Mil semillas de olivo ingresan en la Bóveda Global de Svalbard para preservar su diversidad genética ante catástrofes
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Mil semillas de olivo ingresan en la Bóveda Global de Svalbard para preservar su diversidad genética ante catástrofes

La Bóveda Global de Semillas en Noruega recibió este viernes las primeras 1.000 muestras de olivo, recolectadas por las universidades de Córdoba y Granada, según informaron las instituciones participantes. Esta instalación, conocida como el arca de Noé de las semillas y situada a 120 metros bajo una montaña en el archipiélago ártico de Svalbard, está diseñada para resistir desastres naturales, conflictos bélicos y los efectos del cambio climático, conservando actualmente 1,37 millones de granos de más de 6.500 plantas de todo el mundo.

CIENCIA27 FEB 2026

El depósito de estas semillas marca un hito en la conservación del olivo, uno de los cultivos más antiguos del Mediterráneo que hasta ahora no figuraba en el mayor emplazamiento de conservación de material genético de cultivos del planeta. La Bóveda Global de Semillas, construida con paredes de hormigón de un metro de grosor y enterrada en el interior de una montaña helada a unos 2.000 kilómetros de Oslo, mantiene una temperatura constante de -18 grados centígrados y puede seguir funcionando incluso si sus sistemas eléctricos fallan, gracias al permafrost natural del Ártico, según las fuentes.

El proyecto, denominado Gen4Olive y liderado por la Universidad de Córdoba, tiene como objetivo "garantizar que la humanidad pueda seguir alimentándose en el futuro con la mejor grasa vegetal, que es el aceite de oliva", según declaró Abderraouf Laajimi, director ejecutivo adjunto del Consejo Oleícola Internacional y doctor en Economía Aplicada por la Universidad de Zaragoza. Laajimi valoró que esta aportación "permitirá la conservación de la diversidad genética del olivo".

Concepción Muñoz, profesora titular del departamento de Agronomía de la Universidad de Córdoba y participante en el proyecto, argumentó que "sin variabilidad genética no es posible desarrollar nuevas variedades capaces de adaptarse a los desafíos actuales", como el cambio climático, según recogieron las fuentes.

En la iniciativa participaron, además de las dos universidades españolas y el Consejo Oleícola Internacional, el Ministerio de Agricultura de España, el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA-CSIC), el Centro de Recursos Fitogenéticos y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Para el ministerio que dirige Luis Planas, el ingreso del olivo constituye "la salvaguarda de este patrimonio fitogenético en favor de las generaciones venideras", según informó la institución.

Laajimi añadió que este proyecto permitirá "cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible" de la ONU, ya que "apuesta por la resiliencia de los sistemas agrícolas y es una contribución para la seguridad alimentaria en el futuro", según sus declaraciones.

La delegación española encargada de realizar la entrega oficial de las semillas no pudo llegar al completo a Svalbard debido a una tormenta de nieve, según informaron las fuentes. Aun así, este viernes las semillas fueron depositadas en la Bóveda, donde dentro de 10 años serán revisadas para determinar si mantienen su capacidad de germinación. En caso contrario, tendrán que ser reemplazadas.

Hasta llegar a Svalbard, se siguió un "minucioso procedimiento científico", relató Laajimi. Primero, se realizó una selección de las semillas para garantizar la biodiversidad del material depositado y para que mantenga su capacidad de germinación. Pablo Morello, responsable del Banco de Germoplasma de la Universidad de Córdoba —de donde se extrajeron casi la mitad de los ejemplares depositados en Svalbard— señaló que "han sido escogidas por ser las más producidas y distribuidas en el mundo", según declaró.

Los frutos recogidos en la colección de Córdoba provienen en su origen de variedades autóctonas de diferentes países miembros del Consejo Oleícola Internacional, como Albania, Argelia, España, Francia, Grecia, Italia, Marruecos, Siria, Túnez o Turquía, según las fuentes. La otra mitad pertenecen a cuatro linajes españoles de ejemplares silvestres y fueron recolectados por la Universidad de Granada. Esta primera parte del proceso se realizó entre octubre y noviembre de 2024.

Entre las variedades depositadas se encuentran la Hojiblanca y la Arbequina, pilares fundamentales de la producción de aceite de oliva virgen extra en España, según informó la Denominación de Origen Estepa. Las 500 semillas de acebuche (olivo silvestre) complementan las 500 semillas de las 50 variedades de olivo más importantes a nivel mundial, que representan las características más deseables de este cultivo.

