Internacional

Movimiento de jóvenes desempleados desata crisis política en India con protestas masivas contra el Gobierno de Modi

Dos protestas masivas en Nueva Delhi esta semana han dejado decenas de policías y manifestantes heridos, detenidos y enfrentamientos violentos en las calles de la capital india. El movimiento juvenil Cockroach Janta Party (CJP), nacido como sátira en redes sociales hace apenas dos meses, ha movilizado a más de un millón de afiliados y decenas de millones de simpatizantes para denunciar la corrupción institucional, el desempleo masivo y la represión policial, desencadenando una de las mayores crisis políticas que ha enfrentado el primer ministro Narendra Modi desde su llegada al poder en 2014.

INTERNACIONAL23 JUL 2026

Las manifestaciones de esta semana en Nueva Delhi reflejan un estallido de descontento que comenzó el 3 de mayo, cuando se filtraron los exámenes de acceso a las facultades de Medicina de la India, pruebas que realizan millones de estudiantes cada año. La filtración fue confirmada en una investigación posterior, obligando a las autoridades a repetir la prueba. Para una buena parte de la juventud india, el incidente representó una confirmación de la corrupción institucional diseñada para beneficiar a las élites, según reporta El País.

El 15 de mayo, el presidente del Tribunal Supremo de India, Surya Kant, intensificó la tensión al describir públicamente a los jóvenes desempleados como "cucarachas" que, al no encontrar trabajo, utilizan redes sociales, periodismo y activismo para "atacar al sistema". Kant los calificó como "parásitos de la sociedad" en una vista judicial. Aunque emitió algo parecido a una disculpa dos días después, el insulto ya había prendido entre la juventud india.

La chispa que encendió el movimiento llegó el 16 de mayo, cuando Abhijeet Dipke, graduado en Relaciones Públicas por la Universidad de Boston de 30 años y en búsqueda de empleo, publicó en su cuenta de X: "¿Y si todas las cucarachas se unieran?". La pregunta generó aproximadamente 11.000 respuestas en las primeras 12 horas, alentando a Dipke a fundar ese mismo día el Cockroach Janta Party como una sátira política. Dipke diseñó la página web del partido con ayuda de inteligencia artificial y un amigo en apenas un par de horas, según contó a The New York Times. El lema fundacional del movimiento es "La voz de los vagos y desempleados".

El crecimiento del CJP ha sido exponencial. En solo cinco días, la cuenta de Instagram del movimiento alcanzó 18 millones de seguidores, el doble que el perfil del Bharatiya Janata Party (BJP) gobernante en la misma plataforma. En dos meses ha llegado a más de 24 millones de seguidores, pese a los intentos de cierre y hackeo que ha sufrido, según ha denunciado el movimiento.

Para unirse al CJP, según su sitio web, solo hay que cumplir cuatro requisitos satíricos pero reveladores: estar desempleado "ya sea por obligación, por elección o por principios"; ser perezoso "solo físicamente; el cerebro puede seguir dando vueltas"; mantenerse conectado de forma crónica "un mínimo de 11 horas al día, incluyendo las pausas para ir al baño", y contar con "capacidad para despotricar de forma profesional. Siempre que el contenido sea incisivo, honesto y apunte a algo que realmente importe". El movimiento aclara que no se fija en religión, casta ni género.

El contexto demográfico es crucial para entender la magnitud del descontento. Aproximadamente la mitad de los 1.400 millones de habitantes de India tiene menos de 30 años. Para esta población joven, la educación es la única herramienta de ascenso social para salir de la clase social baja en la que han nacido, según explica Ana Ballesteros Peiró, profesora de la Universidad Complutense de Madrid e investigadora senior no residente del Real Instituto Elcano, especialista en Asia. "La India es una sociedad muy joven y con pocas oportunidades", señala Ballesteros.

