Miles de científicos inflan sus currículums con estudios autopublicados que cuestan 87 millones de euros en fondos públicos
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Miles de científicos inflan sus currículums con estudios autopublicados que cuestan 87 millones de euros en fondos públicos

Un estudio realizado por tres investigadores ha revelado que miles de científicos utilizan los llamados números especiales de revistas académicas para publicar sus propios trabajos e inflar artificialmente sus currículums, una práctica que ha costado entre 33 y 87 millones de euros de fondos públicos en los últimos 11 años.

CIENCIA21 ENE 2026

El ingeniero español Pablo Gómez Barreiro, el economista italiano Paolo Crosetto y el inmunólogo canadiense Mark Hanson han acuñado un término revelador para describir esta práctica: PISS, por las siglas en inglés de Published In Support of Self (publicado en apoyo de uno mismo). Su investigación, realizada en tiempo libre ya que ninguno se dedica profesionalmente a la bibliometría, ha analizado 110.000 números especiales con más de un millón de estudios publicados por cinco editoriales entre 2015 y 2025.

Los resultados son alarmantes: cada año hay más de 1.000 monográficos con más de un tercio de sus estudios firmados por los propios editores invitados, solo en la muestra analizada. "La piscina de la ciencia corre peligro de llenarse de PISS", advierten gráficamente los tres investigadores.

El fenómeno tiene su origen en un cambio en el modelo de publicación científica. Tradicionalmente, los lectores pagaban por acceder a los estudios, pero con la reciente apuesta por el acceso abierto, son los autores quienes deben abonar una cantidad —habitualmente más de 2.000 euros procedentes de fondos públicos— a las revistas para publicar cada trabajo. Este sistema ha creado un incentivo perverso: las instituciones exigen a los científicos publicar muchos estudios para optar a ascensos y aumentos de sueldo, mientras que las editoriales ganan más cuanto más publiquen.

Los investigadores han establecido un generoso límite del 33% de estudios autopublicados para considerar PISS un número especial. Su análisis ha detectado más de 16.000 trabajos firmados por los propios editores al margen de ese 33% aceptado. Si se incluye también ese porcentaje, son más de 43.000. "Si se asume un cálculo conservador de 2.000 euros de gastos de publicación por cada estudio, se han gastado entre 33 y 87 millones de euros en PISS a lo largo de 11 años", lamentan los autores, que solo han analizado 900 de las 47.000 revistas académicas existentes en el mundo.

Hay casos particularmente llamativos. Un número especial de la revista Processes (editorial MDPI) incluye 28 estudios sobre la fabricación de medicamentos biológicos, de los cuales 27 llevan la firma del editor invitado, Jochen Strube, de la Universidad Tecnológica de Clausthal, en Alemania. Otro monográfico de MDPI, en la revista Nutrients, contiene 24 estudios sobre dietas para combatir la fenilcetonuria, un trastorno hereditario, de los cuales 23 están firmados por la editora invitada, la nutricionista Anita Macdonald, del Hospital Infantil de Birmingham (Reino Unido).

El problema se concentra principalmente en dos editoriales: MDPI y Frontiers. De los números especiales clasificados como PISS, el 87% pertenece a MDPI (unos 12.200) y la mayoría del resto a Frontiers (unos 1.600). En contraste, BioMed Central, la Royal Society de Reino Unido y la serie Discover de Springer Nature, que suman casi el 40% de las revistas examinadas, apenas publican 30 números especiales considerados PISS cada año.

El análisis previo de los investigadores ya había mostrado comportamientos anómalos en tres empresas, con un altísimo porcentaje de estudios publicados en números especiales: la suiza Frontiers (69%), la egipcia Hindawi (62%) y, por encima de todas, MDPI (88%), un gigante empresarial fundado en Suiza por el químico chino Shu-Kun Lin. Esta última editorial chirriaba en todos los indicadores: mientras que una editorial prestigiosa puede necesitar 185 días en promedio para valorar la calidad de un estudio, en MDPI solo empleaban 37 días y aceptaban más de la mitad de los trabajos.

La situación es especialmente preocupante en España. Según Emilio Delgado y Alberto Martín, expertos en bibliometría de la Universidad de Granada, en 2021 uno de cada siete estudios científicos españoles se publicó en alguna revista de MDPI: un 15%, el doble que en el resto del mundo. En 40 universidades españolas fue la editorial más utilizada, incluyendo la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), la Universidad Abierta de Cataluña (UOC) y la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

El biólogo Isidro Aguillo, responsable del Laboratorio de Cibermetría del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), hace un llamamiento a castigar estas publicaciones. "Los números especiales de MDPI y Frontiers son un enorme coladero. La ANECA debe excluir explícitamente estos trabajos. Los vicerrectorados de investigación de las universidades y los órganos similares en los Organismos Públicos de Investigación deben identificar las carreras construidas fundamentalmente mediante números especiales y penalizarlas en los procesos de selección y promoción", apremia Aguillo.

La geógrafa Pilar Paneque, directora de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) desde 2023, señala que la agencia ya ha tomado medidas. Un año después de asumir el cargo, la ANECA incluyó la reiteración de publicaciones en números especiales como factor para depreciar un currículum. "Las agencias de evaluación y financiación tenemos una responsabilidad indudable, no solo penalizando estas malas prácticas de publicación, como ya hacemos, sino también incentivando las buenas prácticas, de las que desafortunadamente hablamos menos. No obstante, nuestra actuación es siempre posterior a una publicación que, posiblemente, no se tenía que haber financiado ni aceptado por parte de la revista", argumenta Paneque.

Las editoriales señaladas defienden sus prácticas. Una portavoz de MDPI, la coreana Jisuk Kang, asegura que "MDPI cuenta con claras salvaguardas para abordar posibles conflictos de interés". Según Kang, la editorial supervisa que el número de estudios firmados por el editor invitado no supere el 25%, y que esos trabajos sean gestionados por un miembro independiente del consejo de la revista. "El sólido armazón editorial de MDPI ha sostenido la calidad y la relevancia de nuestros números especiales, que representaron el 62% del contenido publicado por MDPI en 2024 y alrededor del 55% en 2025", añade.

Por su parte, una portavoz de Frontiers subraya que los números especiales clasificados como PISS son solo el 9% de su producción, frente al 5% de la Royal Society, el 9% de Discover, el 14% de MDPI y el 24% de BioMed Central. "Esto pone de relieve nuestros exitosos esfuerzos por alinearnos con las mejores prácticas de la industria en los números especiales", esgrime. La editorial, asegura, vigila que el porcentaje de estudios firmados por el editor invitado no supere un límite, que antes era el 30% del total y ahora es el 25%.

Los investigadores no han podido estudiar grupos como Elsevier, Springer, Wiley o Taylor & Francis, pero consideran necesario hacerlo. Su objetivo es claro: "Esperamos que nuestro trabajo ayude a los editores a identificar las pocas manzanas podridas que amenazan al resto". Como señala Hanson: "Shu-Kun Lin vio una oportunidad de negocio y la aprovechó de una manera directa y sin escrúpulos, pero la causa es más fundamental. Los incentivos para publicar o morir son los que están produciendo tanta basura en la ciencia".

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