Tras la recolección, los frutos fueron procesados durante varios meses en un laboratorio siguiendo unas pautas diseñadas por un grupo de investigadores de la Universidad de Granada, según las fuentes. Tras extraer el hueso de cada aceituna, se liberó la semilla que se encuentra en su interior. Posteriormente, se conservaron en recipientes herméticos a -18 grados centígrados, en las mismas condiciones que tendrán en Svalbard, y se conservaron en instalaciones seguras. Finalmente, fueron enviadas en cajas especiales mediante transporte terrestre y aéreo.

Las semillas enviadas fueron desecadas previamente en el Centro de Recursos Fitogenéticos del CSIC, donde se almacenarán otras 500 semillas adicionales como respaldo, según informaron las fuentes. Según el acuerdo que existe para este depósito, gestionado por el gobierno noruego, para plantas de polinización cruzada como el olivo se necesitan al menos 500 semillas, que deben estar empaquetadas en unas bolsas especiales de aluminio de tres capas selladas al vacío.

Todo este proceso, destacó Morello, sirve para que "exista un conjunto genético con buenas propiedades para recuperar en el futuro si es necesario", según declaró. En el caso concreto de las especies silvestres de olivo, "es importante que si en algún momento un bosque de ese estilo desaparece se pueda recurrir a sus semillas y repoblar una zona que ha sido devastada lo antes posible", añadió.

El director ejecutivo adjunto del Consejo Oleícola Internacional señaló que la consecución de este proyecto "es fruto de una colaboración multilateral positiva con diversas instituciones españolas" que va a permitir "conservar este cultivo tanto en sus variedades tradicionales como silvestres", según sus declaraciones.

Morello, ingeniero agrónomo de formación, calificó el depósito como "todo un hito cargado de simbolismo", declarando: "Vamos a colocar el primer depósito de olivo en una instalación que es tan reconocible y con un objetivo tan importante como es el de salvar a la humanidad en caso de que exista una catástrofe", según recogieron las fuentes.

La importancia de depositar estas semillas recae en que garantiza la conservación de la diversidad genética del olivo por si ocurriera alguna catástrofe que lo pusiera en peligro. Aunque el olivo es un árbol que se caracteriza por su resistencia, necesita un número mínimo de horas de frío para florecer, según explicó Morello. En España, es probable que se esté ante el tercer invierno consecutivo sin olas de frío, por lo que cada vez resulta más acuciante para el olivo, cuyo problema en el cultivo también se ha visto afectado a nivel económico, según las fuentes.

La mayoría de las amenazas al olivo están relacionadas con el cambio climático, según Morello. El investigador también apuntó a la sequía prolongada y la amenaza de patógenos como la Xylella fastidiosa como factores que ponen en riesgo la estabilidad de los olivares mediterráneos, según fuentes del sector.

Morello sospecha que las semillas podrán sobrevivir bastante tiempo, aunque no descarta la posibilidad de que en el futuro se almacenen nuevos depósitos de acebuche, según declaró. Otro de los requisitos para poder depositar las semillas es que puedan estar almacenadas durante al menos una década. El olivo cumple con esta exigencia pero no hay estudios que hayan analizado su viabilidad a más largo plazo, según las fuentes.

Con más de un millón de muestras procedentes de todo el planeta, el depósito de Svalbard es la reserva de biodiversidad más importante de la Tierra, según las fuentes. En los 18 años en los que lleva en funcionamiento, la bóveda sólo se ha abierto dos veces. La primera de ellas, en 2015, fue porque la guerra sufrida en Siria provocó que en el país desaparecieran algunas de las especies de cultivo. Dos años después, se produjo una segunda extracción por el mismo motivo aunque la cantidad fue mayor, con más de 52.000 muestras, según las fuentes. Necesitaban recuperar más material genético para terminar de establecer los nuevos cultivos en territorio marroquí y libanés.

La llegada del olivo español, y específicamente de las variedades que definen el carácter de los aceites españoles, refuerza el valor estratégico de este cultivo no solo para la economía andaluza, sino para la seguridad alimentaria mundial, según valoraron las fuentes. La coordinación entre tantas entidades ha sido uno de los aspectos más complejos del proyecto, según reconoció Morello, pero el objetivo siempre había estado claro: depositar las primeras semillas de olivo en la bóveda de Svalbard para proteger al mundo ante una hipotética catástrofe.

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