El descontento no es nuevo. En 2019, el BJP de Modi aprobó en el Parlamento, sin consulta previa y gracias a su mayoría absoluta, una nueva ley de ciudadanía que facilitó la obtención del pasaporte indio a inmigrantes de seis religiones —hindúes, sijs, budistas, jainistas, parsis y cristianos— procedentes de Pakistán, Afganistán y Bangladés que hubieran llegado antes de finales de 2014. Los musulmanes fueron excluidos de este procedimiento acelerado. La norma fue criticada por organizaciones de derechos humanos y desencadenó protestas que fueron reprimidas con violencia. "Aquel estallido enmudeció con la irrupción de la pandemia, pero dejó un poso de frustración", anota Ballesteros. "El nepotismo ha ido en aumento; cada vez se beneficia más a unas élites cercanas al primer ministro y al partido en el Gobierno", añade la investigadora.

Las protestas del CJP comenzaron el 20 de junio con varias convocatorias en Nueva Delhi y otras grandes ciudades como Bangalore, Bombay y Pune. En todas las ocasiones, el movimiento ha insistido en su carácter "pacífico" y ha denunciado, a través de redes sociales con fotos y vídeos, la violencia policial.

La marcha del lunes hacia el Parlamento escaló en violencia. Según la agencia Reuters, al menos 150 civiles fueron atendidos en hospitales, mientras que las autoridades indias afirman que cerca de 180 personas resultaron heridas en los enfrentamientos, de las cuales 118 eran agentes de policía. El movimiento denuncia el uso de gases lacrimógenos y violencia contra la multitud de jóvenes que marchaban "pacíficamente".

Ante la represión del lunes, los líderes del CJP cancelaron la marcha prevista para el martes hacia el Parlamento y pidieron a los manifestantes que mantuvieran el talante pacífico y se congregaran únicamente frente al observatorio astronómico de Jantar Mantar, en Nueva Delhi. Sin embargo, los líderes opositores se citaron al día siguiente frente a la residencia del primer ministro Modi para manifestarse contra la dura respuesta del Gobierno. Las fuerzas de seguridad detuvieron a Rahul Gandhi, líder de la principal formación de la oposición en el Parlamento, el Partido del Congreso Nacional Indio, alegando que la ubicación representaba un riesgo para la seguridad nacional.

La principal demanda del CJP es el cese del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, en el cargo desde el 7 de julio de 2021, a quien responsabilizan de la filtración de los exámenes. El movimiento exige además que el Gobierno compense económicamente a las familias de estudiantes que, según publicó Dipke en una carta abierta a Modi, se quitaron la vida "debido a la crisis de la filtración".

Los portavoces del CJP, Ashutosh Ranka y Saurav Das, informaron de que se reunieron el lunes con el ministro de Sanidad, Jagat Prakash Nadda, para transmitirle sus demandas, "incluyendo la renuncia o despido inmediato de Dharmendra Pradhan". "El ministro nos aseguró que discutirá esto en el nivel apropiado. Sin embargo, no se han hecho compromisos hasta ahora. ¡Los manifestantes pacíficos no descansarán hasta que la demanda sea atendida!", anunciaron en sus cuentas de X. Posteriormente calificaron el encuentro de "pérdida de tiempo" ante la ausencia de respuesta.

Dipke ha respondido a la represión con gestos de responsabilidad. Se disculpó públicamente con los heridos y solicitó que cualquiera que hubiera sufrido una agresión le escribiera por privado para hablar personalmente. A los detenidos que enfrentaban cargos, el movimiento ofreció apoyo legal y confirmó el martes por la noche que "todos" habían sido liberados.

El precedente regional es inquietante para el Gobierno de Modi. En países vecinos como Bangladés y Nepal, movimientos parecidos de jóvenes y estudiantes han logrado derrocar a sus gobiernos. Sin embargo, Ballesteros advierte que India es un país "demasiado grande, diverso y complejo como para adivinar lo que puede pasar". "De cómo se gestione esta crisis, depende que vaya a más", señala la investigadora. "O se aprovecha bien el dividendo demográfico y se les provee de trabajo a los millones de jóvenes que entran en el mercado laboral cada año, o el descontento acaba estallando", concluye Ballesteros.

