se debe en parte a la depreciación de la moneda en varias economías africanas durante las crisis, especialmente ante la fortaleza del dólar estadounidense.

El analista añade que las transferencias directas a través de aplicaciones de pago electrónico, ampliamente utilizadas en los países del Golfo, están cobrando cada vez más importancia para las familias en sus países de origen a medida que suben los precios de los productos básicos. Muchas de estas economías dependen en gran medida de las importaciones, lo que eleva los costes para los consumidores, una tendencia intensificada por el repunte del precio del petróleo, que ha llegado a subir por encima de los 100 dólares por barril, según la fuente.

Los economistas consideran que el riesgo real no reside en los sistemas de transferencia de dinero, sino en la estabilidad del empleo. Si la guerra perturba las economías regionales, ralentiza los proyectos de construcción u obliga a las empresas a recortar gastos, los trabajadores migrantes podrían ser de los primeros en sentir el impacto, según El País.

El analista de servicios financieros Amro Zakaria afirma que los últimos datos de 2024 y 2025 muestran que las remesas de los trabajadores kenianos en la región del Golfo representan alrededor del 10% de todos los fondos enviados a casa por los kenianos en el extranjero, lo que equivale a unos 497 millones de dólares (unos 434 millones de euros). En Uganda, las remesas ascienden a unos 1.600 millones de dólares (1.397 millones de euros), impulsadas en gran medida por los aproximadamente 300.000 trabajadores ugandeses empleados en los países del Golfo. En el caso de Etiopía, las cifras oficiales sitúan las remesas de los trabajadores en el Golfo en unos 600 millones de dólares (524 millones de euros), aunque es probable que la cantidad real sea mayor debido a que los datos disponibles son limitados e incompletos, según Zakaria citado por la fuente.

La amenaza, afirma Zakaria, no es inmediata, sino estructural. Cuando los precios del petróleo fluctúan, las rutas marítimas se vuelven inciertas o el turismo disminuye, las empresas pueden optar por reducir la contratación o recortar las horas de trabajo. Tales ajustes afectarían directamente a los trabajadores migrantes cuyos ingresos sostienen a familias a miles de kilómetros de distancia.

Zakaria señala que, si la crisis actual se agravara, las repercusiones económicas podrían parecerse a las perturbaciones observadas durante la pandemia de la covid. Pero sostiene que los Estados del Golfo, en particular Emiratos Árabes Unidos, cuentan con liquidez suficiente que podría ayudar a amortiguar posibles perturbaciones, según El País.

La Unión Africana y líderes del continente han expresado una creciente preocupación por la escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán, advirtiendo de que la crisis podría tener graves repercusiones económicas y de seguridad. El aumento de los costes del combustible, la interrupción de las rutas comerciales con el bloqueo del estrecho de Ormuz y la volatilidad de los mercados financieros ya están causando estragos en varias economías africanas, según la fuente.

Cyril Ramaphosa, presidente de Sudáfrica, afirmó que las tensiones ya estaban poniendo a prueba las cadenas de suministro africanas y empujando al alza los precios de la energía. Además, advirtió de que las economías dependientes de las importaciones en todo el continente son especialmente vulnerables. E instó a todas las partes a buscar el diálogo, señalando que la diplomacia seguía siendo la única vía sostenible para poner fin al conflicto, según El País.

En Kenia, el presidente William Ruto condenó la intensificación de las hostilidades y advirtió de que la regionalización del conflicto supone una grave amenaza para la paz y la seguridad mundiales, pidiendo una intervención internacional urgente para rebajar las tensiones, según la fuente.

La situación plantea un dilema humanitario y económico sin precedentes: millones de trabajadores africanos atrapados entre el riesgo de permanecer en una zona de conflicto y la imposibilidad de abandonar sus empleos sin condenar a sus familias a la pobreza. El horario de trabajo extenuante de estos migrantes evidencia una aparente paradoja financiera: los flujos de remesas podrían incluso aumentar durante las fases iniciales de la crisis, según Abu Akleh.

La dependencia estructural de las economías africanas respecto a las remesas enviadas desde el Golfo Pérsico convierte cualquier perturbación prolongada en la región en una amenaza directa para la estabilidad económica de millones de hogares en todo el continente. La pregunta que enfrentan estos trabajadores no es si el conflicto es peligroso, sino si pueden permitirse el lujo de escapar de él.

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