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Movimiento de jóvenes desempleados desata crisis política en India con protestas masivas contra el Gobierno de Modi

Dos protestas masivas en Nueva Delhi esta semana han dejado decenas de policías y manifestantes heridos, detenidos y enfrentamientos violentos en las calles de la capital india. El movimiento juvenil Cockroach Janta Party (CJP), nacido como sátira en redes sociales hace apenas dos meses, ha movilizado a más de un millón de afiliados y decenas de millones de simpatizantes para denunciar la corrupción institucional, el desempleo masivo y la represión policial, desencadenando una de las mayores crisis políticas que ha enfrentado el primer ministro Narendra Modi desde su llegada al poder en 2014.

23 jul 2026
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Las manifestaciones de esta semana en Nueva Delhi reflejan un estallido de descontento que comenzó el 3 de mayo, cuando se filtraron los exámenes de acceso a las facultades de Medicina de la India, pruebas que realizan millones de estudiantes cada año. La filtración fue confirmada en una investigación posterior, obligando a las autoridades a repetir la prueba. Para una buena parte de la juventud india, el incidente representó una confirmación de la corrupción institucional diseñada para beneficiar a las élites, según reporta El País.

El 15 de mayo, el presidente del Tribunal Supremo de India, Surya Kant, intensificó la tensión al describir públicamente a los jóvenes desempleados como "cucarachas" que, al no encontrar trabajo, utilizan redes sociales, periodismo y activismo para "atacar al sistema". Kant los calificó como "parásitos de la sociedad" en una vista judicial. Aunque emitió algo parecido a una disculpa dos días después, el insulto ya había prendido entre la juventud india.

La chispa que encendió el movimiento llegó el 16 de mayo, cuando Abhijeet Dipke, graduado en Relaciones Públicas por la Universidad de Boston de 30 años y en búsqueda de empleo, publicó en su cuenta de X: "¿Y si todas las cucarachas se unieran?". La pregunta generó aproximadamente 11.000 respuestas en las primeras 12 horas, alentando a Dipke a fundar ese mismo día el Cockroach Janta Party como una sátira política. Dipke diseñó la página web del partido con ayuda de inteligencia artificial y un amigo en apenas un par de horas, según contó a The New York Times. El lema fundacional del movimiento es "La voz de los vagos y desempleados".

El crecimiento del CJP ha sido exponencial. En solo cinco días, la cuenta de Instagram del movimiento alcanzó 18 millones de seguidores, el doble que el perfil del Bharatiya Janata Party (BJP) gobernante en la misma plataforma. En dos meses ha llegado a más de 24 millones de seguidores, pese a los intentos de cierre y hackeo que ha sufrido, según ha denunciado el movimiento.

Para unirse al CJP, según su sitio web, solo hay que cumplir cuatro requisitos satíricos pero reveladores: estar desempleado "ya sea por obligación, por elección o por principios"; ser perezoso "solo físicamente; el cerebro puede seguir dando vueltas"; mantenerse conectado de forma crónica "un mínimo de 11 horas al día, incluyendo las pausas para ir al baño", y contar con "capacidad para despotricar de forma profesional. Siempre que el contenido sea incisivo, honesto y apunte a algo que realmente importe". El movimiento aclara que no se fija en religión, casta ni género.

El contexto demográfico es crucial para entender la magnitud del descontento. Aproximadamente la mitad de los 1.400 millones de habitantes de India tiene menos de 30 años. Para esta población joven, la educación es la única herramienta de ascenso social para salir de la clase social baja en la que han nacido, según explica Ana Ballesteros Peiró, profesora de la Universidad Complutense de Madrid e investigadora senior no residente del Real Instituto Elcano, especialista en Asia. "La India es una sociedad muy joven y con pocas oportunidades", señala Ballesteros.

El descontento no es nuevo. En 2019, el BJP de Modi aprobó en el Parlamento, sin consulta previa y gracias a su mayoría absoluta, una nueva ley de ciudadanía que facilitó la obtención del pasaporte indio a inmigrantes de seis religiones —hindúes, sijs, budistas, jainistas, parsis y cristianos— procedentes de Pakistán, Afganistán y Bangladés que hubieran llegado antes de finales de 2014. Los musulmanes fueron excluidos de este procedimiento acelerado. La norma fue criticada por organizaciones de derechos humanos y desencadenó protestas que fueron reprimidas con violencia. "Aquel estallido enmudeció con la irrupción de la pandemia, pero dejó un poso de frustración", anota Ballesteros. "El nepotismo ha ido en aumento; cada vez se beneficia más a unas élites cercanas al primer ministro y al partido en el Gobierno", añade la investigadora.

Las protestas del CJP comenzaron el 20 de junio con varias convocatorias en Nueva Delhi y otras grandes ciudades como Bangalore, Bombay y Pune. En todas las ocasiones, el movimiento ha insistido en su carácter "pacífico" y ha denunciado, a través de redes sociales con fotos y vídeos, la violencia policial.

La marcha del lunes hacia el Parlamento escaló en violencia. Según la agencia Reuters, al menos 150 civiles fueron atendidos en hospitales, mientras que las autoridades indias afirman que cerca de 180 personas resultaron heridas en los enfrentamientos, de las cuales 118 eran agentes de policía. El movimiento denuncia el uso de gases lacrimógenos y violencia contra la multitud de jóvenes que marchaban "pacíficamente".

Ante la represión del lunes, los líderes del CJP cancelaron la marcha prevista para el martes hacia el Parlamento y pidieron a los manifestantes que mantuvieran el talante pacífico y se congregaran únicamente frente al observatorio astronómico de Jantar Mantar, en Nueva Delhi. Sin embargo, los líderes opositores se citaron al día siguiente frente a la residencia del primer ministro Modi para manifestarse contra la dura respuesta del Gobierno. Las fuerzas de seguridad detuvieron a Rahul Gandhi, líder de la principal formación de la oposición en el Parlamento, el Partido del Congreso Nacional Indio, alegando que la ubicación representaba un riesgo para la seguridad nacional.

La principal demanda del CJP es el cese del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, en el cargo desde el 7 de julio de 2021, a quien responsabilizan de la filtración de los exámenes. El movimiento exige además que el Gobierno compense económicamente a las familias de estudiantes que, según publicó Dipke en una carta abierta a Modi, se quitaron la vida "debido a la crisis de la filtración".

Los portavoces del CJP, Ashutosh Ranka y Saurav Das, informaron de que se reunieron el lunes con el ministro de Sanidad, Jagat Prakash Nadda, para transmitirle sus demandas, "incluyendo la renuncia o despido inmediato de Dharmendra Pradhan". "El ministro nos aseguró que discutirá esto en el nivel apropiado. Sin embargo, no se han hecho compromisos hasta ahora. ¡Los manifestantes pacíficos no descansarán hasta que la demanda sea atendida!", anunciaron en sus cuentas de X. Posteriormente calificaron el encuentro de "pérdida de tiempo" ante la ausencia de respuesta.

Dipke ha respondido a la represión con gestos de responsabilidad. Se disculpó públicamente con los heridos y solicitó que cualquiera que hubiera sufrido una agresión le escribiera por privado para hablar personalmente. A los detenidos que enfrentaban cargos, el movimiento ofreció apoyo legal y confirmó el martes por la noche que "todos" habían sido liberados.

El precedente regional es inquietante para el Gobierno de Modi. En países vecinos como Bangladés y Nepal, movimientos parecidos de jóvenes y estudiantes han logrado derrocar a sus gobiernos. Sin embargo, Ballesteros advierte que India es un país "demasiado grande, diverso y complejo como para adivinar lo que puede pasar". "De cómo se gestione esta crisis, depende que vaya a más", señala la investigadora. "O se aprovecha bien el dividendo demográfico y se les provee de trabajo a los millones de jóvenes que entran en el mercado laboral cada año, o el descontento acaba estallando", concluye Ballesteros.

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